¿Impresión de alimentos en 3D?

¿Impresión de alimentos en 3D?
¿Te comerías un plato fabricado en una impresora 3D?

Las impresoras 3D son uno de los inventos tecnológicos más relevantes de los últimos años, pues con ellos se puede fabricar prácticamente de todo, desde órganos humanos hasta herramientas, pasando por comida.

Sí, sí, habéis leído bien. Comida.

Suena un poco raro que una impresora pueda fabricarnos una pizza o una hamburguesa, pero lo cierto es que es una de las aplicaciones más revolucionarias de la impresión en 3D, no sólo por lo rápido que resulta, sino también por los beneficios que puede aportar en un gran número de ámbitos.

Sin embargo, mientras que la mayoría de investigadores se centran en buscar nuevas aplicaciones de la impresión de alimentos en 3D, son pocos los que se preocupan también por saber qué opina sobre ellos la población general; pues, al fin y al cabo, seremos nosotros los que terminemos consumiéndolos.

Por eso, un equipo de investigadores australianos, que recientemente han contado sus pesquisas en The Conversation, ha llevado a cabo una serie de entrevistas a ciudadanos de su mismo país, con el fin de saber más sobre sus opiniones.

¿En qué consiste la impresión de alimentos en 3D?

Como os hemos dicho en muchas ocasiones, la ciencia y la cocina no son disciplinas tan diferentes; pues, al fin y al cabo, ambas evolucionan gracias a la experimentación, de un modo u otro.

Un gran caso es el de la técnica de esferificación, que permite encapsular alimentos concretos gracias a una sencilla técnica de química básica.

Y lo mismo ocurre con la impresión de alimentos en 3D; pues, si bien es cierto que empezó siendo algo más apropiado de un laboratorio que de una cocina, poco a poco se está implantando en algunos grandes restaurantes, que utilizan impresoras capaces de extrudir comida líquida a partir de una serie de boquillas que se encargan de darle forma colocándola capa por capa, según las directrices de un programa informático. 


Las múltiples aplicaciones de los alimentos impresos en 3D

De este modo, se pueden fabricar desde bombones hasta tortitas, pasando por pasta, pizza y otros aperitivos salados. 

Pero eso no es todo, ya que también son muy útiles para fabricar alimentos de textura gelatinosa diseñados para alimentar a ancianos con problemas en la masticación, o para generar comida para astronautas, viajeros aéreos y otras personas en situaciones de emergencia.

Además, con el fin de utilizar este método para el desarrollo de alimentos más sostenibles, también se pretende recurrir al uso como materias primas de insectos y carne fabricada en el laboratorio para elaborar productos cárnicos de una forma alternativa a la tradicional. 

Vale, ¿pero qué opina la población de todo esto?

Como os decía en la introducción, con el fin de saber qué opinan los consumidores potenciales sobre la impresión de alimentos en 3D, un grupo de investigadores de la Universidad de Canberra ha tomado la iniciativa de entrevistar sobre el tema a 30 australianos.

A bote pronto los resultados fueron complicados, porque ninguno de los participantes sabían de esta aplicación de la impresión en 3D, de modo que, al asociarlo con la fabricación de objetos, veían estos alimentos como algo plástico, no comestible.

Sin embargo, después de conocer mejor el proceso, algunos comenzaron a mostrarse más positivos en torno al tema, pero sólo cuándo las materias primas utilizadas eran culturalmente aceptadas como sabrosas, pues se mostraron bastante reacios ante el uso de fuentes alternativas como los insectos.

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En cuanto a la impresión de carne, resultó de gran interés para aquellas personas que por motivos éticos son reacias al consumo de alimentos cárnicos, pero le pareció algo bastante antinatural a la mayoría de ellos, que contestaron que no consumirían un alimento fabricado de ese modo.

Así, parece ser que nos encontramos con dos problemas. Por un lado, la aversión hacia ingredientes como los insectos, aunque esto poco tiene que ver con la impresión en 3D, y por otro, la concepción de estas nuevas técnicas como algo anti natural. 

Esto último es un problema; pues, si fuésemos capaces de aceptar los beneficios de este tipo de prácticas, nos daríamos cuenta de lo necesarios que pueden llegar a ser en nuestras vidas y quizás en un futuro todos podríamos tener una de estas impresoras en casa. 

Al fin y al cabo, tampoco es tan distinto a los robots de cocina, ¿no creéis?

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