¿Cómo funciona un alcoholímetro?

¿Cómo funciona un alcoholímetro?
¿Cómo funciona un alcoholímetro?

El alcoholímetro es uno de los instrumentos más temidos por aquellos que no tienen problemas para conducir después de beber alcohol porque, según afirman, “ellos controlan”.

Esta famosa frase que tanto daño ha hecho en tantos ámbitos no sirve como prueba para multar a alguien cuyo consumo le convierte en un peligro en la carretera, por lo que ya hace muchos años que se instauró el uso de los famosos alcoholímetros, que miden el alcohol en sangre a través de la correlación existente con los niveles presentes en el aire exhalado.

Seguro que a la mayoría de vosotros os han sometido en alguna ocasión a esta prueba, con resultados más o menos vergonzosos, ¿pero os habéis preguntado alguna vez cómo funciona?

Detrás de este proceso hay una serie de reacciones científicas muy interesantes y nosotros os las vamos a contar hoy. ¿Quién sabe? Quizás saber cómo funciona os conciencie de lo difícil que es falsearlo y, sobre todo, de lo importante que es que el resultado sea negativo.

La relación entre alcohol en sangre y en aire exhalado


Como sabéis, el objetivo de los controles de alcoholemia es conocer los niveles de alcohol presentes en la sangre, pero debido a que es una prueba invasiva, lenta y con una logística complicada para realizarla de forma sencilla a pie de carretera, lo óptimo es el uso de los famosos alcoholímetros, que tienen la capacidad de analizar los niveles de alcohol en sangre a través de su correlación con el aire exhalado, que contienen el etanol vaporizado que pasa a los alvéolos pulmonares durante el proceso de metabolización.

De este modo, si la tasa máxima de alcohol en sangre permitida en España es de 0’3 g/l para conductores profesionales y noveles y de 0’5 g/l para todos los demás, esto se extrapola a 0’15 mg/l de aire exhalado para los primeros y 0’25 mg/l para los segundos. 


¿Cómo se miden los niveles de alcohol con el alcoholímetro?


Los métodos utilizados por el alcoholímetro para medir los niveles de alcohol en el aire exhalado son principalmente dos: 


A través de un sensor de infrarrojos

El método basado en infrarrojos se basa en la propiedad de los gases de absorber parte de las radiaciones electromagnéticas que los atraviesan.

Centrándose en el caso de los infrarrojos, situados dentro del espectro entre la zona visible y las microondas, la longitud absorbida más eficientemente por el etanol vaporizado es de 9’5 micrómetros, por lo que la técnica utilizada en el alcoholímetro consiste en el uso de un emisor de infrarrojos acoplado a unos filtros que eliminarán todas las ondas que no se encuentren a 9’5 micrómetros, con el fin de evitar falsos negativos.

De este modo, cuando las ondas deseadas pasen a través del aire exhalado por el conductor al que se le está realizando la prueba, la energía que no se absorba se transformará en energía eléctrica, cuyos niveles se extrapolarán a la cantidad de etanol en el aire, siendo deseable que se haya perdido el mínimo de energía posible. 


A través de una célula electroquímica


El método del sensor de infrarrojos es bastante caro, por lo que con los años se ha hecho necesario cambiar el método utilizado por otro menos costoso, como las células electroquímicas, que son dispoitivos capaces de obtener energía eléctrica a través del uso de reacciones químicas.

Una de las células electroquímicas más conocidas es la pila; que, como sabéis, se compone de dos electrodos metálicos (el cátodo y el ánodo) introducidos en una solución conocida como electrolito.

Al introducir los electrodos en el electrolito, se produce una reacción de oxidación en el ánodo que dará lugar a un flujo de electrones que viajará hasta el cátodo, que se reducirá (la reacción inversa a la oxidación) dando lugar a una corriente eléctrica.

Aunque no es exactamente igual, la reacción producida en este tipo de alcoholímetros es muy similar, pues el aire exhalado pasa al ánodo, donde el etanol se oxida dando lugar a ácido acético y generando una corriente eléctrica que será proporcional a la cantidad de etanol presente en el aire.

Ni mascar chicle, ni tomar café, ni chupar la batería de un móvil (sí, hay quién defiende esta técnica) conseguirá que burléis a ninguno de estos métodos, pero lo que sí que lo hará será que cojáis el coche sólo si estáis seguros de que ha pasado el tiempo suficiente desde que bebisteis para que el alcohol esté completamente metabolizado.

Os lo agardecerán vuestro bolsillo, vuestra salud y, sobre todo, los cientos de personas que os podréis cruzar en la carretera después.
 
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