Por los pelos del Yeti

Reconstrucción hipotética del extinto Ursus maritimus tyranus
Por los pelos del Yeti.

Reconstrucción hipotética del extinto Ursus maritimus tyranus.

Es hora de aplicar las modernas técnicas de Biología Molecular para elucidar el misterio del Yeti

A los humanos nos gustan mucho los mitos y los misterios. Dicen que el conocimiento es poder, pero ¿hay algo más poderoso que el misterio?

Uno de los misterios que, misteriosamente, aún perdura en la actualidad es el del abominable hombre de las nieves, también conocido como Yeti.

Nunca he comprendido por qué se le llamo abominable hombre de las nieves, término usado por primera vez en 1921, cuando ni siquiera se sabía si era un hombre, y cuando tantos abominables hombres existen fuera de las nieves, parapetados y calentitos en bancos e instituciones varias, incluso ya por aquellos años.

El caso es que, en 1832, cuando los europeos comenzaron a explorar las lejanas tierras del Himalaya, los guías locales del explorador inglés James Prinsep aseguraron haber visto a un bípedo grande y de pelo largo y oscuro que huyó despavorido cuando los vio.

No es para menos, porque si hay algo de lo que cualquier criatura debe cuidarse es de un ser humano suelto en la Naturaleza.

Desde ese momento, nació la leyenda, creció el misterio, como siempre hacen los misterios hasta que la información veraz y el conocimiento sólido acaban con ellos.


No es tarea fácil.

Desde aquel año, se han ido acumulando avistamientos de extrañas criaturas y de sus huellas en la nieve, sin nunca poder determinarse si se trata en verdad de un mito infundado o si realmente existe una especie animal extraña, tal vez un primate de las montañas, que pudiera explicar las, hasta el momento, presuntas observaciones.

A la dificultad de las indagaciones serias se unen los fraudes realizados para conseguir notoriedad, o simplemente para gastar una broma al mundo entero.

Esto sucedió, sin ir más lejos, en 2011, año en el saltó la “noticia” de que se había capturado un ejemplar de Yeti en Rusia, “noticia” que fue creída por muchos, ya que resulta al menos tan increíble como tantas otras que se publican en los medios de comunicación cada día.

Al final, como sucede con tantas noticias “reales”, resultó ser un fraude.

Ante semejante incertidumbre, el profesor de Genética Humana de la Universidad de Oxford, Bryan Sykes, se dijo que ya era hora de aplicar las modernas técnicas de Biología Molecular para elucidar el misterio del Yeti.

Evidentemente, a cualquier científico con una reputación menos notoria que la suya iniciar un proyecto así le hubiera supuesto un grave riesgo para su carrera científica.

No para el profesor Sykes, quien fue el primero en extraer y analizar ADN de huesos antiguos y ha participado en estudios genéticos muy notorios, como los de la dinastía rusa de los Romanov. Sykes es autor, entre otras obras, del conocido libro Las Siete Hijas de Eva –un libro fascinante cuya lectura recomiendo con entusiasmo-, en el que es capaz de descifrar la historia evolutiva de la Humanidad a partir del análisis de las secuencias de ADN de las mitocondrias de personas pertenecientes a las diferentes razas y grupos humanos.

Con esta reputación, que lo coloca “al otro lado del peligro”, el Prof. Sykes puede permitirse algunas licencias imposibles para el común de los genetistas.

Es lo que ha hecho con este estudio de la genética del Yeti, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Abominables evidencias El Prof. Sykes contactó con el museo de Zoología de la ciudad suiza de Lausanne, a orillas del lago Ginebra.

Con la ayuda de los científicos del museo, el Prof. Sykes solicitó a museos de todo el mundo que le enviaran las muestras de supuestos pelos del Yeti que, en algunos casos, almacenaban desde hacía décadas. Increíble, pero cierto, los museos guardaban estas abominables muestras.

De este modo, el Prof. Sykes consiguió nada menos que 57 muestras de pelo de supuestos ejemplares de Yeti, a las que sometió, en primer lugar, a un análisis visual, y luego a otro microscópico y a otro por fluorescencia de rayos infrarrojos, para determinar cuáles de ellas eran realmente pelo, y cuáles eran, por ejemplo, fibras vegetales, o pelos artificiales de pelucas o muñecas.

Un total de 37 muestras pasaron esta primera criba, las cuales, ahora sí, fueron sometidas a un análisis genético para determinar la secuencia del ADN de las mitocondrias.

A diferencia de las secuencias de ADN cromosómico, se dispone de secuencias de ADN mitocondrial para millares de especies animales, lo que permitió comparar las secuencias de ADN obtenidas de las muestras con las secuencias contenidas en las bases de datos, en busca de similitudes o concordancias.

Solo 30 de las muestras contuvieron suficiente ADN en condiciones de ser secuenciado. La secuencia de estas 30 muestras fue cotejada con las presentes en las bases de datos.

¿Habría entre ellas alguna nueva especie desconocida?

Y bien, no. 28 de las 30 muestras pertenecían a animales más bien anodinos: vacas, caballos, osos pardos, ovejas, tapires, mapaches, lobos… incluso una pertenecía a un ser humano.

Dos de las 30 muestras, sin embargo, resultaron algo más interesantes.

Al parecer, pertenecen a una especie de oso, Ursus maritimus, extinguida, según se cree, hace más de 40.000 años.

Una de ellas fue descubierta por un cazador del rey de Bután, un pequeño país en el corazón del Himalaya, en un bosque de bambús conocido como el “nido de Yetis” por la población local.

¿Está realmente extinguido el Ursus maritimus? ¿Se trata en verdad del famoso Yeti, por fin?

Para acabar de averiguarlo, el Prof. Sykes está preparando una expedición al Himalaya.

Esperemos que tenga éxito y pronto este misterio quede definitivamente resuelto por la ciencia.

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