¿Hace mucho tiempo que existen las moscas? Todo sobre las moscas, ( PARTE 3 )

¿Hace mucho tiempo que existen las moscas?
¿Hace mucho tiempo que existen las moscas?

Los dípteros tienen su origen hace unos 210 millones de años, a finales del Triásico.

Los primeros grupos que se encuentran pertenecen a los nematóceros (‘mosquitos’) como tipulomorfos, bibionomorfos, culicomorfos y formas parecidas a psicodidomorfos.

Posteriomiente, en el Jurásico (hace unos 180 millones de años) apareció otro grupo de dípteros, el de losortorrafos, del cual se conoce una especie de tabanoideo.

En esta época los dípteros estaban ya bien establecidos y se conocen familias actuales como la de los ceratopogónidos (jejenes) (140 millones de años).

Más adelante, en el Cretácico, aparecen los flebotomos (120 millones de años) y los ciclorrafos, los cuales evolucionaron significativamente durante el Cenozoico (65 millones de años) en especial los grupos superiores (calípteros: moscas, moscardones y similares).

Los fósiles más antiguos que se conocen de múscidos (moscas domésticas) son de ámbar del Báltico, o sea, de hace 35-40 millones de años [en la fotografía, mosca de 2mm atrapada en ámbar y recuperada en 2011 en Perú por un grupo de científicos encabezados por Klaus Hönninger.

El insecto vivió hace 20 millones de años y presenta cuatro alas muy bien definidas (las moscas actuales sólo tienen dos)], los califóridos (moscardones) se calcula que aparecieron durante el Terciario, hace 20-30 ma. Sin embargo, las pupas más antiguas que sin duda alguna pertenecen a califóridos, son unos restos encontrados junto con huesos de Australopithecus en Sudáfrica, datados de 1-2 millones de años.

A diferencia de los escarabajos y otros insectos, las moscas adultas no suelen conservarse. En consecuencia, no suelen encontrarse preservadas en los restos arqueológicos. En cambio, las pupas son muy duraderas y se encuentran a menudo en excavaciones arqueológicas de muchas partes del mundo, lo que ayuda a conocer las condiciones ambientales que prevalecieron durante tiempos históricos.

El tratado más viejo de zoología, grabado en tablillas de arcilla y aparecido en la Babilonia del rey Hammurabi (3000 años adC) presenta por lo menos diez especies de moscas.

En un sello de Mesopotamia se muestra una mosca perfectamente dibujada. En época de Moisés hubo una espantosa invasión de moscas como puede leerse en el libro del Éxodo.

Los egipcios (1400 adC) condecoraban a sus generales con una mosca de oro después de una victoria.

Los egipcios de esa época ya poseían conocimientos de la metamorfosis de algunas moscas, como se puede ver en el papiro encontrado dentro de un sarcófago de una momia en el que estaba escrito ‘las larvas no se convertirán en moscas dentro de ti’. Plinio el Joven (siglos I-II dC) se dio cuenta también de que las moscas presentaban metamorfosis.

En el país de los vascones existía una ciudad llamada Muscaria (Ptolomeo. siglo II dC), llamada así por ‘musca’; debía haber posiblemente muchas moscas. C. Eliano en su obra ‘Historia Animalium’ (hacia 200 dC) escribe lo siguiente: “los más odiados enemigos del ganado vacuno son el tábano y la mosca caballar.

El tábano es del tamaño de las moscas más grandes, posee una trompa robusta y larga y produce un zumbido áspero.

Pero la mosca caballar se parece a la mosca del perro, su zumbido es más penetrante que el del tábano y tiene una trompa más pequeña.’
¿Hace mucho tiempo que se las relaciona con las enfermedades?

El conocimiento de que las moscas son difusoras de enfermedades, sin embargo, es más reciente.

En 1577 el médico italiano Gerolamo Mercuriale ) escribió que los humores de un enfermo se impregnan en las moscas e infectan los alimentos de otras casas.

En 1587 G. Soares de Souza dijo que la Framboesia tropica succionaba las úlceras y depositaba su veneno en las heridas de las pieles sanas, infectando así a muchas personas.

Ya en 1600 se sabía que eran las causantes de la disentería, y Athanasius Kircher (1668) aceptaba que las moscas difundían la peste.

En 1668 Francesco Redi, un fisco italiano, publicó un libro titulado ‘Experiencias en torno a las generaciones de los insectos’ en el cual establece, de una vez por todas, que los gusanos surgen de los huevos dejados por las moscas. De esta manera se echaba por tierra la idea equivocada de la generación espontánea.

