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El alcohol y el cerebro adolescente, una mala combinación

El alcohol y el cerebro adolescente, una mala combinación
El alcohol y el cerebro adolescente:

Cambios cerebrales hasta la edad adulta.

La relación entre el alcohol y el cerebro adolescente es ya conocida, al menos sus efectos nocivos, pues vienen a ser los mismos que en un cerebro adulto pero con la peculiaridad de que en esta etapa de la vida nuestro órgano pensante aún no está completamente desarrollado.

Por el momento, sabíamos que la interacción entre el alcohol y el cerebro adolescente podía llegar a producir trastornos mentales, o al menos desencadenarlos si ya eran proclives a sufrirlos.

Lo que no sabíamos, pero nos lo cuenta una nueva investigación a cargo de la Universidad de Duke, es que las alteraciones cerebrales provocadas por el alcohol en la adolescencia son acumulativas y pueden durar hasta la edad adulta.

El alcohol y el cerebro adolescente, una mala combinación

Sí, así lo concluye el último estudio publicado recientemente en la revista Alcoholism: Clinical & Experimental Research, en el cual se afirma que la exposición repetida al alcohol durante la etapa adolescente puede provocar cambios duraderos en las áreas cerebrales responsables del aprendizaje y la memoria, al menos en modelos animales, aunque puede ser extrapolable a humanos.

Este hallazgo era de esperar, en parte, pues en otra ocasión hablamos de que “el alcohol NO mata neuronas“, lo que sí altera o destruye son las sinapsis, las famosas conexiones interneuronales responsables de reforzar las tareas cognitivas como el aprendizaje y la memoria, entre otros: 

A mayor número de sinapsis, y más fuertes, mejor funcionan estas áreas cerebrales; y por supuesto si el alcohol u otras drogas destruyen las conexiones las cosas pueden ir muy mal.

Además, cabe destacar que la edad legal para consumir alcohol en gran parte de los países son los 18 años, y sabemos que el cerebro humano no acaba de madurar hasta los 24 años de media, como bien comenta Mary-Louise Risher, autora principal del estudio, del Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Duke:

“A los ojos de la ley, una vez que llegamos a los 18 años se nos considera adultos, pero el cerebro sigue madurando y perfeccionandose hasta mediados los 20 años. Es importante que los jóvenes sepan que beber en exceso durante este delicado período de desarrollo podría llegar a provocar cambios con un efecto a largo plazo en la memoria y otras funciones cognitivas”

Los efectos de tomar alcohol en la adolescencia podrían ser a largo plazo

Durante el experimento, se expuso a ratas adolescentes a un nivel de alcohol que, en seres humanos, se traduciría en la típica “borrachera” sin llegar a la sedación. Tras esto, no volvieron a recibir ni una sola dosis de alcohol, y se dejó crecer a los roedores hasta la edad adulta (que en estos animales es a los 24-29 días).

En anteriores estudios realizados por estos mismos investigadores se encontró que los animales adolescentes expuestos al alcohol se vuelven adultos menos expertos en tareas memorísticas, incluso sin exponerse al alcohol en esta etapa adulta. 

Lo que no se sabía es cómo se altera a nivel celular la región del hipocampo, responsable de la memoria y el aprendizaje.

Por ello, esta vez estimularon eléctricamente el hipocampo, midieron un mecanismo celular de potenciación a largo plazo (o LTP), el responsable del fortalecimiento de las sinapsis cerebrales.

Este mecanismo de LTP es mayor en los jóvenes, y por ello el aprendizaje es más efectivo en los adolescentes que en los adultos. 

Se esperaba que el mecanismo LTP estuviese disminuído en los roedores adultos expuestos previamente al alcohol en su etapa adolescente, pero la realidad fue que LTP estaba hiperactivado en comparación a las ratas no expuestas al alcohol.

“A primera vista, se podría pensar que los animales serían más inteligentes.

Pero eso fue precisamente lo contrario de lo que vimos. Lo que realmente sucede es que si se produce demasiado LTP en uno de los circuitos, hay un período de tiempo donde no se podrá producir más. 

El circuito está saturado, y el animal deja de aprender. Para que el aprendizaje sea eficaz, el cerebro necesita un delicado equilibrio entre excitación e inhibición, demasiado de uno o del otro podría provocar que los circuitos dejen de funcionar de manera óptima”

Para finalizar, cabe destacar que los sistemas LTP estaban acompañados de cambios estructurales en las células cerebrales individuales, por lo que no era solo un fallo de circuito sino también estructural, en conjunto, dando una apariencia de inmadurez a dichas células nerviosas. 

Todo esto podría dar una calidad inmadura al cerebro, y por ello una inmadurez en el comportamiento, según comenta Risher.

Y no solo afectaría al aprendizaje o la memoria, sino también a las regiones responsables de la impulsividad y la emotividad.

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