Todo sobre las moscas, ( PARTE 2)

¿Cómo depositan las moscas sus excrementos en el techo, sin que caigan al suelo?
¿Cómo depositan las moscas sus excrementos en el techo, sin que caigan al suelo?

La explicación está ligada a las patas traseras.

Cuando surge una necesidad urgente, la mosca las repliega, arquea su abdomen hasta que su recto toque el techo.

Expele entonces su excremento haciéndolo pegar al techo por simple contacto, bajo la forma de pequeñas deyecciones redondeadas de color marrón.

¿Tienen labios las moscas?

Primero tenemos que saber qué cosa es el labio, lo cual parece una simpleza, pero no lo es tanto:

La palabra labio procede del latín labium, a su vez una variante del más antiguo labrum. Ambos términos pasaron a las lenguas romances, hasta que con el paso del tiempo unas se decantaron por labrum (francés, italiano o galaicoportugués) y otras por labium (castellano o catalán).

No sabemos con certeza si labium y labrum se utilizaban ya en la época clásica para distinguir los dos tipos de labios que tenemos, pero San Isidoro de Sevilla (556-636) en sus Etimologías nos dice que en el siglo VI el labium designaba el labio superior, mientras que el labrum era el inferior, más grueso.

Curiosamente, ambos términos se emplean hoy en zoología, pero de manera inversa, para diferenciar los labios de los insectos y artrópodos en general.

La mosca utiliza el inferior, que ahora no es el labrum sino el labium, a modo de lengua, lamiendo las partículas de comida.

Y es de nuevo el propio San Isidoro quien dice que labra (el plural latino de labrum) era como algunos llamaban a los labios de los hombres, mientras que labia (el plural latino de labium) correspondía a los de las mujeres.

En la actualidad, hombres y mujeres tenemos labia cuando nos mostramos lenguaraces, charlatanes o con una verborrea especialmente persuasiva o seductora.

La mosca chupa con la lengua y lame con el labio, al contrario que nosotros. Demos la enhorabuena a la mosca, porque hace lo correcto, ya que labio procede de la misma raíz que lamer < lammere < lambere.

Nosotros no lamemos con los labios, al contrario que los chimpancés, nuestros menos evolucionados parientes, que arrancan las hojas de los árboles a medida que las lamen con sus gruesos labios.

Lo mismo que hacen los burros y los jamelgos, que no arrancan la hierba con los dientes sino con lamidas de los labios; en cambio, la jirafa lame las hojas de las acacias con la lengua, y emplea sus ásperos labios como protección contra las espinas.

Los carnívoros apenas tienen labios, sino que emplean los dientes para desgarrar la carne y los tendones, mientras que las aves los han convertido en duros y afilados picos.

De modo que ya vemos que la primitiva función de los labios era la de ayudar en las labores de comida, ya fuera como pinza lamedora o como protección.

Sin embargo, ahora los humanos comemos con las manos, lamemos con la lengua, y los antaño resistentes labios son la parte más sensible de la boca.

¿De qué nos sirven, entonces?

De muy poco, y por esa razón la naturaleza los ha ido afinando y menguando cada vez más, hasta que de pronto hemos descubierto su poder sexual, el placer de sentirlos, e imaginarlos, frescos y siempre lábiles (palabra que, sin embargo, tiene un origen diferente), húmedos y resbaladizos por nuestra piel, y los engrosamos artificialmente para aumentar esa deliciosa sensación.


¿Cuánto viven las moscas?

La duración de la vida es muy variable según las especies y puede ir de unas cuantas horas a unos pocos meses.

En cuanto a nuestra amiga la mosca doméstica, es difícil saber cuánto viven en libertad —se estima que entre 25 a 52 días como adulta—, pero criadas en cautividad algunas de ellas han conseguido llegar a las once semanas. Por lo demás, los machos viven menos tiempo que las hembras.

Por otro lado, en 2008 surgió una noticia según la cual investigadores de un laboratorio suizo afirmaron que un aumento en la actividad cerebral de las moscas hacía que éstas vivieran menos tiempo.

Dos profesores del departamento de ecología y evolución de la Universidad de Lausana (oeste), Tadeusz Kawecki y Joep Burger, descubrieron "una correlación negativa entre una mejora de las capacidades de aprendizaje de la mosca y su longevidad" o, dicho de otra manera, que las moscas más inteligentes viven menos.

Los investigadores, que publicaron el resultado del estudio en la revista Evolución, dividieron en dos grupos una población de moscas.

Un grupo permaneció en estado natural, mientras que el otro vio mejoradas sus capacidades de aprendizaje: los científicos les enseñaron a asociar un olor de una comida con un gusto, agradable o no, y a relacionar un choque creado en el laboratorio con un olor preciso.

Al cabo de 30 a 40 generaciones, los investigadores obtuvieron moscas que aprenden mejor y memorizan durante más tiempo.

