Incendios ,del hombre y el fuego

Incendios ,del hombre y el fuego
¿Podemos usar el fuego para prevenir incendios forestales?

Material recopilado para su información del sitio web http://fuegolab.blogspot.com, compartido bajo licencia Creative Commons.

La planificación territorial y económica de la defensa contra los incendios forestales tradicionalmente se ha basado en el análisis de los diferentes triángulos del fuego, y en los últimos años en Europa en propuestas más integradas del uso del fuego que se enmarcan dentro de concepciones puestas en práctica en otros lugares del mundo.

La presente entrada propone la defensa integrada de los incendios forestales desde una perspectiva transversal dentro de la gestión del territorio.
Podríamos así definir la defensa integrada frente a los incendios como “Las actuaciones técnicas, socio-culturales y políticas necesarias para encontrar un balance eficaz entre el desarrollo sostenible, laprotección de los recursos naturales y la gestión de los incendios forestales”.

Esta tarea de difícil ejecución es necesaria engranarla con I+D+i, pero también con una transferencia eficaz de carácter bidireccional, esto es, de la investigación a la gestión, y a la inversa, de forma que los gestores demanden a la investigación las herramientas necesarias o la ratificación científica a las actuaciones en el territorio.

La gestión de los incendios forestales se basa a su vez en un nuevo triángulo definido desde un criterio temporal pero también enmarcado en disciplinas forestales : las diferentes medidas de prevención (antes del incendio), extinción (durante el incendio) y restauración (después del incendio).

En el nuevo concepto de convivir con el fuego en un contexto de cambio climático estas actuaciones deberían integrarse en una estrategia territorial común en el que se asuma la presencia del fuego en el territorio y la aparición de grandes incendios con determinados períodos de recurrencia.

Todas ellas deberían planificarse en una estrategia integrada, de tal manera que las medidas preventivas no sólo deberían orientarse para mejorar las estrategias de extinción durante del incendio sino que la selvicultura propuesta debería “preparar” a la masa para que su regeneración sea adecuada tras un potencial incendio.

A su vez las medidas de restauración post-incendio que se propongan a corto, medio y largo plazo deberían tener en cuenta la presencia del fuego a lo largo del período de crecimiento y desarrollo de la nueva masa forestal de tal forma que la gestión post-incendio y la selvicultura de apoyo al regenerado se planifiquen con el objetivo de preparar a la masas para un futuro incendio en función de las adaptaciones al fuego de las especies presentes y del régimen y severidad esperado.

También se están proponiendo estrategias de ataque durante las operaciones de extinción que puedan mejorar la regeneración post-incendio, así como la posibilidad de que los incendios naturales sean reguladores de la carga de combustible al estar ecológicamente acoplados a los ecosistemas que afectan.

Estas estrategias de fuego natural (rayos) o de manejo ancestral del fuego por parte del hombre y al que muchos ecosistemas mediterráneos están adaptados, se puede aprovechar mediante la quema prescrita para “imitar” el proceso ecológico en la medida de lo posible, utilizando técnicas de extinción de incendios mediante el manejo del fuego en tratamientos de prevención, gestión y restauración.

En las comunidades en las que el uso del fuego como elemento cultural está muy arraigado y en las que las medidas de exclusión del fuego no han sido eficaces, la implantación de programas de quemas prescritas con diferentes objetivos de gestión disminuirían las igniciones intencionadas o negligentes.

Si estos programas vienen acompañados de trabajo de extensión agraria, formación y concienciación en el uso adecuado del fuego los resultados suelen ser positivos.

En los últimos años se vienen desarrollando otro tipo de esquemas basados en concepciones “antropocéntricas” de la prevención de incendios, esto es, asumir que como las personas son causantes de los incendios la forma de solucionar el problema se basa en mejorar la comunicación entre los actores implicados en la resolución del problema y hacerlo también extensible a la sociedad, ya que es la última beneficiaria indirecta del recurso forestal.

Este es el caso de proyectos europeos como FIRESMART , iniciativas nacionales como SELVIRED, la labor de gestión del fuego de las EPRIF dependientes del MAGRAMA así como proyectos impulsados por la comunidades autónomas, entre los que cabría destacar el Plan 42 de Castilla y León, la RAPCA, Red de Áreas Pasto-Cortafuegos de Andalucía o iniciativas municipales basadas en la Custodia del Territorio inspiradas en la Ley 4/2007 de patrimonio natural y de la biodiversidad.

En dicha Ley recogen explícitamente la necesidad de la gestión forestal sostenible y la prevención estratégica de incendios forestales para la adecuada protección del patrimonio natural y la conservación de la biodiversidad.

Aunque en todos ellos el componente técnico y de desarrollo de herramientas de investigación aplicada a la gestión es fundamental, el éxito de los proyectos y programas mencionados se ha basado en la comunicación, la concienciación y la formación para que las actividades en el ámbito rural sean compatibles con la prevención de incendios.

Por tanto la interacción adecuada de los tres lados de los triángulos propuestos permitiría la integración del fuego en la gestión forestal ¿o no?

Los flujos descritos que han sido en mayor o menor medida explicados en diferentes foros internacionales por parte de especialistas en incendios forestales parten de una concepción “pyrocéntrica” de la gestión forestal, esto es, se asume que el fuego es el elemento perturbador más importante del ecosistema estudiado y por tanto las medidas de gestión forestal sostenible propuestas deben estar orientadas a la gestión del fuego.

¿Es esto lo que piensan los especialistas en selvicultura mediterránea? ¿los modelos de gestión forestal sostenible propuestos por la ciencia forestal en los últimos años responden a este esquema?

En caso contrario ¿cuál es la razón para que esto no ocurra y cuáles son las propuestas de estos equipos de investigación?

Quedan más preguntas en el aire que se intentarán resolver, pero también quedarían abiertas para posibles debates .

¿Está la ciencia en disposición de ofrecer herramientas de planificación para actuaciones selvícolas que sean utilizadas en la defensa integrada contra los incendios?


¿El fuego es el elemento sobre el que debe girar la gestión del territorio en la cuenca Mediterránea?

Quemas prescritas: el fuego que ayuda a conservar nuestros bosques

Los incendios forestales son típicos de todas las regiones del mundo en las que hay una época seca bien marcada precedida por una estación lluviosa.

Los climas mediterráneos tienen esas características y, por ello, las regiones con mayor peligro de incendios son:

a) Los países ribereños del Mediterráneo

b) El SO de EEUU, Mexico y Centroamérica hasta Nicaragua

c) Chile central

d) Sudáfrica

e) Australia

En otras zonas del hemisferio norte, como las tundras de Norteamérica y Rusia, el fuego recorre enormes superficies cada año, debido generalmente a rayos.

En el Sur las quemas de pastos se convierten en incendios en las Pampas argentinas de miles de hectáreas.

Lo mismo ocurre en el sur del Sahara donde el fuego recorre las castigadas sabanas, mantenidas precisamente a causa de estos incendios .

La agricultura itinerante y el uso del fuego en labores agrarias provoca también multitud de incendios incluso en zonas tropicales de América, África y Asia.

Por tanto, a pesar de que hay regiones donde las condiciones climáticas favorecen la aparición e intensidad de los incendios, es fundamentalmente la mano del hombre la que genera que los incendios forestales estén presentes en muchos de los bosques del planeta, obligándonos a “convivir con el fuego” .

En diversos medios de comunicación se escucha a nuestros políticos y técnicos decir aquello de “tenemos incendios porque nuestros montes están sucios” o como consecuencia de ello “debemos limpiar nuestros montes para prevenir incendios forestales”.

Estos términos proceden del concepto agrario “limpiar” que en el ámbito forestal se suele aplicar a “desbrozar” la vegetación arbustiva y que está bastante popularizado en nuestro mundo rural.

A los que nos dedicamos a los incendios forestales, en lugar de “limpiar” ahora nos gusta decir “gestionar el combustible forestal” (forest fuel management).

Cuando se aprovechaban nuestros montes (lo digo en pasado porque esta actividad desgraciadamente está a extinguir) se desbrozaba y aprovechaba la biomasa de manera que los incendios, que siempre se han producido, eran de pequeño o a lo sumo mediano tamaño, compatibles en general con la regeneración de los ecosistemas afectados.

El abandono rural ha generado que sus habitantes hayan visto proliferar los matorrales en los últimos 40-50 años por efecto de los incendios repetidos y la falta de aprovechamiento, percibiendo este paisaje como “sucio”, ya que siempre han asociado a un monte “limpio” a aquel dominado por pastizales para el ganado, bosques huecos (dehesas) o bosques densos con baja cobertura de vegetación bajo copas, todas ellas estructuras vegetales que son consecuencia del uso y aprovechamiento de nuestros montes.

Para que se produzca un incendio debe existir el combustible que va a arder pero sobre todo, la fuente de calor que provoque el fuego.

En los ecosistemas naturales no manipulados por el hombre esta fuente de calor es siempre el rayo o las erupciones volcánicas, pero en los que tradicional e históricamente ha intervenido el ser humano, como es el caso de la cuenca Mediterránea, lo más habitual es que el fuego sea debido a una fuente de calor manipulada por el hombre o consecuencia de la actividad humana.

Debemos resaltar que la característica más importante para considerar a un fuego como “incendio forestal”, es que debe propagarse sin control.

Ello provocará entonces un avance del fuego a través del terreno forestal que terminará cuando alguno de los factores implicados en el comportamiento del incendio (topografía, meteorología, combustibles) desaparezca.

Es más, aunque conozcamos de manera aproximada cómo se podrá comportar el fuego según los factores presentes (modelos de comportamiento del fuego disponibles), la intensidad y velocidad de propagación del mismo puede hacer imposible su control para los medios de extinción.

Desde el punto de vista de eliminar la fuente de calor, o sea, incidir sobre el aspecto social del problema, la solución a largo plazo se aborda mediante métodos legales de restricción ante determinadas prácticas o con campañas de concienciación, educación y conciliación de intereses, tanto en el mundo rural como urbano.

En cuanto al aspecto ecológico, solamente los factores relacionados con la acumulación de combustibles forestales son susceptibles de intervención ya que los aspectos meteorológicos y topográficos no son manipulables, máxime en un contexto de cambio climático donde la meteorología puede ser cada vez más impredecible.

A la vista de lo expuesto desde las instituciones correspondientes se están llevando a cabo campañas de concienciación y elaboración de disposiciones legales que supongan restricciones al uso del fuego.

A su vez se están elaborando proyectos y planes para ordenar el combustible forestal de manera que la incidencia del incendio sea lo más pequeña posible, pero ¿cómo eliminamos la fuente de calor?, ¿las medidas legales y de concienciación son suficientes para anular siglos de cultura del fuego?

En definitiva, ¿son eficaces las medidas tomadas hasta el momento?

La ausencia de gestión no es una opción, o en su caso, ejercer una tarea exclusivamente de vigilancia y extinción (intentar excluir el fuego de nuestros ecosistemas).

Esta medida de actuación no está resultando efectiva y por el contrario está agravando el problema ya que deja sin solución el importante componente sociológico del fenómeno del incendio forestal y estamos eliminando el fuego de muchos ecosistemas adaptados a cierto régimen de incendios.

Además está aumentando la acumulación de combustibles forestales, con el riesgo consiguiente de la incidencia catastrófica de grandes incendios que podrían afectar a zonas de alto valor ecológico.

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Por tanto, las quemas prescritas son una herramienta a tener en cuenta en la solución de los distintos problemas que atañen a los incendios forestales.

Es una técnica más económica que el desbroce, es compatible con la mayoría de nuestros ecosistemas y se ha mostrado eficaz para solucionar los conflictos de intereses en el uso del fuego en las zonas rurales con tradición del uso de esta herramienta.

Definimos la quema prescrita como la aplicación controlada del fuego bajo condiciones especificadas por los parámetros ambientales en un área determinada, fijando de esta manera la fecha, intensidad del fuego y cantidad de combustible forestal a eliminar para atender a los objetivos propuestos.

Por tanto es el uso del fuego en una zona concreta, para satisfacer unos objetivos determinados y lo que es más importante, utilizado de manera científica de forma que las características meteorológicas, topográficas y de modelos de combustible presentes nos van a determinar la época del año, la intensidad del fuego y la velocidad de propagación necesaria para cubrir dichos objetivos bajo criterios de seguridad, control dinámico-energético, compatibilidad ecológica y eficacia preventiva.

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El rigor científico-técnico de la quema prescrita es lo que la diferencia de la quema controlada, donde sólo se elige el lugar y el momento de quemar una zona preseleccionada y nos limitaríamos a estimar los medios necesarios para su control en caso de contingencia.

Sólo se tiene entonces un conocimiento aproximado de la intensidad desarrollada y de la cantidad de combustible que se va a consumir, con lo que la consecución de objetivos queda mucho más incierta.

La quema prescrita supone una definición de objetivos, una planificación de las condiciones meteorológicas y de combustibles más apropiada (lo que se denomina ventana de prescripción, RX Window) para cumplirlos y una evaluación y seguimiento adecuado que retroalimente futuros programa de quema.

En EEUU, Canadá y Australia los forestales llevan utilizando el método del fuego prescrito desde hace años, pero no todo estuvo tan claro, al igual de lo que ocurre hoy día en muchos sectores de la ciencia y la gestión forestal en España.

La descripción que hace Harold Biswell del proceso llevado a cabo en EEUU nos resulta sorprendentemente familiar para los que hemos tenido una formación forestal en España.

La selvicultura en Europa ha estado muy influida por la escuela centroeuropea, fundamentalmente la alemana y francesa, donde el fuego se entiende como una perturbación fortuita y no deseable para el desarrollo del bosque, al igual que otros daños como los producidos por vientos, aludes de nieve, plagas o enfermedades.

Estas perturbaciones son en general una oportunidad para la regeneración natural de muchas masas, al dejar huecos en el bosque que son aprovechados por los nuevos individuos.

La selvicultura intenta “imitar” a la naturaleza para “ganar tiempo” intentando conseguir la regeneración de una forma planificada mediante los consiguientes tratamientos selvícolas.

En Europa, hasta no hace demasiado tiempo, la ciencia y la gestión forestal se había olvidado de imitar la perturbación más importante de los ecosistemas mediterráneos: el fuego.

Igual que el selvicultor intenta imitar un alud de nieve, un vendaval o una plaga mediante la corta de árboles y la apertura de huecos en los bosques ¿por qué no intentamos imitar el efecto del fuego con las herramientas de las que disponemos?

En la próxima entrada veremos qué pasó en EEUU y analizaremos hacia dónde vamos en Europa y en España.

El proceso de generalización del uso ordenado y planificado de las quemas prescritas a gran escala en Europa está aún lejos de los programas establecidos en EEUU, Canadá y Australia.

No obstante algo está cambiando en la sociedad en general y en los sectores implicados en el uso, la gestión y la protección de nuestros bosques (agricultores, ecólogos, ecologistas, forestales, ganaderos y en los últimos tiempos residentes en urbanizaciones) ya que se percibe cada vez más consenso en que los incendios forestales es un reto para la conservación y sostenibilidad de nuestros bosques ante el ya presente cambio global.

Cada vez hay más consenso en que no actuar (no gestionar) se ha mostrado como una opción ineficaz para prevenir estos incendios.

