La piel, residencia perfecta para las bacterias

La piel, residencia perfecta para las bacterias
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La piel, residencia perfecta para las bacterias.

Como norma general, un ser humano adulto está formado por 2 m2 de piel, que varía en función de la composición química y de la humedad.

Pero para comprender dónde viven nuestras bacterias y por qué primero hay que hacer una breve explicación de las capas de la piel.

Microbiota normal de la piel.



La epidermis no es un lugar muy favorable ya que está sometida a una constante desecación así que la mayoría de los microorganismos de la piel se asocian con un tipo de glándulas especiales, como las sudoríparas, en un estrato más interno.

Estás glándulas se encuentran principalmente en las zonas de la axila, la genital, los pezones y el ombligo, que empiezan a ser funcionales en la pubertad.
Estos lugares son húmedos y están llenos de sustancias que los microorganismos utilizan como su comida.

Del mismo modo, cada folículo piloso se asocia con una glándula sebácea que segrega una sustancia lubricante.

Éste lugar también es perfecto para los microorganismos ya que las secreciones de las glándulas de la piel en general son muy ricas en nutrientes como urea, aminoácidos, sales, ácido láctico y lípidos.

Hablando en plata, el olor a sobaco y el olor a pies son causados por las reacciones químicas de las bacterias sobre las secreciones de las glándulas sudoríparas de estos lugares.

Si recogiéramos el sudor en un estado libre de bacterias, es una sustancia totalmente inodora, pero con presencia bacteriana puede llegar a oler muy fuerte, dependiendo de cada persona.

La población normal está formada por poblaciones permanentes y otras transitorias de bacterias y hongos.

Al examinar muestras de distintos individuos se pueden llegar a clasificar hasta 180 especies distintas de bacterias y algunos hongos.

Además, son comunidades muy estables, como por ejemplo Propionibacterium acnes, causante del terrible acné juvenil que sufren muchos adolescentes.

Este género junto con otros 3 más (Streptococcus, Staphilococcus y Corynebacterium) forman alrededor de la mitad de las 180 especies que podemos encontrar.

El resto son especies muy transitorias ya que hasta un 70% sufren modificaciones debido al paso del tiempo y las circunstancias personales de cada individuo.

En cuanto a los hongos que habitan nuestra piel, no llegan a 10 especies.

Como dato curioso, en pacientes con enfermedades que no poseen esta microbiota normal suelen verse afectados por una levadura muy conocida, el género Candida, que puede provocar infecciones cutáneas importantes.

De manera que las bacterias son necesarias para mantener a ralla a ciertos hongos.

La piel, un entorno muy variable

La microbiota está sometida a muchos cambios que suelen deberse a 3 motivos principales:

1. El clima. Nos afecta aumentando la temperatura y la humedad de nuestra piel, causando un aumento de la densidad de la microbiota.

2. La edad. Los jóvenes poseen una microbiota más variada que los adultos y son más susceptibles de sufrir enfermedades cutáneas.

3. La higiene personal. Las personas que descuidan su higiene son portadores de muchos más microorganismos que el resto.

Así que ya sabemos, una higiene adecuada mantiene la microbiota en índices normales.

Pero ojo, un exceso de higiene tampoco es bueno, ya que si se elimina gran parte de esa microbiota los hongos pueden invadirnos. Hay que encontrar el equilibrio.

Del mismo modo, el personal hospitalario es portador de algunas de las especies transitorias que pueden causar enfermedades en los pacientes hospitalizados, aprovechándose esos patógenos oportunistas de la debilidad del sistema inmune.

Las manos suelen ser el vehículo mayoritario de infección.

El lavado de manos es la medida más importante a tener en cuenta.

El principal agente causante de las enfermedades nocosomiales, que son las enfermedades que se cogen en los hospitales, son causadas por Staphylococcus aureus, una bacteria que suele encontrarse en la cara, así que es muy fácil que acabe en las manos y así contaminar al resto.

La piel, residencia perfecta para las bacterias
Nuestra boca y sus millones de habitantes invisibles

En el cuerpo humano tenemos microorganismos en todas partes, principalmente bacterias, siendo la piel y las mucosas de la boca, intestino, aparato excretor y reproductor los que más organismos concentran.

En su mayoría son beneficiosos y algunos son indispensables para gozar de una buena salud.

Sin embargo, siempre hay alguno que nos fastidia ese buen equilibrio, son los patógenos.

Mi intención con esta entrada es que conozcamos un poco más acerca de esos “microseres” que no vemos pero que se cuentan por millones en nuestra boca.

Los datos apuntan a que hay unos 100 millones de bacterias por mililitro de saliva, formados por unas 500-600 especies distintas.

No pretendo aburriros con nombres que pueden sonar a chino pero no hablar de ellos es como no hablar de los protagonistas de una película.

Los géneros bacterianos que encontramos en la boca son Streptococcus, Lactobacillus, Fusobacterium, Veillonella, Corynebacterium, Neisseria, Actinomyces, Capnocytophaga, Eikenella, Prevotella y varios géneros de Espiroquetas.

A parte de todos estos también encontramos dos géneros de hongos: Geotrichum y Candida.

Hay que tener en cuenta que la microbiota normal de la boca de una persona depende de muchos factores: edad, sexo, situación geográfica, etc.

Cada microbiota es única y yo puedo tener un género bacteriano que tú, querido lector, no.

El hecho de que en la boca exista tanta diversidad no deja de ser curioso.

Temperatura constante a 36ºC, fuentes de nutrientes permanentes, especialmente de alimentos dulces y ricos en grasas. Humedad… la boca humana es una especie de paraíso para los microorganismos.

