Las mentiras para ser una mujer de verdad

Las mujeres de verdad también tienen pelos, la regla y envejecen
Las mujeres de verdad también tienen pelos, la regla y envejecen.

Hace algo más de dos años que Rocío Salazar decidió no depilarse nunca más. Sabía desde hacía tiempo que aquello de que la mujer no tiene pelos era una más de

Las mentiras para ser una mujer de verdad.

Desde entonces ha compilado otros mitos sobre belleza femenina en un manual ilustrado para principiantes.

La depilación, de nuevo, es uno de los temas capitales. «Porque abrigan», «porque el vello negro te combina con todo» o «para presumir hay que de no sufrir» son algunas de las razones por las que Salazar olvidó en su día la cera, la cuchilla y el láser. 

Y, quien sabe, tal vez sirvan a otras que se estén planteando dejarlo.

«Lo ideal es que realmente cada una haga lo que quiera». Por eso, la ilustradora sevillana no entiende a las que se sientes atacadas con su propuesta.

«Sé que este libro no es para todas las mujeres«, indica. «Hay quienes me reprochan que ellas se maquillan y se depilan porque ellas quieren, como si les estuviera tratando de imponer algo. 

Y no es así. 

Si de verdad lo hacen porque quieren, ellas no son mi target. Me dirijo a aquellas que necesitan un empujón, que alguien les diga que no tienen que hacerlo, porque eso es lo que necesitaba oír yo».

Y lo hace mediante la ironía y el humor. «Cada vez que dices algo que suena feminista, recibir ataques de todo tipo es lo más normal. Sin embargo, al hacerlo desde el humor, parece que llega de otra manera».

Que las mujeres son delgadas (pero gordas de tetas) es otro de los mitos con los que Salazar se ha propuesto acabar. Si la celulitis está presente en el 80% de las mujeres, los michelines de la barriga en el 75% y las cartucheras lucen en las piernas del 90%, ¿quién decide que son ‘cosas’ que se deben erradicar?

Y si hay algo que sigue generando tabúes y bulos aún en el siglo XXI es la menstruación. En los anuncios, la sangre es azul. («Yo es que, una vez al mes, me vuelvo de la realeza»). 

Las mentiras para ser una mujer de verdad
Los cambios de humor ‘propios’ de una mujer que tiene la regla es otro tópico que se resiste a la extinción. «Porque todo el mundo sabe que los estrógenos y la progesterona los carga satanás… Mientras que la testosterona es la hormona de la paz, el raciocinio y el “vamos a hablar de las cosas”».

«Porque todas nacemos con una cara demasiado humana» es el motivo por el que las que se atreven a salir a la calle sin maquillar son excepción. Salazar repasa los rituales de belleza a seguir por quienes se resisten a abandonar su casa sin arreglar. 

Hay que cuidar todo, hasta el mínimo detalle, incluida la ropa interior, aunque no la vaya a ver nadie, «para sentirte tú muy sexy mientras meas».

Y si aun así tus complejos te siguen atormentando, ¡enhorabuena!: eso significa que eres muy femenina.

 «Puedes protestar en voz alta, mirarte al espero y hacer una mueca o resoplar. ¡Serás la reina de todas las fiestas»

Ahora, cuidadito con envejecer porque «eso está muy feo en una dama. No sé, invéntate algo, pero que parezca que vas estrenando cuerpo toda la vida».

Pese a ser cada vez más conscientes de la dictadura que nos hace anhelar cánones de belleza imposibles, la mayoría de las mujeres seguimos pasando por el aro. «Es un proceso infinito. 

Es cierto que cada vez somos más conscientes de ello pero lo que cuenta el libro es algo que va contra las “normas” que se llevan imponiendo desde hace muchos años por lo que es difícil darle la vuelta a la tortilla de la noche a la mañana».

De hecho, Salazar lo percibe en su entorno a través del feedback que recibe de su libro. «Hay quien me dice: “Uy, la letra es muy bonita” y se me queda mirando como pensando “¿Está loca? ¿Pretende que vaya por la vida sin tacones?”». Para otras, en cambio es un modelo a seguir. «Algunas me enseñan las piernas para que vea sus pelos».

Y es que es el «activismo propelos» la parte más peliaguda (valga la redundancia y el chiste malo) de la revolución de Salazar. 

«El tema de la extrema delgadez o de la eterna juventud del canon de belleza ideal ya se han denunciado con anterioridad pero el no depilarse es un tema que aún resulta chocante. 

Es obvio cuando voy en el autobús, por ejemplo, y la gente se me queda mirando las piernas. ¿Por qué no mirarán por la ventana?».

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