Hatshepsut, la reina que logró ser faraón

Hatshepsut, la reina que logró ser faraónHatshepsut reinó en Egipto como el mejor de los faraones. Una reina excepcional que fue representada en muchas efigies y monumentos con aspecto masculino, dificultando en ocasiones el que en la actualidad, pudiéramos asociarlos con ella.

Una imagen dual y misteriosa que complacía así a quienes no veían con buenos ojos que una mujer tuviera bajo su cetro el poder del Alto y Bajo Egipto, una dama del Nilo que hizo historia.

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Hatshepsut, hija de Tutmosis

Si nos preguntamos por uno de los faraones más poderosos y con mayores logros para expandir el reinado de Egipto, ese fue sin duda Tutmosis I.

Un monarca excepcional que logró llevar sus tropas hasta el mismísimo Eúfrates.

Una vida en auge por el bien del país que encontró su fin quizá demasiado pronto, Tutmosis murió tempranamente pero teniendo siempre como favorito a uno de sus tres hijos: Hatshepsut.

Normalmente, se habla de la excelente concepción que tenían las mujeres egipcias entre sus hombres, y de la gran libertad de que gozaban respecto a otras sociedades de su tiempo, o incluso en otras posteriores.

No obstante, existen algunas sombras, y espero no caer en una excesiva idealización sobre su lugar en la sociedad egipcia.

Muchos argumentan que una de las pruebas más fehacientes de lo lejos que podía llegar una mujer, era en convertirse en Faraón.

A diferencia de otras civilizaciones, la mujer egipcia transmitía su legitimidad a través de la línea materna, y de hecho tenemos constancia de que han existido varias reinas-faraón.

Pero, si hubiera sido indiferente a la hora de acceder al trono que se tratara de hombre o mujer, nos encontraríamos seguramente con muchas más mujeres faraones. Normalmente era el esposo, o el hijo el que se convertía en Faraón.

Hatshepsut, la reina que logró ser faraón

Casos como el de Hatshepsut no son tan frecuentes como algunos pretenden hacernos ver. Además no debemos perder de vista que las situaciones en que ello ocurría solían preceder o transcurrir en períodos de gran convulsión y crisis, y no había posibilidad de una sucesión masculina clara.

Hatshepsut, la reina que logró ser faraón.

Nuestro relato arranca con el reinado de Tutmosis I, gran faraón de la Dinastía XVIII, que con sus campañas militares hace que Egipto domine toda la zona de Palestina, y se convierta en el estado más poderoso del mundo mediterráneo.

Nuestra protagonista, Hatshepsut, era hija de Tutmosis I y la princesa Ahmose, el matrimonio tiene otros tres hijos más, pero mueren muy jóvenes, sólo Hatshepsut y su hermana menor Neferubity llegan a la edad adulta.

Tutmosis I logra una gran prosperidad y esplendor económico para Egipto, pero muere de forma repentina y temprana en el 1492 a. C., y sus hijos varones habían muerto, por lo que Hatshepsut era la mejor colocada en la línea sucesoria, ya que su propio padre la asoció al trono al nombrarla heredera.

Sin embargo, era muy complejo para una mujer acceder al trono de Egipto, y se produce una conspiración liderada por el Chaty, gran funcionario y mano derecha del faraón, y Ineni o poderoso arquitecto real.

Una conjura que logró situar en el trono al hermanastro de Hatshepsut (hijo de Tutmosis I y una de sus concubinas). Un duro revés para nuestra joven reina que se ve obligada a casarse con su hermanastro, Tutmosis II, convirtiéndose en la Gran Esposa Real.

En el Antiguo Egipto, el matrimonio entre hermanos se daba frecuentemente, sobre todo en la realeza, no se consideraba incesto, ya que era una forma de preservar la sangre real.

Hatshepsut como gran esposa del faraón/dios comenzó a rodearse de un grupo importante de adeptos y fue creciendo su poder e influencia, entre ese grupo hay que mencionar a los relevantes Hapuseneb y Senenmut.

Además el reinado de Tutmosis II es muy breve, sólo gobernó tres años y medio, tuvo dos hijos pero eran unos niños, por lo que Egipto estaba en manos del Visir Inani, que sería el gran opositor de Hatshepsut.

Ya que una vez más, dicho Visir impone su criterio y se nombra sucesor a un hijo de Tutmosis II con una esposa secundaria (llamada Aser), que accede al trono como Tutmosis III, aunque sólo contaba con doce años de edad.

Sin embargo, la historia no se repite para Hatshepsut, como Gran Esposa Real consigue convertirse en la Regente de Tutmosis III en el año 1473 a.C. Hatshepsut pospuso “sine die” el matrimonio de Tutmosis III con su hija Neferura, con lo que impidió la legitimación total de Tutmosis III.

Se convertía de este modo en la primera regente mujer que no era madre del faraón.

Además planeó de forma muy inteligente su acceso al trono acabando con el poder del Visir, y permitiendo el ascenso político de sus adeptos, en concreto, de Hapuseneb, que se convirtió en Visir y Sumo Sacerdote de Amón, y de su cercano seguidor Senenmut, de origen plebeyo (se especula que fuera su amante) que nombrado Arquitecto real e instructor de su hija.

