Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

6 mitos sobre tu memoria que deberías desterrar ahora mismo

6 mitos sobre tu memoria que deberías desterrar ahora mismo
6 mitos sobre tu memoria que deberías desterrar ahora mismo.

En términos generales, tenemos una comprensión muy deficiente de cómo funciona nuestra memoria.

Y, a su vez, esta comprensión deficitaria está jalonada de mitos que se quedan grabados a fuego.

Hemos seleccionado seis de los que considero más persistentes para que, a partir de ahora, los borréis de vuestra memoria para siempre (algo que, por otra parte, también resulta imposible).

1. Somos capaces de recordar nuestros primeros años de vida

A pesar de que afirmemos ser capaces de recordar cosas que pasaron cuando teníamos apenas unos meses de vida, e incluso recordar una suerte de vida fetal en el claustro materno, en realidad estamos ante una mentira comúnmente creída.

El ser humano es incapaz de recordar hechos sucedidos, en general, antes de los tres o cuatro años.

Los recuerdos de nuestra época fetal son imposibles porque el cerebro ni siquiera es lo suficientemente maduro: el cerebro de un bebé recién nacido es un 25% de lo que llegará a ser en la edad adulta. Otra cosa es que las narraciones de nuestros padres nos hayan hecho construir esos presuntos recuerdos.

Si nos lleváramos de viaje a un niño de tres años por todo el mundo, nunca recordaría que subió a un avión o cualquier otro medio de transporte, ni que hubo pisado una ciudad extranjera. Olvidaos de llevar a vuestro hijo pequeño a Disneyland.

Esta amnesia infantil tiene lugar a medida que nos hacemos mayores, es decir, que los niños de tres años sí que recuerdan cosas que ocurrieron cuando eran más pequeños, como demuestran diversos estudios, como uno publicado en 2013 por la Universidad de Emory y que sugería que la amnesia infantil tiene lugar alrededor de los siete años.

En el estudio se registraron a varias madres hablando con sus hijos de tres años a propósito de visitas al zoo o el primer día de guardería, y más tarde se volvieron a registrar conversaciones similares, cuando los niños tenían 5, 6, 7, 8 o 9 años.

Entre los 5 y 7 años, los niños recordaron más del 60% de los hechos que salieron a relucir en la conversación con 3 años. A los 8 y 9 años, solo se recordaba el 40%.


2. Los recuerdos traumáticos se reprimen generalmente
Sobre todo alimentado por el cine y la literatura, este mito refiere que si hemos sufrido algún trauma en el pasado es generalmente posible que lo olvidemos selectivamente (de hecho, en las películas suele desencadenarse un recuerdo total por algún golpe en la cabeza o algo así).

Sin embargo, por muy doloroso que sea un recuerdo, el cerebro no lo olvida sin más.

De hecho, en un estudio del año 2007 se halló que los recuerdos de supuestos abusos sexuales que regresaban del limbo tras una terapia, en realidad, por lo general, eran resultado de una sugestión por parte del terapeuta y no un recuerdo real.

Algunas terapias con haloperidol y otros medicamentos sí que persiguen que podamos borrar las trazas emocionales de los recuerdos más dolorosos, pero no el recuerdo en sí, tal y como sucedía en la película Olvídate de mí.


3. La memoria es como una grabadora de vídeo

Recordar pudiera parecernos como sentarnos en una sala de cine oscura, y darle a la manivela de un proyector para plasmar hechos pretéritos. Sin embargo, los recuerdos distan mucho de almacenarse de este modo.

Es más, cuanto más recordamos determinadas cosas, más las manipulamos. Y las cosas que no recordamos, también se imbrican con otros recuerdos y quedan finalmente alteradas. Al final, los recuerdos son solo reconstrucciones personales y subjetivas: por eso las parejas pueden llegar a discutir tanto sobre quién realiza más a menudo las faenas del hogar, por ejemplo.