Además es un lugar animado ¡Qué ambiente! ¡Qué movida! ¡Qué de gente conocida!. Constantemente llegan nuevos inquilinos con los que compartir experiencias a través de nuevos alimentos, lápices, besos, manos…

La piel, residencia perfecta para las bacterias


La saliva contiene nutrientes pero a muy bajas concentraciones y además contiene sustancias antibacterianas como la lisozima (de ahí que los animales y nosotros mismos nos chupemos una herida, la lisozima hace que muchas bacterias mueran).

Entonces, si parece ser un hábitat tan hostil.

¿Por qué se concentran en la boca? La respuesta son los dientes.

Los dientes: lugar ideal para el crecimiento bacteriano

Pues así es, los dientes son auténticos oasis para las bacterias.

Los dientes y las encías acumulan mucha cantidad de nutrientes que favorecen el crecimiento en biopelículas y gracias a este crecimiento, el daño en los tejidos y las consecuentes enfermedades.

Aunque nos acabemos de cepillar los dientes y pensemos que está perfectamente limpio, unas proteínas ácidas que existen en la saliva forman una fina película alrededor de los dientes que proporciona un sitio de anclaje perfecto para los microorganismos.

Los primeros que acuden son los Estreptococos y a consecuencia de su crecimiento intensivo se forma la famosa placa dental.

La piel, residencia perfecta para las bacterias
La placa puede seguir creciendo y se van uniendo distintas especies.

Pero ojo, aunque la placa se empiece a formar aún después de un buen cepillado no quiere decir que no nos los cepillemos, “total, como se va a formar igual” NO.

Con cada cepillado hacemos que la placa dental tenga que empezar de cero, o casi de cero. Si no nos lo cepillamos la placa irá en aumento.

Lo más curioso de esta microbiota es que es anaeróbica.

Esto significa que estas bacterias no pueden respirar el oxígeno.

Hay algunas que pueden vivir en su presencia (anaerobios facultativos) pero hay otros que incluso la presencia de oxígeno los mata (anaerobios estrictos).

Y pensaréis, pero si viven en la boca, ¡están en contacto directo con el oxígeno!

Pues sí pero las bacterias son muy listas y en la creación de sus biopelículas forman un microambiente totalmente ausente de oxígeno (anóxico), es como si vivieran en una burbuja.

Nuestra boca es una selva de centenares de especies de hongos, protozoarios, virus, parásitos intracelulares y, sobre todo, bacterias.

La mayoría son residentes permanentes, y muchos de ellos no viven en ninguna otra parte, ni siquiera en la boca de otros mamíferos. La boca presenta muchos ambientes distintos. Playas paradisiacas en la superficie de la lengua, acantilados con vistas, recónditas calas en las encías…

La caries dental

Los causantes más importantes de la caries son Streptococcus sobrinus (deterioro de superficie lisa de los dientes) y Streptococcus mutans (deterioro de surcos, en la imagen de la derecha).

La caries se produce a consecuencia del crecimiento continuado de la microbiota de la placa dental que produce unos ácidos orgánicos que descalcifican el esmalte de los dientes.

Siempre se nos ha dicho que las chucherías hacen que nos salgan caries y, efectivamente, por ahí van los tiros.

Las dietas ricas en sacarosa (un tipo de azúcar) favorecen su aparición.

Esto es debido a que las bacterias fermentan esos azúcares hasta convertirlos en ácido láctico, que disuelve el fosfato cálcico de los dientes.

Para contrarrestarlo, el agua potable y los dentífricos contienen compuestos de flúor, que se unen a los compuestos de calcio de los dientes, haciéndolos más resistentes.

La susceptibilidad a sufrir caries también es muy variable. Depende de una persona a otra y está influenciado por aspectos genéticos y la dieta.

De los microorganismos que viven en la boca los más abundantes son las bacterias. Incluso en una dentadura recién cepillada viven millones de ellas. Dependiendo de la persona, puede haber entre 200 y 500 especies de bacterias distintas.

Unas bocas tienen una flora diversa, como las bocas de los indígenas del Amazonas, y otras personas tienen pocas especies muy predominantes. Las bacterias son esferas, bastones, filamentos. Otras tienen hélices para moverse de un lado a otro. Ahora bien, la mayoría de las bacterias de la boca viven en colonias, la famosa placa dental, que son como ciudades bien organizadas.

Las bacterias quieren vivir en estas ciudades porque la boca es un paraíso del que pueden verse expulsadas si no se fijan bien a una superficie. Si comemos una manzana, la fricción de la comida puede arrastrar a las bacterias hacia el estómago y su acidez.

La mayoría de las bacterias se mueren en el caldo ácido por este motivo, para no verse arrastradas, lo que hacen es fijarse a los dientes.

Como dato llamativo con respecto de la dieta, en Europa Occidental y EEUU, entre el 80-90% de la población están infectados por S. mutans pero en países como Tanzania S. mutans no aparece en la placa dental infantil, debido teóricamente a que su dieta en sacarosa es casi nula.

A parte de la caries, los microorganismos bucales pueden causarnos otros tipos de enfermedades como la gingivitis que puede desembocar en otras enfermedades mucho peores que finalmente afectan al hueso.

Datos recientes también apuntan a que pueden causar trombos sanguíneos y endocarditis infecciosa.

Me encantaría saber cuántos de los lectores de esta entrada van a salir corriendo a lavarse los dientes después de leerla. Confieso que yo también lo he hecho.

Fuente: Brock (Ed. Pearson, 2009), ABC
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