Es necesario olvidar para recordar

El “efecto Homer Simpson”: Olvidar para recordar
El “efecto Homer Simpson”: Olvidar para recordar

No se puede negar que Homer Simpson, protagonista de una de las series más longevas de la historia, es un tipo cuanto menos curioso.

Sus teorías (como la de “olvidar para recordar” de la que hablaremos hoy) dan para muchos comentarios e incluso artículos, como cuando os hablamos de su faceta de físico teórico, entre otras miles de profesiones que ha tenido durante las 25 temporadas que lleva la serie en el momento de escribir estas líneas.

Una cosa es evidente, y es que Homer tiene poco de neurocientífico, pero en uno de tantos capítulos realizó una afirmación respecto a esta rama de la ciencia con bastante lógica y a la cual no le dimos importancia… hasta ahora:



“Cada vez que aprendo algo nuevo, necesito olvidar cosas viejas y echarlas de mi cerebro. Marge, ¿recuerdas cuando tomé ese curso vinícola y se me olvidó conducir?”

Podríamos tomar esta frase como un sinsentido más propio de Los Simpson, pero la realidad es que una investigación publicada en Nature Neuroscience le acaba de dar cierta razón al concepto: Olvidar para recordar es necesario, y lo hacemos continuamente.

Olvidar para recordar, el efecto Homer Simpson explicado por la ciencia

El estudio, realizado a cargo de María Wimber y sus colegas de la Universidad de Birmingham, utilizó imágenes de resonancia magnética funcional o fMRI junto a pruebas de comportamiento para demostrar que la recuperación de recuerdos visuales provoca el olvido de otras huellas de memoria relacionadas (es decir, “olvidar para recordar“).

O lo que es lo mismo, el acto de recordar experiencias pasadas podría dificultar la capacidad para recordar eventos anteriores relacionados con dichas experiencias, o incluso hacer inaccesibles otros recuerdos pasados.

En estudios anteriores se barajaba la posibilidad de que recordar podía provocar olvido mediante señales inhibitorias de la corteza frontal, que suprimiría recuerdos similares impidiendo su recuperación.

Pero la evidencia era difícil de conseguir, como sí ha sido posible en este nuevo estudio, pues distinguir entre patrones de actividad cerebral asociados con recuerdos relacionados entre sí es difícil, pero la fMRI puede lograrlo.

Así pues, Wimber y sus colegas reclutaron a 24 individuos sanos y los entrenaron en una tarea de memoria visual donde se les mostraron una serie de palabras, cada una de ellas asociadas a dos imágenes.

Por ejemplo, la palabra “arena” se asociaba a una imagen de Marilyn Monroe y a la imagen de un sombrero.

Posteriormente, los investigadores escanearon los cerebros de los participantes mientras realizaban una tarea de recuperación selectiva, durante la cual vieron algunas palabras más, y tuvieron que indican la primera imagen que asociarían con las palabras.

Se realizó un seguimiento y se compararon los cambios que ocasionaban los recuerdos de las imágenes en los cerebros de los participantes, según si dichas imágenes se habían usado para ser recordadas o no.

Se asumió que al ver la palabra “gatillo“, se reactivarían patrones de actividad asociados a las imágenes, y se predijo que recordando una imagen se usarían mecanismos inhibitorios que disminuirían la memoria de la otra imagen de la competencia (en el caso de “arena” se recordaría mejor la imagen de Marilyn o la del sombrero, por ejemplo).

Para comprobar dicha hipótesis, se escanearon los cerebros de los participantes otra vez, mostrándoles las imágenes que habían visto antes mezcladas al azar con otras imágenes similares.

Así, usando fMRI junto a un software de análisis de datos, se pudo identificar los “patrones firma” de la actividad cerebral para algunas imágenes usadas anteriormente, así como aquellas imágenes que competían emparejadas con estas, e incluso aquellas que solo habían sido mostradas una vez durante el experimento.

Confirmado: Es necesario olvidar para recordar

Según los resultados, los análisis de datos de las exploraciones anteriores confirmaron la hipótesis.

Durante la tarea de recuerdo, las palabras se mostraron varias veces, obligando así a los participantes a recordar las imágenes relacionadas con dichas palabras (y que habían sido mostradas en varias ocasiones para fortalecer el recuerdo).

Al ver la palabra “arena”, se reactivaron las firmas de ambas imágenes (Marilyn Monroe y el sombrero) en las áreas cerebrales visuales y las áreas de memoria, y la firma neural de la imagen de Marilyn Monroe se hizo más fuerte con cada sucesiva presentación de la palabra.

Al mismo tiempo, la firma de la imagen competencia (el sombrero) se iba haciendo cada vez más pequeña, y en la cuarta presentación de la palabra, la firma neural de la imagen era incluso más débil que las firmas neurales de las imágenes que tan solo se habían mostrado una vez en todo el estudio para despistar.

En otras palabras, el recuerdo de la imagen de Marilyn Monroe había hecho olvidar la imagen del sombrero, a modo de competencia.

Además, los investigadores analizaron la actividad de la corteza prefrontal, pues era una fuente probable de regulación de recuerdos para suprimirlos o recordarlos. Resultó que una pequeña región de esta corteza, la corteza prefrontal ventro-lateral, se asoció con la supresión de los patrones de actividad de las imágenes de la competencia.

Durante las tareas de recuperación de memoria, la actividad de esta área se redujo gradualmente mientras se mostraban las palabras de forma repetida, sugiriendo que los recuerdos se iban haciendo más fuertes, y la supresión de la memoria de la imagen competencia era cada vez menos necesaria.

Según Wimber y sus colegas, estos hallazgos indican que es necesario olvidar para recordar, y que esto sería un mecanismo de adaptación que aumenta la probabilidad de que codifiquemos y recordemos tan sólo la información necesaria para nuestro éxito biológico.

Además, este mecanismo de la corteza prefrontal parece estar alterado en la esquizofrenia o el TDAH, por lo que este estudio podría explicar algunas cosas sobre estas enfermedades.

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