Cada vez hay más consenso en que el fuego, el fuego prescrito por el ser humano y no provocado por nuestra actividad, puede ser una alternativa eficaz para gestionar nuestros ecosistemas, conservar nuestros bosques y prevenir los efectos socioeconómicos y ecológicos negativos de los grandes incendios.

El animal que sabe hacer fuego y no sabe aprender del pasado.

En mi última entrada ya anticipé que os iba a dar la paliza con un poco de Historia. Aunque las quemas prescritas hoy día se ejecutan en todo el mundo no siempre estuvo tan claro que era la solución para la gestión de muchos de nuestros ecosistemas.

Os presento aquí un resumen de la visión de Harold Biswellsobre el proceso de encuentros y desencuentros que existió en EEUU durante todo el siglo XX hasta que finalmente hubo un consenso general sobre el uso de las quemas prescritas.

Durante la lectura adelanto que muchos tendréis cierta sensación de déjà vu.

En el SE de los Estados Unidos las quemas prescritas bajo cubierta de Pinus palustris (Piney Woods) se han recuperado tras 200 años de exclusión.

Las comunidades indias de esta zona usaban el fuego como método selvícola para mantener limpio el sotobosque y crear pasto para el ganado, favoreciendo a su vez las condiciones para la caza.

Numerosos ecólogos de mitad del siglo pasado creían que el dominio de Pinus palustris en el SE de los EEUU se debía en gran parte por su adaptación a fuegos de baja intensidad.

También se advertía que la eliminación de estas quemas podría suponer la aniquilación de estos bosques de coníferas.

En 1907 el forestal T.T. Manger dio la voz de alarma ante la extinción de esta especie y a partir de esta fecha comenzó un amplio debate sobre la reintroducción de las quemas bajo dosel.

Todo ello llevó a una discusión entre científicos, que abogaban por los efectos beneficiosos de las quemas, y el Servicio Forestal (Forest Service), que se mantenía en la política de exclusión. H.H. Chapman (1907), profesor de forestales de Yale, apuntó que la supervivencia de las especies debía suponer una modificación de las costumbres locales pero nunca una erradicación.

Así, se debía promover el uso del fuego por sus efectos beneficiosos de manera controlada y planificada e integrarlo como costumbre en las zonas donde el uso del fuego es tradicional.

Entre 1911-1914, Ronald Harper, un botánico del Instituto Politécnico de Alabama, escribió una serie de artículos sobre "Una defensa de las quemas forestales".

No siendo forestal, abrió una ventana botánica a la controversia, aunque paradójicamente por esta razón, sus opiniones fueron consideradas de pequeño valor.

En esta misma época dos forestales, James W. Toumey (Yale) y Austin Cary (Harvard), criticaban las quemas anuales indiscriminadas.

Sin embargo defendían la quema prescrita como elemento de regulación (no exclusión) del fuego, que sería la herramienta selvícola del futuro.

El Forest Service, ansioso de probar científicamente que las quemas eran perjudiciales para la regeneración de P. palustris hizo un experimento en 1913 conocido como Roberts Plots.

Consistió en dividir un acre en 4 secciones: una se quemaba anualmente y pastoreaba, otra sin pastorear, otra sólo se pastoreaba y otra sin intervención.

Durante algunos años las quemas disminuyeron el crecimiento del regenerado, sin embargo pasado un tiempo, cuando los supervivientes a las quemas se recuperaron, éstos tenían mejores crecimientos que los de la zona protegida.

Interesadamente se enmascararon los resultados refiriéndolos a los primeros años del experimento.

El Gobierno usaba panfletos con titulares como "Woods Fires- Everyone´s enemy" o "Growing children need growing trees", incluyendo en todas sus publicaciones los nulos efectos beneficiosos del uso del fuego.

El fuego (que no sólo el incendio) era atacado como enemigo social (¿a alguien le suena esto?).

Tras el gran incendio de Idaho de 1910 los gestores de estas zonas forestales de alto riesgo de incendios ya apuntaban los problemas que existían por la gran acumulación de combustibles y la necesidad de las quemas para disminuirlos.

Ellos fueron quizás los que empezaron a advertir que cuando se discutía sobre el uso del fuego se estaba hablando de dos cosas muy diferentes: los fuegos descontrolados llamados incendios forestales y otra cosa muy distinta, las quemas prescritas y controladas que tenían un propósito y objetivos muy concretos.

En el estado de Mississippi se realizó un estudio de pastoreo en 1923 dirigido por R.D. Forbes, director de la Estación Experimental Forestal del Sur, que era fuerte opositor de las quemas prescritas.

Quería probar que iban en detrimento tanto de la cantidad como de la calidad del pasto y también de la regeneración deP. palustris.

El experimento fue similar al Robert Plots pero en parcelas de 150 acres (unas 60 hectáreas o los famosos 60 campos de fútbol). Después de 6 años se vio que los animales que pastoreaban en las zonas quemadas pesaban de 32 a 62 libras (de 16 a 31 Kg aproximadamente) más por animal. Además vio que el fuego podría ser beneficioso para la regeneración de las coníferas.

Estos resultados se intentaron publicar en la revista de la AFA (American Forestry Association) pero fueron rechazados por ésta.

Cuando los investigadores consiguieron publicar en una revista divulgativa, inmediatamente AFA les pidió el artículo para publicarlo.

Su conclusión fue que estos bosques eran el resultado de largos años de quema de pastizales y ello conduce a que el fuego sea esencial para la perpetuación de las especies existentes.

Los resultados fueron publicados en el boletín de USDA en 1939 y fue el primer reconocimiento oficial delForest Service de los beneficios de la quema prescrita en la gestión forestal de los bosques de Pinus palustris.

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En los años 1930s existía una incidencia tremenda de grandes incendios que hizo al Forest Servicereplantearse la política de exclusión.

Frustrados por no poder controlar los grandes incendios empezaron a tomar en consideración los resultados de las experiencias sobre quemas prescritas efectuadas hasta ese momento.

Este punto de vista se reforzó tras el gran holocausto de 1941 en el Osceola National Forest de Florida que devastó 25.000 acres (unas 10.000 hectáreas). Harold H.Biswell empezó a estudiar en 1941 los efectos y beneficios de las quemas prescritas en bosques productores y para ganadería.

Estos estudios mostraron que el tiempo y frecuencia de las quemas podrían concordar con los requerimientos ecológicos de los árboles y el aumento del riesgo de incendios, dependiendo de cada especie estudiada.

Así, llegó a la conclusión de que debían elaborarse planes de quema en función de la ecología del fuego de cada especie y cómo ésta acumula combustibles finos y muertos (acículas, ramillas, hojarasca, etc.).

Igualmente debía estudiarse su relación con el crecimiento del pasto bajo copas.

Por tanto el estudio exhaustivo de estos combustibles vivos y muertos es indispensable para prescribir la quema ya que constituyen el combustible de la misma.

Los propietarios particulares ya venían ejecutando quemas controladas desde 1934. Ante el poder de estas grandes compañías madereras y la evidencia de sus actividades, la política del gobierno tuvo que cambiar.

Con este cometido el Forest Service en 1943 aprobó el programa de quemas prescritas para los bosques nacionales en el dominio del P. palustris con los objetivos de:protección, preparación del regenerado, supresión de la vegetación bajo copas, pastoreo y mejora del hábitat de la vida salvaje.

Este programa se dio a conocer también a los propietarios de plantaciones convirtiendo por tanto en legales, las quemas realizadas desde hacía 8 años por las compañías madereras.

Después de esto, el incremento en extensión y frecuencia de las quemas ha sido grandísimo. En Abril de 1946 se quemaron 58.000 acres (23.000 hectáreas) y en 1982 ya se quemaban 2.800.000 acres (1.120.000 hectáreas) entre bosques públicos y privados.

Algunos autores proponen elevar esta cifra a 3 millones de hectáreas lo que supondría un 10% de la superficie forestal del SE de EEUU.

Quemas prescritas en California

Un proceso paralelo en el tiempo y prácticamente idéntico tuvo lugar en el estado de California (SO de EEUU). En este caso los resultados tienen especial relevancia internacional porque se pretendía gestionar ecosistemas Mediterráneos que son muy similares en otras zonas del planeta (Chile, Europa, Suráfrica y Australia).

La política de exclusión del fuego adoptada en 1905 por el Forest Service no fue aplicada en California hasta 1924 ya que existía un vigoroso debate entre dos grupos bien diferenciados: los que defendían seguir ejecutando las quemas a finales de primavera tal y como lo hacían los indios nativos siglos atrás, y los que creían que los incendios podrían pararse sin mucha dificultad y la política de exclusión era la solución. Numerosos investigadores comenzaron a estudiar los beneficios del fuego prescrito.

En 1919 J.A.Kitts demostró científicamente los beneficios del uso del fuego en lugares adecuados donde el bosque necesitaba una remoción del suelo para escarificar las semillas y promover la regeneración.

Por el contrario, la Sociedad Americana de Forestales y el Comité Forestal de California tras varios encuentros entre 1919 y 1920 concluyeron que las quemas eran una práctica destructiva basada en principios falsos de protección y conservación forestal.

El único que discrepó en estas reuniones fue B.A. McAllister, de la Compañía Pacífico Sur, que recordó los resultados de Kitts y sobre todo le preocupaba que en el territorio gestionado por él los incendios producían pérdidas de 100.000 dólares anuales de la época.

Convencido del éxito de las quemas para gestionar sus montes se ofreció para realizar un test que se llevó a cabo en 1923.

Los resultados publicados concluían que las quemas se basaban siempre en tres realidades:

1) Bajo determinadas circunstancias el fuego corría a través del bosque consumiendo acículas y matorral pero nunca árboles vivos en pie

2) La intensidad del fuego depende mucho de la acumulación del combustible sobre el suelo

3) La completa prevención del fuego es imposible.


Los opositores a las quemas tomaron la siguiente posición tras la lectura de estos resultados:

1) Aunque el fuego no dañe a los árboles adultos sí perjudica al regenerado

2) Tras 5 o 6 años los combustibles muertos se van cayendo de las copas tan rápido como se acumulan y por tanto esta acumulación no llega a ser alarmante

3) Una protección efectiva contra el fuego (vigilancia y extinción) sin utilizar quemas era factible, siendo además éstas menos económicas que la exclusión.

En 1928 la Red River Lumber Company informó al Estado de los tremendos costes que le suponía a la compañía prevenir los incendios sin utilizar las quemas prescritas y el Estado se vio obligado a subvencionar los desbroces.

Dos jóvenes forestales, S.B. Show y E.I. Kotok estudiaron de 1923 a 1930 el papel del fuego en los montes de California.

Durante sus investigaciones fueron grandes opositores de la política de exclusión pero más tarde llegaron a ser altos cargos del Estado y durante sus administraciones, ni sus subordinados ni ellos, mencionaron ninguno de los beneficios del fuego prescrito que habían demostrado años atrás.

Hechos como éste ratificaban la fuerte oposición institucional contra el uso del fuego que venía ejecutándose desde principios de siglo (¿y esto, a quién le suena familiar?).

Durante los años 1940 s los ganaderos y ecólogos notaron un aumento del matorral en las zonas tradicionalmente de pastizales, acompañado de una decadencia de la calidad del pasto y de su capacidad para soportar cargas de animales domésticos y salvajes.

Como consecuencia de ello la Ley autorizó en 1945 que los propietarios que lo desearan realizaran quemas en sus tierras invadidas por el matorral. Esta política estimuló de nuevo el interés por el uso del fuego.

De esta manera, el Departamento Forestal de California (CDF) no participaba en las quemas y sólo intervenía en caso de contingencia, con lo que se eximía de la responsabilidad de la ejecución.

Sobre 1955 ya se habían quemado 200.000 acres (80.000 ha.) y a partir de estas fechas la superficie fue decayendo ya que tras 2 ó 3 quemas repetidas periódicamente se controlaba el matorral.

Entre 1947 y 1960 H.H. Biswell estudia las quemas prescritas de matorrales en el entorno del chaparral californiano, obteniendo resultados sobre las técnicas más adecuadas para la ejecución de las quemas y recomendaciones sobre la prescripción, organización y evaluación de la quema.

A partir de 1951 estudia las quemas bajo cubierta de Pinus ponderosa. Sus resultados demuestran que estas actuaciones reducen los combustibles y por tanto el riesgo de incendios, o en caso de que se produzca, facilitan la extinción.

Con el objetivo de dar a conocer la técnica selvícola y demostrar sus altos beneficios y la facilidad de ejecución, se realizaron unas jornadas educativas en 1952, donde las dudas más comunes de los asistentes eran la preocupación sobre el hecho de quemar bajo copas y la posible contradicción entre el uso del fuego y los aspectos ambientales.

Estas cuestiones y sobre todo luchar contra la cultura oficial establecida desde 1905 en los forestales era la tarea más difícil.

A mitad de los ´50 los ganaderos y cazadores apoyaban totalmente la medida porque veían un aumento en la calidad y cantidad de la producción de sus respectivas explotaciones, en cambio los forestales seguían plenamente en contra.

A partir de 1962 se reunió un comité para estudiar la vida silvestre de los Parques Nacionales, a la vista de la decadencia de la vegetación en muchas zonas.

Los expertos sabían que la restauración de la cubierta vegetal era necesaria pero necesitaban un medio de actuación eficaz. Se concluyó que las quemas eran el medio más natural, económico y factible para recuperar estas zonas a sus estatus primitivo.

En 1968 se ejecutó la primera quema bajo Sequoiadendron giganteum en el Kings Canyon National Park y posteriormente en el Yosemite National Park.

Con estas experiencias se demostró que la especie es altamente dependiente del fuego y que sin él se convertiría en una especie rara o incluso en peligro de extinción.

En el Yosemite National Park se queman 14.000 acres (5.600 hectáreas) al año en ciclos de 13 años.

Vemos entonces que tras 73 años (1905-1978) de política de exclusión del fuego prescrito en EEUU las directrices fijadas desde las instituciones han dado un giro radical.

La principal razón de este cambio fue la gran magnitud de los incendios forestales que fueron mucho más agresivos y dañinos precisamente en las zonas de mayor protección.

La persistencia en muchos casos de la política de exclusión en determinadas zonas arbustivas, en realidad, es un círculo vicioso en el que el aumento de incendios obliga a invertir más en protección y extinción que, sin embargo, no elimina el problema y por el contrario perpetúa el riesgo.

La quema prescrita rompería esta cadena y minimizaría la incidencia de los incendios en estas zonas.

En la actualidad se sigue investigando sobre los efectos ecológicos del fuego prescrito, publicaciones sobre metodología de ejecución de programas de quemas y su evaluación económica, lo que demuestra el interés actual por esta técnica que en muchos países como EEUU está totalmente aceptada y ni siquiera se cuestiona ya su validez, sino que todos los estudios son para profundizar más en la correcta ejecución que consiga la máxima compatibilidad ecológica posible y la mejor rentabilidad económica y de gestión aplicable.

Actualmente numerosas publicaciones (Canadian Journal of Forest Research, Forest Ecology and Management, International Journal of Wildland Fire, Forest science, etc) incluyen artículos sobre la ecología, las técnicas y la evaluación económica de los programas de quemas.

Quemas prescritas en la cuenca mediterránea: el caso de España

Los antecedentes ya comentados en EEUU y los grandes incendios que empezaban a producirse en la cuenca mediterránea como consecuencia del éxodo rural y el desarrollismo de los años 1960s hizo que algunos gestores y científicos miraran con gran preocupación ante un futuro nada alentador.

