Anubis, el gran maestro momificador

Anubis, el gran maestro momificador
Anubis, el dios momificador del Antiguo Egipto.

Anubis es uno de los dioses más antiguos del panteón egipcio y cuenta con varios e inquietantes nombres: “El señor de la tierra sagrada o de los cementerios”, “Señor de las cavernas”, “Señor de los embalsamadores”, o “El que tiene dos corazones”. 

Se le representa con esa inconfundible figura a medio camino entre un chacal y un perro negro y con esa cabeza de can cubriendo una figura humana. 

Sea como sea, el dios Anubis es, sin duda, una de las deidades más inquietantes y bellas de ese Egipto tan lleno de misterios y simbolismo.

¿Nos acompañas en este viaje al más allá junto al Señor de las Necrópolis?
Anubis, el hijo ilegítimo de Osiris.

Se sabe que la tradición de relacionar a los chacales con este dios del más allá se debía al terror que causaba a los egipcios ver merodear por las necrópolis a estos animales hambrientos, capaces de destrozar alguna de las tumbas y de sacar los restos de los fallecidos. 

Algo que violaba su tradición de mantener incorruptos los cuerpos para su viaje al más allá. ¿La solución? Ensalzar como protector a un dios con aspecto humano que tuviera la cabeza de un chacal.

En tiempos posteriores y a lo largo del Imperio Medio, la figura de Anubis perdió un poco de fuerza en la dimensión del ultramundo a favor de Osiris, dejando al dios chacal como guía de las almas hacia el más allá y, sobre todo, como gran embalsamador. Como poseedor de estas artes excepcionales y de los rituales de momificación.

El mito de Anubis tiene sus raíces en la clásica historia del rey Osiris, que bien merece ser recordada.

Osiris fue ese regente sabio y respetado que sufrió un feroz enfrentamiento con su hermano Seth por poseer el trono de Egipto. Como ya sabes, el final del rey fue realmente terrible. 

Anubis, el gran maestro momificador

Tras ser asesinado, su cuerpo fue desmembrado en 14 partes y disperso por todo Egipto para que no fuera encontrado. Un crimen atroz.

La fiel Isis, esposa de Osiris, fue recogiéndo cada pedazo, uno a uno, excepto el pene, que ya había sido devorado por unos peces del Nilo. A pesar de ello, la sabia mujer – gracias a sus poderes – consigue una perfecta réplica. 

Tras obtener cada parte del ultrajado cuerpo de su esposo, acude al sabio Anubis, alguien con quien guarda una extraña relación: ese hombre que habita en las necrópolis, es en realidad hijo del propio Osiris y Neftis, hemana de Isis. Se decía que el rey concibió con ella a Anubis tras confundirla con su propia esposa.

Isis no le guarda rencor, sabe que Anubis – al igual que ella – domina las artes más oscuras y que puede ayudarla a realizar el milagro. El Dios chacal confecciona un vendaje especial, creando así la que será la primera momia de la historia. Tras esto, es la propia Isis quien devuelve la vida a Osiris, logrando concebir un hijo: Horus, quien finalmente, daría muerte al malvado Seth. Tras esto, el rey Osiris abandona a su familia y se adentra en el reino de los muertos, donde ejerce sus derechos como regente del más allá, ayudado siempre por su hijo ilegítimo: Anubis.

Anubis, el gran maestro momificador

Fueron Heródoto – gran historiador griego del siglo V a. C – y Diodoro de Sicilia quienes nos trajeron una descripción exacta de las técnicas de embalsamación de los egipcios. 

Ellos nos ofrecen testimonio de esos embalsamadores que se colocaban sobre la cabeza la impactante cabeza del Dios Chacal para purificar y embalsamar el cadáver. 

Para hacer de aquel cuerpo sin vida una entidad incorruptible y dotada de una eternidad digna para viajar al más allá.

Anubis causaba miedo. Era esa deidad de imagen impactante que disponía de toda la sabiduría sagrada con la que uno podía ser digno o no en el ultramundo. Era el “Señor de los secretos”, quien conocía todos los rituales, las técnicas y también las palabras mágicas adecuadas. 

En muchos testimonios artísticos a través de murales, pinturas y esculturas, se le representa encorvado junto al cadáver y manipulándolo. Y junto a él, su padre, el Dios Osiris, al que Anubis solía llevar el alma del fallecido para que fuera juzgada.

Cuidado, si uno no era digno, el castigo era más que terrible. ¿Os imagináis ser devorados por un monstruo mitad hipopótamo mitad cocodrilo? Era la diosa Ammit, la devoradora, quien impedía que toda alma corrupta y malvada pudiera alcanzar aquello que todo egipcio ansiaba: la eternidad.

¿Cuántos crees que se salvarían hoy en día?

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