El ciervo copetudo

El ciervo copetudo
El ciervo copetudo, el vampiro de los cérvidos
¿Ciervos con dientes de vampiro? Puede que creas que te estamos gastando una broma.

No, este animal no es el resultado de un extraño experimento que salió mal, y tampoco va por ahí huyendo de los ajos y mordiendo el cuello de cervatillas indefensas.

Simplemente se trata de una especie de cérvido, llamada ciervo copetudo, que se caracteriza porque de la boca de los machos sobresalen dos colmillos que le dan una curiosa apariencia vampiresca, por la cuál más de uno nos echaríamos a temblar el encontrárnoslo.

Es típico de algunas zonas montañosas de la India, China y Birmania y sobran las palabras para explicar por qué lo hemos elegido para que sea nuestro animal curioso . ¿Verdad?

El ciervo copetudo o eláfodo, es un raro cérvido asiático, que se caracteriza por la presencia de dientes de sable o grandes colmillos en la dentadura de gran parte de los machos. 

El ciervo copetudo craneo
Características del ciervo copetudo (Elaphodus cephalophus)

Su tamaño puede ser variable, pero oscila en tornos a los 55-70 centímetros de longitud hasta la cruz y los 30 kilogramos de peso. 

Su pelaje está compuesto por pelos cortos y rígidos, con un color que va del negro oscuro en invierno al marrón en verano, y se encuentra coronado por un mechón en la parte superior de su cabeza, que puede alcanzar los 17 centímetros.

El ciervo copetudo suele vivir en bosques húmedos situados entre los 500 y los 4.500 metros de altitud, llegando en ocasiones a habitar zonas cultivadas por el hombre. 

El ciervo copetudo

El ciervo copetudo, una maravilla de la naturaleza difícil de observar.

A pesar de todo, son animales solitarios y tímidos, que como mucho se mueven en parejas, y tienen una gran facilidad para camuflarse, por lo que su observación es bastante complicada.

Eso sí, en la época de apareamiento, que tiene lugar entre septiembre y diciembre, los alaridos de los machos pueden escucharse con facilidad.

Existen cuatro sub especies, y se calcula que hay más de 300.000 individuos vivos, pero aún así está catalogado como especie protegida, ya que el valor adquirido por su piel y la pérdida de su hábitat a causa de la deforestación está llevando a que la población vaya mermando.

El cervatillo vampiro, un ser excepcional

Este cérvido de Afganistán, o ciervo almizclero de Kashmir (Moschus cupreus), habita en los más recónditos bosques de este país como una criatura legendaria que busca la intimidad y que, como ser imposible, habíamos dado por extinguido. 

No obstante, por una vez no son malas noticias las que recibimos en cuanto a especies en peligro, el ciervo vampiro sigue en su hábitat y, aunque son muy pocos los ejemplares que los biólogos han observado, no se descarta que hayan más y que, por tanto, debamos hacer lo imposible por mantener su supervivencia.

Puedes comprobar la fabulosa noticia en el “Journal Oryx”, algo que ha alegrado a todos aquellos que tenían entre sus criaturas favoritas a ese ciervo con impactantes dientes de vampiro. 

Pero ¿es verdad que los necesitan porque beben sangre? ¿tienen algo que ver con los auténticos vampiros? En absoluto. Estos llamativos colmillos no son más que un matiz heredado de sus primos, de esos ciervos que lucen fabulosas cornamentas que les sirven para pelearse entre ellos en épocas de reproducción. 

En el caso de los ciervos vampiro ocurre lo mismo, es un matiz típico de los machos con los que poder competir entre ellos por las hembras. Romántico, pero a la vez no tan poético como pensábamos al ver esos afilados colmillos.

El ciervo copetudo

Si te preguntas la razón por la que estos llamativos animales están desapareciendo, no tenemos más que recordar el lugar del planeta en el que habitan: Afganistán. Es muy complicado proteger esta zona y poner una normativa que prohíba su caza, dado el matiz convulso que respira este territorio. 

Tampoco podemos dejar de lado el hecho de la peculiaridad de estos animales. Resulta terrible pensar que que sus glándulas odoríferas se utilicen en la medicina tradicional y que llegaran a matar en el pasado a numerosos ejemplares para obtener un kilo de esta glándula, la cual, se pagaba a unos 45.000 dólares. Una tragedia a la que cuesta poner límites y por la cual muchos piensan que, tal vez, hubiera sido mejor no “declarar” que el ciervo vampiro aún no se ha extinguido.

La única esperanza está en que las organizaciones conservacionistas sigan haciendo fuerza, y que cuenten con la colaboración de las autoridades locales con el fin de detener la caza furtiva. 

Los ciervos vampiro son un patrimonio natural de Afganistán y también de todos nosotros y, como tal, debemos hacer lo posible por defenderlos.

Y sería una pena que se extinguiera, ¿no creéis?

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