Desde el punto de vista médico, las moscas pueden transmitir enfermedades de manera directa (dípteros picadores) o indirecta (dípteros no picadores).

La mayor parle de los insectos transmisores de enfermedades y chupadores de sangre del hombre pertenece al grupo de los dípteros. Incluso hoy en día tienen una importancia considerable por dos motivos:


1) Como chupadores de sangre, ya sea por la sustracción de sangre en sí o por la irritación local (hinchazón, eritemas, etc.) que la saliva inyectada produce alrededor de la picadura. No obstante, estas picaduras en sí no serian tan perjudiciales en sí si no fuese por el siguiente inevitable motivo:

2) Como vectores de microorganismos patógenos: bacterias, virus, protozoos, nematodos, etc.

Estos microorganismos son inoculados en la sangre de la víctima junto con la saliva, la cual sirve para impedir la coagulación de la sangre al nivel de la picadura, o bien son introducidos en las heridas de forma indirecta al picar, es decir que son transmisores potenciales.

Desde el punto de vista médico, los dípteros antropófilos pueden ser factores importantes en higiene.

Estos dípteros, para nutrirse, se posan en las heces humanas y de los animales, sobre expectoraciones, sangre, llagas, montones de estiércol, sustancias de desecho y otros materiales infectados de microorganismos.

De esta manera se cargan de gérmenes que ingieren o mantienen en la superficie externa de su propio tegumento, entre los pelos (a pesar de que puede observarse cómo se acicalan, ágil y minuciosamente, la cabeza, las alas y las patas).

Por esta razón son especialmente adecuados para la transmisión de todo tipo de agentes patógenos. Innumerables microorganismos permanecen unidos a los extremos de las patas.

Al estudiarlas con el microscopio electrónico se ha podido calcular que una sola mosca doméstica puede llegar a llevar 2-5 millones de bacterias en las patas y que puede transportar, por su cuerpo, más de 25 millones de microbios a a vez.

En los objetos sobre los que se posan con frecuencia, pueden verse unos puntitos negros; son las huellas de su digestión, emitidas por la mosca con una frecuencia extraordinaria (hasta una cada cinco minutos), pudiendo ser muy infecciosas.

No tan claramente visibles, pero detectables con idéntica facilidad son otras huellas que van dejando en sus lugares de descanso, y que tienen su origen en la mala costumbre que tienen de regurgitar pequeñas gotitas de los alimentos ingeridos en el buche y depositarIas sobre la superficie que se encuentran.

La finalidad de estas gotas es la de humedecer o disolver algunos alimentos sólidos (por ejemplo, el azúcar.

El hecho de que se posen sobre el pan, de que goloseen los zumos de frutas, de que se deleiten con el poso dulce de una taza, de que se acomoden sobre un trozo de azúcar seco, de que se posen sobre los embutidos, las pastas, etc. y se dediquen asiduamente a darles ligeros toquetillos con la trompa, hace que rieguen también esos alimentos nuestros con los productos de sus intestinos o de sus esófagos.

Con lo cual, nos transmiten de una manera indirecta e involuntaria los citados microbios. Así, sin intuirlo siquiera, ingerimos de este modo los ejércitos de microbios que han sido recogidos por las moscas de sus sucias fuentes de alimento.

Esto es por lo demás algo que carece de importancia en la mayoría de los casos, pues nuestro cuerpo ya se encargará de destruirlas, pero no siempre, así es que puede llegar a producirse un contagio peligroso.

Entre las enfermedades más conocidas y frecuentes podemos citar la salmonella, la disentería, el cólera, la peste, el tifus, la tuberculosis y la lepra.

La disminución de carruajes tirados por caballos en Londres, a principios del siglo pasado, se relacionó directamente con la reducción de mortalidad infantil debido a la diarrea de verano.

Desde el punto de vista veterinario, son muchos y variados las animales domésticos afectados por diversas especies de dípteros, ya sea porque sólo les pican o porque las larvas les pueden producir lesiones internas que pueden llegar a ser mortales.

Esto último se debe a que algunos dípteros tienen larvas endoparásitas que provocan la destrucción de los tejidos parasitados, por lo que facilitan su infección y producen miasis.

Algunos de los más famosos son el género Phlebotomus, que transmite la Ieishmaniasis,la mosca picadora de los establos, la Wohlfaflia magnifica, que transmite la wohlfartiosis a las ovejas, la mosca del caballo, el estro del buey, el estro de las ovejas o las moscas piojo.

Agricultura alimentos: Hablamos de los dípteros que dañan los productos agrícolas y los alimentarios. Los daños son debidos exclusivamente a las larvas, que se nutren de tejidos u órganos vegetales vivos, y no a los adultos.


