Un planeta con 4.200 religiones vivas e incalculables creencias ya extintas

Un planeta con 4.200 religiones vivas e incalculables creencias ya extintas.

Un planeta con 4.200 religiones vivas e incalculables creencias ya extintas.

Algunos especialistas predicen la desaparición de las religiones en muchos países, como ya ha ocurrido a lo largo de la historia con posiblemente miles de dogmas que se esfumaron tras provocar guerras, leyes y la sumisión de sus creyentes

Si usted cree ciegamente en alguna de las 4.200 religiones que existen en el mundo, seguramente su fe merezca un espacio en uno de esos 4.200 cielos que habitualmente se contradicen unos a otros.

Durante milenios, millones de personas han creído en dioses que hoy ni siquiera se recuerdan.

Los humanos les rezaron, les erigieron templos e incluso mataron por ellos, pero hoy aquellos seres todopoderosos no existen.

Tampoco existían entonces, pero ahora no existen ni en la memoria colectiva. Son religiones extinguidas.

Un paseo por la mayor colección privada de manuscritos del mundo, con casi 14.000 piezas que se remontan a los 5.000 años de antigüedad, podría hacer temblar las convicciones de cualquier persona religiosa.

Es la colección Schøyen, acumulada en Oslo por el empresario noruego Martin Schøyen.

En uno de sus manuscritos, una tablilla de arcilla de hace 4.400 años, aparece una recopilación de dioses sumerios: Enlil, Ninlil, Enki, Nergal, Hendursanga, Inanna-Zabalam, Ninebgal, Inanna, Utu, Nanna.

Lo fueron todo. Se legisló en su nombre. Sus historias, como las de todos los dioses, eran la Verdad revelada coma por coma y punto por punto. Y hoy no son nada.

La sumeria, florecida en lo que hoy es Irak, no es la única religión extinguida representada en la colección Schøyen.

También aparecen amuletos dedicados a Enki, el dios del agua dulce en el que creían los asirios hace 2.800 años; papiros egipcios dedicados a Osiris hace más de 3.000 años, espejos de bronce con inscripciones dedicadas a dioses etruscos y rituales contra la migraña practicados por los sacerdotes babilónicos hace 4.000 años.


Dogmas prehistóricos

Son cinco religiones extinguidas sin salir de la colección del empresario noruego, pero el número total de dogmas y evangelios desaparecidos es incalculable.

En realidad, ni siquiera se sabe con certeza cuántas creencias diferentes siguen vivas. “Se puede afirmar con seguridad que nadie sabe con exactitud cuántas religiones hay, aunque la mejor estimación es 4.200”, señala el filósofo estadounidense Kenneth Shouler en su libro The Everything World’s Religions Book. Es la misma cifra que ofrece Adherents.com, una página web especializada en acumular datos de religiones actuales.

Otros cientos habrían desaparecido, o incluso miles, si tenemos en cuenta que muchos paleoantropólogos sostienen que otras especies humanas, como los neandertales, tuvieron creencias religiosas cientos de miles de años antes que la nuestra. De aquellas especies quedan huesos fósiles. De sus religiones, ni eso.

El profesor estadounidense Daniel Abrams saltó a los medios de comunicación en 2011, cuando su equipo vaticinó mediante modelos matemáticos la desaparición de las religiones a medio plazo en los nueve países que estudiaron.

Eran Australia, Austria, Canadá, la República Checa, Finlandia, Irlanda, Países Bajos, Nueva Zelanda y Suiza, países en los que los censos disponían de datos de afiliación religiosa en el último siglo.

La tesis de Abrams, de la Universidad Northwestern, y sus colegas era sencilla y ya la habían aplicado para calcular el ritmo de desaparición de idiomas minoritarios. Los científicos parten de la base de que un grupo social con muchos miembros es más atractivo para un ciudadano, y de que un grupo social tiene un estatus y una utilidad.

Por ejemplo, argumentaban, en Perú puede ser más útil y tener un estatus superior hablar español que quechua.

Lo mismo estaría ocurriendo con las religiones en los países ricos, en los que las iglesias se vacían. Un Eurobarómetro de 2010 mostraba que el 51% de los europeos cree en un dios, otro 26% cree en alguna clase de “espíritu o fuerza vital” y un 20% es ateo.

El ateísmo es mayor en Francia (40%), República Checa (37%) y Suecia (34%), pero sigue siendo residual en países como Grecia (4%) y Rumanía (1%).

¿Agonizando?

“El hecho es que las personas sin afiliación religiosa constituyen el grupo religioso que más crece en cualquier parte del mundo donde hay datos disponibles. Y las personas sin afiliación ya so
n mayoría en varios lugares.

Nuestro modelo sugiere que esta tendencia continuará”, explica Abrams.
«Nuestros nietos podrían ver La Meca convertida en El Mágico Reino de Alá de Walt Disney»
Daniel Dennett
Filósofo

¿Se podría calcular cuántas religiones se han extinguido a lo largo de la historia? “Es una pregunta difícil”, responde Abrams. “Debería ser posible obtener una estimación aproximada del orden de magnitud.

El problema es que incluso esa estimación sería subjetiva, porque no hay una manera aceptada mundialmente para determinar si dos sistemas tienen suficientes elementos en común como para constituir una sola religión”, matiza.

“Se parece bastante a intentar contar el número de especies que han vivido en algún momento en el planeta, pero es incluso más complicado”.

En su libro Romper el hechizo: la religión como un fenómeno natural, el filósofo estadounidense Daniel Dennett propugna la investigación científica de las religiones e intenta predecir su futuro.

