Células gliales

Células gliales
Células gliales: De cemento nervioso a participantes activas en el funcionamiento cerebral.

En el cerebro hay dos tipos de células: las neuronas y las células gliales, que son mucho más numerosas y diversas que las neuronas pero no producen potenciales de acción.

Y quizás por este motivo el estudio del sistema nervioso durante muchos años se ha centrado principalmente en las neuronas dejando de lado a la glía a la que se le atribuían funciones pasivas.

Un par de representaciones de células de la neuroglia.

Así, se pensaba que las células gliales servían de soporte mecánico para las neuronas, es decir, eran consideradas una especie de “cemento” que aportaba solidez y consistencia al entramado neuronal.

De hecho, la palabra “glía” deriva del griego y significa “pegamento”.

Estas células fueron denominadas así por primera vez por el histólogo Rudolf Virchow en 1858 en su libro “Cellular Pathology”, en el que describía a la glía como el tejido conectivo en el que las neuronas están envueltas.

A partir de su trabajo, numerosos histólogos de la época se interesaron en la glía y desarrollaron técnicas de tinción que permitieron la distinción de los tipos principales de células gliales: astrocitos, oligodendrocitos, células de Schwann, y microglía.

Es de destacar en estos avances histológicos el trabajo de dos neurocientíficos españoles: Pío del Río Hortega y el premio Nobel Santiago Ramón y Cajal. Pío del Río Hortega (1882-1945) definió con claridad las células de microglía y sus diferentes estados de activación ante algún tipo de patología del sistema nervioso.

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) estudió las relaciones anatómicas entre astrocitos, neuronas, y vasos sanguíneos y apuntó que la disposición tan cercana de los astrocitos con las neuronas y los vasos sanguíneos debía de tener importantes implicaciones funcionales.

En su “Histología del Sistema Nervioso” (Oxford University Press, edición de 1995) comenta lo siguiente:

“¿Qué significación funcional debemos otorgar a la neuroglia? Desgraciadamente, en el estado actual de la ciencia no es posible contestar a esta importante pregunta más que mediante conjeturas más o menos racionales.

En presencia de este problema, el fisiólogo se halla, por falta de métodos, totalmente desarmado”.

Esta pregunta que se planteaba Cajal sigue sin respuesta plena a día de hoy, pero los avances tecnológicos de los últimos años han permitido el abordaje de experimentos que no eran posibles en la época en la que Cajal realizaba sus tinciones y estudios al microscopio y que han permitido esclarecer algunas de las funciones de las células gliales.

Aún así, él se atrevió a plantear varias hipótesis sobre algunas funciones de los astrocitos.

Por ejemplo, estableció la posibilidad de que los astrocitos pudieran dividirse, evidencia que se demostró científicamente años mas tarde.

También, al mostrar el contacto entre pies terminales de astrocitos y vasos sanguíneos, propuso que éstos podrían inducir procesos de vasodilatación o vasoconstricción que estarían implicados en la atención.

De esta forma cuando se precisara una mayor implicación de un área cerebral determinada para un proceso cognitivo, los vasos sanguíneos de esa zona estarían vasodilatados por acción de los astrocitos.

Es de destacar que muy recientemente se han confirmado acciones de los astrocitos sobre la dilatación o contracción de vasos sanguíneos cerebrales en respuesta a una mayor o menor actividad neuronal.

Una vez más, la intuición de Don Santiago estuvo acertada.

Aún queda por demostrar si los astrocitos intervienen también en la transición del estado de vigilia al sueño como también planteó en sus trabajos.

En los últimos 20 años el auge de la investigación en glía ha sido espectacular y está creando un cambio de visión menos “neuro-céntrico” en el estudio del cerebro.

Los manuales de Neurociencia tendrán que ir adaptando sus contenidos a los nuevos avances en el campo de la “Gliociencia”.

Así por ejemplo, se ha demostrado que los astrocitos participan en las sinapsis químicas, en el procesamiento de la información de circuitos neurales, en procesos de plasticidad sináptica e incluso que actúan como células madre neurales.

La microglía, además de su función inmune en el cerebro, también se conoce ahora que participa en el remodelado sináptico tras una lesión o en la modulación de la migración y diferenciación de las células madre neurales adultas.

Existen también evidencias de comunicación química y/o eléctrica entre neuronas y astrocitos, oligodendrocitos, células de Scwhann o microglía, cuyas funciones se conocen en algunos casos pero en su mayoría están aún en estudio.

Las neuronas y la glía establecen por tanto una relación simbiótica y se necesitan las unas a las otras para su correcto funcionamiento. Su estudio debe hacerse en paralelo, sin obviar a ninguna de las partes.

La investigación sobre la glía que tendrá lugar en los años venideros ayudará a despejar otras incógnitas sobre el papel en el cerebro de estas células y resolverá muchas preguntas que aún en pleno siglo XXI siguen sin tener respuesta como ¿por qué en el ser humano los astrocitos son más grandes, complejos y envuelven más sinapsis que los de cualquier otra especie animal?

 ¿Cómo contribuye la glía a los diversos procesos patológicos cerebrales? ¿Qué sentido tienen las redes de comunicación que se establecen entre ellas y las neuronas?

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Fuente:http://www.drosophila.es/