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Jeroen Van Aeken, o el Bosco

Jeroen Van Aeken, o el Bosco
El Bosco, el pintor de los misterios.

El pintor flamenco conocido como El Bosco y autor de cuadros tan conocidos como “El jardín de las Delicias”, se alza como uno de los artistas más peculiares y extraños de la historia.

Fue capaz de imaginar mundos fantásticos llenos de simbolismos, obras tan maravillosas como extravagantes que aún hoy, no dejan de inquietar a curiosos y entendidos que ven en su legado, todo un desafío a los sentidos y al entendimiento. Un exponente único de los siglos XV y XVI que nos encanta traer en nuestro espacio.

 Jeroen Van Aeken, o el Bosco.pintor flamenco del surrealismo.

Cuando alguien se detiene un instante ante un cuadro de El Bosco, no alcanza a comprender cómo unas ideas tan arriesgadas aparecían ya con tanta fuerza en un artista del siglo XV. En ocasiones vemos incluso trazos que nos recuerdan mucho a esa locura y genialidad pictórica del mismísimo Dali.

Una modernidad que cautivó a media Europa, y en especial a Felipe II. Sus cuadros eran monstruosos y oníricos a la vez, donde aparecen hombres con cuerpos de animales, con torsos mitad humanos mitad pez, por ejemplo, debieron sobrecoger a la vez que fascinar al monarca. 

Pero lo que seguramente no sabía era que el Bosco era un auténtico heterodoxoque gustaba no solo de ridiculizar y representar la moral de las personas y las clases, sino que también solía dejar ciertos “mensajes ocultos” en sus obras.
Jeroen Van Aeken, o el Bosco






Estas creencias heterodoxas lo hacían ver y representar el catolicismo de su época desde una perspectiva un tanto desafiante y oscura, muy oscura. Pero pocos parecían ver estos indicios, y menos el propio Felipe II. Un ejemplo de ello podemos verlo por ejemplo en la obra “La Ascensión de los heridos al Paraíso celestial”. 

En ella, vemos una escena bastante estremecedora que a todos nos es conocida por múltiples películas, e incluso declaraciones de personas que dicen haber sufrido este tipo de experiencias. La de haber estado al borde de la muerte y ver ante ellos, la imagen de un túnel resplandeciente.
Pues bien, esta imagen aparece en el cuadro nombrado. Para el Bosco, la muerte no parecía ser un encuentro con Dios en el paraíso, para él tenía una imagen un poco más espiritual y original. Solo un túnel donde se dirigen las almas. 

Algo que sin lugar a dudas hubiera enfurecido bastante a Felipe II, fiel coleccionista de su obra. Un monarca férreamente católico que celebró con alegría aquel día en que fueron asesinados en Francia decenas de miles deprotestantes. Felipe II, era sin saberlo, un admirador devoto de la obra de un auténtico hereje.

El complejo universo del “Jardín de las delicias”

Sin duda, una de las obras más espectaculares y conocidas del Bosco. Pero, ¿Qué viene a representar esta titánica y abigarrada pintura? Nos muestra nada más y nada menos que el tercer día de la creación del mundo. Ya en la izquierda y en la parte de arriba podemos ver a Dios junto a la frase: Ipse dixit et facta sunt. Ipse mandavit et creata sunt, qué viene a decir algo como “Él lo mandó, y todo fue creado”

¿Y qué es lo que configuró Dios desde los cielos según el Bosco? Un universo bien caótico. Empecemos desde la izquierda, ahí donde podemos ver un peculiar Jardín del Edén en el cuál, aún pervive la lujuria tras las figuras de Adán y Eva. También el mal sigue presente pero oculto en este Paraíso, a través de singulares y desagradables bichejos, alimañas que representan al pecado, y de lechuzas, que simbolizan también el mal.

En el panel central el jardín de las delicias, vemos el falso paraíso en la Tierra. Ahí donde la especie humana se ha dejado caer en las “delicias” del pecado y también la lujuria. Aparecen diversas escenas sexuales de varias formas y en imaginativas posturas -apareciendo también representaciones homosexuales-. Todo está envuelto en una compleja y fascinante simbología, animales, frutas, criaturas extrañas, burbujas, conchas, frutos y alimentos podridos… el placer de la carne que se corrompe, el vicio humano en esencia.

Estanques con símbolos, fuentes de la eterna juventud, circos, acróbatas, bestias, toros, osos, unicornios… todo ello representa la corrupción humana para el Bosco.

El panel derecho como no, representa el infierno, ahí donde los pecados son castigados. Vemos por ejemplo un cuchillo en el aparece la letra m, en referencia a antiguas profecías medievales que decían que el nombre del anticristo, tendría nada más y nada menos que esta inicial. 

Vemos también extrañísimas criaturas oníricas, monstruos devorando personas y defecándolas a una especie de letrina… escenas que nos ponen el pelo de punta y que nos revuelven el estómago, sin dejar de admitir en ningún momento, la fuerza expresiva de este autor del siglo XV y XVI.

Como curiosidad podemos decirte que, hace poco, una bloguera de Tumblr llamada Amelia, ha transcrito precisamente una partitura que aparecía en la sección derecha de El jardín de las delicias, es decir, del Infierno.

¿Y dónde estaba esta referencia musical? te preguntarás. Pues en el trasero de uno de los condenados por Satanás. Ella y su compañero decidieron transcribir las notas a un pentagrama, dándole las características musicales propias de la época.

¿El resultado? Una melodía realmente inquietante con más de 600 años de antigüedad, ideada por uno de los artistas más misteriosos de nuestra historia: El Bosco.

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