De las más de 100.000 especies diferentes de dípteros, el número de especies perjudiciales puede ser de entre un 5 y un 10%, es decir, que la inmensa mayoría de ellas o bien son beneficiosas, o bien son neutrales.

Nosotras las personas, ¿gustamos a todas las moscas habidas y por haber?

Las especies que viven o conviven con el hombre de una manera más o menos regular y permanente serían las especies ‘eusinantrópicas’ o antropófilas; en un segundo grupo estarían los adultos que de una manera ocasional, accidental encontramos en nuestras casas, en nuestras vidas, debido, sin duda, a un despiste del insecto mientras volaba (serian las especies ‘hemisinantrópicas’); y finalmente, en un tercer grupo tendriamos a los adultos que siempre nos dejan en paz y nunca se inmiscuyen en nuestras vidas (serian las especies ‘asinantrópicas’.

Dípteros antropófilos más comunes:


Escatópsidos: son muy frecuentes en las ventanas.

Mosquitas polilla o peludas (familia Psychodidae): destaca Psycoda phalaenoides, la llamada mosquita de las letrinas (en la imagen) .

Ello se debe a que es muy frecuente en los lavabos, a causa de que sus larvas acuáticas se desarrollan en los desagües de los lavabos, WC, duchas, etc., por ello es posible verlas salir de los desagües. Las larvas se alimentan filtrando el agua del desagüe, con lo que desempañan un cierto papel en la purificación del agua.

Moscas desnudas

(familia Scenopinidae): la más frecuente es la Scenopinus fenestralis, la llamada mosca desnuda de las ventanas. Carece de pelos.

Moscas, moscardones, moscardas. Desde el punto de vista cientifico, todo ellos tienen en común su pertenencia al mismo grupo taxonómico: el de los calípteros (Calyptrata). Los calípteros se caracterizan y diferencian de los demás grupos por las siguientes caracteristicas: a) los ojos de los machos son generalmente holópticos, b) el 2º artejo antenal presenta una hendidura dorsal completa, y c) salvo alguna excepción, presentan 2 pares de caliptras bien desarrolladas (de ahí su nombre), es decir, cada balancín está cubierto y protegido por una expansión membranosa del tórax (caliptra torácica) y del ala (caliptra alar).

Musca domestica: es la típica mosca doméstica.

Se trata de una especie cosmopolita. La alimentación de la mosca doméstica es muy variada, el adulto aspira preferentemente las sustancias húmedas, leche, los líquidos azucarados o en fermentación, la comida, las frutas, etc.

En ellas es muy fácil observar el fenómeno de la regurgitación. El insecto permanece inmóvil y le aparece una gota de un líquido blanquecino y viscoso en la punta de la trompa. Esta regurgitación se produce durante la digestión o antes.

Contrariamente a lo que se cree, la mosca doméstica no es tan frecuente en algunas casas: lo es sobre todo la mosca doméstica menor.

Fannia canicularis: Mosca doméstica menor. Es la típica mosca que revolotea horizontalmente en el centro de las habitaciones, la que nos desespera al posarse sobre el azúcar o la que se dedica a chupar diversos liquidos de la cocina y del comedor, etc. Las larvas viven en sustancias orgánicas en descomposición: legumbres y frutas podridas, quesos pasados, champiñones putrefactos, excrementos y carroña.

Los califóridos comprenden las típicas y conocidas moscas verdes (Lucilia) y moscas azules (Calliphora). Si bien las Lucilia son las moscas verdes más frecuentes, hay que tener en cuenta que no todas las moscas verdes que se pueden observar sobre excrementos y materia orgánica descompuesta pertenecen a este género, ni siquiera a esta familia.

Los califóridos son dípteros con vuelo rápido y ruidoso, que frecuentan la materia orgánica animal y vegetal en descomposición y los excrementos.

También son atraídos por las flores y hojas soleadas, buscan zumos azucarados y los jugos de las plantas.

Es frecuente ver grupos de dípteros revoloteando y danzando juntos formando nubes. Los machos de ciertas especies ya danzan en coro más o menos numerosos a la sombra de los árboles pocas horas después de poder volar. Las reuniones más comunes y numerosas están formadas generalmente por machos.

Así, las hembras pueden reunirse con ellos cuando quieran; las reuniones mixtas, formadas por un número igual de machos y hembras, son menos comunes. Los dipteros antropófilos se reúnen cerca de las casas.