Hatshepsut ya contaba con el poder absoluto y se hace coronar como Faraón de las Dos Tierras y primogénita de Amón en presencia de Tutmosis III, gracias al apoyo de la casta sacerdotal liderada por Hapuseneb.

De esta forma, se convirtió en la tercera y más poderosa reina-faraón de la historia egipcia. Hatshepsut, cuyo nombre significa “la primera de las nobles damas”, fue la primera mujer que desafío el orden establecido en su época, para convertirse en el faraón más poderoso de Egipto, durante un reinado que se extiende del 1479 al 1457 a.C.

De tremenda personalidad impuso su carácter de gran gobernante dejando en un segundo plano al futuro Tutmosis III, realizó una gran labor política, con la ayuda de los mencionados Hapuseneb y Senenmut, llevando a Egipto a una de sus etapas más gloriosas.

Es curioso, que la faraona asume los atributos y elementos masculinos de su cargo, de esta manera es representada de forma andrógina y con barba.

Fue una magnífica reina y regente al saber ganarse el favor y apoyo de la sociedad y, sobre todo, de la casta sacerdotal de Amón en Tebas, a través de donaciones y privilegios.

Hatshepsut recurre a la llamada Teogamia, para legitimar su reinado y su derecho al trono, al ser considerada como un Dios en la tierra.

De modo que, se proclama primogénita de Amón y su delegada ante el pueblo egipcio. La Teogamia daba tranquilidad a su reinado, pero otorgaba un creciente poder a la casta sacerdotal de Amón, que acabara perjudicando a su Dinastía.

La divina Hatshepsut dedicó gran parte de su reinado a su excelsa labor constructiva y de reconstrucción de los destrozos ocasionados por la guerra con el pueblo semita de los Hicsos.

Jamás invirtió en guerras, durante su reinado no hubo más que unas pocas escaramuzas y alguna campaña defensiva. Egipto vivió en paz, pero las conjuras palaciegas siguieron su transcurso en la sombra, silenciosas y persistentes, esperando siempre el momento para eliminar a la reina Hatschepsut del poder y erigir como faraón a su sobrino.

Solo tuvo una hija, Neferura, a la que adoró hasta el día de su muerte. Murió a los cuarenta años, y se sospecha, cómo no, que fue su sobrino quien acabó con ella para obtener el poder.
Su labor constructiva la centró fundamentalmente en Tebas, en concreto en Luxor, en la cantera de Asuán y, sobre todo, en el Templo de Karnak donde construyó la bella Capilla Roja y grandes obeliscos.

No obstante, destaca sobremanera su Templo funerario, los faraones de la Dinastía XVIII además de erigir su tumba ordenaban levantar un gran templo mortuorio, como símbolo de su reinado.

Hatshepsut-templo
 Hatshepsut-templo "el sublime de los sublimes"
Hatshepsut levantó el suyo en un paraje llamado Deir el-Bahari y encargó el famoso templo de los millones de años a su arquitecto Senenmut. Erigiendo uno de los templos más bellos de Egipto, una joya conocida como Dyeser-Dyeseru o "el sublime de los sublimes".

Fue construido al lado del templo de Mentuhotep II, y es sublime en su disposición en largas terrazas columanadas con suaves rampas, con edificios porticados y patios, en perfecta armonía arquitectónica con el terreno rocoso, un auténtica maravilla.

El reinado de Hatshepsut se caracteriza por ser un periodo pacifico, no obstante, llevó a cabo pequeñas campañas militares de control por Nubia y Siria-Palestina. Además merece la pena destacar sus viajes a reino de Punt (mítico reino de donde procedía el incienso y la mirra, que estaría en la actual Somalia).

Estas expediciones fueron dirigidas por Nehesi, portador del sello real, una empresa comercial, pero, al mismo tiempo, Hatshepsut ordenó realizar profundos análisis de la flora y fauna, y de la estructura político-social.

La expedición regresó con oro, marfil, ébano y otras maderas preciosas que enriquecieron considerablemente las arcas reales, además de traer especies animales totalmente desconocidas.

Hatshepsut cogió en su persona todos los atributos masculinos del cargo de faraón, de ahí que se la representara como un hombre con esa característica barba postiza del arte egipcio. Eliminó también a todos sus adversarios, evitando así una posible guerra civil o cualquier conjura palaciega, permitiendo que el pueblo asumiera con normalidad su figura y su poder.

Hatshepsut tuvo de uno de los reinados más prósperos de toda la historia egipcia, al igual que había ocurrido en tiempos de su padre, el faraón Tutmosis I.

Dedicó gran parte de sus esfuerzos a embellecer el país y a restaurar los templos de los efectos de las guerras pasadas, dejando la estela de su poder y su presencia en la Isla Elefantina, en el Speos Artemidos, y sobre todo en Tebas, su capital favorita. Edificó la capilla roja del enorme templo de Amón en Karnak, alzó los más altos obeliscos y dotó a Egipto de bellezas arquitectónicas y tranquilidad.
La importancia del viaje fue inmortalizada en las paredes del templo de Hatshepsut en Deir el-Bahari, siendo utilizado de forma propagandística para aseverar el cenit su reinado.

