La máquina de Martinus van Marum

La máquina de Martinus van Marum
La máquina de Martinus van Marum.

Antes de nada, ¡gracias Emanuel por la ayuda sobre este asunto!

Pasemos a la acción, ¿quién es Martinus van Marum y qué tiene de interesante su máquina?

La electricidad ha fascinado a los humanos incluso desde antes de que se tuviera una idea, siquiera aproximada, de qué se esconde tras ese fenómeno.

Cuando en los albores del siglo XIX fue dada a conocer la pila voltaica, se abrió todo un mundo para la experimentación eléctrica pero, antes de aquello, osados pioneros habían logrado construir máquinas asombrosas capaces de generar electricidad.



Eran grandes y poco prácticas, pero no hay que restar mérito a unas gentes que veían cómo el “asombroso fluido eléctrico” se convertía en algo controlable por primera vez en la historia.

No se trata aquí de ahondar en los orígenes de la tecnología eléctrica, eso da como para un voluminoso libro, pero si hemos de trazar una brevísima ruta cabe acordarse de las menciones que en la antigüedad se realizaban sobre las propiedades del ámbar al ser frotado, que andando el tiempo se convirtieron en ideas que dieron vida a primitivos ingenios como los generadores electrostáticos de fricción de Otto von Guericke hacia 1640.

Newton experimentó más tarde con una máquina similar, modificando un poco el montaje y cambiando la esferilla original de azufre por una de cristal.

Ese elemento que, por frotación, se “electrizaba” fue mejorado con rapidez.

Por ejemplo, hacia 1705 ya se utilizaban cilindros y placas, también de cristal y, más tarde, se llevó el sistema a la perfección con grandes ingenios de planchas giratorias de fricción, capaces de generar espectaculares chispas eléctricas.

Fueron muchas las máquinas electrostáticas que fueron apareciendo desde mediados del siglo XVII pero, sin duda, una de las más llamativas fue la de Martinus van Marum o, más bien, sus máquinas, porque aunque una destacó especialmente, contribuyó a construir varias.

Van Marum fue un monstruo, en el buen sentido de la palabra.

Contribuyó al avance de todo tipo de ciencias y tecnologías y su curiosidad era insaciable. Holandés, nacido en 1750, se interesó por la medicina, la biología, la geología, la química, la historia natural y la física.

La electricidad le apasionaba, por lo que decidió crear algo nunca visto hasta entonces, una máquina eléctrica con la que generar grandes chispas en el aire.

Cabe decir que la máquina tuvo muchas utilidades, junto con otros de sus montajes eléctricos, por ejemplo en el descubrimiento del ozono.

La historia de la máquina de Van Marum comienza en 1783, siendo ya un profesor reconocido.

En ese tiempo fue elegido para dirigir el gabinete de ciencias naturales y físicas del nuevo Museo Teylers, de Haarlem, el más antiguo de Holanda (o, más correctamente, Países Bajos), lugar en el que, por cierto, sigue estando la máquina.

Hasta la llegada de los generadores Van de Graff, fue la máquina electrostática más grande del mundo.

Su montaje costó una pequeña fortuna, motivo por el que, aunque a Van Marum le rondaba la idea de crear algo así desde hacía años, no pudo emprender la tarea hasta lograr su puesto en el museo.

Incluso desde su elevada posición le costó un tiempo convencer a los patronos e inversores para donar el dinero necesario para crear el gigante electrostático.

Van Marum prometió en sus apasionados discursos y cartas que, con un generador como el que imaginaba, se podrían lograr avances científicos sin precedentes.

No le faltaba razón, pero hasta que se materializó, tuvo que aguantar todo tipo de críticas.

Al final, con mucho empeño, se construyó un aparato singular nunca visto hasta entonces y que, como he comentado, ha tenido la fortuna de sobrevivir hasta nuestros días.

Ahí está, desafiando al tiempo, un ingenio en el que dos grandes discos de cristal de más de metro y medio de diámetro constituyen los elementos principales que giran gracias a una manivela y son “excitados” por un sistema de almohadillas.

La electricidad generada era conducida desde el conjunto rotor, aislado por patas de vidrio, hasta un sistema acumulador con 225 botellas de Leyden.

Esa electricidad se utilizaba en todo tipo de montajes experimentales, como generadores de grandes chispas.

Varias personas trabajando con esfuerzo para hacer girar los discos hacían que la máquina creara corrientes de voltajes considerables.

Van Marum estaba encantado con su máquina, que se utilizó en infinidad de experimentos.

Con ella se realizaron pruebas con todo tipo de materiales conductores, aislantes, pruebas a tierra, ensayos de resistencia eléctrica, calentamiento de metales e incluso pruebas muy arriesgadas sobre distancias de seguridad para trabajar con electricidad.

Puede decirse que, con esa máquina, nació la tecnología eléctrica básica. Científicos de media Europa visitaron el lugar solicitando su uso.

De ahí surgieron tablas para el diseño de cables eléctricos, protección contra rayos, ensayos de condensadores y experimentos químicos como los que llevó a cabo con ozono en 1785 el propio Van Marum (ciertamente, el ozono fue caracterizado químicamente más tarde, pero concedamos a Van Marum el honor de haber creado el primer “generador” de ozono, del que describió su “característico olor a materia eléctrica”).


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