En una de sus hipótesis más radicales, el fenómeno religioso ya agoniza.

 “En este escenario, aunque puede haber algunas manifestaciones de resurgimiento locales y temporales, o incluso algunas catástrofes violentas, las grandes religiones del mundo pronto se extinguirían, como lo hacen cientos de religiones menores que se desvanecen antes de que los antropólogos puedan siquiera registrarlas”, reflexiona Dennett, codirector del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts (EEUU).

La ciencia tiene cada vez más claro que existe una correlación entre inteligencia y religiosidad pero es negativa: los más inteligentes tienen tendencia a ser menos religiosos.

Al menos esa es la conclusión principal de una investigación que repasa todos los estudios que han analizado esta relación entre intelecto y fe desde comienzos del siglo XX. Para los autores de este metaanálisis, la religión cumple una serie de funciones para el ser humano que explican su pervivencia a lo largo de la historia. Pero, para un número creciente de

Las mediciones de la religiosidad eran más heterógeneas, desde escalas de creencias religiosas a preguntas del tipo vas a misa. Los científicos codificaron todos esos valores para permitir una comparación estadística.

“53 estudios mostraron una correlación negativa mientras 10 presentaban una correlación positiva”, dice el estudio. Es decir, desde un punto de vista estadístico, altos valores en la variable A (inteligencia) se corresponden con bajos valores en la variable B (religiosidad).

Además, en 33 de ellos la correlación negativa era significativa: los valores difícilmente se pueden deber al azar o a un error en el muestreo.

Pero correlación no significa causalidad. ”No sabemos si hay una relación causal y no descartamos otros posibles factores que puedan influir en la correlación”, dice el profesor del departamento de psicología de la universidad de Rochester (EEUU) y coautor del trabajo, Miron Zuckerman. Pero analizaron otras variables como edad, sexo, raza o educación.

Las tres primeras no afectaban a la correlación y, en la última, sólo un estudio establecía que sí, pero también era negativa.

La historia de esta problemática relación entre inteligencia y religiosidad la inicia una serie de estudios de la universidad de Iowa en 1928.

Dos científicos examinaron por separado correlatos entre sentidos, capacidades motoras y cognitivas con la religión. Se incluyeron test de inteligencia en la batería de tareas a realizar por los sujetos a estudio.

Ambos trabajos encontraron que, a mayores niveles de inteligencia, menores grados de religiosidad.

30 años después, el investigador Michael Argyle recopiló todos los estudios publicados hasta entonces realizados con estudiantes y jóvenes.

Su conclusión fue similar: “los estudiantes inteligentes tienden a aceptar menos las creencias ortodoxas y tienen una menor probabilidad de tener actitudes pro religiosas”.

Sin embargo, los años 60 concentran la mayoría de los estudios que encuentran una correlación positiva o inexistencia de ella entre religiosidad e inteligencia.

En varios de los trabajos se destaca el papel mediador del ambiente social en el que uno crece para explicar el ateísmo o teísmo.

En la última década la ciencia ha vuelto a poner sus ojos en la cuestión y, la práctica totalidad de los estudios apuntan a una mala relación entre habilidades intelectuales y creencias religiosas.

 En 2009, un amplio estudio en 137 países mostró una relación de nuevo negativa entre niveles medios de inteligencia y religión.

¿La inteligencia sustituye a la religión?

En la segunda parte del trabajo, los investigadores, sin afirmar que exista una relación causal, intentan explicar porqué los inteligentes suelen ser menos religiosos. Tres son las hipótesis que se plantean. Por un lado, el ateísmo sería una expresión de inconformismo.

Los inteligentes tienen una menor probabilidad de conformarse con la ortodoxia religiosa. Una segunda posibilidad tiene que ver con las habilidades cognitivas.

Al inteligente no le basta, no puede aceptar las creencias que no están sujetas a examen empírico o el razonamiento lógico. Su estilo cognitivo, más analítico que intuitivo, les hace refractarios a la religión.

Esta es la tesis más aceptada en la actualidad.
 
Pero los investigadores apuestan por lo que llaman equivalencia funcional. Si la religión ha pervivido durante tantos milenios es porque cubre una serie de necesidades humanas.

Para los autores del estudio, la inteligencia también las puede cubrir. Así, la religión permite un encaje emocional, ofrece la visión de un mundo ordenado y predecible.

 También ayuda a autorregular los impulsos, ajustando la conducta en pos de objetivos. Otra de sus características es que eleva la autoestima.

Por último, ofrece un rincón, un sistema cohesionador que da seguridad en tiempos de incertidumbre. La inteligencia, según este trabajo, también puede prestar estos servicios.

“Una de las funciones de la religión es ofrecer respuestas a las cuestiones existenciales. Yo creo que una alta inteligencia también ofrece estas respuestas”, opina Zuckerman.

Pero hay una de las funciones que cumple la religión en la que la inteligencia no la puede sustituir y por eso los investigadores no la han incluido en su concepto de equivalencia funcional:

La única reserva que tenemos sobre esto es que la religión, al responder a las preguntas existenciales, alivia en cierta medida, el miedo a la muerte.

Como decimos en el estudio, no tenemos constancia de investigaciones que demuestren que la inteligencia proporciona una función similar”.

En ese escenario extremo, “nuestros nietos vivirán la transformación de la Ciudad del Vaticano en el Museo Europeo del Catolicismo Romano, y la de La Meca en El Mágico Reino de Alá de Walt Disney”.


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