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Efectos espaciales en la vida terrícola

Efectos espaciales en la vida terrícola
¿Cómo ha afectado el espacio a nuestra vida en la Tierra?

Todos hemos escuchado alguna vez que los dinosaurios se extinguieron a causa de un meteorito.

Eso lo aceptamos fácilmente, pero no nos paramos a pensar que, si una roca caída del espacio pudo terminar con seres tan grandes como ellos, nosotros no íbamos a evolucionar yéndonos de rositas.

Y es que puede que no hayamos presenciado ningún evento astronómico sospechoso de habernos cambiado la vida, pero la humanidad lleva casi tres millones de años sobre la faz de la Tierra y, durante ese periodo, han tenido lugar una infinidad de fenómenos que, para bien o para mal, han llevado a que tengamos el planeta y la forma de vivir que tenemos hoy.

La explosión de la Supernova que cambió la evolución humana

El caso más recientemente descubierto acaba de ser publicado en Nature y trata sobre la explosión de una Supernova en los albores de la especie humana que pudo cambiar drásticamente el modo en que ésta evolucionó.

Como sabéis, las Supernovas son el resultado visible de una explosión estelar muy violenta. Desde hace décadas, los investigadores han sospechado que este fenómeno podría haber provocado cambios en la Tierra, desde extinciones masivas hasta interrupciones drásticas en el clima global, pero no habían podido confirmar si estos cambios habían coincidido en el tiempo con la especie humana.

Sin embargo, todo comenzó a tomar sentido cuando en 1999 se descubrieron en rocas oceánicas profundas restos de hierro-60, una variedad radiactiva del hierro procedente de estas explosiones.

Esto deja claro que aún a día de hoy convivimos con restos de la lluvia radiactiva que dejó caer una de estas Supernovas sobre nuestro planeta, por lo que no parece descabellado pensar que quizás no hace tanto tiempo que nos hicieron una visita lo suficientemente cerca como para generar cambios.

Pero, entonces, ¿pudo ser la evolución humana moldeada por una de estas explosiones?

Para dar una respuesta, un grupo de investigadores procedentes de Universidades alemanas y portuguesas, se centraron en la conocida como Burbuja Local, la región de la Vía Láctea en la que se encuentra el Sistema Solar, donde comprobaron que la temperatura del plasma asciende hasta 1’8 millones de grados Farenheit o, lo que es lo mismo, 1 millón de grados centígrados.

Este calentamiento excesivo probablemente procede de una serie de supernovas, por lo que era un buen sitio para comenzar a buscar.

A continuación, utilizando modelos computacionales complejos que calculaban las posibles masas de estrellas moribundas y la trayectoria que los materiales radiactivos debieron tomar después de la explosión; concluyeron que, teniendo en cuenta las zonas en las que se habían encontrado restos de hierro-60, la explosión de dos supernovas debió tener lugar a 230 millones de años luz del Sol hace aproximadamente 2’2 y 1’5 millones de años respectivamente.

Como os decía al comienzo, el miembro más antiguo conocido del género Homo ya andaba por la Tierra hace 2’8 millones de años, por lo que queda claro que su evolución pudo verse afectada.


El Planeta X y la lluvia de cometas

Como sabéis, los cometas han sido señal de mal augurio a lo largo y ancho de nuestro planeta desde tiempos inmemoriales Y no es para menos, no sólo por lo impactante que resulta ver una majestuosa bola de fuego cruzando el cielo, sino también por su posible implicación con las extinciones masivas de la Tierra.

Efectos espaciales en la vida terrícola

Y si hasta hace poco no había astro al que echarle la culpa de este diluvio, un matemático de la Universidad de Arkansas ha dado recientemente con un posible culpable, el Planeta X. Vale, aún no está totalmente demostrada la existencia de este noveno planeta, pero lo cierto es que parece ser que sí existe y que, además, tiene una afición malsana por esparcir cometas allá por donde los encuentra.

Esto se debe a que cada 27 millones de años, mientras gira alrededor del Sol, cruza el cinturón Kuiper, un conjunto de cometas que también gira en torno al astro Rey, provocando que estos salgan disparados hacia todas partes, incluida la Tierra.


Los meteoritos, remodeladores del terreno

Los meteoritos son los grandes protagonistas de las historias sobre catástrofes astronómicas, tanto reales como de ficción.

