Sapos para volar con escobas

Sapos para volar con escobas¿Desde cuándo existen las brujas?

¿Alguna vez te preguntaste por qué había brujas, o por qué son casi siempre mujeres?

Desde mitos agrarios que relacionaban la fecundidad con el misterio de la renovación de las plantas hasta sofisticados ritos supuestamente demoníacos, se erige la bruja –la mujer– como principal “usufructuaria” de habilidades o poderes mágicos para adivinar el futuro o influir en hechos y personas.

Los orígenes de la brujería se remontan, según algunos estudiosos, a una antigua religión neolítica en la que solían practicarse sacrificios humanos, aunque otros critican este paralelismo por no haber suficientes pruebas que corroboren tal afirmación.

Los que la apoyan cuentan con la supuesta correspondencia entre las “noches de brujas” (sabbat o aquelarre) y las fechas en que se realizaban los ritos de fertilidad para que la naturaleza no fuera invadida o poseída por el invierno y diera grandes y buenas cosechas en el verano, que serían alrededor del 31 de julio y el 1 de febrero nuestros.

De allí la gran importancia simbólica y mágica de los solsticios, que permanecería como un rastro subterráneo ligado a influencias germánicas y celtas, a su vez residuos de ritos femeninos grecorromanos a Dionisos o Baco, y a otros dioses y ritos tracios. 

Lo cierto es que tanto los rituales agrarios como los simbolismos lunares asocian a la mujer como fuente de misterio y de poder, como conocedora de las plantas mágicas y sus efectos.

De hecho, en las antiguas Roma y Grecia se hacía la distinción entre magia buena y magia mala, castigándose severamente esta última.

La magia benéfica se hacía en público y se consideraba necesaria, y para ello existían los augures romanos, por ejemplo, que se encargaban de estas actividades. 

Los augures eran sacerdotes que practicaban la adivinación (de allí el “augurio”); solían ser cargos oficiales, aunque había algunos augures particulares.

La magia mala o negra, en cambio, se hacía para infligir daño, y se le atribuía generalmente a las maleficae –hechiceras, en latín–, de quienes lamentablemente hay numerosísimas menciones en textos clásicos. 

Según estos autores, las hechiceras tenían la facultad de transformarse en animales, de volar y de practicar la magia tanto en provecho propio como por encargo de otras personas; solían dedicarse sobre todo a la magia erótica pero también a provocar enfermedades o tempestades.

Sus reuniones ocurrían de noche y hacían conjuros donde invocaban a las diosas Hécate, Artemisa o Selene. Sin embargo, y a pesar de todos estos detalles, los autores clásicos se mostraron casi siempre escépticos a las supuestas facultades de las brujas.

Por otro lado, en el Antiguo Testamento cristiano (la Torah judía) no hay distinciones entre buena y mala hechicería: sencillamente se prohíbe su práctica por considerarse apóstata, es decir, por renegar de Dios y creer en otros dioses. 

Se castigaba con la pena de muerte, tal como se lee en Éxodo 22:18, “A la hechicera no la dejarás que viva”. 

Lo curioso es que, tanto en la Torah o Antiguo Testamento como en la cultura grecorromana, la brujería aparece asociada mayormente a las mujeres.

Y aquí entramos en el terreno más escabroso y por el que más se conoce a las brujas: su relación con el cristianismo de la Edad Media. 

Debemos mencionar, sin embargo, que los padres de la Iglesia, específicamente San Agustín de Hipona, mostraron dudas sobre la realidad de la brujería. 

San Agustín no creía en la facultad de metamorfosearse en animales, pero desarrolló la idea de que eran delirios provocados por el demonio.

A pesar de ello, se promulgaron varias leyes en contra de practicar la magia y la adivinación muy tempranamente: el Código Teodosiano en 429, el segundo Código Justiniano en 534 (prohíbe consultar astrólogos y adivinos), el Código de Elvira en 306, o el Concilio de Laodicea en 360, que pide la excomunión a quien practique brujería, adivinación, astrología o magia. Todo estaba condenado como culto pagano.

Pero a partir del siglo XIII las cosas cambiaron para peor: comienzan a difundirse textos en donde algunos clérigos eruditos dejan pasar la idea de que los cristianos, a veces, permitían que el demonio se apoderase de ellos o de alguna parte de su ser, y es así como se pasa de ver la brujería como una superstición –o como resultado de ilusiones demoníacas– a verla como una práctica en la que se busca pactar con Satanás. 