No obstante, la experiencia mostró que las moscas en estado natural vivían más que aquellas del grupo seleccionado. "En otros términos, cuanto más inteligente se vuelve la mosca, menos tiempo vive", según el comunicado.

Los científicos llegaron a la conclusión de que el envejecimiento de las moscas se acelera por una actividad neuronal más sostenida, lo que genera un desgaste.

"Esto explicaría por qué las moscas (...) no desarrollaron sus capacidades neuronales", subrayaron. Siendo que el cerebro consume entre un 20% y un 25% de la energía de los seres vivientes, sería entendible que los animales dotados de un cerebro menos consumidor vivan más tiempo.

¿Qué podemos decir de la reproducción de las moscas?

Los dípteros presentan metamorfosis completa, es decir, los estadios preimaginales son muy diferentes al adulto.

El ciclo biológico pasa, salvo unas pocas excepciones, a través de 4 estadios bien diferenciados: huevo, larva, pupa y adulto (generalmente alado).

Todo sobre las moscas

La producción de huevos y la supervivencia de las larvas está ligada a una cierta temperatura. El calor la puede acelerar pero su producción puede disminuir si aumenta demasiado.

Tampoco debe haber mucha diferencia entre las temperaturas nocturnas y diurnas. La mayoría de las moscas domésticas se vuelven estériles a 30°C.

La fecundidad es generalmente grande, aunque el número de huevos varía según las especies.

Por ejemplo, los hipoboscoideos producen una única larva, otros dípteros ponen sólo de 6-8 huevos, mientras que la puesta de ciertas especies puede estar compuesta de varios miles.

En cuanto a las moscas, una hembra puede poner en total hasta 2000 huevos, en grupos de 100-150, lo que indica que una hembra que deje un mínimo de 100 huevos en cada puesta, en poco tiempo podría alcanzar tantos descendientes como hombres habitan en la Tierra: 7.000.000.000 (eso, en el caso de que no hubiera mortandad, pero la inmensa mayoría perece en estado larval, o bien poco después ya sea como presa de sus incontables depredadores —comidos o parasitados—, ya sea debido a las inclemencias del tiempo).

De los huevos salen al cabo de un día —o de doce horas si el tiempo es caluroso— las larvas, que en el caso de las moscas se llaman cresas, que se dedican a saborear la materia putrefacta.

Las cresas nunca se ven, pues se mantienen bajo la superficie del sustrato que haya elegido la mosca adulta para poner sus huevos.

Si se las pone al descubierto, se dirigen de nuevo rápidamente hacia el interior gracias a tas enérgicas contracciones musculares, ya sea porque aborrecen la luz o para escapar rápidamente de los pájaros, para los que representan sabrosos bocados.

Por otra parte, necesitan además calor y humedad, por lo que se secarían en breve tiempo si se quedasen expuestas al aire.

En la mayoría de los dípteros son las larvas las que acumulan la mayor parte de los alimentos necesarios, no solamente para su propia vida, sino también para la reconstrucción ninfal que dará lugar a los adultos cuya principal función es reproducirse.

Después de unos seis días terminan de crecer, pudiendo haber aumentado en 800 veces su tamaño corporal.

A continuación su piel externa se solidifica y se convierte en una especie de barrilete pardo, alargado y redondeado, que alberga a la pupa en su interior; a este barrilete se le llama pupario.

Pasada una semana la pupa se convierte en mosca adulta, le cual, encerrada en ese barrilete, tiene el mismo problema que el pollito que debe quebrar la cáscara del huevo.

Pero, en vez del pico, posee un especia!ísimo instrumento: el ptilino, consistente en una vesícula colocada en la frente, entre los ojos, que actúa como una prensa hidráulica.

Contrayendo rítmicamenle el cuerpo, la mosca hace afluir la sangre dentro de la vesícula que se hincha y presiona con fuerza contra el polo anterior del pupario.

Este se rompe a lo largo de una línea circular, levantándose como una tapa (precisamente por ello a este grupo de dípteros se le llama ciclorrafos).

Unos tres días después de haber salido del pupario comienza a poner huevos, con lo que empieza el ciclo de nuevo.


¿De dónde vendrán las moscas que veremos el próximo año?


Las hembras de la mosca ponen huevos o crías vivas, según las especies, que viven primero como gusano y crisálida bajo tierra hasta un año o más.

Emergen sólo cuando las condiciones son adecuadas (cuando al llegar la primavera los días son más claros y largos y el sol empieza a calentar).

Todo sobre las moscas

Si no lo son, por mucho que dure el frío, la crisálida de la mosca no corre peligro alguno: estará en período latente, permanecen adormecidas, como duermen las ardillas en sus nidos, o los osos en sus oseras, o las tortugas en sus conchas, en tanto duran los grandes fríos invernales.