Y es que, desde el meteorito que acabó con los dinosaurios hasta la lluvia de rocas de Kriptonita que asoló Smallville regalando un Superman en pañales a la humanidad, estos fragmentos de meteroides que chocan contra la Tierra han causado la fascinación y el miedo de aquellos que piensan que uno de ellos podría ser el culpable de la futura extinción de nuestra especie.

Sin embargo, la verdad es que cientos de estos fragmentos impactan con nuestro planeta, excavando en el terreno curiosos cráteres, similares a los que se observan en la superficie de la Luna. Por otro lado, también pueden afectar a la comunidad microbiana del suelo e incluso provocar un cambio climático global, aunque los mecanismos que dan lugar a estos eventos no son del todo conocidos.

La necesidad de conocer más sobre este tema ha dado lugar al planteamiento de la expedición 364, un proyecto llevado a cabo por varias Universidades de todo el mundo, entre las que se encuentran la Universidad de Zaragoza y la Universidad Complutense de Madrid, que se desarrollará en la península de Yukatán, en la zona cero del meteorito que dio lugar a una de las grandes extinciones masivas de la Tierra, hace 66 millones de años.

Los trabajos de perforación comenzarán el próximo 13 de abril y pretenden aportar una nueva luz sobre cómo se recuperó la biosfera tras este impacto y determinar si tuvo algo que ver con el calentamiento global que llegó después.


Las radiaciones solares, asesinas silenciosas

Todo esto es muy curioso: cometas, planetas desconocidos, explosiones estelares… Pero si hay un fenómeno procedente del espacio con el que la especie humana tiene que lidiar cada día, con terribles consecuencias en algunos casos, son las radiaciones solares.

Y es que estas radiaciones no sólo han moldeado la pigmentación de nuestra piel, que ha evolucionado a más oscura en las zonas más soleadas y más clara en las frías; sino que, además, son las responsables del cáncer de piel, una de las enfermedades más preocupantes de los últimos años.

El Sol ha estado siempre ahí, sí; pero, como sabéis, antiguamente estábamos más protegidos por la capa de Ozono, una capa presente en la atmósfera que se encarga (o se encargaba) de absorber la gran mayoría de la radiación ultravioleta de alta frecuencia, dejando pasar solo la de onda larga, necesaria para la existencia de vida en la Tierra.

Sin embargo, el uso de sustancias nocivas para el ozono ha llevado al deterioro de esta capa, que poco a poco está dejando pasar más radiaciones perjudiciales de las debidas, dando lugar a un aumento de casos de enfermedades como el melanoma, las cataratas oculares o la supresión del sistema inmunológico.


Fenómenos astronómicos que nos regalaron metales preciosos

Otro modo en que los fenómenos astronómicos han cambiado nuestra vida en la Tierra ha sido el aporte de metales preciosos; pues, como vimos en un artículo recientemente, algunos metales muy pesados como el oro o el platino no fueron originados en la Tierra, sino que vienen de algún tipo de explosión, procedente de una Supernova o de la fusión de estrellas de neutrones.

Efectos espaciales en la vida terrícola

¿Cómo pudo verse afectada nuestra especie por los fenómenos astronómicos?

Como veis, todos estos fenómenos han cambiado varias veces el clima de nuestro planeta, han moldeado el terreno a su gusto y nos han traído alguna que otra enfermedad, pero no todo ha sido malo.

No, no me refiero a los metales preciosos, que también son importantes, sino a la teoría de algunos investigadores que afirman que varios de estos eventos pudieron ser muy beneficiosos para la especie humana.

Por ejemplo, teorizan que las Supernovas de las que os hablé al inicio pudieron dar lugar a un cambio climático global que favoreciera la continuidad de la especie humana y, además, añaden que la radiactividad provocada por el hierro pudo originar todo tipo de mutaciones; de las cuáles algunas, como el aumento del tamaño cerebral, pudieron ser aceptadas positivamente por la evolución.

Desde luego, bien que nos reímos cuando Paulo Coelho habla de conspiraciones del Universo, pero hay que reconocer que, lo queramos o no, estamos a su merced.


