Intolerancia y alergia a la lactosa: Similitudes y diferencias

Intolerancia y alergia a la lactosa: Todo lo que debes saber
 Intolerancia y alergia a la lactosa: Todo lo que debes saber.

La intolerancia es un problema digestivo. En el caso que nos ocupa, la leche de vaca, se produce porque en el intestino falta una enzima que impide la correcta digestión de los azúcares de la leche. O sea, falta la enzima lactasa y no se digiere bien la lactosa.

La alergia es una reacción inadecuada y exagerada del sistema de defensas (también llamado sistema inmunitario) contra algo que en otras ocasiones tolera. 

La cuestión es ¿por qué nos volvemos alérgicos a algo que antes tolerábamos? Y ¿por qué unas personas son alérgicas a lo que otras personas toleran? como respuestas si se conocen factores relacionados con el desarrollo de las alergias. ¿Los vemos?.

Dificultad o incapacidad de procesar la lactosa, debido al bajo contenido de lactasas en el intestino; así es como se define la intolerancia a la lactosa, una enfermedad o déficit que afecta a una gran parte de la población europea y cuyos síntomas pueden ser realmente peligrosos para el organismo.

La palabra “molestia” puede ser la que mejor se ajuste a la sintomatología de esta enfermedad, cuya aparición además de frecuentar edades tardías (generalmente a los 20 años) es realmente perjudicial en adultos.

Pese a ser una enfermedad bastante común, apenas se habla de ella.

Hoy nos toca el turno a nosotros, y que menos que ofrecerle un hueco más en nuestra cabeza a los detalles que hacen de la intolerancia a la lactosa un déficit curioso y peligroso.

¿Cuál es el origen de la intolerancia a la lactosa?

Si hablamos del malestar que frecuentemente genera, se debe a que tras la ingesta de productos lácteos o leche, nuestro cuerpo incorporará lactosa, un disacárido que no podrá ser digerido en los individuos que padezcan de intolerancia, pues poseen un contenido muy bajo de lactasas en las microvellosidades del intestino.

La lactasa no digerida pasará al intestino grueso, dónde liberarán sustancias de desecho, como el metano y algunos ácidos de cadena corta que serán los responsables de las nauseas, el dolor abdominal los espasmos o la diarrea.

El origen de la intolerancia es bastante difuso, sin embargo se conoce que los cambios en el organismo son graduales, y que generalmente son heredados.

Estudios demográficos han encontrado que esta afección era más frecuente en adultos de origen asiático, africano o nativo americano.

A escala mundial, ¡afecta a casi el 70% de la población! Si tuviste la mala suerte de heredar la intolerancia a la lactosa, tendrás que ir dejando gradualmente los productos lácteos.

Si os sirve de consuelo, hay casos peores, pues existe una variante de esta afección que presenta el déficit de lactasas de forma congénita, es decir, desde el nacimiento.

En estos casos, si no se elabora una dieta libre en lactasas se pueden producir lesiones irreversibles en el organismo que alterarán gravemente su desarrollo.

¿Qué podemos hacer frente a la intolerancia a la lactosa?

Para empezar, si creemos que padecemos alguno de sus síntomas, o generalmente aparecen alrededor de 30 minutos después de la ingesta de | algún producto lácteo, debemos de acudir a nuestro médico de cabecera.

El método más utilizado para su diagnóstico es el test de hidrógeno en el aliento, que cuantifica la presencia de hidrógeno, que forma parte de los desechos de la lactosa, mediante un spray se le suministra al paciente la lactosa, y después se recoge la actividad tras soplar en una serie de bolsas.

Una vez conozcamos que poseemos la intolerancia o no, debemos de atender al grado de sensibilidad que presentamos hacia la lactosa, que generalmente, decrece con la edad:

  • Sensibilidad alta: toleramos de 1 a 4g.
  • Sensibilidad media: toleramos de 5 a 8g.
  • Sensibilidad baja: toleramos de 9 a 12g.
Poco a poco debemos de reducir el consumo de productos lácteos, sustituyéndolos por derivados sin lactosa, entre los que disponemos de una amplia gama en el supermercado.

Si nos cuesta sustituir el tradicional tetra brik de leche, podemos recurrir a otra alternativa, un poco más costosa, y consiste en tomar la leche junto a cápsulas con lactasas.

Intolerancia y alergia a la lactosa: Similitudes y diferencias

Mucha gente tiende a confundir la intolerancia a la lactosa con la alergia hacía las proteínas presentes en la leche de la vaca, principalmente betalactoglobulina y caseína. Sin embargo, estas dos afecciones presentan más diferencias de las que creemos.

Para empezar, la alergia a las proteínas lácteas presenta una sintomatología generada por la respuesta del sistema inmune hacia estas proteínas, y que generalmente se produce en el periodo de desarrollo del niño, en los 3 primeros años de vida, frente a la respuesta en el sistema digestivo, que generalmente se desarrolla en el estado de adulto que sufre de intolerancia.

