En busca de genes del envejecimiento sano

En busca de genes del envejecimiento sano
En busca de genes del envejecimiento sano.

La elevada longevidad de muchas personas solo es posible gracias a la ciencia y medicina modernas

En estos tiempos que corren nunca tanta gente había vivido tanto tiempo.

Hoy no es raro esperar vivir muchos años y cada vez más personas alcanzan una edad avanzada.

Existen buenas razones para ello, a pesar de los actuales recortes, que tarde o temprano se traducirán también en recortes en longevidad.

Puesto que cada vez mayor porcentaje de personas alcanza la tercera edad y vive muchos años, los problemas asociados con el envejecimiento han adquirido una importante relevancia, tanto social como médica.

Las investigaciones en este tema se intensifican con la esperanza de aprender a mitigar las enfermedades que, inevitablemente, lleva asociado el envejecimiento, las cuales no son pocas. 

La larga vida nos dispensa casi siempre problemas de salud que atañen, entre otras cosas, a las articulaciones, a la circulación sanguínea, y a las capacidades cognitivas, en particular a la memoria.
Han sido los individuos muy longevos, con edades a veces superiores a los cien años, y que, además, suelen pertenecer a familias longevas, los más estudiados por la ciencia para intentar comprender los mecanismos biológicos que pueden estar asociados a una elevada longevidad. 

Desgraciadamente, estos estudios no han revelado por el momento demasiadas cosas útiles. 

Sabemos hoy que el envejecimiento está relacionado con el declive de la función de las mitocondrias (los orgánulos celulares encargados de extraer energía química útil de los nutrientes a través de la respiración) y con ciertas variantes de algunos genes, pero este conocimiento no ha puesto de manifiesto sino unos pocos mecanismos fisiológicos que puedan proteger de las enfermedades asociadas con el envejecimiento. 

Y es que el estudio de las personas longevas en nuestros días acarrea un serio problema. 

Las personas que hoy tienen muchos años han llegado a conseguirlo, en general, gracias a intervenciones médicas, a operaciones quirúrgicas o a tratamientos farmacológicos que curan, mitigan o retrasan el avance de enfermedades propias de la edad. 

Existen hoy muy pocos centenarios que lo sean sin haber sido tratados médicamente por alguna cosa, o que no estén siendo seguidos frecuentemente por un médico. 

En otras palabras, la elevada longevidad de muchas personas solo es posible gracias a la ciencia y medicina modernas. 

Estudiar a estas personas, por tanto, puede no resultar útil para averiguar las causas fisiológicas o genéticas que explican la longevidad. 

Para ello, deberíamos estudiar a los poquísimos sujetos que han envejecido en buena salud sin necesidad de tratamiento médico alguno. 


Resulta complicado por su secuenciación prácticamente interminable 

Para intentar resolver estos problemas antes de hacerse demasiado viejos en el intento, investigadores de varios centros de investigación y universidades estadounidenses deciden abordar sus estudios de una nueva forma, aprovechando las enormes posibilidades tecnológicas de secuenciación del ADN de las que se dispone hoy, combinadas con las gigantescas capacidades de análisis informático de los datos adquiridos. 

Estas nuevas tecnologías permiten hoy secuenciar y comparar entre sí los genomas, no ya de dos sujetos, sino de un conjunto de personas de diferentes grupos. 

En este caso, los investigadores deciden analizar los genomas completos de personas ya mayores, (de una media de edad mayor de 80 años), pero que no han mostrado problemas de salud hasta el momento y no están tomando medicación. 

Los investigadores no saben si entre las 1.354 personas que estudian en este grupo habrá finalmente algunas muy longevas o no. Solo saben que, de momento, han estado sanas, lo que puede indicar que algunos vivirán hasta incluso superar el siglo, pero esto es solo una suposición. 

A este grupo de personas mayores sanas lo comparan con un grupo similar, desde el punto de vista de la raza y de otras características genéticas, de personas más jóvenes, representativas de la población estadounidense en general. 

Estas personas también están sanas, pero no sabemos si se pondrán enfermas al alcanzar la edad de las del otro grupo, ni tampoco si vivirán mucho o poco. 

Curiosamente, existen ya interesantes diferencias entre los dos grupos. 

Las personas mayores sanas hacen ejercicio con más frecuencia, están algo más delgadas de la media y han alcanzado un alto nivel de educación en relación a la población en general. 

Además, tienen hermanos que han vivido más años de la media, lo que sugiere que un componente genético puede también influir en la longevidad en buena salud. 

Tras secuenciar los genomas de estas personas y compararlos, en busca de características genéticas que pudieran ser diferentes entre ambos grupos –lo cual se me antoja una tarea más que hercúlea–, los investigadores concluyen que las personas mayores sanas poseen un perfil genético diferente de la población general, pero que es también diferente en alguna medida del que poseen las personas muy longevas. 

Entre las características genéticas más importantes se encuentran una menor presencia de variantes génicas asociadas con la enfermedad de Alzheimer y con la enfermedad cardiovascular. 

Además, los investigadores identifican variantes genéticas en la población de mayores sanos que parecen estar asociadas con un menor declive cognitivo general. 

La cantidad de datos acumulada es astronómica y queda mucho por analizar para extraer conclusiones válidas. 

Por esta razón, los investigadores ponen a disposición de la comunidad científica los datos adquiridos, para el análisis y el debate. 

Es de esperar que de ellos pueda extraerse conocimiento que permita desarrollar fármacos o estrategias de intervención para posibilitar envejecer en buena salud a quienes no han tenido la suerte de haber heredado los genes del envejecimiento sano.

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Referencia: Erikson et al., Whole-Genome Sequencing of a Healthy Aging Cohort, Cell (2016)
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