Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

Dime qué idioma hablas y te diré cómo aprendiste a contar

Dime qué idioma hablas y te diré cómo aprendiste a contar
Dime qué idioma hablas y te diré cómo aprendiste a contar.

Los idiomas que hablamos influyen incluso en factores en los que se basa nuestra capacidad para leer, como la atención visual o los procesos fonológicos.

Así concluye un nuevo estudio, realizado en el centro de investigación vasco BCBL, que podría tener implicaciones en la enseñanza y en el diagnóstico de la dislexia y otros problemas de lectura.



Se nos olvida con frecuencia que las matemáticas son una ciencia creada por nosotros.

Todas las operaciones (sumar, restar, multiplicar o dividir) han sido concebidas para tratar de plasmar en un papel situaciones que observamos en el mundo real.
Sumar y multiplicar implica acumulación de objetos, restar implica la eliminación de objetos y dividir implica su repartición.

Los números son entes abstractos, que no “existen” en la naturaleza (sin embargo, la naturaleza puede realizar “operaciones matemáticas” con sus componentes, como sucede en las plantas que saben dividir).

Aun así, nuestro cerebro tiene unos ligeros conceptos matemáticos integrados de forma temprana en todos nosotros.

Aunque con cuatro años la mayoría no sepamos sumar y restar, si sabemos contar hasta cuatro objetos.

Para números mayores de cuatro aprendemos en la escuela técnicas de conteo: el típico uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis…

Gracias a que aprendemos a contar somos capaces de manipular números mayores, pero el mecanismo detrás de este contaje innato hasta cuatro sigue siendo relativamente desconocido.

A lo largo de nuestra vida aún nos quedan rastros de este “conteo inicial”, por ejemplo, somos capaces de reconocer la cantidad de objetos de un solo vistazo en una escena siempre y cuando sean cinco o menos

Para números mayores necesitamos detenernos a contar.

Recientemente se ha publicado un estudio en el que se obtiene una posible pista para entender este mecanismo innato, y parece que todo tiene que ver con el idioma del niño o niña.

En el estudio hicieron test para comprobar la capacidad numérica en niños de dos a cuatro años con diferentes lenguas maternas.

Para comprobar su primitivo conocimiento numérico jugaron a juegos en los que debían poner la misma cantidad de objetos en diferentes lados de una línea.

Si los niños no reconocían correctamente cuantos objetos había a un lado serían incapaces de imitar la misma cantidad en el lado contrario.

El objetivo del estudio era descubrir si había diferencias en el aprendizaje de los cuatro primeros números que se aprenden hasta los cuatro años, y si estas diferencias eran debidas al idioma aprendido por el niño.

Hace unos años el antropólogo Peter Gordon visitó una población indígena aislada de 200 habitantes en la Amazonia brasileña: los indios piraha del río Maici, cuyo idioma solo tenía tres números: uno (hói), dos (hoí) y muchos (aibai).

Peter jugó al mismo juego de situar la misma cantidad de objetos a ambos lados de una marca, comprobando que los habitantes de la aldea fallaban al tratar de situar más de dos objetos en un lado.

Para esta tribu, cinco objetos y seis objetos son “muchos” objetos, sin distinción alguna en su cantidad, (tradicionalmente no usan dinero y su trueque se realiza “a ojo”).

Quizás la enseñanza de técnicas para contar y la utilización de varios números en el idioma nos permita contar más, pero el contaje inicial sí que esté relacionado con el idioma, de ahí el estudio con los niños.

Los resultados del estudio fueron muy interesantes.

No todos los niños aprenden a contar hasta cuatro a la misma velocidad: los niños de habla japonesa y china son los que más tardan en entender el concepto del número uno.

En cambio, los niños eslovenos y árabes (dos lenguas sin ninguna relación geográfica) son los más rápidos en aprender a contar hasta tres objetos.

Los niños ingleses y españoles se situarían en medio de estos dos grupos.

Se cree que estas diferencias de aprendizaje residen en ciertas características de los idiomas: en japonés y chino no existe una palabra designada para el plural, como sucede por ejemplo en el inglés y en el español (un gato, dos gatos), por ese motivo tardan más tiempo en asimilar la diferencia de cantidad de los objetos.

En cambio, en el árabe y en el esloveno existen palabras propias para referirse a un objeto, dos objetos o más de dos objetos.

Por ejemplo, en esloveno un botón se escribe gumb, dos botones son gumba, y tres o más botones son gumbi.

Estas diferencias ayuda a los niños pequeños a entender las diferencias numéricas mas rápidamente.

En otro artículo anterior ya nos habíamos referido a la importancia del idioma en el aprendizaje del bebé, y hablamos sobre el motivo por el cual los niños ingleses tardan más en aprender los colores frente a los niños españoles (la causa reside en el orden de adjetivo y nombre, que está invertido en el inglés).

Todos estos estudios demuestran que nuestro aprendizaje temprano y nuestra interpretación de la realidad dependen en gran medida de nuestro idioma.

