¿Cuantos colores diferentes puede adquirir nuestra piel?

¿Cuantos colores diferentes puede adquirir nuestra piel?

¿Cuantos colores diferentes puede adquirir nuestra piel?

Nuestra piel puede adquirir colores múltiples y variados, partiendo del blanco que adquirimos cuando nos ponemos pálidos, hasta llegar al color bronceado veraniego que podemos llegar a poseer según nuestro tipo de piel y de su aguante bajo el sol.

Pero separemos cada uno de los colores para explicar su causa.

Palidez:

La adquisición del color blanco o, como se suele decir a veces, ese color que tiene nuestra piel cuando parece que hayamos visto un fantasma, se debe a la vasoconstricción de nuestros vasos sanguíneos (generalmente perceptible en la cara).

Mas claramente, nuestra tez pierde color y se pone pálida porque el diámetro de los vasos sanguíneos disminuye, dejando que pase menos sangre, y dejando así sin apenas color a nuestra piel.

Este fenómeno ocurre en situaciones como anemia (falta de hemoglobina en sangre), falta de exposición al sol, congelación, en ciertas enfermedades crónicas, o simplemente por ser el color de piel natural de determinadas personas.


Cianosis:

Este fenómeno se da cuando la piel se vuelve de color azulado, debido a una falta de oxígeno en sangre. Se suele ver más en orejas, nariz, pómulos, labios, uñas y pezones.

La causa va asociada a problemas cardíacos, como la insuficiencia cardíaca, problemas cardíacos congénitos (desde el nacimiento) y paro cardíaco; o pulmonares, como coágulos en las arterias pulmonares, infección del aparato respiratorio, enfermedades pulmonares, asfixia, grandes alturas, etc.


Ictericia:

Ya he hablado alguna vez sobre esta coloración amarillenta de la piel, como en el último artículo sobre Curiosidades Anatómicas (IV): Hígado y Páncreas.

Este color amarillo, detectable sobretodo en las escleróticas (una de las capas que conforman el ojo o globo ocular), se debe a un acumulo patológico de bilirrubina.

Normalmente hay de 0,2 a 1 mg/dL de bilirrubina en sangre, pero el acumulo o hiperbilirrubinemia detectable a la vista (ictericia) se da cuando hay 3 mg/dL de bilirrubina en sangre.

La bilirrubina es un pigmento amarillo que forma parte de la bilis, la sustancia producida en el hígado y almacenada en la vesícula biliar, responsable de la digestión de las grasas.

Si se da la obstrucción de la vesícula por cálculos biliares (las típicas “piedras”) o hay algún problema en el conducto biliar, que conecta la vesícula con el tubo digestivo, se producirá la acumulación de bilis, dando lugar a la ictericia y color amarillento.

Otras causas que causan hiperbilirrubinemia y la consecuente ictericia también puede ser por hemolisis (rotura de glóbulos rojos), citólisis (destrucción de células hepáticas) o causas metabólicas.


Enrojecimiento facial (Flushing o Blushing):

Este color es el más conocidode todos, el rojo de la cara.

El llamado Blushing es el que hace referencia al color rojo que adquirimos cuando tenemos alguna emoción fuerte (vergüenza, ira…).

Se suele dar en la gente de piel clara y de forma repentina, acompañado de sensación de calor e incluso de hormigueo o mareo.

Por otro lado, el Flushing es la variedad que se da durante las enfermedades cutáneas o sistémicas, como reacciones alérgicas, dermatitis, rosácea, psoriasis, reacciones a fármacos, hipertiroidismo, síndrome carcinoide, etc.

Ambas variedades se presentan a consecuencia de una vasodilatación temporal de los vasos sanguíneos de la cara, donde se dará un aumento fugar del volumen de sangre circulante y una mayor densidad de distribución de capilares sanguíneos superficiales.

Esta vasodilatación corre a cargo del sistema nervioso vegetativo simpático, y suele ir acompañada de sudoración (de ahí viene el hecho de que, cuando nos ponemos nerviosos, se nos pone roja la cara y también sudamos).


Hematomas o moratones:


Los famosos “moratones” también conocidos como cardenales, son equimosis, es decir, lesiones que producen un sangrado interno.

Pueden ser de tres tipos diferentes: subcutáneos (los más leves,debajo de la piel), intramusculares (dentro de un musculo) o periósticos (se producen cuando la lesión afecta a un hueso).

La aparición de un hematoma sigue varios pasos, desde el golpe y el dolor, pasando por una

inflamación y posterior cambio de color (rosáceo, azulado, amarillo verdoso…) hasta volver a su color natural.

Estos colores son consecuencia de la rotura de vasos sanguíneos y células que se encuentran en la zona del golpe. Contienen pigmentos que son liberados en el proceso, dando lugar a ese conjunto de colores.


Bronceado:


Para terminar, tenemos el color bronceado que adquirimos bajo la exposición solar, más concretamente bajo la acción de los rayos ultravioleta.

Este color se debe a un pigmento que produce nuestro propio cuerpo de forma natural, la melanina, sintetizada a partir de la molécula tirosidasa.