Desde mediados de los 1970s, en numerosas reuniones internacionales sobre los efectos del fuego y la protección contra los incendios forestales, se viene hablando sobre la conveniencia de aplicar esta técnica a los países mediterráneos.

Así en la Consulta Técnica sobre incendios forestales de la región mediterránea, FAO/UNESCO/IUFRO de 1977, el Simposium sobre las consecuencias ambientales del fuego en los ecosistemas mediterráneos también del 1977 o en el Prescribed Burning Tour de 1980, numerosos autores (Wilson, Liacos, Naveh) señalaron la conveniencia de la experimentación en esta materia en los países europeos.

Desde 1978 los ingenieros e investigadores Pita, González y Vega (Centro de Investigaciones Forestales de Lourizán, Pontevedra) venían trabajando en quemas bajo eucaliptales para control del matorral, hasta que en 1981 se firmó un convenio de colaboración entre el antiguo ICONA y el INIA con objeto de realizar estudios sobre el uso del fuego prescrito.

Los primeros resultados fueron apareciendo a partir de esta fecha aplicados a masas forestales de Galicia (eucaliptales y pinares).

Era evidente que sólo una experimentación de las técnicas para las condiciones españolas podía tener plena significación, máxime si hablamos de quema bajo arbolado.

Con esta premisa se realizaron una serie de fuegos prescritos bajo pinares de Pinus pinaster (1980) y Eucalyptus globulus (1977, 1978).

En 1998 tuvo lugar un Taller sobre el empleo de Quemas Prescritas para la Prevención de Incendios Forestales en Lourizán (Pontevedra) organizado por la Sociedad Española de Ciencias Forestales (SECF), en el cual se presentaron las distintas investigaciones y experiencias en el uso de las quemas en países como Portugal, Francia y España. (Se pueden consultar estas experiencias en el buscador de publicaciones de la SECF).

Estas experiencias se han seguido realizando por parte de diversos equipos de investigación.

Los grandes incendios de los últimos años y la actual crisis económica que dificulta la ejecución de desbroces, de alto coste para los servicios forestales, ha hecho reflexionar a muchos de los profesionales de las CCAA.

En la actualidad, aunque en muchos casos tímidamente, las CCAA están apostando por los programas de quemas, en general con objetivos de control de la carga de combustible para prevenir incendios y mejora de pastizales.

Todavía queda camino por recorrer para generalizar esta técnica y diversificar objetivos (mejora de hábitat de fauna silvestre, regeneración de arbolado, mejora de pastizales bajo copas, etc.) pero el primer paso ya está dado y parece que en el sector forestal y en el ámbito de la ecología hay consenso para impulsar estos programas.

Paralelamente a este proceso, desde principios de los 1990s, la Comisión Europea financió diversos proyectos de investigación sobre incendios forestales en los que se incluía la quema prescrita como objeto de investigación en sí mismo o como herramienta de experimentación para desarrollar modelos de comportamiento del fuego.

Durante el 6º Programa Marco de la UE se financió el proyecto FIREPARADOX, en cuya filosofía se incluía el uso del fuego por sus efectos beneficiosos, tanto en la ejecución de quemas prescritas como en el correcto uso del fuego técnico durante las operaciones de extinción (contra fuegos y quemas de ensanche).

Los resultados de este proyecto han impulsado definitivamente la apuesta de la UE por la inclusión del fuego en la gestión forestal, aunque aún existe una inercia similar a la comentada en el caso de EEUU, ya que son precisamente muchos de los profesionales e investigadores de ámbito forestal los que aún no consideran a las quemas prescritas como la mejor opción para gestionar muchos de nuestros ecosistemas.

Así por ejemplo en la encuesta FIRESMART realizada entre técnicos y científicos de diferentes países de la UE, se les solicitó que puntuaran de 1 a 10 diferentes técnicas de prevención de incendios y, aunque todas aprobaron con más de 5 puntos y la quema prescrita recibió más de 6 puntos sobre 10, fue significativamente superada por otras técnicas como la apertura de pistas, la ubicación de puntos de agua, los desbroces y en definitiva técnicas directamente relacionadas con el dispositivo de extinción.

Por tanto existe aún una inercia a pensar que la prevención se debe centrar en la exclusión del fuego, siendo la quema una técnica aceptada pero no prioritaria.

Alguno de los/as lectores/as de esta entrada habrán podido comprobar las asombrosas similitudes de los procesos llevados a cabo en EEUU y posteriormente en Europa con 50 años de “retraso”.

En Europa en esto hemos ido siempre “a remolque” de lo que hemos aprendido de nuestros compañeros del otro lado del charco y de nuestras antípodas (EEUU, Canadá y Australia).

Los seres humanos somos los únicos animales que creen “controlar” el fuego, pero también somos los animales que seguimos tropezando con la misma piedra por no aprender un poco de nuestra Historia, por no mirar más allá de nuestro propio ombligo y por no querer cambiar de opinión hasta que las circunstancias nos dejan en evidencia.

Los Espacios Naturales Protegidos ¿están protegidos frente a los grandes incendios?

El año pasado tuve la oportunidad de asistir como tribunal a una magnífica tesis doctoral donde se abordaba, entre otros temas, la incidencia de los incendios forestales en las áreas clasificadas como Espacios Naturales Protegidos (ENPs) y la Red Natura 2000.

Los resultados publicados parcialmente por su autor, Gonzalo Zavala y colaboradores, en un informe del Observatorio sobre la Sostenibilidad en España, sugieren que aunque el número de incendios es significativamente más alto en las zonas sin dichas figuras de protección, sin embargo estos resultados son radicalmente opuestos cuando analizamos los incendios mayores de 100 hectáreas.

Efectivamente, parece existir una tendencia a mayores superficies de afectación en ENPs y Red Natura 2000 cuando se eliminan de la base de datos los incendios "pequeños".

Cuando vi estos resultados no pude evitar sonreir en la intimidad de la lectura porque, desde mi punto de vista, son una prueba de la paradoja de la extinción en España. Cuando Richard A. Minnich demostró su hipótesis sobre la paradoja de la extinción en la Baja California sus resultados no fueron bien vistos en los países mediterráneos que estábamos invirtiendo ingentes cantidades de dinero en la política de exclusión, esto es, pensar que exclusivamente con unos servicios de extinción muy bien equipados íbamos a ser capaces de apagar todos los incendios. Richard A. Minnich comparó el régimen de incendios a uno y otro lado de la frontera con México, un país con una economía rural y donde los dispositivos de extinción no están tan dotados como en EEUU, ambos con los mismos ecosistemas.

Demostró que, paradójicamente, con una mayor eficacia en la extinción, en EEUU existía un régimen con mayor cantidad de grandes incendios que en México.

Efectivamente, nuestros dispositivos de extinción son muy eficaces apagando pequeños y medianos incendios, con lo que unido al abandono de aprovechamientos en los montes genera una acumulación de combustible incompatible con los usos del fuego por parte de la población, que sigue generando gran cantidad de focos de inicio (ya sea de manera negligente o intencionada).

Ello nos lleva a la tendencia actual en la que tenemos un número creciente de conatos (incendios menores de 1 ha) porque el despacho automático de las brigadas helitransportadas de bomberos forestales funciona muy bien, atendiendo y apagando muy rápidamente la mayoría de los focos de inicio.

Sin embargo hay un pequeño número de grandes incendios (menos del 0,5%) que queman aproximadamente el 38% de la superficie afectada por los incendios en España.

Además presentan unas intensidades que ponen en peligro a bomberos y población y unas severidades incompatibles con muchos de nuestros ecosistemas.

De ahí que en cuanto leí el comentado capítulo de la tesis me surgió una duda inevitable: nuestros espacios naturales "protegidos", ¿están en realidad "protegidos" frente a la mayor perturbación a la que se enfrentan y enfrentarán en un contexto de cambio climático? ¿están protegidos frente a incendios de alta intensidad, fuera de capacidad de extinción, y por tanto con altas probabilidades de afectar a grandes superficies y generar situaciones de alta severidad para el suelo, la vegetación y la fauna?

Estas preguntas debían "flotar" en el ambiente ya que me alegró ver que la página "España en llamas", presenta la pestaña "espacios naturales...¿protegidos?". Precisamente plantea esta cuestión aplicada a la comarca de Sanabria (Zamora, España) una zona con una alta ocurrencia de incendios que ¡oh sorpresa! están afectando al Parque Natural del Lago de Sanabria (a la vista de los datos no estaría protegido frente a los grandes incendios).

Los resultados que comento son aún una tendencia pero advierten sobre la necesidad de cambios en las políticas de exclusión del fuego en relación a los ENPs y la Red Natura2000.

La política de protección, desde mi punto de vista, se ha malentendido al intentar crear "reservas" en las que se elimina el efecto de la cultura, costumbres y aprovechamientos tradicionales. Y lo que es más importante: no se ha incluido el fuego como elemento imprescindible en los programas de protección de flora y fauna.

La eficaz política de restricciones al uso del monte en aras de la protección de la flora y la fauna ¿podría estar provocando el efecto paradójico de aumentar la conflictividad y por tanto el número de focos de inicio en algunas zonas?

La desaparición de la ganadería extensiva (tan odiada en otros tiempos como amenaza de la regeneración de nuestros montes y de la flora protegida) y en definitiva de sistemas agroforestales que venían funcionando desde hacía siglos, se ha debido a una política agraria común (PAC) que ha primado la intensificación de la producción.

¿Podría estar generando el efecto paradójico de aumentar la superficie de matorrales con el consiguiente riesgo de aparición de grandes incendios que amenacen a nuestros bosques de mayor valor ecológico y con menos adaptaciones al fuego?

A su vez, la recurrencia de incendios en estas zonas matorralizadas con escasa carga ganadera fijan definitivamente modelos de combustible de alto peligro de incendios que amenazan a bosques colindantes o zonas habitadas.

La solución a estas paradojas de la extinción y la prevención de incendios forestales están lejos de ser sencillas, pero la dificultad nos nos debería paralizar.

Las divisiones tradicionales entre la visión de los actores implicados en la gestión y conservación de nuestros ecosistemas, aunque aún existe, se está diluyendo o en su caso las diferencias son cada vez más salvables.

En el momento de crisis económica actual y de cambio global futuro (algunos piensan que ya es presente) se debería hacer un esfuerzo de comunicación para trasladar a nuestros responsables políticos que hay consenso en lo esencial, esto es, que lo importante para todos es la protección y conservación de nuestro patrimonio forestal, usos y aprovechamientos tradicionales.

En las entrevistas personales que se llevaron a cabo en el proyecto FIRESMART muchos de los entrevistados responsables de la administración forestal o representantes de asociaciones profesionales, manifestaron que el mundo agrario en general y el forestal en particular da una sensación al político de "problemático". Nada más incómodo para un político que enfrentarse a los problemas socioeconómicos y ambientales que se le plantean en un entorno con conflictos.

Si además no tiene rédito a corto plazo y en el camino se plantean obstáculos de enfrentamiento social entre los actores, la mejor acción para nuestros representantes es la "inacción" o a lo sumo, aquella que suponga impacto a corto plazo (una legislatura).

No es concebible que en la era de la comunicación siga existiendo desconexión de agentes para llegar a acuerdos de mínimos que podamos plantear a nuestros políticos para que impulsen medidas verdaderamente eficaces.

Existen argumentos socio económicos y ambientales suficientes, avalados por evidencias científicas, para plantear una estrategia coordinada de prevención de incendios.

Esta estrategia puede partir de nuestras instituciones, por parte de la administración forestal, pero también puede partir de la ciudadanía y de los habitantes de las zonas rurales con fórmulas de gobernanza como la Custodia del Territorio.

A su vez la población urbana debe entender que nuestros paisajes son consecuencia de cierto grado de explotación que se hace cada vez más necesario en un contexto en el que los grandes incendios son las principales amenazas para la sostenibilidad en muchos de nuestros ENPs.

La nueva PAC, el horizonte 2020 y los pagos por servicios ambientales de la UE abren nuevas puertas a la financiación de medidas e inversiones para el desarrollo rural y la prevención de incendios.

En nuestras manos está hacer ver a nuestros políticos que el fuego debe tenerse en cuenta en las medidas adoptadas, ya sea por su efecto modulador del paisaje y los ecosistemas, regenerador de especies vegetales, ya sea como gestor de los combustibles implicados en los incendios.

Insistir exclusivamente en políticas de exclusión del fuego no se ha mostrado como una solución eficaz y nos está llevando a un proceso paradójico en el que en la obsesión por proteger estamos poniendo en grave peligro a nuestro patrimonio natural.

Oxígeno, calor, vegetación y...fuego: de Vulcano a Prometeo

Todo el mundo hemos intentado encender un fuego (chimenea, estufa, barbacoa) utilizando una fuente de calor (cerillas, mechero, quemador) ¿lo hemos conseguido a la primera y sin problemas sin ayuda de acelerante?

¿Por qué es más fácil que ardan las hierbas secas, hojas y ramillos que cuando están húmedas? ¿a alguien se le ocurre encender un fuego con ramas vivas recién podadas? ¿y con un tronco aunque esté seco?

¿Cuánto calor es necesario? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Por qué soplar "despacio" ayuda y soplar "fuerte" apaga cuando estamos intentando conseguir llama?

Estas inocentes preguntas con evidente respuesta para cualquiera que se haya peleado con una chimenea, no tienen una respuesta tan evidente para la ciencia del fuego.

Efectivamente los procesos de combustión de un material vegetal son objeto de sesudos estudios, tesis doctorales y artículos científicos.

Las técnicas y metodologías desarrolladas para evaluar la ignición y reacción al fuego están basadas en el análisis de los materiales de construcción, pero aún no hay una metodología estándar para evaluar la inflamabilidad de los combustibles forestales.

En general, los materiales inflamables arden en presencia de oxígeno (siempre disponible en el aire atmosférico) y de una fuente calor.

En los incendios forestales el combustible que tiene capacidad de inflamarse es la vegetación.

Dicha vegetación está compuesta básicamente por celulosa, hemicelulosa y lignina, compuestos orgánicos formados por cadenas de Carbono (C) con Oxígeno (O) e Hidrógeno (H) también llamados polímeros.

La combustión con llama (inflamación) de esta vegetación por tanto la podemos definir mediante una sencilla fórmula química como:

Combustible forestal (CHO)n + Oxigeno (O2) + calor -------------> Agua (H2O)+Dióxido de carbono (CO2)+Energía

Evidentemente esto es una simplificación tanto de la formulación orgánica de los polímeros como de la reacción en sí que es algo más compleja (sobre todo la fase gaseosa), pero pone de manifiesto los elementos fundamentales que rigen la termoquímica aplicada a los materiales vegetales, conocido como "triángulo del fuego" ya que hacen falta estos tres elementos para generar la combustión con llama.

Así por ejemplo el combustible forestal posee grandes cantidades de agua que se encuentran en sus tejidos conductores y de constitución y que por tanto se evapora y se une a la mezcla de gases durante el proceso.

También poseen pequeñas cantidades de aceites esenciales con diversas funciones fisiológicas que se evaporan muy fácilmente al aparecer la fuente de calor y que, sin embargo, su baja temperatura de inflamación suele ser responsable, en realidad, de generar la ignición (compuestos orgánicos volátiles).

