Música para gatos

Música para gatos
Componen música para gatos.

“La música amansa a las fieras”, dice un viejo aforismo.

Y todos sabemos que los gatos son las últimas fieras domésticas pues, como dice otro refrán, en este caso de origen indio, “los dioses crearon al gato para que el hombre pueda acariciar a un tigre”.

Por tanto ¿puede la música amansar a un felino?

La respuesta es que depende. Los gatos son tan suyos, tan exquisitos, que no les vale cualquier música.

Así lo acaba de determinar un equipo científico de las universidades de Wisconsin y Maryland compuesto por el psicólogo Charles Snowdon y la estudiante de posgrado Megan Savage, que crearon para ello una composición musical ad hoc siguiendo un concepto tan original como sorprendente: basarse en el sistema sensorial de estos animales y con un tono y un tempo que les resultase atractivo.

Snowdon explicó que en la música normal la percusión viene a equivaler al sonido de los latidos del corazón, lo que le dio la idea de hacer una melodía a partir de los ronroneos felinos: 

“Nos fijamos en las vocalizaciones naturales de gatos y vimos que se corresponden con nuestra música en la misma gama de frecuencias, que es alrededor de una octava más alta que las voces humanas”. Así se obtuvieron dos piezas compuestas por el músico David Teie, una basada en el citado ronroneo y otra en el ritmo de succión durante el período de lactancia.

Faltaban los sujetos que iban a protagonizar el experimento, que fueron cuarenta y siete gatos domésticos en sus propios hogares. Un ordenador con un par de altavoces bastaron para desarrollarlo, poniéndoles todo un recital y apuntando sus diversas reacciones, tanto las negativas (pelo erizado, lomo arqueado) como las positivas (interés, aproximación, ronroneo).

Entre las obras que los mininos escucharon figuraban una de Bach (Aire) y otra de Fauré (Elegía G), que no parecieron interesarles demasiado. La cosa cambió cuando pusieron la música compuesta específicamente: se acercaban a los altavoces y se frotaban contra ellos en un signo inequívoco de aceptación. 

Si con nuestros clásicos tardaron una media de casi tres minutos en reaccionar, con las melodías felinas lo hicieron en uno y medio, aunque hay que tener en cuenta que a veces los gatos dormían o no estaban presentes al principio y acudían desde otra habitación.

La pregunta ahora es ¿para que podría servir esto? Primero, para desmontar el mito de que la música no interesa a los animales; simplemente, tienen sus gustos, igual que nosotros. 

Y segundo, para saber cómo mantener tranquilos a los gatos en refugios, clínicas veterinarias y en casa misma, por ejemplo. 

Por no hablar de la posible extrapolación a otras especies, pues el mencionados autor de las canciones felinas, David Teie, ha comprobado que los monos titíes también reaccionan de forma especial a la música compuesta específicamente para ellos.

Se abre todo un amplio campo de estudio. Científico y musical.

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