Silbury Hill, legado de la Prehistoria

Silbury Hill, legado de la Prehistoria
Silbury Hill, un legado de la Prehistoria.

Algunos lo llaman pirámide pero el término más adecuado sería túmulo más bien, un montículo artificial construido por el Hombre en la última fase de la Edad de Piedra, el Neolítico.

La colina de Silbury constituye lo que en inglés llaman henge (aunque en realidad no se trata de una palabra anglosajona sino escandinava), un tipo de monumento formado por elementos dispuestos en círculo, generalmente de piedra o madera. 

El que nos ocupa se encuentra a unos treinta y dos kilómetros al norte del famoso Stonehenge, cerca de un tercero ubicado en Avebury; los tres están en el condado de Wiltshire pero hay muchos más repartidos por Gran Bretaña, no sólo en Inglaterra sino también en Gales y Escocia, todos ellos protegidos como Patrimonio de la Humanidad.

Silbury Hill fue erigido en torno al año 2700 a.C. mediante la acumulación de creta y arcilla hasta alcanzar una altura de cuarenta metros y una superficie de dos hectáreas con ciento sesenta y siete metros de diámetro, lo que significa que se trata de uno de los monumentos prehistóricos más grandes del mundo. 

Algo bastante sorprendente que revela que ya entonces debía haber una considerable organización jerárquica para coordinar los trabajos.

La técnica utilizada para su elaboración fue similar a la empleada por los pueblos precolombinos mesoamericanos para sus pirámides: primero se hizo un túmulo más pequeño de grava que sirvió de base para luego agrandarlo añadiendo la citada creta más tiza y tierra, de ahí que hoy aparezca cubierto de hierba.

La cúspide del túmulo es plana, con una treintena de metros de diámetro, pero parece ser que se allanó durante la Edad Media con el fin de reaprovechar el lugar como bastión defensivo pues los arqueólogos piensan que el monumento era cónico originalmente, con una cumbre redondeada y una rampa espiral para subir. Alrededor de la colina hay un foso y en 2007 se encontraron al lado restos de un gran asentamiento romano que han aportado los únicos vestigios artificiales del lugar -también los hay medievales-, ya que no queda nada prehistórico.

Lo más fascinante y polémico es determinar para qué se hizo Silbury Hill. En el siglo XVII se pensaba que era un santuario de ritos paganos y aún hay quien insiste en ello basándose en unos restos de madera que habrían podido servir para sostener una especie de tótem. También se apuntó a presuntos enterramientos que habría debajo, como pasa con otros túmulos. 

Sin embargo, no se ha encontrado ningún indicio funerario y los expertos apuntan más bien a que formaba parte, junto con los otros henges, de un sistema calendárico agrario.

Y, por supuesto, no faltan leyendas que identifican el lugar con la tumba del mítico rey Sil (de ahí el nombre) o atribuyen el montículo a la tierra que llevaba el Diablo en un saco para sepultar la ciudad de Marlborough pero que tuvo que abandonar obligado por los sacerdotes cristianos.

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