A su debido tiempo —cuando sienta la elevación de la temperatura de un buen día templado—, el insecto siente continuará su interrumpido desarrollo rompiendo la parda cubierta de su córnea y saliendo de ella, como sale el pollo del cascarón.

Tendrá hambre desde un primer momento, así que sólo le resta secar sus tenues alas, y comenzar a volar en busca de alimento [En la fotografía, la curiosa Teleopsis pallifacies, o mosca de los ojos saltones].

Las moscas alcanzan su total desarrollo antes de abandonar la envoltura que las retiene.

Cuando veáis reunidas moscas de diferentes tamaños, no penséis que las pequeñas son jóvenes y las grandes viejas: son especies distintas, pero todas en plena madurez.

Adquieren su proporción máxima natural antes de abandonar la cuna donde han pasado el invierno. La razón por la cual raras veces nos molestan las moscas durante esta estación es que las unas han muerto y las otras no han nacido todavía.

A medida que aumentan los fríos, parece que las moscas se ponen más soñolientas, hasta que se hace difícil conseguir que abandonen el objeto sobre el cual se hallan posadas y donde, al parecer, se disponen a morir.

No pueden ni siquiera sacudirse las alas y asearse, como acostumbran hacer a principios del verano, y caen con facilidad en los recipientes que contienen leche u otros líquidos.

Éstos son signos de que sus cortas vidas están próximas a extinguirse, porque el invierno es demasiado riguroso para ellas. Pero en la primavera próxima veremos a sus hijas.

El otoño es una estación funesta para las moscas antropófilas.

El continuo descenso de las temperaturas no les sienta bien, son realmente sensibles al frío y al menos en los países cuyo clima puede ser un poquito riguroso, no pueden sobrevivir al aire libre durante los períodos de nieve y heladas.

La mayoría de ellas hibernan en estadio adulto en sitios abrigados como cuevas, grutas, vias subterráneas, troncos de árboles, establos o viviendas.

Se las puede encontrar en gran número en los graneros, en locales cerrados o inhabitados temporalmente, en incluso en las iglesias.

Por eso, desde finales de otoño, los adultos tienden a entrar en las habitaciones de las casas buscando los recovecos de las ventanas, puertas, muebles, ranuras, agujeros de cerraduras, goteras, etc.

Estas moscas permanecen adormecidas en los huecos frescos y oscuros escogidos, pero si la elección ha sido desafortunada, las moscas morirán por culpa del frío.

Las que hayan vencido al invierno serán las que darán origen a las poblaciones primaverales y estivales,pero tengamos en cuenta que las moscas también pueden reproducirse en invierno: en el estiércol de los establos, por ejemplo, gracias al calor que procura la fermentación (el ciclo entonces no sucederá con tanta rapidez y naturalidad como bajo el calor veraniego.

En las grandes ciudades, en invierno encontrarán pocas oportunidades para efectuar la puesta.

Y en el campo se verán acosadas por las inclemencias del tiempo y las enfermedades. Entre éstas, la más conocida es el ‘moho de las moscas’.

Se trata de una epidemia que ocasiona grandes estragos entre ellas, año tras año, a finales de verano y en otoño.

Podemos ver con frecuencia moscas muertas, con las patas deformadas, pegadas por finos filamentos micélicos a los cristales de las ventanas o a las paredes.

Las ha atacado un hongo del grupo de los Zigomicotes (el más conocido y frecuente es Entomophthora muscae, orden Entomoftorales), que ha ido creciendo en su interior, chupándoles la sangre y quitándoles fuerza.

De esta manera, el hongo se vuelve cada vez más exuberante y acaba por matar y recubrir los cadáveres de las moscas.

El hongo no mata a todas las moscas: las supervivientes, tanto de esa enfermedad como de las inclemencias del tiempo, han de procurar extenderse y reproducirse lo más rápido posible en la siguiente estación.


¿Por qué las moscas se vuelven tan pesadas cuando va a llover?

La proximidad de una borrasca hace que la presión atmosférica disminuya, con lo cual el aire tiene menos densidad. Eso hace que les cueste más batir las alas y mantenerse flotando y, por tanto, que tengan más ganas de posarse (en nuestra piel, por ejemplo).

Por otro lado, algunos expertos opinan que si en esas circunstancias atmosféricas las moscas se vuelven más pesadas metafóricamente, también lo hacen en el sentido físico de la palabra, pues el significativo aumento de la humedad relativa del ambiente hace que incrementen su peso en una proporción que, debido a su pequeño tamaño, les supone una lastra considerable a la hora de emprender vuelo.


Moscas veraniegas y bolsas de agua

Aunque puede parecer otro mito como el de que los perros no orinan cerca de botellas de agua (lo cual es falso), hay una explicación científica detrás de esta costumbre de colgar bolsas de agua en el exterior de las viviendas para ahuyentar las moscas.

