La muerte de Francis Bacon

La muerte de Francis Bacon
La muerte de Francis Bacon.

Francis Bacon, científico, ensayista y político de finales del siglo XVI y comienzos del XVII, tuvo un fallecimiento de lo más peregrino. 

Fue, para que seamos exactos, víctima de su curiosidad científica. 

Y al igual que su colega René Descartes, fue el frío quien le jugó una mala pasada.

Un día cualquiera del año 1626, comenzó a caer nieve sobre Londres. Francis Bacon decidió que era una estupenda oportunidad para investigar la acción del frío para retrasar la descomposición de los cadáveres. 

De esta manera, se dedicó la tarde a los menesteres de enterrar un pollo muerto en la nieve. 

Desafortunadamente para él, el frío intenso obró lo suyo, y Bacon se ganó una buena gripe. 

Debido a su avanzada edad (65 años), la gripe se complicó y se convirtió en pulmonía, la que le costó la vida unos días después. En cuanto al pollo que Bacon enterró, nada se sabe sobre él.

Puede decirse, por tanto, con su miga de ironía, que Francis Bacon murió por culpa de enterrar un pollo en la nieve.


Carrera a la manera de Francis Bacon.
Bacon fue en muchos sentidos un típico exponente del Renacimiento inglés, con un pie puesto en la Filosofía y en la Ciencia, y con el otro en las intrigas políticas y palaciegas. 

La muerte de Francis Bacon

Ya nos hemos referido a su curiosa manera de morirse, en 1626, y ahora hablaremos un poco de su, ejem, vida pública.

Bacon ingresó a la administración pública, en una época (la de la reina Isabel I Tudor) en que el Estado se fortalecía , y por tanto trabajar para éste era garantía de éxito. Pero Bacon aspiraba al triunfo más rápido posible, y para eso empezó a hacer algunas cosas bastante poco honorables. 

Entre ellas, traicionó tranquilamente por la espalda a Essex, uno de sus amigos, y también su benefactor, contra quien actuó como abogado en el proceso por alta traición que llevó a dicho Essex al cadalso.

Difunta la reina Isabel, y asumiendo el poder Jacobo I (1603-1625), Bacon se abrió paso a fuerza de lisonjas, tanto con éste como con su privado Buckingham. Acumuló poder como para permitirse una celebración apoteósica por sus sesenta años, pero a renglón seguido, el Parlamento le acusó de aceptar pequeños "agradecimientos" en metálico y especies, por su trabajo en la judicatura. 

El cargo era completamente político, por supuesto, porque la corrupción de los jueces en la época era algo de dominio público, y el caso de Francis Bacon no era en absoluto excepcional; pero en esos años, el Parlamento estaba fuertemente enquistado contra Jacobo I, y provocar la caída de uno de sus hombres de confianza era una buena manera de enrabiarlo. 

Así, Bacon fue condenado a destitución, multa y cárcel "durante el tiempo que plazca a su majestad". El tiempo que le plugió a ésta fue de seis días, al cabo de los cuales fue liberado. 

En cuanto a la multa, todos se "olvidaron" de ella.
Aún así, Bacon tuvo sólo cinco años más para disfrutar de la libertad. Arruinada su carrera política, los dedicó a las ciencias, hasta que falleció de la manera que reseñamos alguna vez.
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