La extinta diosa del Yantsé

La extinta diosa del Yantsé.

La extinta diosa del río Yangtze, en China, era el apodo con el que era conocida una especie de delfín.

delfín de río

Imagen de un delfín de río. Testimonio gráfico de un acervo genético perdido. 

El delfín chino de río (o baiji, según la lingüística china) era el nombre vulgar con el que se conocía al taxón Lipotes vexillifer, un cetáceo odontoceto perteneciente a la familia Iniidae que resultó ser endémico del río citado hace sólo unas líneas. 

A diferencia de Mark “el delfín”, nadie le ha compuesto una canción, no es objeto de una oda o elegía y ya casi nadie se acuerda de él, a pesar de que la luz de su acervo genético (si se me permite tal símil) se apagó hace escasamente una década.

La familia de los ínidos engloba a 3 géneros de delfines, todos ellos habitantes de río: el género Inia, el género Lipotes y el género Pontoporia. 

Suponen el 75% de los géneros de delfines de río, puesto que el 25% restante corresponde al género Platanista, cuyos integrantes habitan en los asiáticos ríos Ganges e Indo.

Entre algunas de las características que muestran todos los delfines de río se encuentra el escaso desarrollo del sentido de la vista (en algunas especies, inexistente), por lo que el sentido de la ecolocalización les resulta indispensable a la hora de nadar, alimentarse y/o localizar a sus presas. 

Asimismo, su aleta dorsal está poco desarrollada, aunque si hablamos de características llamativas, quizás la más llamativa sea la capacidad de mover el cuello, ya que a diferencia de los delfines oceánicos (exceptuando la familia de los monodóntidos) no presentan las vértebras cervicales fusionadas.

Históricamente, el delfín chino de río ha habitado el curso medio y bajo del Yangtze, concretamente su hábitat se encontraba limitado al oeste por la localidad de Chongqing y al este por la megalópolis de Shanghai, separadas entre sí por una distancia de 1.700 km.

Como ya estarán imaginando, las palabras megalópolis y conservación del medio (con todo lo que ello conlleva) son una antítesis en sí mismas y para sí mismas. 

No hace falta ser Miguel Hernández para darse cuenta que al delfín chino de río: “Un manotazo duro, un golpe helado, / un hachazo invisible y homicida, / un empujón brutal le ha derribado”. 

Pero como la poesía del de Orihuela siempre me llamó poderosamente la atención de niño (y de adulto, mucho más, cuando empiezas a descubrir al Miguel Hernández hombre, más allá del poeta), yo hoy, con el permiso de Ramón Sijé “Quiero minar la tierra hasta encontrarte / y besarte la noble calavera / y desamordazarte y regresarte”.

 Presa de las 3 gargantas en China

Presa de las 3 gargantas en China, construída sobre las aguas del río Yantsé, a orillas de la ciudad Yichang

Ese manotazo duro vino tan pronto como China decidió sumarse al carro de la modernización y del desarrollismo. 

En realidad lo que no supo hacer el gobierno chino fue advertir con la suficiente antelación la precaria situación en que se encontraba la población del animal, amenazada de muerte constantemente como causa de la pesca excesiva, la degradación ambiental o las colisiones de embarcaciones con estos animales. 

Por si todo esto fuese poco, un 15 de Diciembre de 1.994, comenzaron las obras de construcción de la presa de Las Tres Gargantas. 

Digamos que la construcción de la presa de Las Tres Gargantas fue el último clavo que se le colocó a su precario ataúd. 

Este hecho, unido a la presión que ejerce sobre el Yangtze el 14% de la población mundial (se estima que más de 1.500 millones de habitantes lo trabajan) acabaron por firmar su necrológica en los anales de la Zoología.

Y es que no fue hasta 1.979 cuando China declaró al taxón en peligro de extinción (aunque probablemente ya lo estuviese de antes), y no es hasta 4 años más tarde cuando ilegaliza la caza de este animal. 4 años para una especie en un estado de fragilidad tal como el que hemos mencionado se puede antojar demasiado. 

Por aquella época, se estimaba que la población de delfines chinos de río (atendiendo a los muestreos realizados por los diferentes científicos chinos, entre los que destacan los de Chen por el número de kilómetros muestreados, al albergar la mayor parte del curso del río Yangtze) no alcanzaba el medio millar. ¡Nos ha engañado Mayo con la primavera!

El último ejemplar del que se tiene constancia fue una hembra aparecida en la isla de Chongming, cerca de Shanghai, en 1.998. 

La hembra falleció de hambre un mes después de su avistamiento tras negarse a ingerir la comida que se le suministraba. 

Posteriormente, en Septiembre de 2.004, un pescador local aseguró ver a un individuo de esta especie. 

Durante más de seis semanas, un total de 30 investigadores recorrieron el río Yangtze de punta a cabo equipados con equipos de búsqueda acústica y visual sin hallar ningún indicio de la existencia de tal individuo. 

El fracaso de la “Expedición del delfín de agua dulce del río Yangtze” (ya anticipado por muchos especialistas antes de que se iniciase el proyecto) vino a confirmar lo que muchos temían, el delfín se había perdido para siempre, y con él, el 25% de los géneros de delfines de río y el 14% del total de las especies de estos peculiares animales. 

La escasa visibilidad del agua y las condiciones climáticas pudieron haber dificultado los avistamientos, pero igualmente algo sí debe quedar claro, en el remoto caso de que quedasen algunos ejemplares en el río de este delfín, la población es menor a la que se necesitaría para la útil propagación con éxito de la especie.

La presa de Las Tres Gargantas alteró de manera irrecuperable el hábitat de este delfín, y por si no hubiese sido suficiente, otras especies amenazadas han visto empeoradas sus condiciones vitales tras su puesta en funcionamiento, como ocurre con el pez espátula chino (Psephurus gladius), catalogada desde el pasado año 2.015 por la UICN como especie en peligro crítico de extinción (CR).
 Pez espátula chino

Pez espátula chino, pez acipenseriforme de hasta 25 kg de peso y 2 m de longitud.

Como Miguel Hernández, quizás también debamos nosotros no perdonar la vida desatenta, sobre todo cuando los desatentos, los humanos, somos una especie que está de paso. 

Sirva esta elegía de Miguel Hernández, escrita para Ramón Sijé, para homenajear a la especie de hoy de nuestro breve.

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