Las últimas tribus amazónicas en peligro

Las últimas tribus amazónicas en peligro
Las últimas tribus amazónicas en peligro.

Unos informes señalan que las últimas tribus aisladas del Amazonas van a colisionar con la sociedad moderna hasta desaparecer por completo si no se hace nada por evitarlo.

Según varios artículos publicados en Science recientemente, las últimas tribus aisladas del Amazonas van a colisionar con la sociedad moderna hasta desaparecer por completo.
Estas culturas de Brasil y Perú serán barridas para siempre de la faz de la Tierra. “Estamos en el umbral de una extinción masiva de culturas. No hay duda de que es un momento histórico”, dice Francisco Estremadoyro, director de la ONG ProPurus.

Aunque es difícil precisar que está pasando en las tribus remotas, los investigadores dicen que los encuentros con gente moderna están aumentando.

No se trata solamente de actos violentos, sino de transmisiones accidentales de enfermedades como la gripe que pueden contagiar, madereros, miembros de equipos de filmación de productoras, traficantes de drogas o incluso antropólogos. Enfermedades que pueden ser mortales para esta gente.

Así por ejemplo, un collar olvidado por un investigador alemán y encontrado por unos indígenas del río Curanja mató a unas 200 personas de esa comunidad por culpa de infecciones de garganta.

“Somos tan débiles que nos desvanecemos en el bosque”, dice Marcelino Pinedo Cecilio, que creció plantando patatas y maíz y usando flechas de bambú para cazar.

Todavía recuerda correr con su made cuando en los años cincuenta vieron por primera a hombres del mundo exterior.

Pero también está la deforestación, que sigue a un ritmo imparable y que elimina el ecosistema en el que viven.

Según un informe de Science, aunque hay otras regiones del mundo, como en Nueva Guinea y las islas Andaman, en donde todavía hay tribus remotas, pero hay un mayor número de ellas en la cuenca del Amazonas.

La situación es más crítica en Perú, en donde ya sólo viven 8000 nativos diseminados en pequeñas regiones de la selva. Aunque el gobierno peruano ha protegido 3 millones de hectáreas de la región, puede que no sea suficiente.

La presión en Perú sobre estas tribus está ahí. Sirva el ejemplo el caso de Puerta Esperanza como caso paradigmático. Hasta allí sólo se llega por avioneta o en un largo viaje por el río.

El párroco del pueblo, Miguel Piovesan, quiere que se construya una carretera porque este aislamiento deja sin asistencia médica o sin objetos y servicios modernos a sus feligreses. Así también opinan otros sacerdotes, hombres de negocios locales y políticos que quieren explotar la selva del Amazonas.

Pero los ecologistas y los nativos de la región no quieren la carretera porque eso sería el fin de las áreas protegidas y significaría una inundación de gente de fuera, de patógenos y de alcohol. Bajo esta perspectiva una carretera es la destrucción del bosque en donde viven los indígenas, que viviendo asilados no son dependientes, pero que pueden desaparecer por la destrucción de su medio y por las enfermedades de fuera.

Todo empezó con el descubrimiento de América por parte de los europeos, que produjo la desaparición de entre 50 y 100 millones de nativos, principalmente por culpa de las enfermedades importadas de Europa.
Incluso la tecnología moderna puede que no pare la desaparición de estos pueblos, pues estas personas carecen totalmente de inmunidad frente a las enfermedades de fuera. Además, se están quedando sin tierras suficientes para alimentarse y tampoco tienen medicinas.

Cuanto más aislada esté una comunidad de nativos más vulnerable es a estos problemas si entra en contacto con ellos.

En Brasil entre el 50% y 90% de las tribus amazónicas fueron eliminadas por culpa de las enfermedades en los años 80 y 90 del pasado siglo, por lo que el gobierno brasileño ha intentado parar todo tipo de contacto que no sea absolutamente necesario.

Las políticas del gobierno brasileño no siempre han sido tan bienintencionadas. A principios del siglo XX fomentó el uso de las misiones establecidas en las regiones limítrofes con estas tribus.

La idea era convertirlos al cristianismo, pero también transformar su modo de vida y usarlos como fuerza de trabajo (a cambio objetos de metal y otras cosas) para construir líneas de telégrafo a lo largo de la selva.

Esto significó el comienzo de la dependencia y del contagio de enfermedades que eran mortales para ellos. Los empleados gubernamentales les abrazaban, comían con ellos o les daban ropas y hamacas. Esto hacía que entraran en contacto con patógenos para los que no tenían inmunidad.

Así por ejemplo, los Nambikwara sufrieron pérdidas devastadoras. De 5000 miembros a comienzos del siglo XX pasaron a 550 en 1965. En 2010 todavía eran solamente 1950 individuos.

A raíz de todo esto, que se puede calificar de genocidio, el gobierno brasileño adoptó esta política de no contacto en 1988.

Pero Brasil es la séptima economía del mundo y está en pleno desarrollo. La presión para explotar la selva, talarla, cultivarla o excavar minas y construir presas, carreteras y canalizaciones es muy fuerte.

Entre 1987 y 2013 la agencia FUNAI (la agencia federal que se encarga de la gestión de los indígenas) ha hecho un seguimiento de cinco grupos en Brasil, pero en los últimos 18 meses han perdido el contacto con tres de ellos: Xinane, the Koruba y Awa Guaja. En un caso, unos hombres Xinae entraron en un pueblo y se llevaron machetes, ollas y ropas, lo que posiblemente les contagio de alguna enfermedad.

FUNAI ha contabilizado 26 grupos indígenas aislados en Brasil, pero calculan que puede haber otros 78.

FUNAI sufre de carencia de dinero y de personal. Sólo dispone de dos grupos especializados, pero necesitarían de 14. Según el etnógrafo Sydney Possuelo, miembro de esta organización, FUNAI está muerto, “pero nadie habla de ello y nadie celebra su funeral”, añade.

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