Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo (B. F)

¿Por qué nos gusta tomar el sol?

 ¿Por qué nos gusta tomar el sol?
Bañistas en la playa de Miami.
¿Por qué nos gusta tomar el sol?

Utilizamos nuestros gustos como explicación para nuestro comportamiento

En mi opinión, una de las frases hechas que mejor resume la esencia de la individualidad humana es esa de “para gustos hay colores”.

Con ella pretendemos decir que a cada cual le place una cosa y que no contamos con, ni esperamos encontrar, una explicación racional posible que explique por qué es así y no de otro modo.

De hecho, no solo no intentamos explicar por qué nos gustan las cosas, sino que utilizamos nuestros gustos como explicación para nuestro comportamiento.

Por ejemplo, decimos que no solemos tomar gazpacho porque no nos gustan los tomates, o que vamos a la playa con frecuencia porque nos gusta tomar el sol.

Sin embargo, ninguno de esos porqués sirve como explicación alguna, ya que seguimos sin saber por qué no nos gustan los tomates, o por qué nos gusta tomar el sol.

Precisamente en este tema de tomar el sol, tema candente donde los haya, nos encontramos con un serio problema.

A pesar de las múltiples advertencias sobre los serios daños que supone tomar el sol en exceso, incluso protegidos con abundante crema protectora de los dañinos rayos ultravioleta emitidos por el astro rey, la gente sigue acudiendo en verano de manera masiva a las playas, precisamente durante las horas de mayor irradiación solar.

Es algo positivo para el turismo y la hostelería, porque ya solo faltaba que, además de no fumar, no beber, no comer en exceso, no opinar, etc., también nos decantáramos por no tomar el sol. Sería una ruina para nuestro país, al que, sin sol, el tema de la monarquía o la república, como tantos otros, se la traería al fresco, evidentemente.
 
Sea como fuere, la ciencia también se interna en áreas para las que, aparentemente, no hay esperanza de encontrar explicación alguna, como esta de por qué nos gusta tomar el sol.

Encontrar la explicación a este enigma tal vez pudiera ayudar a quienes, en efecto, toman el sol en exceso y, no contentos con eso, en otoño, invierno y primavera, acuden a diferentes establecimientos a recibir dosis extra de rayos UV. ¿Por qué les gustan tanto los rayos UV? ¿Es solo porque se ponen morenos?

Y bien, aunque el común de los mortales suele nadar en la ignorancia (lo que es muy diferente de nadar en la abundancia) más absoluta sobre por qué le gustan las cosas que le gustan, los científicos conocen un poco más sobre este tema, y saben que aquello que nos gusta suele desencadenar la actividad de determinados neurotransmisores en nuestro cerebro, o de sustancias que estimulan los circuitos neuronales del placer.

Es lo que sucede con las drogas, por ejemplo, incluida la nicotina.

Es también lo que sucede con las personas adictas al ejercicio físico, ya que el estrés causado cuando uno se ejercita en exceso produce la secreción de sustancias que ejercen un efecto antiestrés y provocan una sensación de bienestar que puede conducirnos a la adicción.

Ratones bronceados

Con estas ideas en mente, un grupo de investigadores del Hospital General de Massachusetts, en EE.UU., se propusieron estudiar si, al menos en algunos casos, la exposición al sol no podría causar adicción.

A favor de esta hipótesis se encontraba el hecho de que algunas personas, en efecto, acuden con frecuencia a establecimientos bronceadores para recibir generosas dosis de rayos UV y, aquí viene lo curioso, son capaces de detectar si les engañan, es decir, si solo les iluminan con luz visible, dejando la UV apagada.

Esto indica que algo deben echar en falta estas personas cuando no reciben su deseada dosis de radiación, lo que les permite descubrir que, en efecto, no la están recibiendo.

Este tipo de conducta es también propio de las adicciones a determinadas sustancias.

Para comprobar si los rayos UV del sol pudieran causar adicción, los investigadores afeitaron la espalda a unos cuantos ratones de laboratorio y los expusieron durante seis semanas a dosis diarias de rayos UV, similares a las que recibirían si tomaran el sol en una playa de Florida, pongamos Miami Beach, por 30 minutos cerca del mediodía.

Aunque los ratones no suelen irse de vacaciones a la playa, la dosis de UV se calculó para broncear, y no para quemar la piel de los sufridos animalillos.

Tras siete días de exposición a los rayos UV, los investigadores extrajeron sangre periódicamente a los animales para analizar la concentración de sustancias antiestrés.

Entre ellas se encuentran las llamadas beta-endorfinas, que actúan sobre el mismo tipo de neuronas que lo hace la morfina, el opiáceo más famoso.

Los investigadores encontraron que la concentración de beta-endorfinas se elevó durante el estudio y regresó a los niveles normales tras cesar la exposición al sol.

Para comprobar que la producción de beta endorfinas causaba adicción, los investigadores trataron a los animales habituados a los rayos UV con naxolona, un fármaco que bloquea la acción de los opiáceos.

Los ratones tratados mostraron síntomas similares a los del síndrome de abstinencia, los cuales incluían temblores y castañeo de los dientes.

Otros estudios complementarios acabaron por confirmar sin ninguna duda que la exposición al sol resultaba adictiva.

Es conocido que las beta-endorfinas son producidas por el cerebro, en particular por el hipotálamo y la glándula pituitaria, también llamada hipófisis.

Ahora, los investigadores, que publican sus resultados en la prestigiosa revista Cell, descubren que la piel sometida al estrés de la radiación ultravioleta también produce beta-endorfinas.

Aquellos individuos en los que dicha producción es más elevada de lo normal pueden caer en conductas adictivas.

No está claro por qué la piel cuenta con tal mecanismo antiestrés contra la radiación UV.

Es posible que este se desarrollara durante la evolución de los animales para facilitar la generación de vitamina D, la cual requiere de los rayos UV para su formación.

Sea como fuere, estos descubrimientos indican que, para muchas personas, las advertencias sobre lo negativo de excederse con el sol van a ser poco eficaces, ya que son “soladictos”.

Publicado por : http://jorlab.blogspot.com
Licencia Creative Commons
Comparte cultura en tu red social