Es frecuente ver moscas revoloteando horizontalmente en medio de las habitaciones; son los machos de la mosca doméstica menor (Fannia canicularis), y no los de la mosca doméstica (Musca domestica).

Ya solos o en pequeños grupos, danzan a poca distancia del suelo en líneas horizontales con giros bruscos y volviendo hacia atrás, a la búsqueda de una hembra. Como es de suponer, las moscas chocan y se atropellan a menudo entre sí durante estos vuelos, huyendo enseguida.


¿Todas las moscas son nocivas y perversas?

De las más de 100.000 especies de moscas que hay en el mundo, el biólogo Mathieu Rapp, investigador del Instituto Smithsonian, cree que las que representan verdadero peligro para la salud apenas son quince.

Pero... ¡ojo: se piensa que esas quince especies pueden haber causado más de la mitad de las muertes humanas desde la Edad de Piedra!

¿Cuál es la mosca más perjudicial como plaga?

Una de las más perjudiciales es la Ceratitis capitata, un díptero braquícero originario de la costa occidental de África, donde viven especies muy cercanas.

A algunas especies de moscas no les gusta el frío, pero la Ceratitis capitata es de las que tienen mayor capacidad de adaptación, así es que no sólo ha conseguido extenderse con facilidad (el comercio mundial de frutas facilita la dispersión mundial de los insectos) por las zonas de clima templado, subtropical o tropical de los dos hemisferios, sino también por las más frías, con lo que tienen la consideración de especie cosmopolita.

El nombre común de la Ceratitis capitata es mosca de la fruta mediterránea: mosca de la fruta porque ataca a gran número de especies de frutas, de flores e incluso de frutos secos (de las cuales más de 260 tienen con valor agroalimentario).

Y se llama mediterránea a pesar de su origen porque es en los países mediterráneos —con gran relevancia en España— donde su incidencia económica en los cultivos es mayor.

El hecho de que esta mosca posea un amplio espectro de plantas hospedadoras y que sea tan resistente a la variación climática hace que constituya una de las plagas más importantes desde el punto de vista económico, ocasionando siempre pérdidas multimillonarias en los países en los que se encuentra establecida.

Pero, ¿cómo luchar contra ella? Tradicionalmente se han usado insecticidas químicos, como el malatión .

Pero no sólo muchas veces no son lo efectivos que debieran (los insectos tienden a crear fenómenos de resistencia), sino que además su uso presenta una serie de inconvenientes tales como la contaminación del medioambiente o la peligrosidad para el personal que lo aplica (de hecho, debido a que la legislación europea es cada vez más estricta en cuanto al uso de insecticidas químicos, el uso del malatión se halla prohibido desde junio de 2007).

La solución al problema parece pasar por el control biológico: técnicas nuevas respetuosas con el medio ambiente, no tóxicas, fáciles de producir, y que pueden suministrarse por métodos convencionales.

Básicamente estamos hablando, de bioinsecticidas basado en bacterias, pero también en otros insectos.
¿Hay moscas buenas?

Por supuesto, dejando a un lado lo que hemos dicho de las enfermedades…

Desde el punto de vista ecológico, no todos los microorganismos que transportan son nocivos, al contrario, gran parte de ellos se encargan de destruir las substancias vegetales o animales muertos. Por ello, contribuyen a extenderlos, aumentando la velocidad de descomposición.

Por otro lado, en el reciclaje de la materia orgánica muerta cumplen funciones muy importantes, tal vez insustituibles, ya que la gran mayoría de las familias presentan larvas saprófagas, coprófagas, necrófagas, etc.

De esta forma destruyen sustancias orgánicas en descomposición presentes en la naturaleza, tanto de origen animal como vegetal.

En el caso de los animales, las larvas realizan una benéfica limpieza devorando la carne en putrefacción de los cadáveres.

Y, desde el punto de vista vegetal, contribuyen a reciclar el manto de los bosques (transformándolo en humus), así como todas las demás partes de los vegetales. Resumiendo, son en buena parte los basureros de la naturaleza.

Aunque el papel en la polinización de las flores es todavía poco conocido en el caso de los dípteros es evidente que contribuyen en ello, aunque en menor medida que los himenópteros.

Numerosas especies (desde los nematóceros hasta los ciclorrafos) devoran en estadio de larva, grandes cantidades de artrópodos (y otros grupos zoológicos) muy perjudiciales para las plantas cultivadas, los productos de utilidad para el hombre: ácaros, langostas, pulgones, larvas de diversos insectos, etc. Portodo ello, alcanzan un papel de primer plano como controladores biológicos de las poblaciones de animales perjudiciales.