La clave del origen de la vida humana está en el espacio

El origen de la vida humana, a pesar de ser la enseñanza más básica de la asignatura de ciencias de un colegio, sigue teniendo muchas dudas que disipar.

Una cosa sí tenemos clara: Necesitamos azúcar para vivir. Pero no cualquier azúcar, sino un tipo de azúcar especial llamado Ribosa, crucial para la formación del ARN y por tanto del ADN. Sin dicho azúcar, la vida humana tal y como la conocemos no podría existir.

Ahora bien, la duda que ha asaltado durante años a la ciencia es:

¿Cómo se dio paso al origen de la vida humana? ¿de dónde salieron las moléculas necesarias para la vida? Algunas investigaciones anteriores han ido confirmando poco a poco aquella famosa frase de Joni Mitchell, y hoy pondremos un granito más en esa afirmación: “Somos polvo de estrellas”


El origen de la vida humana, ¿en medio de hielo espacial?

Al menos así lo sugiere un reciente estudio publicado en Science llevado a cabo por Cornelia Meinert y sus colegas de la Universidad de Niza Sophia Antipolis (Francia).

Y es que, según este trabajo, la Ribosa podría encontrarse en los hielos espaciales irradiados con luz ultravioleta que desprenden los cometas, los cuales forman parte del conocido polvo interestelar que gira alrededor de las estrellas más jóvenes.

Para dejarlo claro, la Ribosa es el azúcar esencial del ARN, y esta molécula es la precursora del ADN.

Es decir, es necesario que exista ARN que da las órdenes a los genes para que lleven a cabo sus funciones, y es casi tan importante o más que el conocido ADN, encontrándose en todas las formas de vida conocidas en la Tierra (incluso existen virus que solo poseen ARN, sin ADN propiamente dicho).


Las moléculas necesarias para el origen de la vida humana están en el espacio

Pero aquí no acaban las cosas, y es que esta solo es “una investigación más” que confirmaría que el origen de la vida humana procede del polvo espacial.

El año 2015, los investigadores de la NASA consiguieron crear “letras moleculares” que forman parte del ADN: Uracilo, citosina y timina.

En total existen 4 “letras” necesarias para formar las cadenas de ADN y unirlas entre ellas, y ya somos capaces de crear 3 de estas letras en laboratorio (a pesar de que hoy en día sabemos que existe ADN con 6 letras moleculares).

Por otro lado, otro estudio de la NASA también encontró aminoácidos en meteoritos, las moléculas esenciales para formar proteínas.

Pero antes, en el año 2014, se había encontrado una molécula muy similar a los aminoácidos en una nube de gas en el centro de la galaxia:

El cianuro isopropílico. Y por si fuera poco, en el año 2004 también se encontró glicoaldehído, un tipo de azúcar necesario para la vida, en la misma nube de gas galáctica.


La “receta” para demostrar el origen de la vida humana en el hielo espacial

En el estudio actual, para demostrar que su hipótesis era cierta, Meinert y sus colegas congelaron agua con amoníaco y metanol a -195º centígrados en una cámara de vacío, imitando las condiciones del hielo espacial.

Posteriormente, simulando la radiación de las mencionadas estrellas jóvenes, expusieron esta mezcla congelada a luz ultravioleta hasta llegar a una temperatura ambiental.

Y… ¡sorpresa!, tras este reto culinario intergaláctico, los investigadores encontraron hasta 55 moléculas orgánicas, incluyendo la mencionada ribosa, en el hielo.

Los investigadores comentan que no saben a ciencia cierta si las moléculas orgánicas necesarias para la vida se formarían con la mezcla de sustancias aún en el hielo o si, por el contrario, dichas moléculas resultarían de calentar la mezcla como hicieron ellos.

La segunda opción es la que tiene más peso, ya que la radiación de las estrellas sobre este hielo espacial es real y se produce cada cierto tiempo.

Esto podría indicar que algunos trozos de hielo espacial con moléculas orgánicas podrían haberse escapado de su órbita y caer a nuestro planeta.

Aún no hemos confirmado si realmente hay ribosa en comentas o asteroides, pero tanto Japón como la NASA tienen misiones espaciales para investigar asteroides:

La misión Hayabusa 2 sobre el asteroide Ryugu 162.173 y la misión Osiris-Rex sobre el asteroide Bennu.

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