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El futuro de la exploración espacial

El futuro de la exploración espacial: Marte y planetas extraterrestres
Crédito: NASA.
Alpha Centauri. 

¿Llegaremos alguna vez hasta ella?
La profecía

En septiembre de 1965, desde un estudio de televisión estadounidense, despegó la Júpiter II, nave espacial con forma de platillo volador que llevaba a la familia Robinson, un robot y un intruso con destino al sistema de la estrella Alpha Centauri.
El futuro de la exploración espacial: Marte y planetas extraterrestres.

Por Sara Muñoz.



Interpretación artística de la utilización de un agujero de gusano para viajar a través del espacio.

Sería un método de compresión del espacio-tiempo para limitar el tiempo que se tardaría en llegar.

El futuro de la exploración espacial tripulada se ve bastante bien, según algunos expertos.

Puede que algún día, los seres humanos seamos capaces de andar por algunos de estos mundos extraterrestres que, a fecha de hoy, sólo se pueden estudiar y observar a cierta distancia.

Pero, aquí en la Tierra, ya hay algunas industrias privadas, como Mars One, que tienen como objetivo establecer un asentamiento permanente en el planeta rojo.

El ex astronauta Mae Jemison y el ingeniero de la NASA, Adam Steltzner hablaron con optimismo sobre el futuro de la exploración espacial tripulada.

Durante la conferencia, Steltzner dijo: “La exploración y la curiosidad que motivan los viajes espaciales son fundamentalmente características del ser humano”.

“Los seres humanos deberían participar en la exploración”

Steltzner fue el ingeniero jefe del rover Curiosity de la NASA. Él ayudó a diseñar y a poner a prueba uno de los mejores sistemas de descenso del rover, pero sus aficiones no se ciñen solamente a la exploración robótica del sistema solar.

Dijo: “Tengo ganas de ver huellas humanas en la superficie de Marte, antes de morir”.

El aterrizaje de un ser humano en el planeta rojo sería mucho más complicado que el aterrizaje de un robot. Por poner un ejemplo, el rover Curiosity golpeó la atmósfera marciana con una aceleración de 15g (1g = aceleración de la gravedad en la superficie terrestre).

Por lo tanto, viajar a una velocidad tan extrema sería desastroso para los humanos, ya que sólo experimentamos 1g en la superficie de la Tierra. Según Steltzner, en 15g, las retinas se desprenderían de los ojos humanos.

Pero esto no significa que nos tengamos que rendir.

“Los seres humanos deberían participar en la exploración”, dijo Steltzner a la audiencia.

Hay varias formas de explorar. Además de patear el polvo en la Luna o en algún planeta del sistema solar, Steltzner sugirió otras formas de propagar a los seres humanos por toda la galaxia.

Dijo: “Imaginad que enviamos a toda velocidad bacterias terraforming que vivan mucho tiempo, con la idea preconcebida de dar forma o moldear ese nuevo planeta”.

La Terraformación es un proceso en el cual se intenta moldear el planeta para cambiarle sus propiedades (como el clima, por ejemplo) y, así deliberadamente acondicionarlo para que sea habitable por los seres humanos y otros tipos de vida terrestre.

Aunque la idea de que las bacterias – y la vida – podrían viajar a otros planetas sobre una roca no es nada nueva, Steltzner sugirió un programa deliberado que suena más a ciencia ficción que a un hecho científico.

Estas bacterias podrían llevar nuestro genoma y las instrucciones para volver a montarlo después de aterrizar en otro planeta (y después de haber sido terraformado el planeta, para apoyar esa vida).

Steltzner describió este proceso como “la firma de los seres humanos orgánicamente en el tiempo”.

Que este programa sea aceptado por los seres humanos y que tenga éxito en la exploración espacial y la colonización de otros planetas, eso es otra cuestión. Steltzner señaló que los seres humanos nos definimos por algo más que nuestros genes, y que nuestras experiencias y conexiones también forman una gran parte de nosotros.

Pero en términos de la difusión de la humanidad a través de la galaxia, este tipo de siembra genética podría ser la más fácil y efectiva.

Además de la exploración y de la curiosidad, Steltzner también señaló que mientras permanezcamos en un solo planeta, estamos en riesgo de extinción, en el caso de que haya algún desastre.

Tales desastres pueden provenir del exterior, como los impactos de meteoritos o asteroides que destruyeron a los dinosaurios, incluso, la muerte del Sol eventualmente (aunque tenemos más de 4 mil millones de años hasta entonces).

Estos desastres también podrían provenir de adentro, según Steltzner. Una población en crecimiento, el clima, el medio ambiente, y mantener un biosfera bajo control son problemas que podrían tener algún impacto sobre el ser humano.

Esto conduce a lo que Steltzner denomina la “paradoja de la terraformación”, en la que las capacidades y habilidades necesarias para cambiar otro planeta para satisfacer las necesidades humanas son las mismas que son necesarias para mantener a la Tierra sana y sostenible.

Dijo: “No vamos a ser capaces de realizar este trabajo en otros planetas hasta que no averigüemos cómo hacerlo aquí”.