Por ejemplo, las larvas de taquínidos (familia Tachinidae) se alimentan de numerosos insectos perjudiciales para la agricultura (saltamontes, chinches, orugas, etc), las larvas de los sírfidos se alimentan de pulgones y cochinillas; las larvas de los esciomícidos (familia Sciomyzidae) son parásitos internos de gasterópodos (dulceacuícolas y terrestres), por lo que ayudan a controlar a los que se alimentan de las plantas cultivadas (por ejemplo, la lechuga), así como a los que son vectores de parásitos humanos (por ejemplo, el trematodo Fasciola hepatica o duela del hígado), etc.

Varias especies controlan plantas perjudiciales, por ejemplo, las larvas de psilido Chyliza extenuata devoran los tallos de Orobanche, planta parásita de la hiedra.

El astronómico número de ejemplares de dípteros que vive en la naturaleza sirve de alimento para innumerables animales insectivoros terrestres y aéreos, especialmente pájaros; por otro lado, las larvas de numerosas especies acuáticas son comidas por una multitud de animales acuáticos (tanto invertebrados como vertebrados).

De esta manera, forman un eslabón muy importante en la compleja cadena trófica.

En algunas parte de la Tierra algunos dipteros (los efídridos en América Central y los quironímidos en Africa oriental) son comprimidos y desecados como alimento para el consumo humano.

La rapidez del desarrollo larvario y el elevado número de generaciones que se producen en muy poco tiempo, han hecho de la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster) un material ideal e imprescindible para el estudio de los mecanismos que regulan y controlan la herencia genética.

Por extrapolación, han sido cruciales también para el progreso, en el entendimiento de la genética humana.

La extrema movilidad de los adultos limita los aislamientos, pero les hace preciosos para los estudios de relación entre el organismo y el ambiente.

El elevado grado evolutivo conseguido en el arte de volar ha ayudado en el progreso de la aerodinámica, y consiguientemente al desarrollo de la aeronáutica.

Muchos dípteros, especialmente los califóridos, los múscidos y los fóridos, pueden estar involucrados en la descomposición de cadáveres humanos, donde existe una sucesión faunística a lo largo del proceso de descomposición. Ello puede ayudar a establecer el momento de la muerte.

En octubre de 1996 viajaron al espacio a bordo de un satélite ruso, unas 480 moscas españolas del género Drosophila, como parte de un experimento sobre envejecimiento de organismos vivos en el espacio.

En 1995 se había intentado el estudio, aunque sin éxito, pues las moscas murieron al regresar a la tierra.

Finalmente, como anécdota, no podemos dejar de mencionar que en tiempos de Napoleón los médicos militares se dieron cuenta de que las heridas descuidadas y abiertas de los soldados sanaban muy bien y con asombrosa rapidez si en ellas pululaban las larvas de mosca.

Quizás porque se alimentaban de los tejidos inflamados y muertos, limpiando y desinfectando así las heridas.

Todo sobre las moscas

Además de esto, sus deyecciones sobre la superficie inflamada actuaban como estimulantes del crecimiento de los tejidos y, con ello, la cicatrización de la herida era más rápida.

Animados por tales observaciones, algunos médicos norteamericanos se atrevieron a implantar, itencionadamente, larvas de mosca en heridas que se resistian a cicatrizar, por ejemplo, de osteomielitis aguda.

Como es natural, esas pobres larvas tuvieron que soportar antes todo tipo de baños desinfectantes. Hoy en día, por supuesto, se dispone de métodos mejores.


Urinarios limpios gracias a las moscas

Si miramos someramente, nos parece ver vemos una mosca posada en el interior del urinario. Si nos fijamos mejor vemos que realmente lo que existe es sólo la imagen de ese insecto estampada en la cerámica.

Cuando un hombre la ve, instintivamente apunta hacia allí. Detalles pequeños, en apariencia insignificantes, pueden tener un importante efecto en la conducta de las personas.

En muchos casos, esos pequeños detalles son tan poderosos porque atraen la atención de los usuarios en una dirección determinada. Un ejemplo excelente de este principio lo proporcionan los lavabos de caballeros del aeropuerto de Schipol en Ámsterdam. Allí las autoridades han hecho grabar la imagen de una mosca en cada urinario.

Si al parecer no hay manera de que algunos hombres apunten a donde deben cuando hacen pis (lo que resulta tan antihigiénico como caro de mantener), la solución pasa por colocar un blanco en el interior a donde hacer diana.

Es sencillo: por pura intuición todo hombre tiende a poner la bala donde pone el ojo, en nuestro caso a poner el chorro donde ve la mosca.