Los rayos ultravioleta aumentan este proceso, produciéndose así más melanina y provocando que adquiramos más color. Es, en sí mismo, un mecanismo de defensa contra la radiación de nuestro propio cuerpo.

En verano muchísima gente se preocupa por adquirir cuanto más color mejor, pero debemos tener en cuenta que a más exposición solar, más posibilidades tenemos de sufrir un cáncer de piel, sobre todo si nuestra piel es muy blanca y sensible a la radiación.

Siempre es recomendable ponerse crema protectora solar, pues no perdemos nada por protegernos, pero si podemos perder mucho si no lo hacemos.


El color de la piel humana


Los seres humanos somos muy parecidos. La uniformidad casi absoluta de nuestro ADN mitocondrial demuestra que descendemos todos de una combinación genética muy pequeña.

Todos los habitantes del planeta provenimos de uno de los cuatro linajes de ADN mitocondrial correspondientes a las hijas de una mujer que salió de África hace más de cien mil años.

Aquella mujer, a la que se podría considerar la -EVA- de nuestra especie, debió ser la última de las hembras pertenecientes a un pequeño grupo, constituido por unas doscientas o trescientas personas, que se separaron del resto de humanos y lograron sobrevivir a las condiciones extremas que entonces se produjeron.

El cambio climático y la falta de alimento, obligó a aquella familia a abandonar sus tierras. Gracias a aquella migración, se extendió nuestro linaje genético por todo el planeta.

Hubo otros humanos, de una especie hermana con la que compartíamos antepasados hace medio millón de años, los Neandertales, que emprendieron aquél mismo viaje miles de años antes y evolucionaron independientemente por todo el continente Europeo.

Pero, a pesar de que estos convivieron durante muchos años con nuestros antepasados, nunca se mezclaron genéticamente con ellos y, al final, se extinguieron sin dejar descendencia. Por tanto se puede asegurar que todos los humanos modernos provenimos de aquellas cuatro mujeres.

Pero, si todos descendemos de una combinación tan pequeña de genes, entonces... ¿por qué tenemos un aspecto tan diferente unos de otros?

La selección natural y la adaptación al entorno son los factores que más influyen en ello. La selección sexual es también crucial. Otro factor importante es el clima, que impone la forma corporal; cuanto más frío sea el entorno, más bajos y rechonchos nos volvemos para así mantener más fácilmente el calor corporal.

Es bien sabido también que la estatura varía en proporción a la dieta; cuanta más carne comemos más altos nos hacemos.

Pero, lo que más nos diferencia a los unos de los otros, lo más impactante, es el color de la piel, que también forma parte de nuestra herencia genética. Hoy sabemos que esta diferencia de color se debe a la importancia del ácido fólico en el desarrollo fetal, y a su interacción con la radiación ultravioleta.

El exceso de radiación ultravioleta del Sol destruye al ácido fólico (sustancia crucial para el desarrollo embrionario humano), por esta razón nuestros antepasados africanos tenían que ser oscuros, para propiciar su supervivencia a través de la natalidad.

Pero, por otro lado, la falta de radiación ultravioleta impide la formación de la vitamina D, y la carencia de ésta causa raquitismo, enfermedad que puede ser mortal. Así que, cuando nuestros ancestros de piel oscura migraron a las regiones del norte, donde la radiación solar era más débil, tuvieron que volverse más pálidos para sobrevivir.

La melanina es la protección natural de nuestra piel. Es un filtro eficaz contra las radiaciones ultravioleta.

Por esa razón, para que el organismo pueda fabricar la vitamina D, debe reducirse la cantidad de melanina en la piel.

Consecuentemente, conforme nos vamos desplazando progresivamente desde el ecuador hacia los polos terrestres, encontramos que las personas van teniendo la piel más clara cuanto más nos alejamos de las zonas tropicales.

Este cambio de tonalidad en la piel, que tanto diferencian a unas razas de otras, se ha producido muy lentamente a través de los años. Los científicos calculan que hacen falta veinte mil años para pasar del color negro al blanco.

Hoy día, por nuestro modo de vida, ya no es necesaria esa regulación orgánica como respuesta a la radiación solar, así es que, lo que define el color de la piel de las personas son unas diferencias genéticas establecidas hace mucho tiempo en el ADN de nuestros ancestros.


La conspiración contra los pezones oscuros.

La tercera vez que escucho en menos de un semana un comentario despectivo sobre los pezones oscuros en una serie o película pienso que no es normal.

La ciencia enseña que si un suceso pasa una vez es un accidente. Dos veces, coincidencia. Tres veces, demuestra un patrón.
Productos que prometen aclarar los pezones en una semana.

El primer comentario sobre los pezones oscuros fue en Catastrophe. Los protagonistas discuten por falta de sexo y ella suelta: «¡Tengo los pezones negros por dar el pecho!». Vaya gusto caprichoso el del tipo, pienso.

El segundo comentario, en la comedia española Tres bodas de más. La protagonista no sabe cómo callar a un bebé que cuida por un momentito y le mete su pezón en la boca.