A pesar de todo, según una encuesta llevada a cabo por Simons y Chabris en el año 2011, el 52,7% de las personas está de acuerdo con la afirmación de que la memoria funciona como una cámara de vídeo, grabando con precisión los hechos que vemos y oímos de manera que podamos inspeccionarlos posteriormente. Una excelente película que pone de manifiesto cuán falso es este aserto es Doce hombres sin piedad.


4. Hay gente que tienen memoria fotográfica

En las películas de espías o las que protagonizan superdotados es común hablar de la memoria fotográfica. Pero, si bien hay casos de memorias llamadas eidéticas, sobre todo en niños, no estamos ante casos de memorias fotográficas, sino más bien en un ejemplo de «postimagen cuasifotográfica».

No hay, pues, evidencia de la existencia de memorias exactas. Un estudio del año 1985 examinó a un grupo de niños alemanes que poseían memoria eidética, y ninguno de ellos pudo citar todas las letras que aparecían en una escena que habían estudiado. Así que un espía sin cámara de fotos lo tiene crudo.


5. Los recuerdos más emotivos son más vivos

Aquel día que el equipo ganó el partido gracias a nuestro chute. El día en que nuestro padre nos apretó la mano antes de dar su último aliento. El día en que los aviones chocaban contra las Torres Gemelas. Todos ellos son, desde el punto de vista de la psicología, «recuerdos flash», es decir, recuerdos de hechos muy emotivos. 

No obstante, mayor emotividad o importancia no son factores que influyan en la viveza o calidad del recuerdo.

Es algo que han demostrado, entre otros, investigadores de la Universidad de Duke cuando el día 12 de septiembre de 2001 preguntaron a un grupo de estudiantes a propósito de su recuerdo de los atentados, comparándolo con otro recuerdo reciente sin tanto impacto.

Semanas y meses más tarde volvieron a ser interrogados por los mismos recuerdos, y los resultados evidenciaron que, si bien se mostró mayor seguridad respecto a los recuerdos del 11-S, se habían olvidado de tantos detalles como en el recuerdo cotidiano. 


6. La amnesia se produce con un golpe en la cabeza (y se recupera con otro)

Después de una lesión cerebral grave podemos olvidar quiénes somos o quiénes son los demás, y sin embargo ser perfectamente normales en todo lo demás.

Es lo que le pasa, por ejemplo, a Matt Damon encarnando a Jason Bourne. No sabe quién es, no sabe quién maneja los hilos, pero, instintivamente, domina las artes marciales y otros requisitos inherentes a su condición de superagente.

En realidad, esto no es así. Si una lesión es tan grave como para olvidar la propia identidad, probablemente ello acarreará otros déficits y discapacidades mentales, incluidos problemas para adquirir nueva información y mantener la atención. Tampoco es cierto que otra lesión permita recuperarnos de la lesión anterior.

Tal y como abunda en ello Christian Jarret en su libro Grandes mitos del cerebro:

Las películas también suelen presentar de forma imprecisa la distinción entre amnesia orgánica y amnesia psicogénica.

Los amnésicos cinematográficos a menudo tienen este trastorno porque han sufrido un fuerte golpe en la cabeza, y sin embargo los síntomas de pérdida de identidad se parecen mucho a los que son más propios de la amnesia psicogénica.

La preponderancia de la amnesia provocada por un golpe en la cabeza es también otra de las exageraciones de las películas. En realidad, la amnesia orgánica la causa más a menudo una intervención quirúrgica, una infección o un ictus.

Así es la memoria, como tomar un puñado de arena y que se cuele entre los dedos lentamente. Lo cual no debería obsesionarnos.

Al fin y al cabo, la memoria tiene como principal objetivo presentar nuestra vida como coherente y optimista, y no como un documental terrorífico y quirúrgicamente preciso sobre todas nuestras miserias. A pesar de todo, espero que recordéis este artículo para siempre.

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Imagen | Pixabay
Este post, escrito por Sergio Parra, se publicó originalmente en Yorokobu.
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