¿Funciona? ¡Seguro! Según el hombre al que se le ocurrió la idea, el economista Aad Kieboom, las pruebas llevadas a cabo en sus urinarios-con-mosca demostraron que las imágenes grabadas reducen las salpicaduras hasta en un 80%.

 ¡Y las autoridades de Schipol afirman que la idea les hace ahorrar un montón de dinero en limpieza!

Otro ejemplo de cómo el control de los procesos humanos puede orientarse desde la perspectiva del juego se da en Estocolmo.

En octubre de 2009 saltó la noticia de que en la céntrica y concurrida estación de metro de Odenplan de dicha ciudad sueca, el Ayuntamiento había habilitado, como alternativa a las escaleras mecánicas, un sistema gracias al cual cada uno de los peldaños de las escaleras de subir a pie se correspondía con el sonido de una tecla de piano.

Todo sobre las moscas

Cabe decir que la escalera musical estaba afinada como Dios manda, un factor esencial para que todo el mundo, independientemente de su edad, pudiese disfrutar de lo lindo subiendo y bajando esas gradas sonoras.

Dicen que incluso los había que, pegando saltos y recorriendo el teclado para arriba y para abajo, lograban reproducir los tonos de alguna melodía conocida.

La novedad, a iniciativa de Volkswagen, se basa en la teoría de la diversión, según la cual las cosas simples y divertidas pueden representar el camino más fácil para hacer que la gente cambie a mejor sus comportamientos. O dicho de otra manera: cuando hay diversión, la gente hace ejercicio (¡y hace pis donde debe!)


Las moscas y la generación espontánea

Leemos en la “Introducción a la ciencia” de Isaac Asimov (1920-1992): "El primero en poner en tela de juicio esta creencia y someterla a una experimentación fue el médico italiano Francesco Redi [(1626-1697),].

En 1668, decidió comprobar si las cresas [cresa: larva de ciertos dípteros, que se alimenta principalmente de materias orgánicas en descomposición // Montones de huevecillos que ponen las moscas sobre las carnes] realmente se formaban a partir de la carne en descomposición.

Colocó fragmentos de carne en una serie de tarros y luego recubrió algunos de ellos con una fina tela, dejando a los restantes totalmente al descubierto. Las cresas se desarrollaron sólo en la carne de los tarros descubiertos, a los que tenían libre acceso las moscas.

Redi llegó a la conclusión que las cresas se habían originado a partir de huevos microscópicamente pequeños, depositados sobre la carne por las moscas. Sin las moscas y sus correspondientes huevos, insistió, la carne nunca podría haber producido cresas, independientemente del tiempo que se estuviera descomponiendo y pudriendo.

Los experimentadores que siguieron a Redi confirmaron este hecho, y murió así la creencia de que ciertos organismos visibles se originaban a partir de la materia muerta.

Pero, cuando se descubrieron los microbios, poco después de la época de Redi, muchos científicos decidieron que al menos estas formas de vida debían de proceder de la materia muerta. Incluso en tarros recubiertos por una fina tela, la carne pronto empezaba a contener numerosos microorganismos.

Todo sobre las moscas
Dos moscas de la fruta en el laboratorio de Pletcher / U-M Health System
Durante los dos siglos que siguieron a las experiencias de Redi, permaneció aún viva la creencia de la posibilidad de la generación espontánea de los microorganismos."

Cuantas más relaciones sexuales tengas, más larga será tu vida, al menos si tienes alas, seis patas, ojos compuestos y te alimentas de fruta podrida.

Eso es lo que sugiere un estudio científico que ha mostrado que las moscas de la fruta que esperan sexo y no lo obtienen sufren efectos negativos en su salud y envejecen más rápidamente.

Pese a los millones de años de evolución que separan a las dos especies, y a que “siempre es duro extrapolar de moscas a humanos”, el autor principal de la investigación, Scott Pletcher, sostiene que hay “algunas razones para el optimismo”.

En la misma revista científica, Science, aparece otro estudio que señala que mueren antes las hembras de un gusano que viven rodeadas de demasiados machos dispuestos a aparearse.

Y el gusano y la mosca también están separados por millones de años de evolución. “Esto hace posible que el núcleo del fenómeno que estudiamos persista en los mamíferos, quizá en los humanos”, explica Pletcher.

En 1997, un estudio de una década sobre un millar de hombres en el pueblo galés de Caerphilly ya sugirió que el riesgo de mortalidad prematura se reducía a la mitad en el grupo con una mayor frecuencia de orgasmos. Los autores de aquel estudio, encabezados por el epidemiólogo George Davey Smith, de la Universidad de Bristol, concluían que “la actividad sexual parece tener un efecto protector en la salud de los hombres”.

