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Abdol-Hossein Sardari, el Schindler iraní

Abdol-Hossein Sardari, el Schindler iraní
Abdol-Hossein Sardari (1895-1981)
Abdol-Hossein Sardari, el Schindler iraní.

La ofensiva del ejército alemán iniciada el 10 de mayo de 1940 sobre Bélgica, los Países Bajos y Francia supuso un auténtico descalabro para el ejército francés y la Fuerza Expedicionaria Británica.

Las divisiones alemanas sobrepasaron con facilidad la línea defensiva francesa, obligando a las tropas aliadas a retirarse (casi 340000 soldados franceses, británicos y belgas fueron evacuados hacia Gran Bretaña a partir del 26 de mayo a través de los puertos de Dunkerke y Le Havre). 

El 14 de junio la Wehrmacht tomaba París y el 22 el gobierno francés capitulaba y firmaba un armisticio por el que Alemania ocupaba 2/3 del territorio francés, mientras que el resto quedaba bajo el mando de un gobierno títere dirigido por el mariscal Pétain y con capital en Vichy.

Poco después de la derrota francesa, la delegación diplomática iraní en París cambió de titular.

El entonces cónsul dejó el cargo y fue sustituido por su cuñado, un abogado residente en Suiza llamado Abdol-Hossein Sardari, que se encontró con el puesto sin proponérselo.

Abdol-Hossein Sardari había nacido en 1895 en Teherán, en el seno una familia emparentada con la familia real de los Kayar, que habían gobernado Irán desde finales del siglo XVIII.

Tuvo por ello una vida fácil y privilegiada hasta que en 1925 el último sah de la dinastía Kayar, Ajmad Sah, fue depuesto por el parlamento y sustituido por el general Reza Savad Koohi, que fue nombrado sah con el nombre de Reza Pahlavi.

En ese momento, Sardari creyó conveniente alejarse durante un tiempo de Irán, al menos hasta que se calmasen las cosas, y se instaló en Suiza.

Se licenció en leyes en Ginebra en 1936 y comenzó a ejercer como abogado, a la vez que llevaba una vida de despreocupado bon vivant, en medio de comodidades y lujos, acompañado de su amante, una cantante de ópera china llamada Tchin Tchin.

Una de las principales tareas de Sardari como cónsul era salvaguardar la seguridad de los ciudadanos iraníes residentes en Francia.

Los nazis no le pusieron demasiados problemas; en su delirante concepción antropológica, consideraban a los persas como un pueblo descendiente de los arios, al igual que los propios alemanes.

Además, Reza Pahlavi era un conocido germanófilo, por lo que las relaciones entre ambos gobiernos eran fluídas e incluso habían firmado un tratado de paz; Irán era considerado oficialmente un país "neutral" y los ciudadanos iraníes fueron dotados de un estatus protegido frente a las autoridades alemanas.

Sin embargo, había un pequeño problema; y es que en Francia había una comunidad, significativa aunque no muy numerosa, de judíos iraníes, conocidos como "Mosaicos", la mayor parte de los cuales vivían en París o sus cercanías.

Los nazis habían empezado a tomar medidas contra los judíos nada mas apoderarse de Francia, ayudados por una amplia red de colaboradores locales.

Se les desposeyó de sus empleos, se limitaron sus libertades, se realizaron arrestos masivos (como la llamada Redada del Velódromo de Invierno, en julio del 42) y no tardaron en comenzar las deportaciones.

 En la Francia de Vichy la situación era muy parecida, con la aprobación de una serie de leyes llamadas Statut des Juifs, que buscaban apartar a los judíos de prácticamente todos los ámbitos de la vida pública de Francia.

En total, se calcula que unos 77000 judíos franceses fueron deportados a los campos de concentración, de los que sólo unos 2000 sobrevivirían.
Sardari se mostró muy combativo para defender a los judíos iraníes.

Tras muchas negociaciones y encuentros con las autoridades alemanas, logró convencer a los nazis de que los judíos iraníes eran de ascendencia persa y no tenían lazos de sangre con los judíos semitas europeos. Sardari argumentaba que esos judíos eran descendientes de persas conversos al judaísmo durante el tiempo en que los judíos habían estado cautivos en Babilonia, hasta ser liberados por el rey persa Ciro el Grande a mediados del siglo VI a. C.; tenían nombres persas, hablaban persa y no hebreo (aunque esto no era totalmente cierto) y celebraban las fiestas tradicionales iraníes.

