La isla de los cerdos que nadan

La isla de los cerdos que nadan
La isla de los cerdos que nadan.

Las Bahamas se pueden considerar un paraíso para cualquiera. Al menos en una pequeña isla de los Cayos de Exuma llamada Grand Major Cay, donde parecen reunirse todos los tópicos posibles: plácidas aguas color turquesa, playas de arena blanca salpicadas de palmeras, el sol brillando en un cielo azul desprovisto de nubes y, lo más importante para muchos, la tranquilidad total que le confiere el hecho de estar deshabitada.

Pero, parafraseando a Goscinyy y Uderzo, podemos decir ¿deshabitada? ¡no! Una pequeña comunidad resiste en ese pedazo de tierra cualquier intento de invasión comercial o turística.

Lo gracioso y sorprendente del caso es que no se trata de una comunidad humana sino porcina. Una veintena de cerdos que constituyen el sector de población más singular de la isla.

En realidad hay otros animales pero son más, digamos, normales. No faltan gatos y cabras, así como montones de especies de peces y aves. Ahora bien, la presencia de cerdos en tal cantidad resulta toda una rareza, máxime teniendo en cuenta su número y, sobre todo, sus habilidades acuáticas. Porque nadan.

Este panorama, que parece extraído de Los viajes de Gulliver, es real. Y se supone que tendrá su razón, aunque nadie la sabe con certeza. Y así, a falta de una explicación exacta y comprobable, fueron surgiendo teorías. Unos dicen que los cerdos fueron dejados allí por la tripulación de un barco que esperaba que crecieran para regresar y recogerlos más grandes, evitando así los problemas de espacio a bordo; el problema es que nunca retornó.

Otros hablan de un buque hundido en las cercanías del que sólo sobrevivieron los porcinos náufragos nadando hasta la playa. También hay quien cree que escaparon de una isla cercana.

La propuesta más insólita es la que apunta a un plan tan astuto como estrambótico: la piara fue dejada allí deliberadamente para atraer turismo, por la propia rareza dela situación.

Si es así hay que aplaudir la mente que concibió esa estrategia, casi digna de un villano de James Bond, puesto que ha conseguido su propósito: la isla empieza a ser frecuentada por lanchas con curiosos que quieren ver y fotografiar a los cerdos nadadores.

Es más, los puercos no rehuyen el protagonismo y exhiben su insólita habilidad nadando hasta esas embarcaciones para recibir la comida que les ofrecen los interesados visitantes, público improvisado que disfruta fotografiando a los animales corriendo por la arena para meterse en el agua y llegar hasta ellos o incluso compartiendo baño en tan inaudita compañía.

La popularidad alcanzada por la peculiar piara es tal que incluso ha inspirado a la escritora Jennifer R. Nolan, para un libro infantil titulado El secreto de la Isla del Cerdo, ilustrado con imágenes del fotógrafo Jim Abernethy: un niño viaja hasta allí y se hace amigo de Platón, un cerdo sabio (y nadador) que lidera su comunidad porcina y tiene un mensaje ecológico para la Humanidad. También se han compuesto canciones.

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