Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

La leyenda del Wendigo

La leyenda del Wendigo
La oscura leyenda del Wendigo.

La figura del Wendigo está muy arraigada en las tribus nativas americanas. En especial en la zona de América del norte y Canadá, ahí donde este ser, en ocasiones humanoide, espectral y de alma oscura como las alas de un cuervo, busca saciar su ansia con la carne humana.

El Wendigo es algo más que una leyenda. Es una representación de las bajezas morales del hombre, de sus vicios y de ese abismo, al que en muchas ocasiones puede caer cuando se deja llevar por sus instintos: por la avaricia, por la rabia y por el hambre. 

Tal es su efectismo y su angustiante estela de maldad, que a menudo se toma su leyenda para llevarlo al mundo del cine y la televisión.

Vimos su referencia, por ejemplo, en la última producción de “El llanero solitario”. Y famosas son sus apariciones en series para la televisión como “Sobrenatural” o la muy destacable adaptación de “Hannibal” para la pequeña pantalla (imagen que encabeza este artículo).

El Wendigo, una criatura del invierno

Dicen, en la región de los grandes lagos de Canadá, que el Wendigo suele salir en las noches más frías de invierno, que prefiere la soledad y el silencio de los bosques, ahí donde puede esconderse y cazar más hábilmente a sus víctimas. 

Tiene forma humana, es delgado, deforme y en ocasiones puede mostrar una cornamenta muy similar a la de los ciervos. También dispone de garras y de un frío corazón; un órgano vital que en él ha perdido cualquier atisbo de humanidad.

La razón por la que las tribus nativas ensalzaban tan habitualmente al Wendigo era porque, en cierto modo, representaba su miedo más atroz, la parte más oscura e inmoral del ser humano. La misma en la que algunos hombres podían caer durante los más áridos inviernos, cuando la caza escaseaba y los recursos eran mínimos. 

La leyenda del Wendigo

Épocas en que la mente humana podía enloquecer y, simplemente, emerger el ansia por consumir carne humana.

De ahí por ejemplo que exista un término moderno conocido como la psicosis del Wendigo, un síndrome donde la persona, puede experimentar de pronto un irrefrenable deseo por comer carne humana. 

Algo tabú desde los inicios de la humanidad, algo que los assiniboine y los ojibwa intentaban representar en muchos de sus bailes y celebraciones. Como la “wiindigookaanzhimowin”, un tipo de danza practicada en épocas de hambruna para alejar al espíritu del Wendigo.

En la naturaleza también se habla a menudo de animales que pueden llegar a trasformarse en auténticos Wendigos, como es el caso de los osos. Después de su hibernación, pueden despertar con un hambre irrefrenable. Tanto, que se han visto casos en que han atacado o devorado a ejemplares de su misma especie.

A día de hoy las leyendas no dejan de tejerse en múltiples ciudades, ahí donde exista siempre un denso bosque. 

Siempre nos encontraremos, por ejemplo, con la típica historia de un cazador que terminó perdiéndose en la espesura, que nunca pudo encontrar el camino de regreso y que, poco a poco, fue trasformándose en algo inhumano: en un Wendigo. Un ser de piel grisácea, de afiladas garras y mirada flamígera, que se escondía entre los árboles para alimentarse de los incautos excursionistas que paseaban por esa zona del bosque.

Escalofriante, no hay duda. Quizá por ello atrajo tempranamente el interés de figuras literarias como H.P Lovecraft. En los “Mitos de Cthulhu” vemos al Wendigo representado en el dios ártico Ithaqua. También dispones de un interesante relato de Algernon Blacwood titulado “Wendigo”, ahí donde poder descubrir muchos de los matices que aquí te hemos desvelado.

Como ves, la esencia de esta leyenda es en realidad una maldición. Como un espíritu malévolo que posee aquellas personas que se dejan llevar por sus instintos, por la parte más oscura y brutal del ser humano. Algo a tener en cuenta…