Aunque los proyectos de terraformación pueden estar fuera de nuestro alcance por el momento, visitar otros planetas en el sistema solar sigue siendo una posibilidad no muy lejana, y que no se ve obstaculizada por el nivel de tecnología.

“La tecnología no nos ralentizó para llegar a la Luna”, dijo Steltzner. “Y, no nos va a frenar para llegar a Marte”.

“Un viaje integrador”

Puede que Marte sea uno de los planetas más cercanos que los seres humanos quieren colonizar, pero ciertamente no es el único. Mae Jemison describió el proyecto “100-Years Starship” a un público interesado. El programa no sólo está interesado en construir la nave espacial, sino que también busca promover la innovación y el entusiasmo por los viajes interestelares.

Jemison dijo: “La razón por la que no estamos en la Luna no tiene nada que ver con la tecnología, sino más bien con la voluntad y el compromiso del público”.

Como resultado, este proyecto, del cual Jemison es el líder, intenta aumentar el entusiasmo por el espacio también. El programa “100-Year Starship” no solamente incluye ingenieros y astrofísicos, sino que también incluye artistas y escritores de ciencia ficción.

Dijo: “Tiene que ser un viaje participativo, global”.

Aunque hay mucha gente que se opone a la financiación de estos programas espaciales, porque dicen que todavía hay necesidades humanitarias que hay que cumplir en la Tierra, Jemison señala que dicha exploración a menudo conduce a la innovación y a una tecnología inesperada que puede tener un gran impacto en la Tierra.

También añadió: “Creo que la búsqueda de un mañana extraordinario puede crear un mundo mejor hoy”.

El viaje a otras estrellas toma mucho más tiempo que el desarrollo de la tecnología adecuada. Jemison compara la distancia a Próxima Centauri, la estrella más cercana, con la distancia que hay entre Nueva York y Los Ángeles.

Si la nave Voyager 1 de la NASA, que fue lanzada en el año 1977, estuviera de camino a Los Ángeles desde NY, sólo habría viajado una milla (1,609km) en las últimas 4 décadas.

A este ritmo, le va llevar unos 70.000 años para llegar a Próxima Centauri.

Teniendo en cuenta la gran cantidad de tiempo que requiere hacer un viaje espacial, Steltzner dijo: “No se me ocurre ni un solo país que haya sido estable durante 1.000 años”.

Sin el desarrollo de un método para deformar o reducir el espacio-tiempo, o un nuevo sistema de propulsión, que son dos de las ideas que el programa “100-Year Starship” está estudiando, la humanidad deberá encontrar una manera de superar algunos de sus problemas de inestabilidad.

Para llegar allí, Jemison subrayó que todo el mundo debe participar en el proceso.


Próxima no debería ser la próxima

Alpha Centauri es parte de la constelación del Centauro, y ella misma es un grupo conformado por tres estrellas: Alpha A y B, y Próxima Centauri, una enana roja, ocho veces más pequeña que nuestro sol, y que es realmente la estrella más cercana a nuestro sistema solar, al encontrarse a 4,22 años luz de la Tierra.

Dicen que la distancia es como el tiempo

Cuatro años luz no parecen mucho tiempo, si ignoramos el hecho de que esta medida indica el tiempo que tarda la luz en recorrer el espacio, a trescientos mil kilómetros por segundo. Para hacernos una idea de lo exorbitante que puede ser el espacio entre ambos sistemas estelares hay que considerar que la Luna se encuentra a sólo trescientos ochenta mil kilómetros de la Tierra, y el Apolo 11, en el famoso y discutido viaje de 1969, tardó tres días en cubrir esta distancia.

Si la Júpiter II hubiese volado cuatro veces más rápido que el Apolo en su mejor momento (11 kilómetros por segundo), y su misión no hubiera sido saboteada por el doctor Smith, tardaría alrededor de treinta y dos mil años en alcanzar esta estrella en la que hasta ahora no se ha encontrado ningún planeta. Pero éste no es el caso de su vecina, Alpha Centauri B.
Un planeta extrasolar muy cercano

Entre los ochocientos planetas fuera de nuestro sistema, descubiertos en los últimos años, destaca uno encontrado en 2012 que gira en torno a Alpha Centauri B, por lo que se trata del planeta extrasolar más cercano a nosotros, con 4,3 años luz. El descubrimiento fue hecho por un equipo de la Universidad de Ginebra, a partir de observaciones realizadas desde el observatorio de La Silla, en Chile.

Aunque se trata de un planeta, bautizado como Alpha Centauri Bb con una masa similar al nuestro, es muy improbable que haya vida en él, pues su órbita esta más cerca de Alpha que la de Mercurio del sol y tarda apenas 3,2 días en orbitar la estrella, lo que lo hace un año demasiado breve y caliente.

Nuestro conocimiento de este grupo vecino de estrellas constituye el primer paso que comenzó, hace mucho tiempo, cuando levantamos la vista hacia la noche estrellada y comenzamos a preguntarnos qué había más allá.

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Fuente: Space.com
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