Más saludables

Las dos nuevas investigaciones publicadas hoy muestran un área tradicionalmente poco estudiada: cómo la presencia de individuos del sexo contrario afecta a la longevidad.

En las moscas de la fruta, la presencia de posibles compañeros sexuales se detecta a través de unas sustancias químicas denominadas feromonas. En el trabajo, Pletcher y su equipo encerraron a moscas macho con otras del mismo sexo que emitían sus feromonas normales o, por modificación genética, las del sexo contrario.

Cuando las moscas macho fueron expuestas a las feromonas femeninas, sin tener la posibilidad de aparearse, sufrieron efectos perjudiciales para su salud, como una reducción de sus reservas de grasa, y vivieron menos.

Ante las feromonas femeninas, las neuronas del cerebro de los machos relacionadas con la recompensa se activaban, supuestamente estimuladas por la idea del apareamiento.

Todo sobre las moscasCuando las moscas no tenían relaciones sexuales en ningún momento, los efectos perjudiciales sobre su salud persistían.

Pero si las moscas conseguían aparearse al cabo de un tiempo, sus depósitos de grasa se recuperaban y sus vidas se alargaban.

“Esto sugiere que cuando las expectativas sensoriales le dicen al cerebro una cosa, pero las circunstancias de la vida presentan otra, el envejecimiento puede no ocurrir de la manera esperada, sino mucho más rápido.

Esto da a entender que un circuito neuronal en el cerebro, vinculado a la recompensa, puede desempeñar un papel en el envejecimiento de las moscas”, aclara la revista Science.

“Hemos observado que las moscas macho que perciben a hembras son más saludables si se aparean con ellas que si no lo hacen”, explica Pletcher, de la Universidad de Michigan (EEUU), que admite algunas deficiencias de su investigación.

“No está claro si, en ausencia de las hembras, la actividad sexual es beneficiosa. Una limitación de nuestro estudio es que hasta ahora hemos sido incapaces de vincular de manera definitiva las neuronas implicadas en la percepción con aquellas implicadas en interpretar la recompensa sexual.

Espero que podamos hacerlo en el futuro”, detalla.

La temperatura y el tamaño de las moscas


La variación de la temperatura puede modificar la acción de los genes asociados al tamaño corporal, según un equipo de investigadores de Exactas-UBA que realizó una serie de experimentos con la mosca de la fruta. Así, el tamaño de una mosca adulta no es resultado exclusivo de la acción de un conjunto de genes sino también de factores ambientales.

Hace algunos años parecía que los genes eran responsables de cada una de las características de los seres vivos, y se creía que, al secuenciar el genoma de cualquier organismo, se podía conocer todo acerca de él. Sin embargo, actualmente se sabe que la realidad es bastante más compleja, y que, al menos en algunos rasgos, cada gen no es más que un elemento en una red en la que interactúa con los demás.

Es más, el funcionamiento de esa red se ve afectado por las condiciones del ambiente.

Diversos grupos de investigación en el mundo llevan a cabo experimentos para confirmar estas hipótesis y conocer más sobre los mecanismos que inciden en la variación de los rasgos cuantitativos, es decir, esos rasgos que pueden ser medibles y que dependen de numerosos genes.

En el Departamento de Ecología, Genética y Evolución de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, Valeria Carreira, investigadora del CONICET, estudia cómo funciona la red de genes involucrados en la variación del tamaño corporal en la mosca de la fruta Drosophila melanogaster.

Así, la investigadora tomó distintas cepas de moscas que tenían un genoma idéntico, salvo por un gen que estaba mutado artificialmente. El objetivo era determinar de qué manera influía cada mutación en la variación del tamaño corporal. Una vez identificado el efecto de cada uno de los genes, Carreira se preguntó qué pasaría si esas moscas fueran criadas en condiciones ambientales diferentes, por ejemplo, con alta o baja temperatura.

“Lo que pude ver es que la variación en la temperatura producía un cambio enorme”, relata Carreira, primera autora del artículo publicado en PLOS One, junto con los doctores Juan José Fanara, Marcos Imberti y Julián Mensch, de Exactas-UBA.

El experimento se realizó con un total de 42 cepas de moscas, y cada una difería por una mutación. “Una vez que identificamos el gen mutado, hubo que verificar que ese gen cumpliera un rol en el carácter que se estaba estudiando”, explica.