En las fases previas y sobre todo posterior a la llama, la combustión es incompleta y por tanto se genera monóxido de carbono (CO) en lugar de CO2. Incluso en la fase de llama no todo el vegetal se quema simultáneamente con lo que aunque el gas predominante sea el CO2, en realidad siempre existe emisión de CO.

Como hemos dicho, la explicación química de esta reacción y por tanto el proceso de transformación de energía que se produce está bastante bien definido, existiendo ensayos de laboratorio que lo demuestran.

Consisten en secar y moler la vegetación y medir muy detalladamente la combustión de manera controlada (Análisis termogravimétrico, Bomba calorimétrica, Análisis Térmico Diferencial, Calorimetría de Escaneo Diferencial).

En estos ensayos se suele controlar gran cantidad de parámetros entre los que se encuentran los referentes a la cantidad de oxígeno disponible, la cantidad de calor y la forma de calentar la muestra (entradas de la reacción).

Por otro lado se analizan los gases emitidos antes (precalentamiento), durante (fase de llama) y después de la llama (fase de rescoldo) y la energía liberada en el proceso (productos de la reacción).

La verdad es que el asunto tiene poco misterio cuando lo enfocamos desde un punto de vista exclusivamente químico ya que la mayoría de los vegetales tienen una composición muy parecida.

Sin embargo ¿es esto suficiente para explicar la combustión de los vegetales en un incendio forestal?

¿Qué "puede más" en la inflamación de los vegetales durante un incendio, la química o la física de la combustión? ¿Los mismos procesos que rigen la ignición del material son los que intervienen en la fase de llama y en la fase de rescoldo?

En los últimos años se vienen proponiendo nuevas caracterizaciones de materiales basadas tanto en la química de la combustión como en los procesos dominados por el transporte de gases, que en el caso de combustibles forestales pueden llegar a ser más importantes que la fase química, ya que dependen de la estructura, relación superficie-volumen, porosidad, compactación, densidad y empaquetamiento del combustible, todas ellas propiedades físicas del material estudiado.

El conocimiento y caracterización de la combustión desde el punto de vista del transporte de gases es imprescindible para extender conclusiones a escala real, donde en la mayoría de los casos la estructura de los combustibles condiciona la reacción al fuego.

Los materiales altamente inflamables presentan dificultades para la descripción y análisis de su combustión ya que es un proceso complejo con muchos componentes relacionados, algunos de los cuales no son fáciles de medir.

De hecho, muchas de las limitaciones que en la actualidad tienen los modelos de simulación se deben precisamente al escaso conocimiento de los procesos físico-químicos de dicha combustión. Si queremos conservar la estructura original de la vegetación y caracterizar su combustión se presenta la dificultad de que los vegetales son materiales altamente porosos (con mucho aire en su interior, pensemos en la hojarasca de un bosque o en las copa de un árbol) y heterogéneos (cada muestra es diferente de la anterior).

A ello debemos añadir que son materiales vivos y con altos grados de humedad.

Se entiende fácilmente que la presencia de gran cantidad de agua va alterar el proceso en relación a una muestra seca.

Es más, los vegetales vivos pueden llegar a tener hasta 3 veces más peso de agua que de material vegetal seco (humedad 300%) siendo muy habitual que tengan una humedad alrededor del 100% (una muestra de 20 gramos tendría 10 g de agua y 10 g de materia seca).

Clayton Huggett propuso en 1980 el método de consumo de oxígeno para estimar la energía emitida en una reacción de combustión.

Enunciado originalmente por William Thornton en 1917, este autor no encontró ninguna aplicación práctica a su formulación, que se basa en asumir que el oxígeno consumido durante la combustión es proporcional al calor liberado.

El "padre" de la aplicación tecnológica del método de consumo de oxígeno es Vytenis Babrauskas, que en 1984 fue el inventor del “cono calorimétrico”, el más conocido equipo de laboratorio para la evaluación de la reacción al fuego de materiales, regulado por la norma ISO 5660 y por tanto su uso está normalizado en todo el mundo.

Este dispositivo mide la concentración de oxígeno en el flujo de gases procedente de la combustión que multiplicado por un coeficiente que depende de las dimensiones del dispositivo, la presión (Pa) y la temperatura del gas (K), realiza la estimación de la energía liberada medida en kW.

Es ésta, por tanto, la variable más importante para caracterizar la reacción al fuego de materiales y productos que retardan el fuego: la "Tasa de Calor Emitida", denominada Heat Release Rate (HRR) en la literatura anglosajona (kW) parámetro ampliamente utilizado en la tecnología del fuego aplicada a los materiales y que según el propio V. Babrauskas:

(1) Es un indicador de la fuerza conductora del fuego en un proceso que se retroalimenta ("heat makes more heat", recordemos que para que haya combustión hace falta calor y como producto se emite calor)

(2) La mayoría de las variables implicadas en la combustión están directamente relacionadas con el HRR, por tanto es una variable que explica muy bien la combustión .

(3) Altos valores de HRR implican altas amenazas para la vida, ya sea para las personas expuestas durante un accidente o para los bomberos que se enfrentan al reto de intentar apagar el fuego. Por tanto es una variable que funciona inequívocamente como "indice de peligro".

Para la puesta en práctica de estas metodologías se han desarrollado en los últimos 30 años otros equipos a diferentes escalas, desde pequeñas muestras (small-scale test en la literatura anglosajona) hasta ensayos a escala “de habitación” (room-scale, forniture test) para ensayar muestras de tamaño real (como la de los árboles de Navidad mostrados).

Estos equipos son utilizados para evaluar las características de la combustión de materiales y son suministrados por diversas empresas de calorimetría y tecnología del fuego.

Sin embargo un método más sencillo basado en el “principio de la entalpía” basado en los estudios desarrollados por Edwin E. Smith (1996) ha sido utilizado para desarrollar un calorímetro de pérdida de masa (Mass Loss Calorimeter MLC) que dispone para estimar la tasa de calor emitida un sensor denominado “termopila” (norma ISO 13927).

La termopila está compuesta por 4 termopares (sensores para medir temperatura) conectados en serie y colocados al final de una chimenea.

Mide la temperatura de los gases procedentes de la combustión de la muestra sometida a una radiación determinada (entre 10 y 100 kW/m2).

Se asume que el calor liberado es proporcional a la masa, a su calor específico y a la diferencia de temperatura aplicando el principio de entalpía:

H2-H1=Cp(T2-T1)

Donde H son las entalpías inicial (1) y final (2) por unidad de masa, Cp es el calor específico o cantidad de calor que hay que suministrar a la unidad de masa de una sustancia para elevar su temperatura en una unidad y T es la diferencia de temperatura, en este caso de los gases procedentes de la combustión entre el estado 1 y el 2.

La termopila se calibra periódicamente con metano (CH4) para diferentes flujos de dicho gas ya que los valores de calor específico y calor emitido por unidad de masa de este hidrocarburo son conocidas.

Las temperaturas obtenidas son aplicadas a las muestras a ensayar, por tanto se obtiene una estimación de HRR simplemente midiendo la temperatura de los gases a la salida de la chimenea.

Este método acumula más error que el método de consumo de oxígeno pero es mucho más sencillo y económico.

Este dispositivo, desarrollado para materiales plásticos, lo hemos aplicado en el Laboratorio de incendios forestales del INIA a otro tipo de muestras de alta inflamabilidad, como son los combustibles forestales, y se ha comprobado su precisión y repetibilidad en la medición del HRR, incluso para comparar muestras decombustibles vivos con altos porcentajes de humedad.

En estas fotos podéis ver el dispositivo y un detalle de un ensayo de Coscoja (Quercus coccifera) con humedad del 100% (la mitad del peso de la muestra es agua) sometida a una potencia de radiación de 50 kW/m2, recibiendo una temperatura procedente de una resistencia (conical heater) de aproxidamente 330-350ºC.

El dispositivo lleva una "chispa piloto" generada por una arco de alto voltaje que se sitúa justo por encima de la muestra ¿por qué? ¿qué arde antes la fase gaseosa o la fase sólida en una reacción de combustión?

La temperatura mínima de autoignición del material vegetal se considera que es unos 600 K (327ºC) aunque en la práctica es necesario alcanzar entre 370-400ºC.

Sin embargo es muy frecuente que los gases emitidos por la muestra al calentarse se queman (existe llama) antes de que se se queme la vegetación.

En estos ensayos en general la llama va de arriba hacia abajo, esto es, la llama procedente del gas por encima de la chispa piloto es la que se propaga hacia la muestra de vegetación y termina produciéndose la combustión de la fase sólida.

La verdad es que durante un fuego real este proceso es tan rápido que podemos asumir que la fase gaseosa y sólida empiezan a arder al mismo tiempo.

De hecho, como decíamos antes, es un proceso que se retroalimenta, puesto que una vez que existe llama es ésta (gases a alta temperatura) la que genera el calentamiento de la muestra vegetal (energía transmitida por radiación y convección), y su posterior combustión que emite a su vez más energía hasta que se haya consumido todo el material vegetal.

En diversos accidentes y eventos producidos en incendios, los bomberos forestales relatan la existencia de "explosiones" y "olas de fuego" muy por delante del frente de llama, que describirían fenómenos en los que la dinámica de los gases calentados por delante del frente de fuego podrían intervenir en la aceleración de la combustión, proceso conocido como "fuego eruptivo".

Este fenómeno fue descrito y modelizado por el profesor D.X. Vieigas como un fenómeno básicamente físico-mecánico, aunque hay autores que consideran que la acumulación de compuestos volátiles altamente inflamables y muy comunes en los vegetales como el limoneno, podrían intervenir en este proceso.

Una de las hipótesis que se plantean en las fases de inicio y aceleración de la combustión es hasta qué punto interviene la química, esto es, en qué medida la composición de los gases que se emiten en la fase de calentamiento, así como su concentración, no sólo desencadenan la ignición sino también la aceleración de la combustión (HRR).

Esta línea de investigación aún poco explorada plantearía la "hipótesis de la atmósfera de volátiles" por delante del frente de llama para explicar fenómenos de ignición súbita y/o aceleración de la combustión (más detalles en la revisión de Vieigas y Simeoni 2011).

Los compuestos bioquímicos orgánicos volátiles (VOC, BVOCs en la literatura científica) son muy estudiados en el campo de la contaminación atmosférica ya que son precursores de la destrucción del ozono y de la contaminación del aire, sobre todo en las ciudades.

Existen BVOCs que forman parte del metabolismo de las plantas como aceite esencial con diversas funciones (insecticidas, fungicidas, resistencia a la desecación de tejidos, ...).

De hecho muchos de estos compuestos para la mayoría de las plantas son desconocidos o al menos se desconoce tanto su concentración en la planta como la concentración en la atmósfera que rodea a las plantas.

Por tanto es una línea de investigación que ofrecería información de la importancia relativa de la química frente a la física de la combustión, que hasta ahora se considera que es más importante en los modelos de propagación del fuego forestal.

Incendios ,del hombre y el fuego

Formula química del Limoneno (C10H16), inflamación a 48ºC, autoignición 237ºC, pico de emisión a 150-200ºC

Actualmente existen diversos modelos físicos para simular incendios forestales.

Uno de los más avanzados es el modelo físico FIRETEC que está basado en la dinámica de los fluidos y tiene en cuenta los procesos físico-químicos de intercambio de energía, en este caso aplicados al avance del fuego a través de una masa forestal o de matorral.

Presenta unos tiempos de computación aún inasumibles para su uso en la planificación de la extinción pero ha mostrado buenos ajustes con el comportamiento real, tanto en experimentos a escala de laboratorio como a escala de campo.

Por tanto desde la fórmula química básica del triángulo del fuego hasta el modelo FIRETEC se puede entender que hay mucho camino recorrido pero, a pesar de todo, Vulcano sigue generando fuego en su fragua para que Prometeo nos ayude entender el poder de este misterioso elemento.

Mi modelo, mi tesooooro

Visto que lo comercial en esto de los blogs es enganchar al lector/a con un poco de carnaza "friki-científica" (para muestra el éxito de la serie "The Big Bang theory") no podía pasar por alto a la criatura Gollum como ejemplo claro de científico desquiciado en busca del anillo de poder...del poder del conocimiento.

Incendios ,del hombre y el fuego

Múltiples interpretaciones literarias, filosóficas y religiosas se han hecho del mundo imaginario de Tolkien.

Entre las más sencillas es considerar la lucha de contrarios, el bien y el mal, personificados en la esquizofrenia que genera el anillo en quien lo posee y muy bien reflejado en "El Señor de los Anillos" a través de la criatura Gollum. J.R.R. Tolkien era un ferviente católico y no ocultó que la mayoría de sus novelas eran eminentemente religiosas, rechazando abiertamente los desastres provocados por los avances de la ciencia y la tecnología y defendiendo a ultranza lo tradicional en contra de lo nuevo.

Era además ecologista convencido ya que había sido testigo de la destrucción de muchos bosques de Gran Bretaña y de las consecuencias de la Revolución Industrial en su país, achacando por tanto a los avances tecnológicos los males de este mundo: Mordor es el infierno de la industria, que avanza para conquistar la Tierra Media, para lo cual a Sauron, el demonio, le hace falta el anillo de poder, que le fue arrebatado por los hombres.

Como a mi me "pone" el fuego (científicamente, esto es serio) tiendo a verlo todo desde mi óptica sesgada hacia el poder de la llama como elemento catalizador en muchas culturas de todo el mundo.

Si asumimos que el poder es el conocimiento (mal que les pese a muchos que creen que es el dinero o la fuerza bruta) y que un misterioso anillo es capaz de ofrecerte secretos como la vida eterna y la invisibilidad ¿no lo guardarías como "mi tesoooro"? ¿Cuál es el problema entonces?

Pues que tendrías que recluirte en una cueva miles de años porque nadie te entendería y tú no entenderías la superficialidad del mundo que te rodea, convirtiéndote en un ermitaño de la ciencia, con síndrome de Asperger y aficionado a los peces crudos porque ya no te llama la atención el uso del fuego para cocinar (algo así como un Newton analfabeto ya que hasta ahora no se han descubierto documentos escritos de Gollum).

Seguimos con este razonamiento rigurosamente científico.

Cuando Bilbo Bolson encuentra el anillo en la cueva y "siente" el poder que ofrece, tiene el suficiente sentido común como para no verse consumido, como le ocurrió a su anterior dueño y, este sí, se dedicó a escribir sus aventurillas que recopiló J.R.R. Tolkien en un betsellerque ha dado algún que otro dólar (para que luego digan que el conocimiento del anillo no da dinero).

Por tanto Bilbo eligió acariciar la piedra filosofal pero no ser consumida por ella, sin dejar de permanecer en contacto con el mundo que le rodeaba pero con la eterna "tentación" de caer en la "espiral del conocimiento" tan temida por los hombres.

Esta "tentación" es muy evidente en Gandalf que no quiere ni acercarse al anillo ya que conoce las consecuencias que tendría ese poder en alguien que ya tiene formación científica previa, también denominada por algunos como "magia".

Mi modeeeelo, mi tesooooro...


Pero ¿de dónde viene el anillo?

Los hombres a través de Isildur vencieron en Mordor al mal (Sauron) y le arrebataron el anillo de poder que tenía que haberse destruido (con fuego por supuesto) pero...el rey de los hombres no fue capaz de hacerlo.

En la mitología clásica Prometeo (qué curioso otra peli sobre este tema), protector de la Humanidad, había dado el conocimiento y el fuego a los hombres para que pudieran sobrevivir ante la ausencia de adaptaciones más útiles como la fuerza o la rapidez para escapar de los depredadores o el pelo para protegerse del frío.