De allí la necesidad imperiosa de descubrir quién puede ser bruja o brujo y de clasificar sus prácticas.

En este punto, la creencia de que el demonio interviene directamente en la vida cotidiana se hace más real que nunca, y la preocupación invade a todo el mundo; por ello la brujería se equiparó a la herejía, y santo Tomás de Aquino formula entonces su famosa teoría de demonios íncubos y súcubos con la que pretendió precisar la causalidad de las relaciones sexuales entre humanos y demonios (como narra el Libro de Enoc). 

La brujería se asocia definitivamente con el culto al diablo, la idolatría y la herejía.

Surge también el Malleus maleficarum (“El martillo de las brujas”), manual para inquisidores escrito por los dominicos alemanes Heinrich Krämer y Jacob Sprenger en el siglo XV, y personifica la peor pesadilla de prácticamente cualquier mujer de la época. 

No sólo certifica la existencia de las brujas, sino que afirma que el no creer en ellas es un delito equivalente a la herejía.

Es una recopilación de gran cantidad de historias, presentadas no como superstición sino como hechos reales de pactos diabólicos y poderes mágicos, y muestra una notable obsesión por el tema sexual en relación con las brujas. La razón que esgrimen para identificarlas especialmente como mujeres es que “toda brujería procede del apetito carnal, que en las mujeres es insaciable”.

El indudable tinte misógino de éste y otros libros de la época es una muestra de la visión de las mujeres como pecadoras, peligrosas y seres inferiores a quienes había que dominar. Por supuesto, comenzaron a salir numerosas brujas, siendo estos libros el fundamento principal para lo que se conoció como caza de brujas.

Las prácticas que se les atribuían eran el pacto con el diablo, la celebración de aquelarres –que por otra parte nunca se pudo probar–, el vuelo nocturno sobre animales voladores o sobre escobas, objeto casi exclusivo femenino; la transformación en animales, sobre todo en gatos negros, y la magia negra, es decir, de hacer magia con fines malévolos donde supuestamente hacían morir al ganado o enfermaban a las personas. 

Ninguna de estas facultades ha sido probada nunca.

La historia religiosa de Occidente tiene un capítulo muy negro con las brujas y la persecución inhumana que de las mujeres hicieron, aunque es preciso mencionar que también hombres y niños fueron acusados de brujos y quemados en la hoguera. 

Uno de los episodios más terribles en Europa fue el caso de las brujas de Zugarramurdi, y en América las brujas de Salem.

El temor a lo que no se comprende fue la principal causa de la muerte de muchos miles de seres inocentes, tanto en el catolicismo como en el protestantismo. 

Sin embargo, la brujería y la magia siguen estando arraigadas en la cultura popular, pues ahora como antes sigue habiendo personas que creen en otros dioses; en ocasiones los rituales utilizados nos suenan a otra cosa, que generalmente no conocemos, y los asociamos con algo malo… 



Sapos para volar con escobas.

Mucho se ha discutido no sólo del origen de la brujería sino también de la típica imagen de la bruja montada en escoba.
El prototipo de la bruja
Con el paso del tiempo se han ido añadiendo historias inverosímiles y adjetivos hasta convertirla prácticamente en leyenda.

Además el simbolismo de la escoba se ha interpretado de diversas formas.

Para algunos autores se trata de un símbolo fálico, lo que se relacionaría con la supuesta promiscuidad sexual de las brujas.

Otras teorías mencionan que la escoba pudo haber sido utilizada para administrarse determinadas drogas.

Nosotros indagaremos sobre la versión que nos compete, describiendo brevemente antes que nada (muy de pasada) el origen del arquetipo de la bruja o uno de los posibles orígenes.

El prototipo de la bruja como una mujer vieja, de nariz aguileña y con un inmenso conocimiento sobre pócimas proviene del siglo XVIII, cuando el historiador francés Jules Michelet, famoso por sus libros sobre el origen de la brujería, las describió como ancianas de mal aspecto que eran rechazadas por la sociedad porque habían fracasado en la vida como mujeres o habían sido deshonradas.
Aunque hubo un significativo porcentaje de hombres procesados y ejecutados por delitos de brujería, se consideraba a la mujer más inclinada al pecado, más receptiva a la influencia del demonio, y, por tanto, más proclive a convertirse en bruja.

