La domesticación del caballo

La domesticación del caballo
La domesticación del caballo.

La domesticación del caballo no solo cambió al ser humano, le cambió también a él.

Existen ciertos hechos en la historia de la Humanidad que suponen un punto de inflexión, algo que, de no haber sucedido, hubiera modificado la historia. Uno de esos puntos de inflexión es la domesticación del caballo.

Los estudios arqueológicos indican que la domesticación de este animal sucedió hace unos 5.500 años, en las estepas del actual Kazajistán, por miembros de la llamada cultura Botai, que habitaba estas tierras. 

La fecha exacta es aún objeto de debate, pero sea cuando fuere, no hay duda de que la persona que primero pensó en la posibilidad de domesticar a un animal tan imponente como el caballo es uno de los genios anónimos de la Humanidad. Su gesta cambió nuestra historia. 

El caballo ha sido el principal medio de transporte por siglos y, aún hoy, medimos la potencia de los motores de los automóviles en caballos. La domesticación de este animal supuso, además, la aparición de una nueva arma de guerra, un arma que se utilizó hasta bien entrado el siglo XX y que permitió la construcción de civilizaciones e imperios que forjaron la Historia. 

La domesticación del caballo no solo cambió al ser humano, le cambió también a él mediante la crianza selectiva y la generación de purasangres. 

Desde tiempos de Charles Darwin, es conocido que los animales domesticados muestran características distintivas, sea cual sea la especie a la que pertenecen. En general, los animales domésticos suelen ser menos agresivos que sus congéneres salvajes (salvo que se “domestiquen” pare hacerlos más bravos, como el Toro). Igualmente, suelen tener las orejas caídas, los dientes de menor tamaño, y pasan por ciclos reproductivos más frecuentes. 

También muestran comportamientos más propios de la juventud o la adolescencia que de la edad adulta, los cuales se ven asociados a alteraciones en las hormonas de la glándula adrenal (que regulan el estrés) y a los niveles de algunos neurotransmisores. 

La hipótesis actual para explicar la adquisición de todas estas características mantiene que estas serían debidas a cambios genéticos que afectarían al desarrollo, durante el periodo embrionario, de la llamada cresta neural, una estructura de los embriones de los mamíferos que, además de dar origen a una parte del sistema nervioso, participa en el desarrollo de la piel, del cartílago y huesos (dientes, orejas, cola), o en la respuesta al estrés (agresividad y miedo). 

Los caballos domésticos actuales muestran igualmente ciertas características genéticas probablemente debidas a su domesticación. 

Los estudios realizados indican que la diversidad de sus mitocondrias (los orgánulos celulares encargados de la generación de energía para los procesos celulares) es muy elevada, lo que prueba la participación de numerosas hembras en este proceso (las mitocondrias solo se heredan de la madre). 

Al contrario, el cromosoma Y parece ser muy homogéneo, lo que sugiere que los caballos domésticos descienden de solo uno o de muy pocos machos genéticamente relacionados. Finalmente, los caballos domésticos poseen variantes de genes que afectan a su fisiología, y que probablemente mejoran su capacidad de resistencia en la carrera. 

No obstante, se desconoce si estas características fueron ya seleccionadas desde los primeros estadios de la domesticación del caballo o, al contrario, aparecieron en estadios más tardíos de la misma. 

Para averiguarlo, un grupo de 33 investigadores, (algunos de ellos españoles) han logrado aislar el ADN y secuenciar el genoma completo de 16 restos de caballos domésticos ancestrales, extraídos de diferentes yacimientos arqueológicos localizados en o cerca de la región donde el caballo se domesticó por primera vez. Estos restos datan desde hace 4.100 años a hace 2.300 años. 

Once de estos restos, extraídos del yacimiento de Berel, una localidad al este de Kazajistán, cerca de la frontera con Mongolia, se han preservado de manera excelente, lo que ha permitido conseguir secuencias de ADN de elevada calidad.
Entre los genes que aparentemente fueron seleccionados durante la domesticación temprana del caballo se encuentran los que originan los colores de pelo. 

Aunque predominan los caballos de pelo marrón rojizo y castaño, los caballos negros también están bien representados. Como era de esperar, estos caballos domesticados primitivos ya mostraban en su genoma variantes de genes asociados a una mejor capacidad para la carrera. En particular, los científicos descubren que poseían mutaciones en un gen implicado en el desarrollo muscular, el gen de la proteína miostatina. 

Esta proteína impide que el músculo se haga demasiado grande durante el crecimiento. Mutaciones que afectan al funcionamiento normal de esta proteína resultan en músculos grandes e hipertrofiados. 

Una mayor masa muscular puede resultar perjudicial en estado salvaje, quizá por la energía en forma de alimento necesaria para mantenerla, pero es una característica apreciada en un caballo doméstico que pretendemos usar para arrastrar carretas, arar el campo o correr más rápido. 

Otra curiosa característica seleccionada es un incremento de producción de leche por las yeguas. 

Esto sugiere la apetencia de los humanos de aquellos años por la leche, o también la necesidad de que las hembras pudieran alimentar abundantemente a los potrillos, lo que incidiría positivamente en sus capacidades cuando adultos. 

Sin embargo, un dato que contradice lo supuesto hasta ahora es que los científicos encuentran una mayor diversidad en los cromosomas Y de los caballos macho estudiados, lo que sugiere que la homogeneidad actual en este cromosoma se produjo más tarde, y no en el origen de la domesticación. 

Igualmente, más tarde, como consecuencia de la endogamia en la crianza de algunas razas “puras”, se acumularon mutaciones perjudiciales que no se han encontrado en los genomas de los restos de los caballos analizados.

Estos interesantes estudios son una nueva demostración de que la genética es hoy imprescindible para conocer mejor nuestra propia historia.

Publicado por / Fuente : http://jorlab.blogspot.com
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