Es muy probable que nuestra interpretación de la realidad también cambie según nuestro idioma natal, ¿no vemos el mundo igual que un francés o un japonés?


Dime qué idiomas sabes y te diré cómo lees

Aprender a leer en dos idiomas altera los procesos cognitivos en los que se basa la adquisición de la lectura.

La manera en que leen las personas bilingües está condicionada por los idiomas que conocen. Esta es la principal conclusión a la que han llegado los investigadores del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) tras revisar la literatura científica existente y compararla con los estudios realizados en el centro.

Los expertos han descubierto que los idiomas que hablan los bilingües (cuando han aprendido a leer en dos idiomas a la vez) afectan a sus estrategias de lectura, e incluso a los fundamentos cognitivos en los que se basa su propia capacidad para leer. Este hallazgo podría tener implicaciones en la práctica clínica y educativa.

“Los hablantes monolingües de lenguas transparentes –aquellas en las que las letras se pronuncian igual independientemente de la palabra en la que estén incluidas, como el euskera o el castellano– tienden más a utilizar una estrategia de lectura analítica, a leer las palabras por partes”, explica a Sinc Marie Lallier, una de las autoras del artículo.

Los idiomas que conoce un niño son determinantes para identificar un posible trastorno de lectura

Por otro lado, los hablantes de lenguas opacas –aquellas en las que los sonidos de las letras pueden tener diferentes sonidos en función del término, como el inglés o el francés– se suelen basar en una estrategia de lectura global. Es decir, tienden más a leer las palabras enteras para entender su significado.

Sin embargo, los investigadores del BCBL han observado que los bilingües que aprenden a leer en dos idiomas a la vez no leen igual que los monolingües, sino que siguen una pauta diferente que no se había descrito hasta la fecha.

Según esta revisión científica, publicada recientemente en Psychonomic Bulletin and Review, en las personas que hablan dos idiomas se produce una contaminación entre las dos estrategias de lectura.

Así, una persona que ha aprendido a leer en castellano y en inglés tenderá más a emplear una estrategia global, incluso al leer en español, que un monolingüe castellano, debido a la influencia del segundo idioma.

En el caso contrario, al leer en inglés tendería a emplear una estrategia más analítica (por partes) que los monolingües ingleses, por su ‘contagio’ del castellano. “El cerebro de los bilingües se acomoda a los conocimientos que estos adquieren y aplica a uno de sus idiomas las estrategias necesarias para leer en su otro idioma”, añade Lallier.

Los procesos cognitivos asociados

Hasta ahora, las investigaciones habían establecido qué estrategias emplean mayoritariamente los monolingües de unas y otras lenguas. Sin embargo, no se había identificado de qué manera se modifican las estrategias de lectura de los bilingües cuando aprenden a leer en idiomas diferentes.

Los científicos del centro donostiarra consideran que aprender a leer en dos idiomas con características distintas a la materna también altera los procesos cognitivos en los que se basa la adquisición de la lectura, como la atención visual o los procesos fonológicos auditivos.

Es decir, aprender a leer en idiomas opacos (como el inglés o francés) reforzaría nuestra capacidad de procesar muchos elementos visuales rápidamente, porque en ellos es necesario descifrar las palabras completas para conseguir una lectura fluida.

Y dado que los idiomas transparentes se focalizan mucho más en la correspondencia letra-sonido, se considera que aprender a leer en ellos mejora nuestra sensibilidad para percibir los sonidos del lenguaje.

Los bilingües que aprenden a leer en dos idiomas a la vez no leen igual que los monolingües, siguen una pauta diferente no descrita hasta la fecha

Aplicaciones en el diagnóstico de dislexia

Para los autores, este descubrimiento tiene implicaciones a diferentes niveles. Desde el punto de vista educativo, permite entender mejor cómo aprenden a leer las poblaciones bilingües y qué tipo de estrategias son más recomendables para que los alumnos aprendan a leer en función de los idiomas que conocen.

Además, podría ayudar en el diagnóstico y evaluación de la dislexia y otros problemas de lectura. “El aprendizaje de lenguas no puede generar más casos de dislexia, ya que es un trastorno con base neurogenética. Nuestra teoría sugiere que el mayor aprendizaje de idiomas puede hacer que sus síntomas sean más visibles, o al revés, menos. Eso depende de la combinación de lenguas que se están aprendiendo”, apunta Lallier.

Así, los idiomas que conoce un niño son determinantes para identificar un posible trastorno, ya que se trata de una información esencial que aclararía algunos de los errores al leer.

“Nuestra experiencia con los idiomas modula las capacidades de lectura, y habría que tenerlo en cuenta para enseñar a leer a los niños bilingües y si aparecen problemas de lectura, como la dislexia. Es necesario elaborar baremos específicos para diagnosticar la dislexia en bilingües porque su caso es distinto”, concluye la experta.

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BCBL
Fuente: http://www.agenciasinc.es/
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