Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

Un viaje de 40.000 años

Un viaje de 40.000 años
El viaje de 40.000 años.

El más largo viaje registrado que haya emprendido la Humanidad hasta la fecha, ha durado unos 40.000 años, y le tomó a casi dos mil generaciones, de padres a hijos, el concretarla. 

Este largo viaje es el poblamiento definitivo del planeta Tierra, empresa que principió hacia el año 50.000 a.C. en un apartado rincón de África, y vino a rematar recién hacia 10.000 a.C. cuando fue colonizada la Tierra del Fuego. 

E incluso después, si asumimos que valientes descendientes de aquellos viajeros saltaron en canoas al Océano Pacífico, y tardaron otros diez milenios en colonizar la Polinesia.

Hasta la década de 1980, los paleontólogos estaban condenados a sacar su información del registro fósil, el que por naturaleza es incompleto, y sus conclusiones vacilantes. Y entonces, como milagro llovido del cielo, llegaron nuevas técnicas de secuenciación genética. 

En 1989 consiguieron develar nada menos que la existencia de una mujer, la llamada Eva Mitocondrial, que es el antepasado común de toda la Humanidad, y que debió haber vivido en Africa hace unos 200.000 años. ¿Era posible llegar aún más lejos?

Los científicos cayeron en la cuenta de que al tener las mujeres una combinación cromosómica XX y los hombres XY, el cromosoma Y sólo puede viajar de hombre a hombre entre las generaciones. Los científicos emprendieron entonces una expedición titánica: recorrieron todos los continentes para encontrar aquellas tribus y pueblos que por su aislamiento geográfico aún preservan intacta su pureza genética, presumiblemente desde los primeros días en que se instalaron en dichas tierras, a fin de explorar la cantidad de mutaciones acumuladas en su cromosoma Y. 

El resultado es que el genoma con mayor cantidad de mutaciones está ubicado en Africa. Las dos tribus candidatas son los bosquimanos, y los Biaka, estos últimos una tribu de pigmeos. Por tanto, éstas son las tribus más antiguas asentadas en su propio territorio, y por ende, aquellas que estaban ahí en el alba de los tiempos.

Adán Y, el ancestro común humano integrante de aquella banda destinada a cambiar la historia planetaria para siempre, abandonó Africa entre 70.000 y 50.000 años atrás. 

Puede haber enfilado hacia Palestina por el Desierto del Sinaí, pero otra alternativa es que haya pasado desde Etiopía a Arabia en alguna pequeña canoa; en ese tiempo la tierra estaba sumida en una Edad de Hielo, y por lo tanto, el nivel del mar era más bajo, por lo que dicha travesía hubiera sido notoriamente más corta que en la actualidad. En este paso habrían desarrollado el Marcador M168, ausente en las tribus africanas, pero presente en las restantes. 

Un ramal habría emigrado a Australia, a donde habrían arribado hace unos 45.000 años atrás. 

Otro ramal habría alcanzado la región de la India y el Asia Central, subdividiéndose a su vez: uno habría cambiado de rumbo, enfilando hacia Europa (como lo prueba un nuevo marcador, el M9), mientras que otro habría seguido, a través de China y Siberia, hasta cruzar el Estrecho de Behring (Itsmo de Behring, en aquellos años), y saltando a América, la cual habrían colonizado en unos 8.000 años, como lo prueba el marcador M3, exclusivo de ellos.

Puede que cuarenta a sesenta mil años parezca una monstruosidad de tiempo (unas diez veces todo el tiempo de historia civilizada desde la Agricultura hasta la inaguración de VCN), pero es también una noble proeza, que mostró la superioridad de la tecnología de la Edad de Piedra; considerando la fragilidad de los medios y lo vasto de los resultados, ésta es quizás la más grande epopeya emprendida por la Humanidad jamás.

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