Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

Billetes de piel de ciervo blanco

Billetes de piel de ciervo blanco
Wu y los billetes de piel de ciervo blanco.

Desde antiguo, los pueblos observaron que las transacciones económicas mejoraban si es que, en vez de recurrir al trueque, usaban un medio monetario común.

La primera moneda fue el metal precioso (oro y plata) que se pesaba como cualquier mercancía para determinar su valor, hasta que algunos pueblos inventaron el método de ponerle a piezas de esos metales, un sello que garantizara su auténtico valor.

Pero sólo los chinos parecen haber dado un salto más allá, al darse cuenta de manera más o menos intuitiva, de que el verdadero valor de la moneda no está asociado a su ser, de oro o plata o lo que fuera, sino a su escasez. 

De este modo, inventaron el papel moneda, que subsiste actualmente bajo la forma de billete de banco. La historia del primer papel moneda es bastante curiosa, y por qué no decirlo, penosa.

China había sido unificada por obra de Han Liu Pang, fundador de la Dinastía Han, en el año 206 a.C.

Su sucesor, Hsiao Wen (180 a 157 a.C.), había entregado a los príncipes locales la facultad de emitir su propia moneda, y el resultado había sido, como era de prever, una inflación galopante. Su segundo sucesor, llamado Wu o Wuti según el cronista de turno, gobernó entre 156 y 87 a.C., y emprendió una violenta campaña de expansión militar que duró todo su gobierno.

Por supuesto que para financiar estas guerras, requería de una moneda saneada. Para esto, urdió lo que bien puede ser considerado como el primer billete de banco... aunque no fue hecho de papel moneda, sino de un material un poco más siniestro.

En su capital de Changan, en su palacio, Wu tenía un ciervo blanco, una pieza absolutamente única en todo el Imperio Han (que en ese tiempo, recordemos, controlaba toda China y regía aproximadamente a un cuarto de la población mundial).

Uno de sus consejeros le recomendó matar al ciervo para desollarle, y fabricar con la piel resultante una pieza intercambiable por oro y plata, que debido a su rareza no podría falsificarse. 

Wu siguió el consejo, y de esta manera el bello animal fue sacrificado por la avaricia del Emperador (¿qué esperaban, por otra parte, del más bárbaro y sanguinario de los Emperadores Han, que masacraba bárbaros en la frontera y ejecutaba funcionarios por alta traición casi como deporte?). Corría el año 119 a.C.

Una vez obtenida la piel del desollado ciervo blanco, ordenó hacer con ella billetes de tesorería, con un pie cuadrado y una orla con un dibujo especial. 

Cada pieza fue valorada, de manera completamente arbitraria, en la exhorbitante suma de 400.000 monedas de cobre. 

Luego, cuando los príncipes fueron a presentarle sus respetos, Wu les obligó (bajo amenaza de procesarlos por traición, claro está) a "comprarles" dichas piezas, poniéndolas así en circulación; es el mismo principio actual por el cual se rigen las economías nacionales, que emiten billetes de banco como un crédito contra el Estado (por eso van con la firma del Director del Banco Central, en el caso chileno). 

Naturalmente que la piel del ciervo blanco era escasa, por lo que este expediente para buscar financiamiento duró muy poco. Y el ciervo blanco siguió muerto, por supuesto.

Yan Yi, el ministro de agricultura de Wu, se atrevió a criticar el plan de su Emperador, calificándolo de extorsión contra los príncipes (lo que era, en efecto). Wu no olvidó. 

A la primera oportunidad lo procesó por un crimen del que era inocente, y cuando Yan Yi se atrevió a mover los labios sin decir nada, en medio del proceso, Wu lo acusó de difamarlo en público, y mandó ejecutarlo sin más.

El año 113 a.C., Wu recobró para el Estado el derecho monopólico de emitir moneda, y con ello saneó en parte la economía.

Pero tuvo que dictar, a cambio, una amnistía contra los antiguos acuñadores de moneda.

Publicado por / Fuente : https://sigloscuriosos.blogspot.com
Creative Commons