Zeus, tras un mosqueo monumental, nos robó el fuego para fastidiar al travieso Prometeo que hacía lo posible por echarnos una mano a los mortales.

Entonces Prometeo robó el fuego a lo dioses para devolvérselo a los hombres, símbolo de cómo el conocimiento puede ser arrebatado y después devuelto a los hombres por el capricho del monte Olimpo (o monte del Destino según Tolkien).

En la Edad Media (por eso todas estas historias nos transportan a esta estética medieval), donde la religión y el poder de los señores feudales se basaba en someter y atemorizar a la población, privándoles del conocimiento, es fácil interpretar que la ciencia era cosa del demonio y en definitiva que el anillo de poder es "malo" y por tanto el conocimiento "único" debe serle privado a los hombres (y a las mujeres claro) ¿Veis ya por dónde voy?

Numerosas películas, sobre todo de ciencia ficción, han analizado la moralidad de la ciencia o mejor dicho, del uso de la ciencia por parte de los hombres.

¿Es mala la ciencia en sí misma como pensaban nuestros antepasados medievales y aún hoy algunos líderes religiosos y políticos? ¿Es humano privar a la raza humana del conocimiento?

Efectivamente y como decía mi abuela "niño no pienses que te complicas la vida" .


¿Seremos más felices en la ignorancia que nos proporciona Matrix?

El mundo fue diseñado por los dioses dándole a cada pueblo los anillos del conocimiento necesario para su supervivencia pero les es privado el privilegio del anillo único que no trae más que la destrucción de la Humanidad .


¿Es verdad que la Humanidad no está preparada?

En la actualidad estamos en la era de Bilbo, esto es, un montón de científicos acariciando el anillo de poder pero con la suficiente sensatez como para no ser consumidos cual criatura Gollum...¿seguro?

En la segunda reunión del grupo de modelización forestal de la Sociedad Española de Ciencias Forestales celebrada en la encantadora población de Jarandilla de la Vera (Cáceres, España), nos reunimos un conjunto de científicos, profesores de universidad, alumnos universitarios y doctorandos para hablar de los modelos estadísticos aplicados a describir y predecir procesos que tienen lugar en las masas forestales: crecimiento de los árboles, regeneración, competencia entre especies, etc. y de cómo la selvicultura puede intervenir en dichos procesos.

En mi caso el anillo me iluminó con un sencillo modelo logístico (ver más arriba la fórmula propuesta por Gollum) para predecir la presencia o ausencia de regeneración natural de pino negral (Pinus pinaster) tras el gran incendio de Robledillo de Gata (Cáceres) de 1999.

Los modelos logísticos se utilizan mucho en biología en general y en ciencias forestales en particular. Además de adecuarse bastante bien a distintas tipos de datos, ofrecen la ventaja de que la variable dependiente, esto es, la "Y" de la ecuación que queremos predecir, es una variable binaria (Y=0 ó Y=1).

Por tanto el resultado de la ecuación se encuentra en el intervalo (0, 1) y lo podemos expresar como probabilidad de que la ecuación asigne el valor cero "ausencia del evento" o uno "presencia del evento".

En mi caso planteaba conocer si un sencillo modelo utilizando esta ecuación podía responder a preguntas como:

¿Qué probabilidad hay de encontrar un planta de pino regenerada tras el incendio dos años después del paso del fuego en una zona con pendiente X1 y profundidad de suelo X2? o también ....

¿Qué probabilidad hay de que dos años tras el incendio encontremos abundancia de regenerado o por el contrario una densidad muy baja en diferentes zonas del incendio con diferente pendiente y profundidad de suelo?

La idea era que si el modelo es adecuado se pueden generar mapas sencillos de densidad de regeneración simplemente con un mapa de pendientes y de suelos de la zona, de cara a planificar posibles medidas de restauración o apoyo a la regeneración natural.

Visto así todo parece más o menos claro, el problema empieza aquí:

Uno de los compañeros (R.A. pondré sus siglas para que no le hagan "escrache" científico) acuñó, de manera muy acertada a mi entender, la frase de Gollum "Mi modeeeelo, mi tessoooro" que comentábamos en los pasillos como científicos serios que somos y en el fondo para reírnos de nuestra propia vanidad.

Sí, muchas veces, la especialización y la fuerte competencia científica por publicar y aportar "cosas nuevas" nos lleva a aislarnos del mundo y a enfocar toda nuestra energía en desarrollar la investigación propuesta.

Como decía Ramón y Cajal "el saber sí ocupa lugar" y obliga a eliminar de nuestra vida diaria banalidades como por ejemplo "hablar con la gente" o en el caso de la investigación forestal, estar más en contacto con los servicios forestales que son los que conocen empíricamente los procesos que pretendemos "modelizar".

Por otro lado ¿por qué tiene la gente miedo al conocimiento o incluso a sus productos tecnológicos? ¿por qué se suele pensar que la ciencia son elucubraciones de científicos metidos en su cueva?

¿Sigue habiendo miedo al conocimiento simplemente porque no entendemos el "idioma" científico?

Por qué, por ejemplo, los servicios forestales no se acercan con más frecuencia a la ciencia para solucionar sus problemas

¿No se creen lo que hacemos?

¿Hay inercia para no acercarse a "lo nuevo"?

En multitud de foros, reuniones de proyectos y jornadas de debate se resalta como debilidad del sistema "la ausencia de transferencia de los resultados de investigación" Pero ¡cómo vamos a transferir si estamos en la cueva!

¡Cómo vamos a demandar ciencia si tenemos miedo al conocimiento!

¡Cómo vamos a mejorar el sistema de investigación en la búsqueda del conocimiento si estamos mandando a Frodo a destruir el anillo!

Si Prometeo tuvo la valentía de traernos el fuego a este mundo, la Historia de los hombres debe obrar en consecuencia y aprovechar la oportunidad. Nuestro modelo, nuestro tesooooro...

"Qué mala suerte: ¡se me ha quemado mi casa en el campo!"

Una de las consecuencias de la sociedad de consumo, el aumento del poder adquisitivo durante un período de crecimiento económico y de la burbuja inmobiliaria, es que la clase media queríamos tener también una residencia de verano o de fin de semana en el monte,... y los bancos y los ayuntamientos nos lo han permitido.

Pero sólo unos pocos, los "cansinos" del sector forestal, veníamos advirtiendo que este modelo territorial iba a tener consecuencias muy graves para nuestros bosques, para las personas y sus bienes.

No es que seamos más listos que nadie, es que en países como EEUU, Canadá, Australia, Chile, y otros países Mediterráneos como Francia, Italia y Grecia, ya vivían el problema del contacto de zonas urbanas y el monte, denominado Interfaz Urbano-Forestal (IUF).

Como no es el momento de decir "te lo advertí", en esta entrada pretendo aportar algunos resultados científicos que sí que muestran la relación directa entre régimen de incendios e IUF y por tanto de la necesidad de tomar conciencia de este grave problema.

Incendios ,del hombre y el fuego

Un ejercicio muy sano que deberían de hacer todas aquellas personas que viven cerca del monte es darse una vuelta por su urbanización o pueblo y después echar un vistazo en Google Earth para reflexionar sobre dónde viven.

Casi nadie se plantea cuando va a comprar una vivienda el riesgo que corre si la compra en una zona con deslizamiento de tierra, en una falla, en el cauce de un arroyo ¿o sí? ¿y cuando la compra con vistas al monte? ¿y cuando la compra "en el interior del monte"?

Ejemplos de interfaz urbano-forestal en España analizados con Google Earth en 2007 para clase de I Máster de Ingeniería de Seguridad frente al Fuego de la UC3M de Madrid. Alguno de ellos ha sufrido incendios en años posteriores y otros los habían tenido en años anteriores ¿os suenan?

Las personas, sobre todo del mundo urbano, pensamos que los ayuntamientos han asumido su responsabilidad dando los permisos de obra correspondiente y que las viviendas están exentas, en principio, de riesgos o al menos se consideran poco probables.

Pero lo único cierto en relación a los incendios forestales es que no son un hecho esporádico y fortuito y mucho menos poco probable.


Todo lo contrario.

Las predicciones de cambio climático y el abandono de los aprovechamientos agroforestales hacen que los grandes incendios sean un hecho SEGURO en prácticamente todo el territorio forestal.

En muchas áreas donde por sus condiciones climáticas había pocos incendios y/o eran de baja severidad, aumentará el número y extensión de los mismos.

En aquellas áreas donde el ecosistema está adaptado a los incendios, está aumentando la recurrencia, esto es, está disminuyendo el número de años entre incendios sucesivos.

Este es el panorama que se encuentran nuestros servicios de extinción...¡¡ójala!! A esta complicada ecuación en un entorno cambiante debemos añadir que ahora a la gente "le mola" vivir en el monte y se les ha permitido hacerlo sin control, o al menos, sin una cultura preventiva adecuada por parte de promotores y habitantes de estas áreas de "Interfaz Urbano-Forestal" (traducción más aceptada del término "Wildland Urban Interface, WUI" adoptado a principios de 1990s por los países anglosajones y que se ha generalizado en todo el mundo).

Según el Sistema de Manejo de Emergencias para Incendios Forestales (SMEIF), las prioridades en las operaciones de extinción en un incendio forestal y por este orden son:

1º) Las personas

2º) Los bienes

3º) La masa forestal.

Por tanto es fácil entender que cuando existen áreas pobladas en el entorno de un incendio forestal los medios se vuelquen en salvar vidas humanas y bienes (casas, instalaciones agrarias, zonas industriales, etc.) en detrimento de la masa forestal.

Esto hace que a veces sea imposible evitar que determinados frentes escapen al control de los servicios de extinción que están concentrados en salvar las zonas habitadas.

A ello hay que añadir que estas zonas son a sus vez foco de incendios forestales al concentrar operaciones de riesgo en áreas muy cercanas al monte.

Las negligencias más frecuentes son operaciones de eliminación de restos de vegetación (jardines), barbacoas, juegos con material pirotécnico, accidentes con maquinaria, quemas de basuras, etc., que rápidamente se convierten en un foco de inicio.

Esta relación bidireccional (incendio que amenaza a zona urbana y actividad urbana que se convierte en foco de inicio) hace que estas áreas sean especialmente sensibles a los incendios forestales y que gran parte de los esfuerzos preventivos de los servicios forestales se centren en ellas.

Debido al proceso descrito, existen multitud de evidencias de la relación entre IUF y el régimen de incendios forestales constatado por la experiencia de gestores y combatientes: en las zonas de interfaz hay más incendios y se suelen hacer más grandes ¿o es que ponen las casas donde hay más incendios?

Nos propusimos ratificar esta hipótesis con datos en la provincia de Valencia, ejemplo paradigmático de cómo la segunda residencia en el entorno de una gran ciudad en un contexto de crecimiento económico y de burbuja inmobiliaria genera un modelo de crecimiento urbanístico difícilmente sostenible, también desde el punto de vista de la prevención de incendios.

Los resultados del estudio, publicados recientemente en Forest Systems, muestran que los términos municipales estudiados del entorno de Valencia (86 municipios de la demarcación forestal de Llíria), presentan tanto más incendios y de mayor superficie cuanta más superficie tengan clasificada como de Interfaz Urbano-Forestal, mostrando la relación directa entre IUF y régimen de incendios.

El modelo estadístico generado demuestra que más de la mitad de la variabilidad del régimen de incendios (57%) se puede explicar simplemente por la presencia de los diferentes tipos de IUF en el territorio.

Queda pendiente resolver la pregunta: ¿estamos instalando nuestras zonas urbanas en áreas especialmente sensibles a incendios o son precisamente una de las causas del cambio en el régimen de incendios?

Existen áreas donde hay un régimen natural de incendios causados por rayo (por ejemplo el área de Foia de Bunyol en la zona analizada) y existen viviendas aisladas pertenecientes en general a explotaciones agrarias tradicionales.

Lo que ocurre es que estas viviendas son ahora más vulnerables que antaño ya que ha disminuido la explotación de la biomasa forestal que ahora se acumula de forma alarmante en su entorno.

Por otro lado municipios agrarios y forestales en el entorno de Valencia (por ejemplo en Sierra Calderona) han optado por un modelo territorial en el que han proliferado las urbanizaciones de segunda residencia en un entorno forestal donde persisten causas agrarias de incendios (quemas de rastrojos, negligencias, intencionalidad con diversas motivaciones) que amenazan de forma recurrente a dichas viviendas y a las que debemos añadir las generadas por estas nuevas áreas urbanas habitadas por personas con poca costumbre en el uso del fuego y sus consecuencias.

Si en la planificación y ordenación urbanística de aquellos términos municipales donde existen o se prevean que existan viviendas en contacto con área forestal no se tiene en cuenta el peligro de incendios, los ayuntamientos estarán cometiendo un grave error que lo lamentaremos con vidas humanas, pérdidas económicas y ambientales (de hecho muchos de ellos ya han cometido dicho error, aunque estamos a tiempo de subsanarlo).

Si las personas que viven en áreas de interfaz urbano-forestal no toman conciencia de que el privilegiado entorno en el que viven tiene un riesgo y que deben invertir en autoprotección y asumir el coste de la misma, se estarán engañando a sí mismas y estarán descargando en las administraciones una responsabilidad que también es suya.

Los servicios de emergencias, bomberos, empresas forestales, servicios de gestión forestal de las Comunidades Autónomas y algunas (no todas) las Diputaciones Provinciales, piensan TODO EL AÑO (no sólo en verano) en la prevención de incendios forestales porque son conscientes del riesgo y la vulnerabilidad de estas áreas.

Falta que esta demanda de los profesionales y técnicos expertos en incendios y sus recomendaciones sean asumidas por administraciones locales y sobre todo por propietarios.

Tenemos los conocimientos y los medios ¿a qué esperamos para participar en la prevención?.

De entre las medidas más básicas se exige la necesidad de cumplir la ley mediante una faja perimetral sin vegetación en el entorno de urbanizaciones.

Deberíamos añadir recomendaciones como mantener desbrozadas las parcelas interiores sin urbanizar, setos y jardines bien mantenidos sin acumular vegetación muerta, evitar vegetación cercana a las casas y utilizar materiales que eviten la entrada de calor en las viviendas como el doble acristalamiento.

Todas las áreas en esta situación deberían tener un plan de autoprotección y evacuación, que debería incluir la presencia de hidrantes y vías de evacuación bien diseñadas y señalizadas.

De nada sirven estas medidas sin una adecuada educación en emergencias, para lo cual se deberían tener conocimientos básicos en las medidas a adoptar en caso de confinamiento o evacuación por parte de los residentes, siendo necesaria la organización de jornadas de formación e información y simulacros.

Por supuesto e igual de importante, evitar actividades de riesgo durante el verano como operaciones con maquinaria (radiales, desbrozadoras, motosierras), quemas de restos de poda, barbacoas y juegos o fiestas locales que impliquen el uso del fuego (antorchas, farolillos, petardos y fuegos artificiales).

La demanda de los profesionales forestales, bomberos y las comunidades autónomas es que se haga cumplir la ley y por otro lado que Ayuntamientos, comunidades de vecinos y habitantes en estas áreas tomen conciencia del problema y adopten las soluciones que se les aportan, asumiendo su responsabilidad.