De esta manera tenían que huir normalmente a zonas boscosas y de montaña si no querían ser capturadas en las famosas cacerías de brujas y ejecutadas posteriormente.

El total aislamiento en el bosque y su supervivencia les proporcionó una cierta sabiduría que sólo poseían ellas sobre la utilización de plantas y animales, así como propiedades curativas y medicinales de los mismos.

Según Michelet, su conocimiento sobre el poder de las plantas y animales se especializó por la continua búsqueda de alucinógenos que les ayudaran a tener visiones lo suficientemente reales y duraderas para sobrellevar la soledad.

Una de las primeras representaciones del Sabbat en 1460

Se creía que las brujas celebraban reuniones nocturnas en las que adoraban al Demonio. Estas reuniones reciben diversos nombres en la época, aunque predominan dos: sabbat y aquelarre.

En los aquelarres se realizaban ritos que suponían una inversión sacrílega de los cristianos.

Es en este momento, durante la realización del aquelarre, donde cobra significado nuestra imagen de la bruja montada en escoba.

Durante el aquelarre las brujas tomaban un sapo (otra imagen aunque menos frecuente), el cual colocaban sobre una mesa y comenzaban a mutilar mediante una serie de duros golpes con palos.

Debían exprimir hasta tal punto la piel del sapo como para obtener una cantidad considerable de sustancia acuosa.

Esta sustancia, de naturaleza tóxica y alucinógena, era consumida por las brujas para colocarse y poder tener alucinaciones como por ejemplo una sensación extraña de estar volando.

Sapo de caña (Rhinella marina)
Sapo de caña (Rhinella marina)
Sustancias tóxicas y alucinógenas en la piel de los anfibios.

Algunos grupos de ranas y salamandras poseen toxinas en su piel y los sapos presentan glándulas externas que secretan sustancias tóxicas.

Las toxinas presentes en la piel de los anfibios las utilizan principalmente para su protección contra microorganismos, tales como bacterias, hongos y levaduras, más que para atacar a los depredadores.

Las toxinas son producidas en unas glándulas granulosas distribuidas en toda la superficie de la piel y secretadas en pequeñas cantidades.

El grupo de los Anuros es el que se ha informado como el que posee mayor cantidad de toxinas en su piel.

Dentro de este grupo de anfibios, los miembros de las familias Dendrobatidae y Bufonidae son los únicos que se le han encontrado sustancias tóxicas en la piel.

En Panamá, Rhinella marina, perteneciente a la Familia Bufonidae presenta bufotenina (N-dimetil-5-hidroxitriptamina) un alcaloide con efectos alucinógenos, derivado de la serotonina, por dimetilación de su grupo amina.

Es un potente enteógeno, que actúa por vía inhalatoria o digestiva sobre receptores específicos de la corteza cerebral.

Esta especie está incluida en la Lista de las 100 de las Especies Exóticas Invasoras más dañinas del mundo.

Por otro lado, se ha establecido según las investigaciones, que el tipo de alimento que consumen los anfibios con toxinas en su piel está muy relacionado con la producción de éstas, ya que cuando se mantienen en cautividad disminuyen o desaparecen las toxinas presentes en la piel. 

Y tú, ¿crees en brujas?


El martillo de las brujas ( Fragmento) 1486 | VCN
... El martillo de las brujas ... pacto formal con el Demonio ( Fragmento) 1486. El método con que profesan su sacrilegio mediante un franco pacto ...





El fanatismo...Dios y la humanidad | VCN
 ... Respecto a la herejía y la brujería, dos versículos bíblicos en especial, ... (" Martillo de las Brujas"), un manual que describe y establece todo lo ...





Mary Elizabeth Braddon , El Abrazo Frío (Fragmento) | VCN
 ... El martillo de las brujas y pacto formal con el Demonio ( Fragmento) 1486 · Cuatro Che Guevaras dibujados ... Biografías gráficas de todos los ...

Publicado por : http://www.drosophila.es/   
Texto escrito por Manuel García (Estudiante de Biología en la Universidad de Sevilla)  Creative Commons