Además, la alergia puede desaparecer a los 4 años de edad si se ha llevado a cabo un régimen estricto, y la introducción progresiva de leche de vaca, mientras que si la intolerancia es genética, solo podemos evitar la bajada de sensibilidad.


Factores relacionados con las alergias

Diversos e inespecíficos factores influyen en que el sistema inmunitario responda de forma incorrecta y ciertas proteínas son conflictivas para nuestra digestión y aunque no produzcan alergias dan lugar a un conflicto permanente en el sistema inmunológico para eliminarlas, con la consiguiente sobrecarga.

La introducción sistemática y temprana de los cereales en la alimentación en la década de los 60, siendo las proteínas de los cereales muy alergénicas (el gluten es la segunda proteína con más capacidad alergénica, después de las proteínas de la leche de vaca). Esto puede haber propiciado la sensibilización.

La exposición a gran cantidad de productos químicos para la conservación y elaboración de los alimentos: colorantes, conservantes (como los derivados de los sulfitos), extractos de levaduras, contaminantes ambientales, parásitos (por ejemplo, el anisakis simple del pescado). 

Y la exposición a productos químicos empleados en productos para la higiene, limpieza, tratamientos de muebles, metales en pinturas…¡en todo lo que nos rodea! No lo tenemos en cuenta por lo habitual que ya se ha convertido en nuestro mundo, pero supone un estímulo desorbitado para nuestro sistema de desintoxicación y defensas, que criba absolutamente todo lo que entra en nuestro permeable organismo.

Alimentos transgénicos.

La ingesta de alimentos exóticos que introducen sustancias a las que nunca hemos estado expuestos (así ocurre con los cacahuetes que están en nuestra dieta desde hace sólo 50 años, con el kiwi, nueces de Brasil, grosellas, mango, papaya…).
  • La existencia de alguna intolerancia alimentaria predispone a las alergias, ya que al no digerirse bien algunas proteínas pueden pasar a la sangre sin estar bien descompuestas y causar reacción alérgica.
  • La mucosa intestinal: este es un tema importantísimo y apenas tenido en cuenta.
  • La disminución o anulación del período de lactancia materna, el cual es imprescindible para la correcta maduración de la inmunidad.
  • La exposición a las proteínas de la leche de vaca, las de mayor capacidad alergénica para el sistema inmune del hombre.
  • La reacción inmunitaria ligada al grupo sanguíneo

Las alergias se producen contra proteínas que entran en nuestro cuerpo. Estamos en contacto con muchas proteínas diferentes, por medios distintos: por vía digestiva (alimentos, fármacos, colorantes, conservantes.), por vía respiratoria (cualquier partícula en suspensión en el aire: pólenes, polvo, ácaros…), por contacto (látex, la pelusa del melocotón, metales, pinturas…), directamente a la sangre (fármacos inyectados, venenos de insectos…). La alergia da síntomas allá donde se libra la batalla. La cuestión es que la leche está implicada en alergias de todo tipo, no sólo digestivas (en la piel, respiratorias…).

Hidratos de carbono: intolerancia a la lactosa
Para digerir los alimentos, el tubo digestivo tiene que descomponerlos en sus partes más pequeñas. Sólo así pueden ser absorbidos a la sangre, para que se distribuyan a todas las células del cuerpo y ellas puedan utilizarlos.

Las piezas más pequeñas que forman los hidratos de carbono son los monosacáridos, éstos son los que pueden pasar a la sangre. Cuando entra la lactosa en el estómago debe dividirse en glucosa + galactosa, que son los monosacáridos que la forman. Para hacer esta división o hidrólisis hace falta la enzima llamada lactasa.

La lactasa la segregamos desde que nacemos hasta los dos o tres años de edad. Después va disminuyendo progresivamente hasta desaparecer, aunque el 85% de los adultos que siguen tomando leche continúan segregándola, en mayor o menor medida, como respuesta a la ingesta de leche. Es una de las razones con las que nuestro organismo nos confirma que la lactancia es sólo para el inicio de la vida.

La insuficiencia de lactasa es la razón por la que la digestión de la leche es lenta y limitada para muchas personas, y a veces imposible. La lactosa sin desdoblar pasa al colon (ya que al no estar hidrolizada en monosacáridos no puede pasar a la sangre). Las bacterias del colon la fermentan produciendo ácido láctico, dióxido de carbono, metano, es decir, gases (inflamación, flatulencia) incluso diarreas por cuestiones de hiperosmolaridad. 

También produce estreñimiento. Los síntomas son más importantes cuanto mayor sea la intolerancia.

En lactantes la intolerancia a la lactosa es un hecho verdaderamente excepcional, pero en los adultos es con diferencia la principal anomalía enzimática que se padece. Es propia de alrededor del 75% en todos los grupos étnicos, a excepción del noroeste de Europa, en que la incidencia es de menos del 20%, y en grupos étnicos como los masais y los mongoles

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