Las ratas también pueden arrepentirse

las ratas también pueden arrepentirse
Arrepentimiento en ratas.

Un experimento demuestra que las ratas también pueden arrepentirse, así que no solamente los primates poseen este sentimiento.

Durante estos últimos años hemos podido ver en estas páginas cómo algunas características que parecían ser exclusivamente humanas también están presentes, a cierto nivel, en otros animales.

De este modo, esas facultades que creemos “superiores” probablemente aparecieron progresivamente en el transcurso de la evolución.

La última característica en esta lista es el arrepentimiento.
Nuestra habilidad de experimentar arrepentimiento depende de lo que los neurocientíficos describen como el viaje mental en el tiempo, que permite reconstruir escenarios en el pasado o en el futuro.

Se creía que sólo los humanos y otros primates podíamos sentir algo así. Ahora resulta que esta facultad de arrepentimiento también la tienen, al menos, las ratas según un resultado reciente.

El grupo de investigadores de la Universidad de Minnesota que ha llegado a esta curiosa conclusión está formado por A. David Redish y Adam Steiner.

El primer problema estaba en definir qué es el arrepentimiento, por lo que empezaron estudiando qué es lo que los psicólogos y economistas entendían por este concepto.

Llegaron a la conclusión de que el arrepentimiento consiste en reconocer que se ha cometido un error y que si hubieras hecho otra cosa diferente el resultado hubiese sido mejor.

La pista sobre si las ratas poseían esta capacidad vino de otros estudios que sostenían que las ratas podían aprender a recorrer un laberinto gracias al viaje mental en el tiempo.

Así por ejemplo, una rata puede retroceder antes de dar la vuelta a una esquina del laberinto al reactivarse ciertos patrones de actividad cerebral adquiridos en anteriores exploraciones.


La primera dificultad residía en distinguir este sentimiento de arrepentimiento del de sentirse decepcionado. Este último caso es cuando las cosas no salen tan bien como uno se esperaba.

Uno no se arrepiente de las cosas que no obtienes, sino de las cosas que no has hecho.

Para poder distinguir entre las dos fue necesario que las ratas tuvieran la posibilidad de elegir, que tomaran una decisión de la que pudieran, o no, arrepentirse.

Para ello desarrollaron una tarea que las ratas tenían que realizar y que consistía en que tenían que estar dispuestas a esperar un tiempo para obtener una recompensa en forma de comida.

Se les presentaba una serie de opciones de comida, pero tenían tiempo limitado para obtenerla.

La idea era mostrar que las ratas estaban dispuestas a esperar un mayor tiempo para así obtener determinadas comidas o sabores por ser sus favoritos.

Esto les permitía medir las preferencias individuales de las ratas y saber si una oferta era buena o mala para ellas.

El experimento permitía que las ratas se encontrasen con la situación en la que se saltaban una de esas buenas ofertas para encontrar otra peor, por lo que se sentaban las bases para el arrepentimiento.

Básicamente el montaje consistía en un recorrido circular con cuatro dispensadores de comida al que llamaron el pasillo de los restaurantes.

Las distintas bolitas de comida tenían el sabor por defecto, a cereza, a chocolate o a plátano.

Las preferencias variaban entre los individuos y a cada una se les daba una hora al día para comer.

La idea era cómo conseguir la máxima cantidad de comida. Según el tono de sonido aprendía cuánto tiempo tenían que esperar para conseguir una bola de cada dispensador, intervalo de tiempo que se elegía al azar entre 1 segundo y 45 segundos.

Cuanto más alto era el tono mayor era la espera. Así que tenían que sopesar si se movían o no para conseguir la bolita de turno. Pero después de un tiempo la oferta expiraba.

Las ratas mostraron señales de arrepentimiento en su comportamiento.

Así por ejemplo, en algunos escenarios de arrepentimiento las ratas miraban hacia atrás, hacia el dispensador previo que se habían saltado y que tenía un sabor más apetecible.

En los humanos el córtex orbitofrontal del cerebro se activa durante el arrepentimiento. Así que estos investigadores buscaron esa misma actividad en el cerebro de las ratas.

Comprobaron que esto era efectivamente así cuando las ratas se encontraban un resultado peor que el que se acaban de saltar.

Esta actividad cerebral representaba lo que las ratas deberían de haber hecho y no hicieron, no era la mera pérdida de una buena oferta.

Si nos fijamos, el experimento imita, hasta cierto, punto lo que los animales se pueden encontrar cuando forrajean en la Naturaleza.

Así que parece razonable que este sentimiento pueda haber aparecido por evolución para así optimizar la alimentación.

Estos investigadores sostienen que este experimento permite comprender mejor por qué los humanos hacen las cosas de la forma en las que las hacemos.

Así por ejemplo, quizás permita ayudar a saber cómo el arrepentimiento afecta las decisiones que tomamos, o ayudar en el tratamiento del abuso del alcohol o las drogas.

Su diseño permitirá además comprobar si esta facultad está también presente en otros animales.

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