Por tanto cuando desgraciadamente se quema alguna vivienda situada en IUF como consecuencia de un incendio forestal, no es cuestión de mala suerte, sino de la falta de adopción de las medidas preventivas adecuadas a lo largo de todo el año, por inacción y NO por desconocimiento del problema y sus soluciones.

Como dicen los eslogans de muchas campañas de concienciación en EEUU y ahora en España:

"Todos tenemos un papel para poder convivir con el fuego evitando los incendios forestales" No echemos balones fuera y exijamos a nuestros políticos y a nosotros mismos que la lucha contra los incendios forestales es una prioridad para proteger nuestras viviendas, la de tus vecinos, así como las vidas de sus habitantes y combatientes que se la juegan por nosotros.

Hombre lobo-Lobo hombre: la prevención de incendios como posible solución

Os preguntareis qué hace un forestal especializado en incendios forestales hablando del lobo.

Primera razón irracional: es un animal que me cae bien.

Segunda razón educacional: el "Hombre y la Tierra" y el legado de Félix está en el ADN de una parte importante de mi generación.

Tercera razón profesional: el pastoreo controlado y la ganadería extensiva es una de las soluciones a la gestión de los combustibles para la prevención de incendios.

Además, para el fomento de áreas de pasto se están llevando a cabo quemas prescritas y controladas en diversas comunidades autónomas con lo que el trinomio pastor-fuego-lobo entra en escena en un contexto socioeconómico, ambiental y de mentalidad muy diferente al que existía en el siglo pasado ¿o no?

Hace algunas semanas tuve la desagradable experiencia de leer un intercambio de insultos en redes sociales a propósito de la gestión de áreas forestales con lobo. Luis Miguel Domínguez (@LoboMarley) ha seguido los pasos de Félix en la concienciación social sobre nuestra naturaleza y la conservación del lobo.

Además ha iniciado una potente iniciativa que ha permitido elevar sus reivindicaciones a la UE.

Pero, probablemente muy a su pesar, algunos de sus partidarios en la conservación del lobo son tan exaltados como los que piensan que debería seguir en vigor la inclusión de nuestros depredadores ibéricos en la categoría de alimañas. En condiciones "normales" estos sentimientos de esquizofrenia Hombre Lobo-Lobo Hombre, no se muestran por pudor o por aquello de lo políticamente correcto.

Pero como bien dice Juan P. R. Trueba (@JP_Trueba) en una de nuestras charlas tuiteras, las redes sociales y su capacidad de difusión de mensajes, a veces no sirven para comunicar y conciliar posturas sino para radicalizarlas.

No sé si seré un iluso (seguramente sí) pero quiero pensar que la solución a los problemas no está en ganar sino en empatar, esto es, en encontrar la forma de convivir para conservar nuestro patrimonio natural: convivir con el lobo, convivir con los usos y aprovechamientos forestales, convivir con el fuego, convivir con nosotros mismos y nuestras contradicciones.

La mayoría de las veces el lobo es para los humanos algo infernal, aunque otras veces es símbolo divino o de buena suerte (recordemos a la loba que amantó a Rómulo y Remo como fundadores de Roma).

El mito del licántropo es el más conocido, por universal y porque la literatura y el cine se han encargado de explotarlo, dando en la mayoría de los casos la doble lectura, algo más intelectual y Freudiana: la lucha interna del hombre con su naturaleza salvaje simbolizada en el lobo. Boris Vian dio una vuelta de tuerca al mito ¿y si existiera un Lobo Hombre?

¿Cómo se sentiría un Lobo caminando por la calles de París? Todos nos sentimos muy unidos a nuestros perros, que una vez fueron lobos domesticados, Lobos Hombres, lobos con costumbres humanas.

Se entiende así la relación amor-odio-miedo con el lobo es ancestral y la mitología se ha encargado de recordarlo a lo largo de la Historia en casi todas las culturas del mundo.

Luis Miguel Domínguez-Lobo Marley considera que "el lobo es el solución, no es el problema".

En cambio las administraciones autonómicas, encargadas de la gestión forestal, se encuentran permanentemente encima de la mesa el "problema" del lobo, o mejor dicho, el problema de la convivencia del lobo con el hombre en nuestras zonas rurales.

Por otro lado y llevándome la cuestión a mi terreno: si los grandes incendios, como parece según todas las evidencias y futuras previsiones, se van a convertir en los gestores de nuestros montes, me temo que ni lobo, ni urogallo, ni oso, ni águila imperial, ni lince ibérico.

En la reciente publicación de los proyectos LIFE 2013, España ha conseguido importantes fondos para la conservación de especies amenazadas.

No conozco las propuestas, pero me atrevería a apostar a que la palabra "incendio" o no aparece o si lo hace es en la típica frase "los incendios forestales son una de las amenazas para la conservación de nuestros bosques".

En cambio ¿se integra el fuego y la gestión de los combustibles para prevenir grandes incendios en estos programas de conservación?

Conservación de hábitats para fauna en Florida con ayuda de quemas prescritas.

Paradójicamente, una de las técnicas para gestionar el combustible forestal más aceptadas por los expertos según el cuestionario FIRESMART es el pastoreo controlado, que ha tenido gran éxito en algunas comunidades autónomas como la RAPCA en Andalucía y que diversas asociaciones de ganaderos, pastores y ONGs están promoviendo bajo diversas iniciativas.

Ello implica la necesidad de rebaños transitando de manera ordenada y planificada, pero ganadería extensiva al fin y al cabo. Los pastores del siglo XXI probablemente ya no tengan que pensar en la producción sino en la calidad de sus productos, máxime si están realizando un servicio ambiental.

Pero para ello necesitan el apoyo de la sociedad, por un lado promoviendo políticas que les permitan colocar sus productos en el mercado y por otro, pagando el servicio ambiental prestado.

A su vez los pastores deberían asumir que para que esto sea una realidad, la sociedad española y la UE está demandando la conservación y promoción de zonas "salvajes" (Wildlife) y yo añadiría que libres de grandes incendios (Wildfires, Megafires) aunque no necesariamente del fuego.

Los grupos ecologistas son conscientes del binomio hombre-lobo y la necesidad de convivir pero creo que no tanto del trinomio pastor-lobo-fuego y la posibilidad de complementarse para convertir el problema ancestral en una posible solución actual.

La ciencia y la técnica han permitido generar sistemas de aprovechamiento ganadero compatibles con la conservación y útiles para prevenir incendios.

Las quemas de pastos se pueden hacer ahora de manera tecnificada para evitar daños ecológicos graves, al menos mucho menos graves que un gran incendio.

No es concebible que en pleno siglo XXI la alternativa a la gestión del lobo sea organizar batidas como si fueran jabalís (con todos mis respetos a los cerdos).

En África se está empezado admitir por parte de biólogos y conservacionistas que la caza de leones en el entorno de las reservas es necesaria ya que el valor de la demanda de trofeos es muy superior al turismo fotográfico, pudiendo invertir dicho dinero en la conservación de la especie.

Si hay que eliminar lobos en zonas de alto conflicto ¿no sería más razonable hacerlo sacando un beneficio económico que después revierta en la conservación del lobo y su hábitat?

Personalmente no es una solución que me guste pero entiendo la preocupación de muchos ganaderos que se juegan el pan de sus hijos.

Por tanto: 1) Hay herramientas legales mediante el pago por servicios ambientales y actual PAC (Política Agraria Común) que, aunque insuficientes para nuestros montes, poseen mecanismos para derivar fondos a gestión forestal y conservación 2)

Hay ciencia y técnica que permite a los ganaderos aplicar el pastoreo controlado sin merma de sus producciones y realizando un servicio ambiental 3)

Hay ciencia y técnica en el manejo del fuego técnico para aplicar quemas prescritas con objetivos de creación de pastizales pero también para la reducción de carga de combustible y conservación de hábitats o nichos ecológicos (por ejemplo para la presas del lobo y que no se vea obligado a comer ganado) 4)

Hay ciencia en el conocimiento de la fauna ibérica y propuestas para su adecuada conservación.


¿Qué falta desde mi punto de vista?

1) Voluntad política para ver que Europa demanda áreas salvajes con presencia de fauna entre las que son prioritarios la presencia de nuestros grandes depredadores y que probablemente está dispuesta a pagar por ello

2) Voluntad política para ofrecer a nuestros ganaderos salidas a sus productos y compensar económicamente los servicios ambientales prestados, no sólo las pérdidas puntuales de cabezas de ganado

3)Voluntad de diálogo por todos los actores implicados para resolver el verdadero problema de nuestros bosques: la ausencia de una gestión forestal sostenible y multifuncional

4)Invertir en I+D para conocer los modelos de gestión más adecuados que hagan compatible gestión forestal con conservación, incluyendo censos adecuados de fauna a proteger y/o gestionar

5)Cambio de mentalidad y toma de conciencia para integrar el fuego en la gestión forestal y en los programas de conservación de la fauna amenazada.

Los mega-incendios podrían poner en peligro la conservación de la fauna y de nuestros bosques y la forma de luchar contra ellos es convivir con el fuego aprendiendo a gestionar nuestros combustibles con los diferentes métodos que la naturaleza y la técnica nos han enseñado.

Nuestros políticos no deberían comportarse como inversos de Peter en este tema, que sean competentes, porque gran parte de la solución está en sus manos: escuchar las demandas de los actores implicados y usar las herramientas legales e institucionales que tienen disponibles.

Pero mientras que el político vea barullo en el patio, mientras que vea problemas y falta de unión, no va a priorizar en su agenda el sector forestal y la conservación de la fauna, que sólo le dan "problemas", le resulta más sencillo aplicar el "divide y vencerás" (a veces no le hace ni falta, nos dividimos nosotros solitos).

En la novela "El Lobo Estepario" (1928) de Hermann Hesse (1867-1962), el personaje autobiográfico protagonista Harry Haller, creía que tenía dentro un lobo estepario que dividía su carácter y su vida en dos versiones de sí mismo, y que como no podía ganar ninguna de ellas, la única solución era la muerte: ¿queremos que muera el problema o que muera la solución?


El silogismo de la biomasa y la prevención de incendios

Aún recuerdo con cierto repelús los problemas de lógica del instituto. Lo único que retuve con claridad fue aquello del silogismo aristotélico afirmativo: si A implica B y B implica C entonces A implica C. Este sencillo problema de lógica tiene una fuerte repercusión en la vida diaria.

La sociedad globalizada basada en la comunicación audiovisual, el marketing y la publicidad se ven constantemente bombardeadas por él (y otros algo más complejos pero que no percibimos tan intuitivamente), hasta el punto de que cualquier argumento presentado de esta manera lo entendemos como "lógico" y por tanto verdadero.

Incluso en el mundillo profesional los mensajes corren como la espuma y cuanto más sencillos y lógicos sean más calan en las personas y también en los políticos que se sirven de ellos según sirvan a sus intereses (perdón, a los intereses de los ciudadanos que representan).

Uno de los frentes de batalla del mundo forestal en los últimos años es reivindicar el fomento de la explotación de la madera para obtención de energía.

Para destacar alguno de sus beneficios indirectos se suele aplicar el siguiente silogismo: si el peligro de incendio disminuye extrayendo biomasa y la extracción de biomasa se puede usar para obtener energía, entonces la obtención de energía procedente de la explotación de biomasa forestal implica prevención de incendios...elemental querido Watson ¿o no?

Desglosemos el silogismo para analizar dónde puede tambalearse y dónde es sólido:

Proposición A: El peligro de incendio disminuye extrayendo biomasa

Como ya hemos comentado, para que haya un incendio se necesita oxígeno, calor y vegetación.

Por tanto cuando el fuego ya ha empezado, el calor lo produce el propio incendio, oxígeno hay por todas partes y sólo si hay suficiente biomasa vegetal el fuego sigue activo: si no hay biomasa no hay fuego.

Esta es la base de la gestión de los combustibles para prevenir incendios y de las operaciones de extinción mediante ataque indirecto. Pero ¿vale reducir cualquier tipo de biomasa vegetal?

Los redichos de la ciencia y la ingeniería del fuego solemos hablar de "combustible disponible para arder", entendido como aquel cuyo tamaño y humedad permite la combustión de la biomasa al verse afectada por el frente de llama.

En un bosque ¿toda la biomasa está disponible para arder? La respuesta más visual a esta pregunta es observar lo que queda tras un fuego intenso:

Como se puede comprobar desaparece todo el sotobosque, la hojarasca del suelo, las hojas y ramillos terminales de los pinos, pero no se consumen los troncos, las ramas gruesas y gran parte de las ramas finas.

Quedaos con este dato que pasamos a la segunda proposición.

Proposición B: La extracción de biomasa forestal se puede aprovechar para obtener energía.

Ante la ausencia de política forestal y los vaivenes del mercado de la madera, el fomento de la biomasa forestal es el caballo de Troya que los forestales pretendemos usar para dar solución a la ausencia de gestión de nuestros montes.

El loable esfuerzo del colectivo forestal para fomentar la explotación de nuestros montes se topa constantemente con trabas políticas, administrativas, de colectivos ecologistas e incluso de colegas de la profesión y científicos escépticos que temen la sobreexplotación de nuestros recursos naturales.

Para contrarrestar esto, los colegios profesionales, empresas, propietarios y ayuntamientos han obtenido fondos para demostrar que hay recursos suficientes y que se puede extraer biomasa de manera sostenible.

Como consecuencia de ello (Eduardo va por ti) ahora "una ardilla puede atravesar la Península Ibérica de proyecto en proyecto de ordenación de montes sin necesidad de tocar el suelo" pero la mayoría de ellos están en un cajón esperando a que el gobierno vuelva a primar las renovables o a que nos decidamos a poner calderas de biomasa en todas nuestras casas y edificios.


Pero ¿cual es la biomasa que se usa para obtener energía?

Pues en teoría valdría toda, pero en la práctica y sin entrar en detalles técnicos, la que tiene más rendimiento y por tanto la que debe abastecer el mayor porcentaje de la planta es la MADERA, esto es, los troncos de los árboles y ramas gruesas que tras triturarlos se queman en las calderas para transformarla en energía eléctrica o térmica.

¿Veis ya por dónde voy? Pues pasemos a la conclusión.

Conclusión: La extracción de biomasa para obtención de energía previene los incendios

En 2011 tuve la oportunidad de coordinar una jornada de debate en la que se discutió sobre la compatibilidad de la biomasa forestal para obtener energía y la prevención de incendios forestales.

Aunque todos estábamos de acuerdo en lo esencial, el argumento más repetido fue que el monte gestionado es el que menos arde.

Parecen existir evidencias tanto a favor (siempre se pone de ejemplo los montes de Soria y Burgos) como en contra (los montes gallegos tienen un alto grado de explotación y arden todos los veranos).

Los argumentos más sólidos estarían relacionados con los cambios que implicaría en la socioeconomía, el desarrollo rural y por tanto la disminución de la conflictividad y de las causas intencionadas o negligentes de incendios...bueno y de paso disminuimos la biomasa que aumenta mucho el peligro de incendio ¿o no?

Esta última "coletilla" ha llegado a plantearse como argumento principal en algunas propuestas, hasta el punto que todos hemos interiorizado que disminuyendo la biomasa (cualquier biomasa) se reduce el peligro de incendios.

Hemos incumplido por tanto la regla del silogismo, dando como verdad universal la primera y segunda proposición, cuando sólo eran verdad en parte.