El truco funciona. La madre vuelve y grita: «¡tonta! Con tu pezón negro lo vas a traumatizar». ¿Esta línea de diálogo es propia de una persona que existe en el mundo real?, pienso y siento inquietud.

Por último, encuentro en blogs y foros de cine una oleada de comentarios —de hombres y mujeres— mostrando reparo, asco o disgusto por los pezones oscuros de Charlotte Gainsbourg en Nymphomaniac. «La Gainsbourg tiene esos pezones porque estaba dando de mamar cuando rodó la película», escribe alguien a modo de justificación, como quien dice «pobrecita, no se lo tengáis en cuenta».

A las mujeres se les exige ser mamás —somos muy modernos, pero sí—, pero no debe coger peso y tiene la obligación de alisarse las estrías y aclarar los pezones. El ideal cosmético es el rosa pálido, aunque sea discordante con las características raciales. Para conseguirlo tiene una amplia gama de productos blanqueantes: cremas, barritas y pastillas anunciadas por mujeres rubias o asiáticas (la globalización es asuecarse).

Las mujeres sin recursos deben acudir a remedios caseros: embadurnarse los pezones con yogur natural o frotarse un limón partido por la mitad. En ningún caso, ni la ciencia cosmética —¿ciencia?— ni los remedios caseros son válidos para las mujeres con la piel oscura. Los pezones oscuros elevados a la categoría de drama tanto como una regla dolorosa.

Los pezones negros están relegados a las páginas pornográficas: son objeto de fetiche, cosa de viciosos (big-big-black-black-nipples). La naturaleza convertida en mercancía obscena.
Las jóvenes mamás y los pezones «naturales»

En foros de mamás (en castellano) es fácil encontrar preguntas de madres jóvenes quejándose de tener los pezones negros y pidiendo consejos para que vuelvan a tener «su color natural». ¿Acaso los pezones oscuros son síntoma de una enfermedad?

Las respuestas van desde el «no te preocupes» a «frótate los pezones con limón» o «ponte yogur natural» y «dale leche artificial si quieres lucir unos pezones bonitos». Aquí la duda es si los maridos de estas jóvenes mamás son mastuerzos obsesionados con los pezones claros o son ellas quienes se castigan a sí mismas por no seguir un canon estético.
El pajarito es azul; los pezones, de ninguna manera

En Twitter una oleada de hombres y mujeres jóvenes, la mayoría jóvenes latinoamericanos, expresan su asco o rechazo por los pezones negros. Unos se quejan de quienes suben fotografías con pezones oscuros y otras de piel oscura presumen de tenerlos claros «no como la mayoría de las tuiteras».

Una usuaria con más de 100.000 seguidores escribe: «Cualquier vieja con pezones negros se cree modelo» y su corte de amigas virtuales ríen la tontería. Deben ser del club de los pezones rosas (y que apuntan al cielo).

Un joven reggaetonero que objetivamente hablando no daría para galán en ninguna telenovela escribe: «No me hables si tienes los pezones negros. Me dan asco». ¡Piensa así y pocas roscas te comerás!, pienso.

¿En qué momento una asamblea de un millar de mujeres decidió que los pezones debían ser claros (y el ano, también)? ¿En qué momento una característica que es propia de una parte de la población femenina, por raza y por edad, se convirtió en un canon estético?

Que la nueva Barbie tenga curvas como una mujer real no es suficiente. Cada Barbie desnuda debería tener pezones-sorpresa: unos rosas, otros marrones, otros negros… ¿Sexualizar? ¡No! Normalizar antes que esta tontería de la discriminación pezonil se nos escape de las manos.

El color de la piel en la especie humana puede variar desde un color blanco rosáceo a tonos casi negros. En general, las personas cuyos antepasados vivían en regiones soleadas tiene la piel más oscura que las personas cuyos antepasados vivían en regiones con menos luz solar. 

Sin embargo, existen personas con antepasados procedentes de ambos tipos de regiones, con lo que su color de piel estará en un término medio. Normalmente, apreciamos que las mujeres tienen un tono más ligero que el de los hombres.

El color de la piel está determinado por la cantidad y tipo de pigmento de melanina en la piel:

Una piel oscura protege el individuo del cáncer de piel, es decir, las mutaciones en las células de la piel producidas por la luz ultravioleta. Las personas de piel clara tienen una probabilidad unas diez veces mayor de morir por cáncer de piel bajo las mismas condiciones de luz solar. Además, la piel oscura previene la destrucción de la vitamina B esencial de folato por radiación ultra violeta. 

El folato es necesario para la síntesis de ADN en la división celular, y niveles demasiado bajos en las mujeres embarazadas están relacionados con defectos y anomalías en el feto.

La ventaja de la piel clara es que deja pasar más luz solar, lo que implica una producción mayor de vitamina D3, necesaria para la absorción del calcio y el crecimiento de los huesos. El tono más claro de piel en las mujeres se puede deber a la preferencia sexual o a las mayores necesidades de calcio de éstas durante el embarazo y la lactancia.
Este post , escrito por Javier Melendez Martin, se publicó  en Yorokobu.

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Por Dimas L. Berzosa Guillén
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