Un final en soledad para William James Sidis

Un final en soledad para William James Sidis
William James Sidis. Se le considera el hombre más inteligente de la historia... y el genio más triste del mundo.

Las continuas pruebas y entrenamientos a los que fue sometido, nos aportan numerosa información para que los expertos lleguen a “etiquetarlo” en este ranking particular.

Pero, tras su historia, se esconde una triste realidad; una oscura sombra que vale la pena tener en cuenta y exponer en nuestro espacio.

En la gran mayoría de ocasiones, un coeficiente intelectual muy elevado, no va de la mano de la felicidad.

En absoluto. Más bien al contrario. 

Y un ejemplo de ello lo tenemos sin duda William James Sidis, el joven que está considerado –hasta ahora- la persona más brillante que ha existido. 

Pero su vida no fue fácil, su prodigiosa inteligencia lo sumió desde siempre en un violento carrusel de altibajos difícil de olvidar.

La historia de un niño prodigio.

Su cerebro era algo fuera de lo común. Cursó 7 carreras universitarias, hablaba perfectamente 40 idiomas, escribió infinidad de artículos y 15 libros que no le valieron en absoluto para alcanzar la fama, o al menos, para que el gran público tuviera en cuenta sus conocimientos.

William fue un genio más que hoy en día habita en el Olimpo del olvido, un joven excepcional que nunca tuvo demasiada suerte, que no pudo ni supo encontrar su lugar en el mundo.

Se dice que empezó a hablar a los 6 meses, que con 8 comía solo, y que con un año y medio, leía el periódico The New York Times.

Dominaba la mayoría de las lenguas, incluyendo también las lenguas muertas… y lo que es más interesante, con ocho años William llegó a inventar su propio idioma el Vendergood.

Llegados los 9 años, el pequeño William ya llevaba cuatro libros escritos sobre anatomía y astronomía. Prodigioso, sin duda.

Pero ¿cómo pudo llegar a desarrollar tales aptitudes? Obviamente cuando hablamos de inteligencia priman dos factores, las habilidades innatas y las adquiridas.

Éstas últimas le fueron trasmitidas a base de dura instrucción por su padre, un hombre obsesionado con la psicología y con hacer de su hijo el mayor genio de todos los tiempos.

¿Lo consiguió?

El joven que nunca alcanzó la felicidad

La verdad es que nuestro brillante joven tenía otras inquietudes que iban más allá de sus estudios…cuando descubrió el socialismo sintió que había encontrado su verdadero camino. 

Estábamos en 1914, y William había decidido dejar sus estudios de leyes. Era el Día del Trabajador y no dudó en formar parte de una marcha comunista que acabó con unos graves disturbios y con su arresto.

Pero aquella primera detención no lo detuvo. Participó en infinidad de manifestaciones y protestas, lo que le valió el ser nuevamente detenido, y juzgado…William James Sidis se defendió diciendo que él, era un simple objetor de conciencia de la Primera Guerra Mundial. 

Y aún más, que era ateo y comunista, que ensalzaba una filosofía libertaria basada en los derechos individuales. 

Un chico valiente. Toda una revolución para la época que no fue muy bien aceptada. Se le condenó a 18 meses de prisión.

¿Qué hicieron entonces sus padres, ávidos de que su hijo siguiera por el camino que habían previsto para él? No lo dudaron. 

No era más que un adolescente cuando fue llevado a una institución para ser internado “y corregirle” esas ideas políticas. 

Sus padres estaban de acuerdo en que el muchacho debía ser reformado para eliminar de su cabeza tan “incautas” ideas.


Un final en soledad para William James Sidis

Estando en la institución fue tratado por un psicoanalista ruso, quien conociendo sus capacidades quiso hacer de él el ser humano más inteligente de la historia. Sus padres apoyaron en todo momento ese duro programa para convertirlo en “una auténtica máquina humana”. 

Obviamente, aquello no duró demasiado. Se escribieron infinidad de artículos de él y de su sobrehumana inteligencia, de aquel cerebro brillante dotado de increíbles capacidades. 

Pero cuando William tuvo la oportunidad, huyó del centro y rompió todo contacto con médicos, psicólogos y también, cómo no, con sus padres. Quienes apoyaron en todo momento esa tortura psicológica a la que estuvo sometido.

Los años siguientes fueron un tiovivo de altibajos. Empezó a estudiar carreras universitarias por capricho, no le costaba demasiado terminarlas y coleccionó infinidad de títulos.

Para mantenerse, trabajó en empleos muy por debajo de su categoría… no quería llamar la atención, no deseaba que ningún científico más se fijara en él y cambiaba de ciudad continuamente.

Nunca hizo demasiado con su vida ni logró ser feliz. Nunca tuvo familia, ni siquiera pareja. 

La muerte le llegó en 1944 cuando tenía 46 años, un derrame cerebral que puso fin a su brillantez, a sus capacidades siempre escondidas, a su espectacular cerebro que un día, ya no pudo más. 

En estos momentos los expertos estiman que su coeficiente intelectual debía sobrepasar los 250 puntos, pudiendo llegar incluso a los 300, pero en ningún momento dicha puntuación le dio las puertas para poder saborear algún tipo de éxito, o simplemente, el placer de una vida satisfecha y plena.

En la actualidad, la persona con el coeficiente intelectual más alto del mundo le corresponde a una chica americana llamada Marilyn Vos Savant. 

Desconocemos si dicha virtud será en su caso sinónimo de felicidad o más bien una nueva maldición, como la sufrida en su día por el desdichado William James Sidis…

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