Si decimos "Todos los seres humanos son en esencia buenos, Hitler es un ser humano, luego Hitler es bueno" el silogismo es correcto pero la proposición A es falsa, por tanto la conclusión también lo es.

Reformulación del silogismo de la biomasa y la prevención de incendios:

"Si el peligro de incendio disminuye extrayendo biomasa disponible para arder (arbustos, hierbas, matorrales, árboles en zonas de alta densidad y acumulaciones de hojarasca) y la extracción de biomasa se puede usar para obtener energía, entonces la obtención de energía procedente de la explotación de biomasa forestal, siempre que incluya el aprovechamiento de la vegetación más implicada en el desarrollo de un incendio, implica prevención de incendios"

Como veis mucho más largo y enrevesado y por tanto no vende tanto como el silogismo anterior pero en definitiva lo podemos resumir en la siguiente sentencia:

"El aprovechamiento de biomasa reduce el peligro de incendios forestales si y sólo si se extrae una parte importante del matorral presente, cambiando significativamente los modelos de combustible"

Es una obligación ética de los profesionales forestales no "vender humo" (nunca mejor dicho) y por tanto debemos advertir que no vale cualquier sistema de aprovechamiento para reducir el peligro de incendios.

No lo digo yo, lo dice Aristóteles.

Prevenir incendios pagando a quien cuida nuestros montes

La última entrada del blog "Aula Silvicultura" nos recuerda una cita del Dr. Ingeniero de Montes Rafael Serrada que no tiene desperdicio sobre lo que significa entender el monte y la necesidad de cuidarlo en nuestros tiempos.

La desafección del mundo urbano respecto al mundo rural hace que el urbanita no entienda y por tanto no valore los beneficios directos e indirectos que tiene para su día a día unos montes bien cuidados, unos montes gestionados.

Sí, ya quedó atrás la falacia de que la mejor forma de gestionar nuestro patrimonio natural era NO INTERVENIR. Multitud de evidencias científicas vienen corroborando desde hace algunos años lo que los ingenieros de montes venían haciendo desde mitad del siglo XIX: gestionar para conservar los recursos.

Bien es cierto que los tiempos han cambiado y en muchas zonas "la sombra del árbol vale más que el árbol" y que como decía Machado "Es de necios confundir valor y precio". También los ingenieros de montes hemos cambiado (mal que les pese a algunos).

No vamos por ahí talando encinas y repoblando con eucaliptos (¿se ha hecho alguna vez?). No vamos pensando únicamente en los beneficios directos y empresariales.

La ecología nos ha ensañado que para que la selvicutura sea sostenible hay que entender bien cómo afectan los tratamientos selvícolas a la dinámica de los sistemas forestales.

Debemos priorizar en función de lo que la sociedad nos exija en cada momento.

Pero ¿sabe realmente la sociedad lo que quiere respecto a nuestros montes?

A lo mejor sí, el visitante llega al monte y aprecia un paisaje, una belleza escénica, una biodiversidad vegetal y animal, pero ¿sabe cómo se consigue eso o asume que "es Naturaleza y punto"?

El pasado día 4 de febrero se celebró en el MAGRAMA una jornada sobre Pago por Servicios Ambientales a la que tuve la oportunidad de asistir y en la que se analizaron muchos de estos aspectos que, como no podía ser de otra manera, me los llevaré a mi terreno: la prevención de incendios forestales.

El mecanismo de pagos por servicios ambientales (PSA) es un sistema que pretende "compensar" a los propietarios de montes por el servicio público que están haciendo al conservar los recursos naturales que contienen sus propiedades

¿Y a qué nos estamos refiriendo exactamente cuando hablamos de "servicio público" (ya sea al público en general o a terceros)?

El ejemplo más evidente es el agua. Actualmente el agua que sale del grifo en la mayoría de nuestros pueblos y ciudades proviene de los pantanos ¿son "eternos" estos pantanos? Desgraciadamente NO aunque podrían serlo (o casi) si se gestionaran de manera sostenible.

El mayor problema que tienen los pantanos es la "colmatación", esto es, todo el suelo que arrastra el agua de lluvia de la cuenca que vierte al pantano se va depositando en las laderas y el fondo, con lo que va perdiendo capacidad hasta que finalmente no cumple una de sus funciones: almacenar el agua.

Esto además plantea problemas añadidos ya que se hace cada vez más difícil regular el caudal aguas abajo en caso de crecidas extraordinarias, teniendo que abrir los pantanos con más frecuencia con el consiguiente riesgo de inundaciones.

A nivel ecológico se produce una alteración paulatina de los ecosistemas acuáticos debido a la menor disponibilidad de oxígeno para los animales y plantas (anaerobicidad) que lleva finalmente a la eutrofización de las aguas y su imposiblidad para su uso urbano o incluso agrícola.

¿Podemos detener este proceso? ¿Existe algún ingenio humano o divino capaz de frenar este inevitable fin? ¿Cómo se evita la erosión en la cuenca que vierte al pantano, y cómo regulamos el flujo de agua de lluvia y de deshielo para evitar avenidas e inundaciones?

Un ingenio jamas superado por el ser humano: el bosque. Por tanto el mecanismo de Pagos por Servicios Ambientales plantea una cuestión muy sencilla que parte del principio de subsidiareidad, esto es, el Estado ejecuta una medida orientada al bien común cuando advierte que los particulares no la realizan adecuadamente, sea por imposibilidad o por cualquier otra razón.

En este caso se considera que si los propietarios públicos o privados de los terrenos que vierten a la cuenca realizan una gestión adecuada y contribuyen a la regulación del ciclo hidrológico para hacer sostenible el mantenimiento del pantano y la calidad de sus aguas entonces la sociedad beneficiaria de dicho bien preciado, el agua, debería compensarles con un pago por el servicio ambiental prestado.

Simple, sencillo y si hubiese voluntad política para ponerlo en marcha, altamente eficaz.

Esta filosofía económica de pagar por servicios ambientales, según el Profesor Martínez-Anguita, debe ser pilotada por el Estado, CCAA o municipios, ya que el mercado sabe recompensar los bienes pero no los servicios.

Además, y lo que es más importante, el sistema económico puede colapsar si se pierde la "ligazón a la tierra" (o Tierra en sentido amplio) ya que los recursos primarios proceden de ella.

El agua es la prueba de este hecho en muchos países donde es el recurso más valioso por su escasez, pero podríamos hablar de fuentes de energía, minerales, etc., sin los cuales no existiría la economía tal como la conocemos.

Por tanto el reto está en VALORAR las externalidades positivas de los sistemas forestales aunque no tengan precio de mercado.


La únicas formas de no entrar en colapso son:

1) imponer restricciones legales estrictas al abuso ambiental por parte de la industria

2) compensar a aquellos que sostienen adecuadamente la base del sistema económico, esto es: la "tierra".

Esta compensación no tiene por qué ser una subvención directa. A veces a los propietarios les viene mejor incentivos fiscales o el fomento de actividades económicas que den salida a sus productos directos (con precio de mercado).

El pilotaje de las políticas públicas en este sentido es fundamental e incluso se están planteando mecanismos anidados, esto es, que los poderes públicos a distintas escalas (nacional, regional, local) estén coordinados para complementar las rentas de los propietarios que realicen un servicio ambiental y apoyando en las medidas de las mejores capacidades de cada administración.

Por su parte el propietario debe ser sensible al bien común que realiza, no es un mero intercambio comercial, debe ser un intercambio recíproco con la sociedad, que parte de un punto común: la conservación y sostenibilidad de los sistemas forestales y agrarios.

El Profesor Martínez-Anguita lo resumió en esta frase más o menos literal:

"Yo custodio lo mío, lo conservo y lo hago por el interés común para que también el común me lo reconozca y por tanto me lo pague como servicio ambiental" (otro día hablamos de los "custodios" y la relación de los PSA con la "Custodia del Territorio")


¿Qué tiene esto que ver con los incendios forestales? En realidad TODO.

Una de las mayores amenazas de nuestros sistemas forestales en el Mediterráneo son los incendios forestales, tanto más en un contexto de cambio global (socioeconómico y climático) en el que hay abandono rural (más biomasa disponible para arder) y aumento de episodios meteorológicos extremos (incendios fuera de capacidad de extinción de cualquier dispositivo).

Los mayores retos son por tanto: 1) reducir el número de focos de ignición humanos y 2) gestionar el combustible para prevenir incendios.

Ambos problemas subyacen del mundo rural (el poco que queda) y en los últimos tiempos también en el mundo urbano (interfaz urbano-forestal).

Los seis criterios descritos para la gestión forestal sostenible en el proceso de Helsinki-Lisboa son:


Criterio 1: Contribución de los recursos forestales a los ciclos globales de C

Criterio 2: Mantenimiento de la salud y vitalidad de los ecosistemas forestales

Criterio 3: Mantenimiento y apoyo de las funciones productivas de los bosques

Criterio 4: Mantenimiento, conservación y aumento de la biodiversidad

Criterio 5: Mantenimiento y adecuado aumento de las funciones de protección

Criterio 6: Mantenimiento de las funciones socioeconómicas


Todas aquellas acciones que tiendan a cumplir alguno de dichos criterios serían susceptibles, en mi opinión, de ser compensadas por servicio ambiental...¡¡pero es que la prevención de incendios forestales afecta directamente a los 6 criterios!

Los incendios forestales son un fenómeno que se solapa con otros que alteran los recursos naturales y la sostenibilidad de nuestros sistemas ecológicos: contribución a las emisiones de CO2, aumento de la erosión, riesgo de desertificación en zonas áridas, peligro para especies protegidas sensibles al fuego, y ¡tachán! regulación del ciclo del agua al desparecer (al menos temporalmente) la cubierta vegetal, lo que afecta la salud, vitalidad, funciones productivas, biodiversidad y socioeconomía.

Evidentemente un incendio no es siempre tan catastrófico como para afectar a todos los criterios en niveles altos, pero la tendencia es que haya cada vez más mega-incendios de alta severidad en el que esto sea así.

Compensar por ello a propietarios públicos y privados sería un incentivo sin precedentes para que se reactiven actividades agrarias que disminuyen el peligro de incendios al reducir los focos de ignición (la población se implica en la protección frente a incendios) y a gestionar los combustibles de manera extensiva (aprovechamientos forestales, desbroces, quemas prescritas, pastoreo controlado) activando con ello políticas de desarrollo rural que fijen población co-responsable con el cuidado del territorio.

Parece cada vez más claro que si existe alguna posibilidad de activación del sector forestal va a venir de la mano de la valoración social de sus beneficios ambientales que deberían completar las rentas de los propietarios obtenidas por su beneficios directos, actualmente claramente insuficientes para mantener si quiera los gastos fijos de sus explotaciones ¿seremos capaces entre todos de conseguirlo?

Nuestros montes serán testigos de ello...esperemos serlo nosotros también.

Combustibles forestales, modelos, simuladores de incendios...y Groucho Marx

"La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte" o lo que es lo mismo "Los modelos de combustibles forestales se usan en los modelos de comportamiento del fuego para que simulen el comportamiento del fuego".

Nadie como Groucho Marx para sacar una genialidad de un galimatías sinsentido. En ciencia y en técnica es muy frecuente el uso de terminología confusa que genera aún más confusión en los "legos", esto es, en los que no sean profesionales en la materia (incluso a veces en algunos profesionales).

Una vez más las conversaciones tuiteras dan para mucho y me han sugerido hacer de "profe" para aclarar algunos conceptos que corren por las redes y la prensa ¿Es lo mismo modelo de combustible que modelo de comportamiento del fuego? ¿qué simula un simulador de incendios? ¿es un simulador un "modelo"?

No disimules, que sé que te gustan los/las modelos, así que no vas a tener más remedio que seguir leyendo....

Fijaos la multitud de acepciones que la RAE da a la palabra "modelo":

(Del it. modello).

1. Arquetipo o punto de referencia para imitarlo o reproducirlo.

2. En las obras de ingenio y en las acciones morales, ejemplar que por su perfección se debe seguir e imitar.

3. Representación en pequeño de alguna cosa.

4. Esquema teórico, generalmente en forma matemática, de un sistema o de una realidad compleja, como la evolución económica de un país, que se elabora para facilitar su comprensión y el estudio de su comportamiento.

5. Objeto, aparato, construcción, etc., o conjunto de ellos realizados con arreglo a un mismo diseño. Auto modelo 1976. Lavadora último modelo.

6. Vestido con características únicas, creado por determinado modista, y, en general, cualquier prenda de vestir que esté de moda.

7. En empresas, u. en aposición para indicar que lo designado por el nombre anterior ha sido creado como ejemplar o se considera que puede serlo. Empresa modelo. Granjas modelo.

8. Figura de barro, yeso o cera, que se ha de reproducir en madera, mármol o metal.

9. Cuba. impreso (‖ hoja con espacios en blanco).

10. Persona de buena figura que en las tiendas de modas se pone los vestidos, trajes y otras prendas para que las vean los clientes.

11. Persona u objeto que copia el artista.

Como no podía ser de otra manera es una palabra que viene del italiano ya que el arquetipo de la belleza clásica en la cultura grecolatina ha perdurado hasta nuestros días.

Está claro que cuando en el contexto de ciencia hablamos de "modelo" nos referimos más a la acepción cuarta... ¿seguro? Veamos un ejemplo.

Todo el mundo tiene claro que una persona con buena figura (acepción 10) que vista con características únicas (acepción 6) para convertirse en un arquetipo (acepción 1) son modelos que encima salen todos los días en prime time por obra y gracia de Pedro Piqueras.

Pero ¿y cuando los mortales nos ponemos los "modelitos" de las revistas? ¿nos quedan igual de bien?

Esto es un ejemplo claro de "modelo de combustible".

Sí, sí, y no me refiero a los calores de vergüenza ajena que nos entran al ver al modelo de la foto (táchese donde no proceda: izquierda/derecha) sino a que este problema es el que nos encontramos al intentar usar un "modelo de combustible" en la realidad de nuestros montes.

Este concepto surge de la necesidad de simplificar la realidad (no me refiero a CR9, todo el mundo sabe que es un tío complejo).

Como conocéis de anteriores entradas, el comportamiento del fuego forestal en el monte depende de los combustibles, la meteorología y la topografía (triángulo del fuego).

Los combustibles forestales son aquellas partes de las plantas que están disponibles para arder en caso de incendio.

Para ello necesitamos saber qué cantidad y proporción de biomasa corresponde a partes vivas de la planta, cuáles a partes muertas y a su vez que proporción por clases de tamaño (diámetro de las ramas y ramillos) ya que de ello depende la velocidad de combustión de dichas plantas (a más proporción de partes finas más rápida será la combustión y por tanto más rápido avanza el fuego).

A su vez debemos saber la altura de la vegetación arbustiva y herbácea y su cobertura, esto es, la proporción de vegetación que cubre el suelo dando continuidad horizontal.

Debemos conocer la continuidad vertical con las copas de los árboles para poder estimar la probabilidad de que el fuego se propague hacia el dosel arbóreo. Es imprescindible saber la estructura vertical de la biomasa de los árboles para predecir el avance de un fuego activo a través de las copas.

Como es imposible disponer de todos esos datos para toda la superficie forestal, se ha propuesto simplificar dicha realidad y por tanto definir estructuras de vegetación (por grupos de especies, altura, biomasa y cobertura) que se asume que van a arder de manera "parecida" en caso de incendio, configurando lo que denominamos "modelo de combustible".

