Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

Elizabeth Bathory

Elizabeth Bathory
El récord indiscutible de asesinatos en manos de un psycho-killer pertenece a una mujer, lo que no deja de ser curioso, habida cuenta de que se asocia al asesino en serie con un perfil más... digamos... masculino. 

El personaje en cuestión es Erszébet Báthory, mejor conocida por la traducción al inglés de su nombre: Elizabeth Bathory.

Se afirma de ella que pertenecía a la nobleza húngara, pero esto, en una época en donde los nacionalismos estaban harto mal definidos, es inexacto.

Nació y vivió en Hungría, pero a su vez estaba emparentada con Esteban Báthory, nada menos que rey de Polonia, al tiempo que formaba parte de esa nebulosa entidad política que era el Imperio Habsburgo. 

Desde pequeña mostró una cierta tendencia a ser taciturna, lo que se agravó con algunas malas influencias familiares. 

Un matrimonio no particularmente desgraciado, pero sí algo conflictivo (en particular por los recelos del marido ante las peregrinas alteraciones psicóticas de la mujer), sumada a la tiranía de una suegra hábil en el arte de amargarse la vida a sí misma y a los demás, ayudaron a terminar de trastornarle la cabeza.

Erszébet, mujer culta e instruida en una sociedad en donde sus congéneres femeninas apenas sabían leer y escribir, se aburría de lindo ante una suegra que le impedía toda diversión. 

Descubrió entonces que tomar doncellas y clavarles alfileres para hacerlas retorcerse de dolor, era una efectiva manera de descargar tensiones. 

Este deporte se fue agravando con el paso del tiempo, pero en su condición de mujer noble, pudo reunir una pequeña corte o camarilla que se encargó de buscar víctimas ente las chicas pobres de los alrededores.

Mientras duró el brutal régimen de terror de la condesa Báthory, los alrededores de su castillo en muchos kilómetros a la redonda llegarían prácticamente da despoblarse de mujeres.

Lo peor vino cuando, a consecuencias de un infausto accidente, Erszébet "descubrió" que la sangre de las doncellas jóvenes la hacía verse más joven. Montó entonces una verdadera industria de faenamiento de doncellas, desangrándolas y bañándose en su sangre, lanzando gritos como una loca posesa.

A pesar de sus esfuerzos por disimular la larga serie de perversiones sexuales, torturas y asesinatos de doncellas, los rumores corrieron. Aunque intentó mover influencias entre sus parientes, todo fue en vano. 

Su camarilla fue limpiamente capturada y condenada a la hoguera, en tanto que ella fue recluida de por vida en una habitación tapiada, con sólo una tronera para la ventilación, y una rendija para pasarle la comida. 

Murió tres años después, el 21 de agosto de 1614, algo superada la cincuentena. Durante los cerca de treinta años que duró su macabro imperio de terror, llevó un diario de vida en donde anotó minuciosamente los vejámenes y torturas que llevó a cabo; gracias a ello conocemos el número total de sus víctimas: 616 mujeres.

En cuanto a la Condesa, Cinzia Tani se ciñe bastante al relato tradicional, y por lo tanto no le otorga demasiado espacio al revisionismo.

Como todos los revisionismos, hay que tener cuidado aquí con pasarse tratando de rehabilitar a la heroína de turno.

Quienes buscan presentarla como una especie de icono del feminismo antes del feminismo están oyendo tañir allí donde no hay campanas: a la Condesa le interesaba un pepino el tema de los derechos de la mujer, algo por otra parte inconcebible en la nobleza de su época y lugar. 

En cuanto a que su juicio fue más bien político o un ajuste de cuentas o algo por el estilo, es una posibilidad (una enorme posibilidad, como suele suceder cuando se derriba a algún poderoso), pero esto no excluye que la Condesa efectivamente haya cometido los crímenes.

Bien puede ser que los haya cometido, y con eso le haya puesto el pretexto en bandeja a sus enemigos. Entrando al terreno personal, me inclino más bien por esta posición "ecléctica" al respecto.

No sería extraño que los enemigos de una mujer tan poderosa hubieran creado esta historia, o exagerado en demasía ciertas costumbres de la condesa. Sería escalofriante pensar que ella fuera la asesina sedienta de sangre que se describe, pero mucho más que nada de ello fuera cierto...

Se llegaron a ensuciar en forma premeditada y hasta perversa las vidas de muchas personas a través de los tiempos (sino ver, por ejemplo, la vida de Menocchio, relatada por Ginzburg en el maravilloso "El queso y los gusanos".)

En lo personal, tiendo a creer que quizás la condesa hacía cosas consideradas, en esa época, abominables y lo utilizaron para hacerla caer.

Hasta el mismísimo Vlad Tepes fue (y es) considerado un héroe nacional en Rumania! Todo depende del cristal con que se mire, a veces...

Y también es cierto que mucha gente queda estigmatizada por la maldad no sólo porque eran malos, sino también porque tuvieron la mala pata de que los descubrieron, o sus enemigos los derribaron... 

La nobleza húngara de la época, por cierto, no era conocida por su humanismo o su espíritu cívico precisamente, y de hecho, eran tan toscos y bárbaros como sus súbditos, nada que ver por ejemplo con el refinamiento y el esplendor de la nobleza italiana o francesa contemporánea a la condesa. 

En cuanto a Vlad Tepes, no era mucho más perverso que otros príncipes de su época o lugar, cristianos u otomanos, pero le tocó la fatalidad de tener demasiado éxito, hacerse demasiados enemigos, o simplemente obtener más mala prensa.

Publicado por / Fuente : https://sigloscuriosos.blogspot.com
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