Ellos nos invaden ,cotorra de Kramer

Ellos nos invaden
Cotorra de Kramer
Ellos nos invaden.

Cuando caminas por Sevilla, no es raro cruzarte con un grupo de cotorras. Sus cantos se han vuelto ya algo común, como el de los gorriones o los mirlos. ¿Quién iba a pensar que algo tan exótico nos iba a parecer normal? Pero lo cierto es que esta realidad puede que tenga los días contados.

Los más observadores se habrán percatado que en realidad hay dos tipos de cotorras. Ciertamente son dos especies: la cotorra argentina (Myiopsitta monachus) y la de Kramer (Psittacula krameri). Y ambas están consideradas como especies invasoras en España. 

Cuando se habla sobre este problema, uno de los culpables que se suelen señalar son las sueltas de mascotas. 

Es decir, es muy atractivo tener unas aves de plumas verdes en casa, pero resultaron ser unas mascotas muy ruidosas. 

Así que sus propietarios se decantaron por concederles la libertad. Aunque en el caso de las cotorras se repite esta historia, no siempre es así. 

En Israel la introducción de estas aves se produjo por criterios “estéticos”, al considerar que el país se beneficiaría de la presencia de hermosas especies tropicales.

Los animales, plantas u otros organismos que son transportados por el hombre fuera de su área de distribución, estableciéndose en un nuevo ecosistema, se denominan especies invasoras y van a resultar dañinas para este nuevo ecosistema.

Son dañinas debido a que van a crear cambios que alterarán el equilibrio natural del ecosistema, suponiendo un peligro para la biodiversidad nativa del mismo.

Es común que, accidental o intencionadamente, las especies alóctonas cuando lleguen a su nueva región encuentren un nuevo terreno repleto de recursos que le permitirá expandirse.

En esta expansión desplaza a las especies autóctonas, llegando a sustituirlas por completo en algunos casos.

Un ejemplo de planta invasora sería la chumbera, planta que ya incluimos intuitivamente como propias dentro de nuestro paisaje, pero que sin embargo proceden de América.

La chumbera ha encontrado en Andalucía las condiciones perfectas para sus necesidades, por lo que se han establecido en nuestros campos.

Dos ejemplos de especies animales invasoras traídas a Andalucía y que se han establecido son el galápago de florida y la cotorra de Kramer.  ( Sin olvidarnos del mapache ), animalito simpático y travieso, oriundo del norte de América, que lamentablemente propaga muchas enfermedades.

Es común ver a cualquiera de estas especies en nuestros parques y jardines y ellas ponen en riesgo especies autóctonas que quedan desplazadas.

El flujo de especies siempre ha sido algo común , sin embargo la facilidad que ofrecen los transportes actuales y la conexión existente entre los continentes ha acelerado el movimiento de especies alóctonas.

 A esto hay que sumarle la moda de las especies exóticas, lo que supone un riesgo para la fauna y la flora si el comercio no es controlado.

Las especies invasoras no sólo tienen un impacto ecológico, sino que también lo puede tener económico, ya que afecta a la agricultura y la pesca directamente.

Además pueden tener un impacto en la salud, ya que algunas de las especies exóticas pueden traer consigo enfermedades que no existían anteriormente en su nueva distribución.


Ellos nos invaden ,cotorra de Kramer

En los años 80 la organización SEO/BirdLife ya advirtió de las posibles consecuencias de estas sueltas. En una carta al ministerio, informaban que las cotorras podrían llegar a ser una plaga en España, como estaba pasando en otros países europeos. 

La primera detección de las cotorras de Kramer en Europa se produjo en Inglaterra durante 1969 y actualmente se cree que en el país hay más de 8.000 parejas reproductoras. A esta especie, originaria de Pakistán y la India, ya la podemos encontrar en Alemania, Austria, Bélgica, Eslovenia, Francia, Holanda e Italia. Sin embargo, las cotorras argentinas llegaron a Europa durante la década de los 80, mientras que en EEUU hicieron su aparición en los 60. El estudio genético de las poblaciones invasoras permitió determinar que ambas provenían de una región al sur de Brasil, Argentina y Uruguay.

La expansión por el continente europeo las ha puesto ya bajo lupa. En 2016 se publicaba el primer censo en Europa de la cotorra de Kramer, realizado por la red de investigación ParroNet. Llegaron a la conclusión de que había al menos 85.000 ejemplares. Aunque de momento ninguna de las dos especies aparecen en el Listado Europeo de Especies Invasoras Preocupantes, quedando las decisiones en el tejado de los países miembros.

Pero ¿cuántas de estas cotorras habitan en España? Para ello, la organización SEO/BirdLife puso en marcha un censo durante los años 2015 y 2016. De esta forma, se determinó que en España había unas 3.000 cotorras de Kramer, estando su mayor núcleo en Sevilla y Madrid. Pero cuando hablamos de cotorras argentinas, las cifras se disparan: más de 20.000. Siendo Madrid, Barcelona y Málaga las ciudades con más presencia de ellas.

Dado el creciente número de aves, muchos llaman a las administraciones a actuar. Y es que estas especies pueden suponer un grave problema para las ciudades, la biodiversidad y la agricultura. En su hábitat nativo, las cotorras de Kramer son consideradas una plaga ya que atacan los cultivos. 

En los países donde es introducida se comporta de igual manera, como ya saben los agricultores de girasol, palmera datilera o almendros de Israel. Lo mismo sucede con la cotorra argentina. Un estudio publicado en 2016 ya advertía sobre los efectos de esta especie sobre los cultivos del área metropolitana de Barcelona. La especie causó pérdidas del 37 % en la producción de pera o del 28 % en la del maíz, entre otros cultivos.

Aunque son especies que de momento se centran en núcleos urbanos, también pueden generar problemas al medio ambiente. Por ejemplo, en Sevilla supone “un problema de conservación para otras especies autóctonas, como el nóctulo gigante (Nyctalus lasiopterus) o el cernícalo primilla (Falco naumanni) “ como apunta Jesús Pinilla, delegado de SEO/BirdLife en la Universidad Pablo de Olavide. 

Además, a nivel de infracturas urbanas, los nidos de las cotorras argentinas pueden dañar las instalaciones eléctricas. O incluso provocar la caída de árboles, con el consiguiente peligro para los ciudadanos.

Debido a ello, algunos ayuntamientos de España están tomando cartas en el asunto. Para ello “existe un amplio abanico de artículos científicos que describen los métodos y resultados obtenidos en distintos países sobre el control de cotorras, que deben ser utilizados para tomar las decisiones oportunas” comenta Pinilla. 

Considerando que se deben emplear aquellos que “cumplan la legalidad vigente en materia de seguridad, conservación de la naturaleza y bienestar animal”. A este respecto se puede mencionar el caso de Reino Unido, donde fueron detectadas entre 100 y 150 cotorras argentinas. El gobierno puso en marcha en 2011 un plan consistente en atrapar las aves con redes. De esta forma, la invasión fue controlada en el 2014.

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