Y prosigue: “Hubo tres grandes resultados. El primero fue que la cantidad de genes vinculados al tamaño corporal fue mucho mayor de lo esperado, y el efecto era diferente en cada uno de los sexos. En general, las hembras, que suelen ser más corpulentas, cuando tenían un gen mutado, mostraban un tamaño menor. Y los machos, por lo general más pequeños, si poseían un gen mutado, aumentaban el tamaño”, detalla la investigadora.

Por su parte, la temperatura puede llegar a cambiar mucho el efecto de una mutación. En general, a menor temperatura, las moscas tardan más en desarrollarse, y alcanzan tamaños más grandes, debido a que pasan más tiempo en estadios larvales, y se pueden alimentar mejor.

“Lo que esperaba en este experimento es que, a menor temperatura, las moscas alcanzaran un mayor tamaño”, señala Carreira, y agrega: “Sin embargo, lo que observamos fue muy diverso”. Era como si los genes se hubieran vuelto locos.
Saliendo del capullo

La mosca atraviesa diversa etapas en su desarrollo: una vez que el huevo eclosiona, pasa por tres estadios larvales, y luego arriba al estadio de pupa.

En este período, el insecto permanece inmóvil dentro de una cápsula, donde desarrolla las patas y las alas, y su cuerpo adopta la estructura de cabeza, tórax y abdomen que posee el individuo adulto.

Carreira indagó la variación en el tamaño corporal de las moscas adultas apenas salidas de la pupa. En ese momento, la investigadora las congela para preservarlas; luego las diseca, separa la cabeza, el tórax y las alas, y los coloca en un portaobjetos, y mide las estructuras que desea comparar.

Para determinar el efecto de los genes y el ambiente, pueden analizarse diferentes características, por ejemplo, se puede medir el tiempo de desarrollo, desde que la larva sale del huevo hasta que la mosca sale de la pupa.

También puede calcularse la longevidad de las moscas, y determinar su variación en diferentes condiciones ambientales, por ejemplo, con alimentación óptima, o en inanición; en ambientes más húmedos o más secos, entre muchas otras situaciones.

Hace un tiempo se pensaba que cada gen tenía que ver con un determinado fenotipo (la expresión del genotipo). Pero hoy en día se sabe que no es así, sobre todo con caracteres tan complejos, como el tamaño o la longevidad, que, a su vez, tienen que ver con otros caracteres.

Además, se creía que varios genes involucrados en la variación de un rasgo determinado sumaban su efecto. En cambio, ahora se sabe que los genes no contribuyen de manera aditiva, sino que interactúan entre sí. De este modo, los caracteres complejos estarían determinados por redes de genes en interacción –epistasis–, y así se habla de redes epistáticas.

“Ahora se sabe que los caracteres complejos están determinados no por genes, sino por redes de genes que interactúan entre sí, y que, a su vez, son pleiotrópicos, es decir, afectan también a otros caracteres”, subraya Carreira.
Cambio de temperatura

Para determinar el efecto de la temperatura sobre el tamaño corporal de las moscas, la investigadora debía someter a las larvas a una misma temperatura a lo largo del desarrollo. El primer paso fue colocar muchas parejas de cada cepa en una cajita, para que se aparearan y pusieran huevos.

Una vez que los huevos eclosionaban y emergían las larvas, éstas eran colocadas en un medio de cultivo, en el interior de pequeños tubos. En cada tubo se colocaban 30 larvas, y por cada cepa, 4 ó 5 tubos, a 17ºC de temperatura, y otros 4 ó 5 tubos a 25ºC. Luego de 10 días, emergieron las moscas adultas.

Por otra parte, la misma línea control se crió a 17 y a 25ºC. “La mayoría de las cepas mutantes criadas a 17ºC mostraron tamaños menores que la línea control criada también a 17°C; mientras que muchas de las cepas mutantes desarrolladas a 25°C mostraron tamaños mayores que los del control, que estuvo a 25°C”, resume la investigadora.

“Lo que llamó la atención es que estas moscas, que eran idénticas salvo por una sola mutación, podían presentar un cambio tan grande con solo modificar la temperatura”, destaca Carreira, y agrega: “Fue sorprendente también que un cambio en el ambiente, como la variación térmica, afectara en forma diferente a cada uno de los genes mutados que estudiamos”.

En estos estudios no se analizó qué genes se expresaban en cada caso. “Para confirmar que los genes que consideramos candidatos intervienen efectivamente en el fenotipo estudiado, uno podría estudiar la expresión de alguno de esos genes en distintos estadios del desarrollo larvario de la mosca”, concluye Carreira.

Todo sobre las moscas, PRIMERA PARTE


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