Trastornos mentales , los personajes de Winnie the Pooh

Trastornos mentales , los personajes de Winnie the Pooh
Los trastornos mentales escondidos en los personajes de Winnie the Pooh.

Hace poco un lector nos preguntó por qué no hablábamos sobre este tema.

Sinceramente jamás en mi vida he visto los dibujos de Winnie the Pooh y tampoco he leído las novelas, por lo que mucho menos conocía esta relación entre sus personajes y los trastornos mentales, pero he de reconocer que al informarme me ha parecido tan interesante que no podía parar de leer al respecto.

Resulta que todos sus personajes principales están relacionados de un modo u otro con trastornos mentales y no hace falta ser rebuscado para verlo, la relación es muy clara, por lo que es probable que no sea una casualidad.

Al menos no totalmente.

¿Cómo surgió la historia de Winnie the Pooh?

Aunque todos conocemos el Winnie the Pooh de Disney, realmente la historia de este osito y sus inseparables compañeros proviene de un poema publicado como parte de un libro publicado en 1924 por Alan Alexander Milne.

La inspiración para dicho escrito provenía de Winnie, una osita del zoo de Londres que había entablado una estrecha amistad con su hijo Christopher Robin, que incluso podía entrar al recinto y jugar con ella sin correr ningún peligro.

El éxito del poema fue tal que Milne optó por escribir dos libros protagonizados por el mismo oso y de ahí la fama fue extendiéndose hasta llegar a formar parte de cuentos, cortos, series y, por supuestísimo, de la colección de películas de Walt Disney, cuyas hijas eran totalmente fans de las novelas.

Sin embargo, como suele pasar a menudo con los cuentos y los dibujos animados, se interpretó como una historia para niños, cuando realmente el propósito del autor, que había dotado a sus personajes de una psicología muy compleja y difícil de entender por el público infantil, no era ése. 


Los personajes de Winnie the Pooh y sus trastornos mentales

Como os decía, el objetivo del autor de los libros era dotar a sus personajes de unos rasgos psicológicos complejos muy diferentes a los de otros protagonistas de historias infantiles. 

Esto, además, fue aprovechado por Disney, que añadió personajes como Gopher, el topo constructor compulsivo y despistado que a menudo se cae en los hoyos que él mismo fabrica.

¿Significa eso que los trastornos de los que vamos a hablar ya estaban previstos cuando se describieron los personajes por primera vez? 

Es posible que no, pero su afán por dotarles de personalidades tan intrincadas no hace para nada complicado asociarlo con las personalidades de las que os vamos a hablar.
Winnie Pooh y los trastornos de la conducta alimentaria

Lógicamente, teníamos que empezar por el protagonista. Como sabéis, Winnie es un osito adorable con cierta afición desmesurada a la miel.

Esto hace que se pueda relacionar con trastornos de la conducta alimentaria, concretamente con el conocido como trastorno por atracón, que lleva a quiénes lo padecen a comer ciertos alimentos de forma compulsiva, pero sin practicar conductas compensatorias como el vómito, típico de otros trastornos como la bulimia.

Como consecuencia, estos pacientes suelen acarrear otros trastornos como la obesidad, que también se puede observar en Winnie. 


Puerquito y el trastorno por ansiedad generalizada


Puerquito, también conocido como Piglet, es uno de los amigos de Winnie basados en peluches del hijo del autor.

Debido a su comportamiento, siempre nervioso y preocupado, lleva años siendo usado por muchos psicólogos para describir el trastornos por ansiedad generalizada, asociado a la presencia de tensión continua que puede proceder de todo tipo de situaciones o incluso llegar a darse sin causa aparente.

Tigger y el déficit de atención y la hiperactividad

Este tigre es uno de los personajes más entrañables de la historia. Se trata de un tigre muy amigable y extrovertido que se pasa toda la trama afirmando que es capaz de saltar como un canguro, volar, nadar y trepar los árboles. Sin embargo, se le va la fuerza por la boca y ni siquiera intenta la mayoría de esas proezas, ya que lo único que consigue es subir a un árbol, para no ser capaz de bajar después.

Esto coincide con los síntomas del déficit de atención, marcado por la impulsividad y la hiperactividad, que a menudo derivan en problemas serios de concentración, que los llevan a cometer errores continuamente en sus etapas tanto escolar como laboral. 


Búho y el narcisismo

Búho es un personaje poco espabilado que apenas sabe leer, a pesar de poseer un montón de libros y de presumir continuamente de ser muy sabio. 

Por ese motivo, la gente recurre siempre a él cuando tiene algún problema, aunque al no saber contestar sus dudas él siempre da la vuelta a cualquier tema para acabar contando una historia sobre él o sus antepasados.

Esta idea tan perfecta de sí mismo, acompañada de una necesidad continua de admiración, lo convierte en un claro ejemplo de narcisismo, que como sabéis es un trastorno caracterizado por la concepción de grandiosidad propia y la falta de empatía hacia los demás, todo acompañado de una búsqueda continua de atención.

Muchas personas poseen esta personalidad sin llegar a convertirse en un trastorno, pero cuando se convierte en un acto compulsivo, que llega a afectar a su vida diaria por características como la necesidad de querer relacionarse únicamente con personas que estén “a su altura”, comienza a considerarse un trastorno.

Conejo y el trastorno obsesivo compulsivo

Conejo es un personaje muy trabajador, obsesionado con mantener su huerto impoluto hasta el punto de perder una parte considerable de su tiempo en tener “limpio sobre limpio”.

Esto hace que se pueda comparar con los pacientes de trastorno obsesivo compulsivo (TOC), que se obsesionan con ideas o actos concretos, llegando a repetirlos sin medida alguna y viendo cómo su rutina diaria se resiente como consecuencia. 


El burrito Igor y la depresión

Igor es un burrito muy querido entre los personajes de la historia, aunque eso no consigue sacarle de su tristeza, que lo lleva a vagar de un lado a otro melancólico y pesimista, perdiendo continuamente su cola, que se encuentra unida a su cuerpo a través de un clavo.

Su tristeza también le lleva a pasar gran parte del día durmiendo, como suelen hacer a menudo los pacientes depresivos.

Como veis, no es difícil hacer una asociación entre estos personajes y muchos de los trastornos mentales conocidos. 

Muchos psicólogos los usan como ejemplo e incluso si indagáis por la web veréis que hay personas que afirman haber descubierto sus propios trastornos a través de estos personajes.

Sin embargo, ya os digo que no esto no es más que una recopilación de las teorías más comentadas y que nada tiene que ver con la idea original del autor. 

De hecho, yo creo que el objetivo de Milne más bien debió ser mostrar personajes más cercanos a las personalidades reales del público; pues, al fin y al cabo, todos tenemos manías y peculiaridades, aunque no siempre lleguen a convertirse en un trastorno. 

Pero, cómo os digo, sólo es mi opinión; ya que, como decía una de mis profesoras de lengua del instituto, cuando interpretas una obra no tienes por qué estar pensando lo que pensaba el que la escribió, lo importante es argumentar por qué lo piensas.

Y eso es lo más bonito de la literatura, que nos hace pensar.

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