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El papel de NAGOT en la obesidad

 El papel de NAGOT
Torrijas de cuaresma
Detección de la dulzura para evitar la gordura.

Desde hace ya varias décadas, la obesidad se ha convertido en un problema de salud pública

Los tiempos que vivimos se pueden definir con muchos calificativos.

Uno de ellos es, sin duda, la “era de la obesidad” o, si lo preferimos, la “era del adipocito”, la célula que almacena la grasa. Nunca antes en la historia de la Humanidad ha existido semejante proporción de obesos. 

Antiguamente, solo los ricos podían estar gordos.

Hoy, la obesidad es, paradójicamente, síntoma de pobreza y de mala cultura alimenticia.

Como la pobreza es mucho más frecuente que la riqueza, el número de obesos es también mayor que el número de ricos.

La Organización Mundial de la Salud estima que hay más de 650 millones de obesos en el mundo. 

En consecuencia, desde hace ya varias décadas, la obesidad se ha convertido en un problema de salud pública, sobre todo entre la población pobre de los países ricos. 

Esto ha estimulado la investigación científica para comprender los factores que controlan la toma de alimentos y el gasto energético, los dos fieles de la balanza que determinan, en última instancia, el peso corporal. 

Las gallinas que entran por las que salen, que decía el sabio.

Los estudios realizados han descubierto una variedad de factores que controlan la sensación de hambre y de saciedad. Existen así los llamados factores orexígenos, o estimuladores del apetito. 

Entre estos se encuentran ciertas hormonas, como la ghrelina, una hormona secretada por el estómago.
Del mismo modo, tenemos los factores anorexígenos, que disminuyen el apetito. Uno de los más importantes es la hormona leptina, producida por los adipocitos. 

Esta hormona se secreta de manera proporcional a la grasa acumulada, lo que tiende a frenar la ingesta de alimentos para dejar de acumularla.

Puesto que finalmente de lo que se trata es de modular el comportamiento, en este caso el comportamiento alimenticio, muchos de estos factores actúan sobre el sistema nervioso, que es el último responsable de cualquier comportamiento. 

De este modo, las señales orexígenas estimulan la búsqueda e ingesta de alimento, mientras que los anorexígenos actúan para detenerla. 

Entre estas señales se encuentran también las que derivan de los propios nutrientes. 

Por ejemplo, la concentración de glucosa en la sangre es uno de los factores que afecta al comportamiento alimenticio. 

La glucosa es el hidrato de carbono más elemental y el nutriente más importante para las neuronas. 

Mantener un adecuado nivel de glucosa en la sangre es fundamental para el correcto funcionamiento del sistema nervioso y del organismo en general. 

Existen varios mecanismos que la controlan. Todos conocemos, probablemente, la importante acción de la insulina para disminuir la concentración de glucosa en sangre y almacenarla, sobre todo en el hígado, tras una comida. Al contrario, la hormona glucagón moviliza las reservas de glucosa cuando los niveles en la sangre bajan debido a un ayuno.


El papel de NAGOT 

La glucosa es capaz de ser modificada químicamente, tras lo cual puede unirse mediante enlaces covalentes a las proteínas. 

Una modificación química muy común de la glucosa genera el compuesto llamado N-acetilglucosamina, que llamaremos NAG para abreviar. Este derivado químico de la glucosa posee propiedades diferentes que, entre otras cosas, lo hacen más adecuado para formar parte de estructuras anatómicas que para servir de alimento.

 Así, la piel de los crustáceos, como las gambas o los centollos, está formada en gran parte por largas cadenas de NAG, la denominada quitina, que es bastante dura e indigerible.

Lo anterior parece que no tiene nada que ver con la obesidad y, por supuesto, no tiene nada que ver con el sabor de las gambas a la plancha, pero es que investigadores de la Universidad John Hopkins y de los Institutos Nacionales de la Salud, en EE.UU., han descubierto ahora que la NAG resulta fundamental también para que ciertas células cerebrales detecten los niveles de glucosa y controlen el comportamiento alimenticio.

Para esta detección resulta crítico el funcionamiento de un enzima capaz de utilizar NAG y de unirla a ciertas proteínas celulares. 

Estas proteínas modificadas químicamente de este modo actúan para detener la ingesta de alimentos. 

Llamaremos a este enzima con el nombre de NAGOT (N-acetilglucosamina–O–transferasa, para ser precisos). 

Como es lógico, la cantidad de NAG que se genera en el cerebro depende de la cantidad de glucosa que llegue hasta este órgano, la cual depende a su vez de si hemos comido recientemente o no. Al mismo tiempo, la cantidad de proteínas modificadas mediante la unión de NAG a ellas depende de la actividad de NAGOT.

Para comprobar que esta modificación enzimática es importante en el control del comportamiento alimenticio, los investigadores modifican por varios medios de base genética la cantidad de NAGOT en el cerebro de ratones de laboratorio.

La disminución de la actividad de NAGOT conduce a estos animales a comer mucho más de la cuenta y a engordar en consecuencia. En ausencia de NAGOT activa, la cantidad real de glucosa en la sangre no puede ser determinada por este mecanismo. 

El cerebro cree que su cantidad es demasiado baja y, como resultado, genera una sensación de hambre y da la orden de comer para aumentarla. Este es el comportamiento resultante en los animales. 

Los científicos demuestran que este mecanismo de control se encuentra activo en múltiples poblaciones neuronales implicadas en la regulación del comportamiento alimenticio, por lo que parece un elemento muy importante para evitar la obesidad.

Al mismo tiempo, este descubrimiento abre la posibilidad de que otros nutrientes, como, por ejemplo, los aminoácidos de las proteínas o las mismas grasas, puedan contar con mecanismos de detección cerebrales que afectarían al apetito. 

La manipulación farmacológica de estos mecanismos podría ser de gran ayuda para evitar tanto la anorexia como la obesidad, aunque me temo que no servirá de nada para evitar la pobreza asociada a esta última en los países ricos.

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