Del cerebro y nuestra libertad

Del cerebro y nuestra libertad
Cerebro y libertad.

La cuestión de si somos o no seres libres y, por consiguiente, responsables de nuestros actos, sigue siendo debatida en círculos filosóficos y científicos, en aquellas raras ocasiones en las que los cerebros de estos intelectuales no se encuentran secuestrados por la crisis económica, el torneo o campeonato mundial de turno, o las obligaciones familiares y sociales.

Las modernas técnicas de imagen funcional del cerebro permiten detectar qué regiones del mismo se ponen en funcionamiento cuando se toma una decisión.

Utilizando esta tecnología, hace unos seis años, los científicos pudieron predecir con un 60% de exactitud si una persona iba o no a tomar una decisión simple (presionar o no un botón, coger o no un objeto…)

La actividad cerebral que permitía esta predicción se iniciaba nada menos que cerca de 10 segundos antes de que los sujetos fueran conscientes de lo que habían decidido, lo que sugería que el cerebro decidía primero, y luego informaba a lo que quiera que sea el “yo” de la decisión tomada, haciendo creer a ese “yo”, además, que lo había decidido “él”.

Este estado de cosas es demasiado duro para aquellos que creen que los seres humanos se sitúan en un plano por encima de la Naturaleza y que su comportamiento no está controlado por mecanismos materiales.

Y es que, es cierto, una cosa es que el cerebro se ponga en marcha cuando decidimos algo, y otra muy distinta que la decisión dependa de ese funcionamiento.

Si eso fuera así, modificarlo podría causar un cambio en nuestras decisiones.

Esto es precisamente lo que sucede.

Un español pionero

Afortunadamente, hoy no está bien visto experimentar con el cerebro de aquellos seres humanos que poseen uno, variedad cada vez más escasa, visto lo visto.

Por razones meramente científicas, y no terapéuticas, no podemos implantar electrodos en el cerebro de las personas para modificar, con pequeñas descargas eléctricas, su funcionamiento.

Sin embargo, este tipo de experimentos se han realizado.

Fue el profesor José Manuel Rodríguez Delgado (1915-2011), natural de Ronda (Málaga) –emigrado, tras la Guerra Civil española, a Estados Unidos, donde trabajó como profesor de Fisiología en la Universidad de Yale–, el primero en implantar electrodos activados por radio en el cerebro de gatos, monos, chimpancés, gibones, toros, y también seres humanos.

Con estos artilugios, Delgado pudo controlar su comportamiento (inducir o frenar movimientos) con solo apretar un botón, como hoy apretamos los del control remoto de la tele.

El estado de ánimo podía igualmente ser modificado, dependiendo del lugar del cerebro en el que los electrodos habían sido implantados, y podían inducirse sensaciones de alegría, concentración mental, relajación, visiones coloreadas y otras sensaciones extrañas no fácilmente definibles (también como cuando vemos la tele).

El experimento que Delgado definió como el más impresionante de los que realizó –más aún que aquél en que fue capaz de detener la carga de un toro presionando un botón– fue el llevado a cabo con una chimpancé llamada Paddy.

Paddy era bastante nerviosa y Delgado pretendió curarle su nerviosismo. La manera en que lo hizo es paradigmática.

Conectó electrodos en el cerebro de Paddy, los cuales, a su vez, estaban conectados a un ordenador, que en aquellos años, la década de los 60 del siglo pasado, era muy primitivo.

Los electrodos recogían las señales que el cerebro de Paddy emitía. Una señal particular, producida por la región cerebral denominada amígdala, era indicativa del estado de nerviosismo del animal.

Cuando el ordenador la detectaba, emitía otra que actuaba sobre los electrodos implantados en el cerebro de Paddy, causándole una sensación desagradable.

Así, en pocas horas, las dos amígdalas cerebrales de Paddy comenzaron a emitir señales con menor frecuencia: Paddy había aprendido a calmarse.

Delgado especuló con la idea de que un mecanismo similar podría ser utilizado para aprender a controlar ataques de pánico y otros desórdenes similares asociados con actividades que pudieran ser detectadas en áreas concretas del cerebro.


Dentro del cerebro

Los experimentos de Rodríguez Delgado, de los que pocos hablan hoy, no han sido refutados.

Lejos de ello, como decía arriba, nuevas tecnologías indican que el cerebro decide por nosotros, e incluso crea un “yo” de manera fisiológica y, por tanto, mecánica.

Esto resulta duro de aceptar.

No obstante, la ciencia no se caracteriza por la piedad, sino por la verdad, y algunos investigadores siguen interesados en estudiar si existe o no la supuesta libertad de elección.

Es el caso de dos científicos, uno europeo y otro estadounidense, que han estudiado si la estimulación de algunas regiones cerebrales de los monos macacos pueden modificar sus elecciones.

Los investigadores, que publican sus resultados en la revista Current Biology, encuentran que una región cerebral crítica para la “libertad” de elección es la denominada área ventral tegmental, una zona localizada en el centro del cerebro, implicada en los circuitos que posibilitan la sensación de recompensa, y conectada con el córtex prefrontal, un área también considerada fundamental en la toma de decisiones.

Al estimular con un electrodo el área ventral tegmental, los investigadores fueron capaces de modificar una y otra vez las preferencias de los animales respecto a un color o un objeto.

Puesto que eran macacos, no pudieron estudiar si la estimulación eléctrica cambiaba también sus preferencias políticas o su equipo favorito, pero todo se andará.

En todo caso, estos estudios siguen confirmando la ausencia de libertad de elección y avanzan en la comprensión de las zonas del cerebro implicadas en hacernos creer que somos libres.

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