Por tanto cuando hablamos de "modelo de combustible" estamos hablando de un arquetipo (acepción 1 de la RAE) o en sentido más amplio sería un esquema teórico de un sistema o realidad compleja (acepción 4 de la RAE) pero en todo caso NO es un modelo matemático y deberíamos considerarlo como un modelo descriptivo de dicha realidad vista desde el ojo de un profesional de los incendios, esto es, asumiendo que es vegetación que puede arder, que va a arder ("para el martillo todo es clavo").

Ello trae consigo el inconveniente "efecto calzoncillo ARMANI de CR9": no todos las marcas y modelos se adaptan a la realidad de cada zona y por tanto se topan de bruces con estructuras de vegetación no previstas o que no responden convenientemente a los ecosistemas que se quieren caracterizar.

El sistema americano de clasificación de combustibles forestales, denominado sistema BEHAVE, intentó simplificar la realidad (americana) en 13 modelos de combustible que son los que se utilizan con más frecuencia en España, con lo que ya os podéis ir haciendo una idea de la primera dificultad a la que se enfrentaron los servicios forestales: adaptar a la realidad española los modelos americanos que a su vez eran una idealización de la vegetación de EEUU.

Este sistema fue propuesto por un equipo del USDA Forest Service de EEUU a lo largo de la década de 1980 entre los que se encontraba el ingeniero aeronáutico Richard C. Rothermel, autor del modelo de predicción de comportamiento del fuego más usado en todo el mundo que desarrolló en la década de 1970 (ya ha llovido).

Este sí es un modelo matemático (acepción 4 de la RAE) de predicción, una de cuyas entradas necesarias para que ofrezca una solución es...

¡Las características del combustible! o simplificando la realidad, los "modelos de combustible". Curiosamente para desarrollar dichas ecuaciones se realizaron muchos experimentos a escala de laboratorio para lo que se usaron "modelos a escala" (acepciones 3 y 5 de la RAE), añadiendo aún más confusión al asunto.

Por tanto espero que ya se vaya entendiendo la primera parte del "galimatías" de Groucho: "Los modelosde combustibles forestales (como simplificación de la vegetación) se usan como dato (entrada, input) en los modelos de comportamiento del fuego (ecuaciones matemáticas) que son los que predicen el comportamiento del fuego forestal".

Por último, cuando decimos que usamos un modelo de simulación de incendios forestales no estamos hablando ni de los modelos de combustible, ni del modelo de Rothermel.

Como hemos comentado dicho comportamiento depende del triángulo del fuego, cada una de dichas disciplinas (combustibles, meteorología, topografía) dispone de sus modelos propios.

Por tanto estamos definiendo un sistema de modelos más o menos complejo (también acepción 4 de la RAE), generalmente integrado en un programa informático en el que introduciendo unos datos de entrada que definen el triángulo del fuego en nuestra zona de estudio, nos ofrece unos datos de salida simulando el comportamiento del fuego.

Así por ejemplo las ecuaciones de Rothermel, junto con otras que predicen los saltos de fuego por pavesas, la aceleración del frente de llama, etc. se implementaron en la familia de programas del USDA Forest Service entre los cuales se diseñaron simuladores cartográficos como FARSITE y FLAMMAP que posteriormente han sufrido mejoras importantes en España con simuladores como WILDFIRE ANALYST y VISUALCARDIN, todos ellos basados en los modelos originales de propagación de Rothermel.

Joaquín Ramírez (Tecnosylva) explica como funciona y qué aplicaciones tiene el simulador Wildfire Analyst

Muchas veces los problemas de comunicación entre los "profesionales" de los incendios y el gran público parten de la propia ambigüedad del lenguaje, del argot técnico que genera distintas acepciones de la misma palabra y en muchas ocasiones del principio español de "hablar sin saber"...¿o somo los del selecto club de la ciencia los que liamos todo? Menos mal que Groucho nos saca siempre de dudas:

"Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer"

Si un cortafuegos no para el fuego ¿para qué sirve?

En diferentes foros existe discusión a propósito de la selvicultura más eficaz en el diseño y mantenimiento de cortafuegos.

Hay cierta controversia ya que las áreas cortafuegos suelen diseñarse con muy baja espesura de arbolado, cosa que parece contradictoria con la prevención, ya que la puesta en luz del banco de semillas de matorral genera la aparición de modelos de combustible más peligrosos transcurridos unos años tras la intervención.

Teniendo en cuenta las restricciones presupuestarias actuales, no hay que andar mucho para ver gran cantidad de cortafuegos invadidos por matorral, dejando de cumplir su función...pero ¿qué función tiene un cortafuegos? Muchos pensaréis que como su propio nombre indica, sirve para cortar (parar) el fuego en caso de incendio.

Y es cierto pero con un importante matiz: sólo en el caso en que actúen los medios de extinción.

El término anglosajón es "fuelbreak" (ruptura de combustible) y no "firebreak".

Los mal llamados "cortafuegos" no son infraestructuras "pasivas" donde hay que confiar en que el fuego se va a parar cuando llegue, sino que, como bien nos apunta @SEIF_Cuenca por experiencia propia, son zonas de trabajo para que los Servicios de Extinción puedan empezar una estrategia de ataque/defensa de manera segura.

Se entiende por tanto que estas zonas deben tener el mejor mantenimiento posible porque de ello depende la seguridad de los bomberos/as forestales que van a actuar en caso de incendio.

La gestión de los combustibles forestales para prevenir incendios a escala paisaje, a grandes rasgos y sin relatar tediosas repelencias técnicas de las que tanto nos gusta presumir, se basa en dos tipos de actuaciones: diseño y mantenimiento de áreas de defensa (cortafuegos) y cambios de modelos de combustible mediante una adecuada selvicultura que tenga en cuenta criterios de prevención de incendios.

Los ingenieros de montes que diseñan los planes comarcales de prevención de incendios planifican en el espacio y en el tiempo las actuaciones que SE DEBERÍAN llevar a cabo (ya no se hacen en su mayoría por falta de dinero) para disminuir el peligro de incendios, optimizando los recursos disponibles.

El problema desde hace ya muchos años es que en nuestros montes cada vez tiene menos sentido diseñar unos tratamientos selvícolas compatibles con la prevención porque ¡no se hace selvicultura!

La ausencia de gestión de nuestros montes ha hecho desaparecer la selvicultura en muchos de ellos como actividad principal.

Sin entrar en polémicas de la conveniencia o no de este hecho para nuestros sistemas forestales, lo cierto es que el grueso del dinero público dedicado a selvicultura (que es escaso) se concentra en el mantenimiento de áreas de defensa (cortafuegos) por eso en muchas ocasiones se denomina como "selvicultura preventiva" lo que en sentido amplio se debería denominar "diseño y mantenimiento de infraestructuras de defensa contra incendios" que incluiría también la ubicación de puntos de agua, puntos de vigilancia y mejora de las pistas y accesos.

Esta confusión entre lo que debería ser -gestionar las masas a nivel de paisaje mediante una selvicultura compatible con la prevención de incendios- y gestionar únicamente las infraestructuras que sirven de apoyo a los medios de extinción en caso de incendio, es lo que genera controversia porque se usan los mismos medios (tratamientos selvícolas) para diferentes fines.

Las peculiaridades de los fines de un área de defensa hace que nos alejemos de los criterios que de manera clásica se deberían adoptar en un rodal a escala monte o tesela a nivel paisaje.

En estas condiciones los cortafuegos son ineficaces si no actúan los medios de extinción

La selvicultura aplicada en la apertura de la masa (ruptura de la continuidad horizontal y vertical del combustible) en el entorno de pistas y caminos de manera que lo podamos convertir en un área de defensa (cortafuegos) presenta dudas de su eficacia ya que la más que probable ausencia de mantenimiento futuro generará una proliferación del matorral ¿posible solución? mantener los bosques en alta espesura para evitar la presencia de matorral bajo copas.

Esta solución reconozco que es tentadora a escala paisaje puesto que se formarían modelos de hojarasca bajo arbolado (modelos 8, 9 del sistema BEHAVE) que son poco peligrosos en caso de incendio, donde disminuye mucho la intensidad de llama y da oportunidades a los medios de extinción para controlar el incendio ¿es esto viable en una zona donde se prevé van a actuar los medios de extinción?

Creo que no, al menos si se prevé actuar con motobombas, maquinaria y realizando quemas de ensanche o contrafuegos y se quiere tener garantía de vías de escape en caso de contingencia o alteración del plan de ataque.

Otra cosa distinta es dejar de invertir en tratamientos selvícolas en áreas de defensa donde NO se tengan las garantías presupuestarias para su mantenimiento ya que es dinero de muy corto recorrido (a lo sumo 3-5 años hasta que la zona sea invadida por matorral).

Por tanto los Servicios Provinciales, Planes Comarcales y Comunidades Autónomas deben cambiar su mentalidad.

No es hacer cortafuegos a toda costa para prevenir incendios, es hacer buenos cortafuegos (áreas de defensa contra incendios), bien diseñados y con garantías de mantenimiento para la adecuada seguridad de los medios de extinción y la óptima planificación de estrategias de ataque al incendio.

La presencia de cortafuegos (infraestructuras de defensa) pueden resultar incómodos o impactantes visualmente pero son imprescindibles para salvar nuestros montes y para que nuestros bomberos/as trabajen con seguridad y eficacia.


Los retos son por tanto:

Mejorar los sistemas de mantenimiento de estas infraestructuras para que sigan cumpliendo su función con el menor gasto posible.

Para ello se están proponiendo sistemas sencillos como el pastoreo controlado y las quemas prescritas (o la combinación de ambas) y el uso de maquinaria (incluidos tractores agrícolas) donde las condiciones lo permitan.

Todas estas técnicas permiten implicar a la población rural en la prevención de incendios, siendo las áreas de defensa un punto de encuentro entre algunos usos y aprovechamientos agrarios compatibles con la defensa contra incendios.

Cambiar el concepto de selvicultura clásica ya que desde mi punto de vista no es aplicable a estas zonas.

Por decirlo de una manera sencilla, el objetivo de un área preventiva es reconvertir una zona forestal a un área agraria donde ya no prima el objetivo de persistencia, regeneración y estabilidad forestal, sino que en realidad hay que pensar en estas zonas como áreas sobreexplotadas ya que lo que nos interesa es tenerlas libres de vegetación.

Y la idea no es dejarlo siempre como una "patena" sino que estas áreas pueden ser compatibles con siembras y mejora de pastos para ganado (doméstico o silvestre), acceso a fincas, áreas de difícil acceso para agentes forestales y medioambientales, etc. y deben evitar, en la medida de lo posible, la erosión en zonas de fuertes pendientes (no vale todo en aras de la prevención de incendios).

Se necesita mantener el entorno de las áreas de defensa con modelos de combustible poco peligrosos.

Por tanto siempre que sea posible (ahora sí) deberíamos mantener las masas a alta espesura para evitar la proliferación de matorral (modelos de hojarasca bajo arbolado, 8 y 9 del sistema BEHAVE).

Esto permite a los medios trabajar con seguridad en la ejecución de quemas de ensanche apoyadas en el área de defensa, disminuir el peligro de atrapamiento por saltos de fuego de una lado al otro del cortafuegos, aumentar la eficacia de las descargas de medios áreos y disminuir la intensidad del frente de fuego para poder adoptar un ataque directo.

La única salvedad que implica esta medida es que aumentaría la probabilidad de que un fuego activo de copas pudiera comprometer la posición de los bomberos operando en el área de defensa.

En este caso en el que se haya observado fuego de copas en el frente se debe tener en cuenta para operar con seguridad. La única solución (siempre sin garantía total) para evitar fuego de copas activo es mantener grandes superficies de baja espesura y sin matorral bajo copas, situación utópica en las condiciones económicas y sociales en las que nos encontramos.

Por tanto la solución de compromiso sería zonas muy abiertas en lo que llamamos "área de defensa" o "cortafuegos" y modelos de bajo peligro (hojarasca bajo arbolado) en el entorno y a lo largo de dichas áreas, conseguidas a medio y largo plazo mediante el mantenimiento de bosques en alta espesura para evitar modelos de matorral bajo copas.

Estas zonas de alta espesura serían fácil de mantener mediante el uso de quemas prescritas.

Las quemas de ensanche apoyadas en áreas de defensa (cortafuegos) son una herramienta muy eficaz para aumentar el área libre de combustible en la planificación de un ataque indirecto a un frente de fuego

Es necesario un cambio de mentalidad en el diseño de las áreas preventivas para aumentar su eficacia y disminuir su impacto visual.

Actualmente se suele huir de la apertura de cortafuegos clásicos por máxima pendiente, en la divisoria y completamente libres de vegetación.

La mayoría de las comunidades autónomas suelen concentrar sus esfuerzos en convertir el entorno de pistas forestales estrategicamente situadas.

En este caso un camino, antiguo cortafuegos o pista, da paso a un monte más o menos hueco ("adehesado").

El problema es que el desbroce y clareo termina con el ancho determinado en las prescripciones técnicas y el presupuesto (por ejemplo 25 m) a partir de cuyo límite no se realiza tratamiento alguno.

Esto es consecuencia de que generalmente el diseño es muy simplista, adoptando dicha franja de ancho fijo independientemente del modelo de combustible presente, la pendiente, exposición de la zona y situación frente a vientos dominantes o vientos locales.

En mi opinión estas variables deberían determinar el ancho en cada zona y actualmente existen herramientas basadas en tecnologías de la información geográfica (TIG) que permitirían optimizar estos diseños disminuyendo el impacto visual al generar bordes irregulares o difusos, así como en muchos casos disminuir la superficie de actuación sin disminuir la eficacia de la infraestructura.

Los bordes difusos permiten además diseños y puestas en obra más flexibles cuando se usan técnicas de mantenimiento como el pastoreo controlado y las quemas prescritas que no son tan "exactas" como los desbroces en cuanto al consumo del combustible deseado y las distancias al eje de la línea de defensa.

La optimización de estos anchos permitirían invertir en selvicultura en el entorno de dichos cortafuegos, acción tan importante como la propia área de defensa, ya que sería garantía de una disminución de intensidad en caso de llegada del frente de llama y, como se ha comentado, de facilidad y seguridad de ejecución de quemas de ensanche.


¿Por qué sube un fuego desde el matorral a las copas de los arboles?


Aprovechando el tirón del proyecto #infocopas cuyos resultados fueron divulgados en una exitosa jornada en Córdoba la pasada semana, comenzaré con una serie de entradas para intentar explicar los modelos más utilizados que permiten predecir la probabilidad de que el fuego pase de los combustibles de superficie (hojarasca, herbáceas, matorral) a las copas de los árboles durante un incendio forestal.

En el mencionado proyecto se han llevado a cabo varias líneas de investigación con diferentes enfoques a distintas escalas que han permitido ofrecer algunas respuestas y han abierto, cómo no, nuevas incógnitas o cuestiones aún por resolver desde la ciencia forestal.

En el Laboratorio de incendios forestales del INIA estamos especializados en ensayos a escala de laboratorio, por tanto me centraré en esa parte en la que, lógicamente, estuve directamente implicado en el diseño de los experimentos y elaboración de resultados.

Los resultados consideramos que podrían ser de aplicación a las condiciones españolas donde existen abundantes masas forestales con alta continuidad vertical, en contraste con las masas americanas o canadienses donde se desarrollaron los modelos que usamos en todo el mundo.

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