Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

La generación Boomeran , Los hijos que vuelven a casa

La generación Boomerang… Los hijos que vuelven a casa
La generación Boomerang… Los hijos que vuelven a casa

Pues sí, muchos de los que leáis este artículo pertenecéis a esa generación.

Hoy vamos a explicar qué es, qué factores la rigen y cómo podemos adaptarnos a esa situación de la forma más sana (psicológicamente hablando). 

La sociedad ha cambiado y este es uno de los casos más llamativos.
¿Qué es la generación Boomerang?

La generación boomerang es esa generación de jóvenes que nacieron más o menos entre los años 1975 y 1986 (aunque el límite no es exclusivo a estas fechas) y que tras haberse independizado se han visto forzados a volver a vivir con sus padres. 

Es decir el efecto boomerang es el de volver al lugar de origen.

Pueden ser aquellos estudiantes que se fueron de casa para ir a la universidad, a residencias de estudiantes o pisos compartidos y que una vez acabados los estudios y coincidiendo con el colapso e inicio de la crisis económica se vieron incapaces de mantener ese estatus o pueden ser jóvenes que empezaron a trabajar pero vieron poco a poco como los ingresos no les permitían mantener ese estatus y se vieron en necesidad de volver a casa. 

Y es que la crisis económica de 2007-2008 afectó a muchos jóvenes que ya habían iniciado sus planes de vida y vieron como estos se derrumbaban lentamente con impotencia.

Decimos que se limita a esa generación por qué básicamente las posteriores ni se han podido ir de casa todavía, por la situación económica, pero bueno, los consejos de abajo se pueden aplicar a ambos grupos.

Hemos pasado del síndrome del nido vacío al síndrome del nido abarrotado. De hecho 4 de cada 10 adultos mayores de 60 años está ayudando económicamente a sus hijos, mientras que solo el 12% de ellos reciben ayuda de sus hijos.

Aproximadamente 1 de cada 5 jóvenes está viviendo con sus padres (cuando en generaciones anteriores la tasa era 1 de cada 10) y al final muchos padres han tenido que alterar sus propios planes vitales para mantener a sus hijos, algunos incluso atrasando la jubilación.

Y eso es solo hablando de los problemas económicos. 

Pero no podemos dejar de lado los psicológicos: Problemas de convivencia, roces, empeoramiento de las relaciones familiares, problemas motivacionales en los jóvenes, etc…


Consejos para los hijos: 

Céntrate en lo positivo y en las ventajas del cambio.
Mentalízate de que vas a tener que adaptarte, volver a llamar cuando llegas tarde y adaptarte a ciertos horarios, etc…

Cuanto antes lo asumas y aceptes más fácil te será la convivencia. Es su casa, son sus normas y deberás ceñirte a ellas.
Intenta encontrar un empleo y contribuir en lo que puedas en casa. Pagar alquiler o dar algo de dinero por la comida o la luz son buenas ideas.

Acepta que habrá un periodo de transición en la que ambas partes tendrán que adaptarse, ten paciencia con ese periodo, las cosas mejorarán.

Cuida tu motivación, no pierdas de vista tus objetivos y sigue luchando.

Debes contemplar la situación como algo temporal, una ayuda, pero no un fracaso. Debes seguir trabajando, estudiando, etc… para salir de la situación pero también tener en cuenta que mucha gente de tu edad está en tu situación, no eres el único. Plantéate objetivos y límites temporales.


Cuida tu estado de ánimo y tu autoestima, te hará falta.

Ponte en el lugar de tus padres y piensa que ellos también se habían acostumbrado a vivir solos, no solo te ha pasado a tí.

Piensa que son familia, deberás pasar algún tiempo de calidad con ellos, comunicarte, ser empático, no son simplemente tus arrendatarios, también son tus padres.

Muéstrale tu aprecio a tus padres, al fin y al cabo te están haciendo un favor, se considerado con su casa y contribuye a las tareas.

Hazte útil para ellos y se responsable de tus propios espacios en la casa (como tu habitación).

Comunícate con ellos, involúcrate con la familia.


Consejos para los padres:

Es tu casa, y tú pones las normas. Establece desde un principio las normas y expectativas, que cosas podrá hacer y cuáles no. Es más fácil si esto se acuerda de forma conjunta desde el momento que intentar luego incorporarlas.

No lo hagas todo por ellos, deben ayudar, lavar ropa, limpiar y hacer tareas. Se debe acordar quien hará que tareas y cuando, es útil tener un gráfico o una tabla si es necesario, tal y cómo harían en un piso con otros compañeros.

Si es posible (se lo pueden permitir) acordad conjuntamente una contribución financiera, ya sea en concepto de alquiler, de ayuda con la luz o de dinero para comida, da igual si es algo pequeño, pero así contribuyen a la casa. Que encuentren un trabajo o trabajen puede ser una condición también.

No hay que tratarles como adolescentes ni intentar controlarles, ya son adultos formados.

Tanto el padre como la madre deben de estar de acuerdo en lo que se espera del hijo y en las normas. Poneos de acuerdo de antemano.

Acepta que habrá un periodo de transición en la que ambas partes tendrán que adaptarse, ten paciencia con ese periodo, las cosas mejorarán.

Ya no son niños, si algo os molesta habladlo con él y acordad soluciones y cambios, compromisos.

Recuerda que las normas y límites se aplican dentro de la casa, pero fuera es un adulto y puede hacer lo que quiera, siempre y cuando avise o llame si algo os va a afectar a vosotros.

Hay normas pero en ocasiones (de lógica) deberemos ser flexibles, recordad que ya es un adulto y no pasa nada por qué llegue de madrugada o no venga, siempre que por ejemplo avise, o que pasada una hora se siga otro procedimiento (esto ya según cada uno).

Por lo general os ahorraréis muchos problemas si evitáis dar consejos que no se piden, aunque sea difícil.

La comunicación será la clave, así que hablad a menudo.

Recuerda que la situación también es difícil para tu hijo.

Una idea bastante inteligente es acordar un contrato de convivencia entre ambas partes: Lo que cada uno se compromete a hacer, las normas que regirán, las consecuencias, que gastos se cubrirán y cuáles no, etc...

E incluso (y esto es importante) el tiempo que piensa el hijo estar en casa de los padres (entendiendo que es una medida temporal). 

Así se puede dialogar con un acuerdo como base cuando surge un problema y además se ha tratado al hijo como un adulto que ha estado de acuerdo y ha colaborado en la elaboración de las normas. 

Este acuerdo puede revisarse periódicamente, por ejemplo cada ciertos meses o como se acuerde entre las partes.

Creative Commons