De hecho, se trata de un sistema que sólo funciona con las moscas domésticas, dado que de los insectos que podemos encontrarnos cerca de las casas, son las que tienen un sentido de la visión más agudo.

Es precisamente esa agudeza visual la que dota de utilidad a la bolsa de agua, ya que lo que pasa es que actúa como una lente.

Las moscas son insectos muy nerviosos, siempre atentas a no ser cogidas de improviso por un depredador, y sus ojos pueden detectar cualquier tipo de movimiento a su alrededor.

Si colgamos una bolsa de agua cerca de un sitio donde hay gente, el simple movimiento de la bolsa o de la gente hace que la luz que pasa a través de la bolsa cambie constantemente; el hecho de que la imagen aumente por efecto lente de la bolsa de agua, hace que la mosca detecte movimiento y no se pose, buscando otro lugar menos peligroso.

Otros medios caseros para ahuyentar moscas son: el olor a ajo, a cítricos, o la presencia de humo en el ambiente (por ejemplo, incienso).


¿Es difícil matar una mosca con la mano, o cazarla?

Hay quien dice que sí, y lo argumenta de la siguiente manera: Cuando dirigimos una mano nuestra hacia una mosca que esté a medio metro de ella, difícilmente tardará menos de 1/30 segundos en recorrer la distancia que la lleve a ella.

Es un tiempo de sobras para que el insecto se las vea venir y reaccione.

El ojo de la mosca doméstica es algo muy parecido a la perfección.

Está compuesto por seis mil unidades ópticas hexagonales llamadas ommatidia (el singular sería ommatidium).

Dado que cada una de esas unidades apunta en una dirección diferente (hacia delante, hacia atrás, hacia arriba, hacia abajo, es decir, hacia todos los lados), puede ver en un ángulo de casi 360°.

Ocho neuronas fotorreceptoras (captadoras de luz) están unidas a cada ommatidium, por lo que —haciendo números— en ese ojo hay unas cuarenta y ocho mil células censoras, con las que nuestra amiga puede procesar... ¡hasta cien imágenes por segundo!

Lo que debe hacer es calcular el ángulo de despegue, para lo cual tendrán en cuenta las turbulencias producidas al moverse nuestra mano (un monstruo de cientos de veces su volumen).

Pero no hay problema: los giroscopios de las alas se encargan no sólo de mantener la estabilidad sino de enviar la señal correcta al minicerebro donde se hacen las correcciones que se requieren —que dependen de la velocidad y de la dirección del viento— por medio de los sensores que posee en las antenas.

Entonces (sólo han pasado centésimas de segundo) la mosca activa su cuasi maquinal sistema locomotor (los músculos que capacitan el movimiento de las alas son controlados por los nervios al comienzo del vuelo pero enseguida pasan, al igual que las alas, a moverse automáticamente) y huye, para lo que quemará el azúcar que hay en su cuerpo con el oxígeno que obtiene del aire, obteniendo la energía suficiente para poder batir las alas 100 veces por segundo (aunque algunas especies de moscas diminutas las baten hasta 1000 veces) y alcanzar su velocidad máxima en otras muy pocas centésimas de segundo.

Los que dicen que es MUY DIFÍCIL cazar a una mosca siguen explicando que tal insecto es "maestro del vuelo acrobático", pues puede volar haciendo zigzags extraordinarios, despegar verticalmente, aterrizar bien en cualquier tipo de superficie por más inapropiada que sea...

Pero no, realmente no es tan complicado cazar una mosca. Se requiere tener en cuenta DOS COSAS: 1º, acercarse lo más posible a la mosca SIN MOVIMIENTOS BRUSCOS, es decir, sin mover el aire y sin espantarla (cuando el tiempo se mide en centésimas de segundo, unos pocos centímetros de más o de menos son decisivos); y 2º atacar a la mosca con rapidez y DE FRENTE, pues aunque su visión es casi de 360º, no es capaz de volar hacia atrás.

Por cierto, el Presidente de los EEUU, Barak Obama, mató en directo, mientras era entrevistado en la televisión, a una mosca (pincha aquí para ver el video).

Las moscas, al igual que muchos otros insectos, tienen por muchas partes del cuerpo pequeños pelos llamados pilosas sensoriales que les sirven para sentir el calor, la humedad, el viento…

En el caso concreto de las moscas, sus peludas patas tienen además la peculiaridad de que es allí donde tienen ubicados los sensores del olor, de tal manera que antes de comer prueban la comida con las patas. Este sistema sensorial sólo funciona si las patas y sus pequeños pelos están PERFECTAMENTE LIMPIOS de polen, de polvo o de cualquier pequeña inmundicia.

Todo sobre las moscas, PRIMERA PARTE


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Fuentes :http://sinek.es/
http://esmateria.com