Eran indistinguibles de los demás iraníes y, por lo tanto, no podían ser considerados auténticos judíos y no estaban sujetos a las leyes raciales nazis.

Una teoría bastante endeble pero que finalmente convenció a los nazis, quienes concedieron a los Mosaicos el mismo estatus protegido que al resto de ciudadanos iraníes (aunque en una carta de diciembre de 1942, el mismísimo Adolf Eichmann escribía que los argumentos de Sardari le parecían "el típico truco judío de camuflaje") .

Sardari era un hombre inteligente que no tardó en darse cuenta de que nada bueno aguardaba a los judíos bajo el régimen nazi y no tardó en empezar a ayudar a judíos no iraníes.

Una de las primeras disposiciones del sah Pahlavi al llegar al poder había crear nuevos documentos de identidad y pasaportes para sus ciudadanos.

Ahora bien, la mayoría de las familias de judíos iraníes residentes en Francia llevaban años sin ir a Irán, con lo que carecían de dicho documentos.

Y dotarlos de esa documentación que les serviría de salvaguarda con los nazis era labor de Sardari y sus funcionarios, quienes la expedían a quienes carecían de ella. Pero aprovechándose de su posición Sardari comenzó a proporcionar documentación iraní a familias judías sin ningún vínculo con Irán.

Con gran riesgo de su seguridad y sin comunicar sus planes a su gobierno (por miedo a que lo desautorizasen) proporcionó cientos de pasaportes iraníes a familias judías, permitiéndoles permanecer a salvo o abandonar Francia hacia países neutrales.

La situación de Sardari se complicó cuando a finales de agosto del 41, tropas inglesas y soviéticas invadieron Irán para librarlo de la influencia alemana, obligando a Reza Pahlavi a marchar al exilio tras abdicar en su hijo mayor, Mohammad, que formaría un gobierno pro-aliado (convenientemente "tutelado") que más tarde firmaría un tratado de amistad con el Reino Unido y la URSS.

El gobierno iraní ordenó a Sardari abandonar su puesto y volver a Teherán, pero el cónsul prefirió quedarse para continuar con su labor.

Sin el apoyo económico de su gobierno, se vio obligado a recurrir a su propio dinero para mantener en funcionamiento el consulado.

No se conoce la cifra exacta, pero se estima que durante la ocupación alemana proporcionó entre 500 y 1000 pasaportes iraníes a familias judías francesas, que salvaron de la persecución a al menos 2000 personas.

Después de la guerra, Sardari sufriría varios reveses en su vida. En 1948, Tchin Tchin viajó a China para pedir permiso a sus padres para casarse con Sardari, pero se vio atrapada en los combates de la guerra civil entre comunistas y nacionalistas; desapareció sin dejar rastro y nunca más se supo de ella.

En 1952, Sardari fue llamado a Teherán y acusado de mala conducta y malversación de fondos por haber concedido de manera irregular documentación iraní durante la guerra; pero cuando reveló los motivos de sus actos, fue declarado libre de cargos y su gobierno aprobó su comportamiento.

En 1955, tras ser completamente exonerado de toda culpa, dejó el cuerpo diplomático y se instaló en Londres.

Aún habría de sufrir un último golpe cuando en 1979 la Revolución Islámica forzó al exilio al sah Mohammad Reza Pahlevi y encumbró al ayatolá Jomeini. Sardari perdió su pensión y vio confiscados sus bienes, y su sobrino Amir-Abbas Hoveyda, antiguo primer ministro, fue arrestado y ejecutado.
Sardari vivió en la pobreza sus últimos años.

Pasó un tiempo viviendo en una modesta habitación de alquiler en Croydon, al sur de Londres, antes de trasladarse a Nottingham, a casa de un sobrino suyo, donde murió en 1981.

Durante su vida Sardari nunca buscó reconocimiento por lo que había hecho, considerando que sólo había cumplido con su deber, como diplomático y como ser humano.

Tras su muerte, recibió el homenaje de diversas asociaciones judías, como el Centro Simon Wiesenthal.

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