Y precisamente, al terminar su gran templo funerario en el año 16 de su gobierno, cuando comenzó a menguar el protagonismo de Hatshepsut, y fue creciendo la estrella de Tutmosis III.

De forma repentina todo se tuerce, mueren en peculiares circunstancias sus fieles Hapuseneb y Senenmut. Y poco después fallece su hija Neferura, a la que había nombrado heredera, con la ambiciosa idea de crear una estirpe de mujeres faraón.

De esta manera, Hatshepsut desaparece de la vida política y Tutmosis III se levanta como nuevo y gran faraón, tras un golpe de Estado en toda regla.

Se acababa el reinado de la gran faraona, tras 22 años de buen gobierno, se dice que Hatshepsut muere en su palacio tebano, totalmente sola y abandonada, contaba con unos 50 años.

Según las últimas investigaciones, centradas en el estudio de su momia y realizadas por el arqueólogo Zahi Hawass, murió de osteoporosis, artritis y cáncer después de meses de sufrimiento.

Hatshepsut, la reina que logró ser faraón

A su muerte, como era costumbre, su nombre fue eliminado de anales y listas de reyes, y sus estatuas destruidas o enterradas, Tutmosis III borró a su madrastra de la Historia, para legitimar su reinado, y presentarse con único heredero de Tutmosis II.

En definitiva, la gran labor y personalidad de Hatshepsut lleva a Egipto a una de sus épocas de mayor esplendor, que será continuada por el gran Tutmosis III.


La importancia de la mujer en el Antiguo Egipto.

El lugar que ocupaba la mujer en el Antiguo Egipto puede parecer sorprendente por su "modernidad", si se compara con el que ocupaba en la mayoría de países de la época, e incluso de épocas posteriores.

Aunque hombre y mujer tradicionalmente tenían prerrogativas bien diferenciadas en la sociedad, no parece que hubiera una barrera insuperable para quien quisiera variar el esquema. El egipcio de aquel tiempo reconoce a la mujer, no como igual al hombre, pero sí como su complemento.

Este respeto se expresa claramente tanto en la teología como en la moral que se consolida en el II milenio a.C. conviviendo con los judíos, pero es bastante difícil determinar su grado de aplicación en la vida cotidiana de los egipcios.

Eso sí, está muy distante de la sociedad Griega, dónde la mujer era considerada como "una menor de edad eterno".

Por otra parte, la literatura egipcia no vacila en presentar a la mujer como frívola, caprichosa y poco fiable, pero a pesar de todo, las egipcias se beneficiaron de una posición que se encontraba en pocas sociedades.

Para los antiguos egipcios, los niños eran lo más importante. En la familia, la mujer era la "dueña de la casa", a diferencia de la Antigua Grecia o Roma, donde el pater familiar era el hombre.

Por lo que sabemos, parece que el varón y la mujer eran iguales ante la ley, en contraste con el derecho griego y romano.

Ellas podían manejar su propia herencia o también estar al frente de un negocio, como la dama Nenofer en el Imperio Nuevo; podían ser también médicos, como la dama Peseshet durante la IV Dinastía.

 Matrimonio y familia

La mujer podía elegir a su esposo, aunque solía solicitar como símbolo de respeto la aprobación de sus padres.

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En lo que respecta a la familia, el modelo ideal era el de una pareja con sus hijos, y cuantos más tuvieran mucho mejor, aunque debido a la alta tasa de mortalidad de las mujeres en el parto, se usaban anticonceptivos para evitar embarazos tan seguidos.

La mujer era nombrada como Nebt-Het, que literalmente significa La Dorada (con el significado de grandeza, nobleza) Señora de la Casa. No hay ni una sola referencia al hombre como "el señor de la casa."

La mujer al contraer matrimonio mantenía su nombre (no lo perdía como si ocurría en otras culturas), así como cierta independencia.

Adquirían rango al casarse: nbt pr significa administradora del patrimonio, y en la casa eran las que organizaban todo.

No existía una ceremonia como tal, al menos como nosotros lo entendemos, aunque si se firmaba un contrato privado en el que se detallaban los bienes de cada uno. La boda se celebraba en familia ya que estaba calificado como un asunto privado.

Comenzaba por lo general cuando la pareja se iba a vivir junta. Las edades más frecuentes eran entre los doce y catorce años en ellas, y sobre los dieciséis en ellos.

Profesionales de...

La mujer estaba excluida de la mayor parte de los trabajos que se ejercían en talleres, de modo que no fabricaban joyas ni cerámica, tampoco participaban en la pesca, la caza, las actividades militares, ni en la carnicería.


Músicos y bailarinas

Mayormente estos trabajos eran mas habituales de que fueran practicados por las mujeres esclavas.


Campesinas

En la cosecha, según se ve en el arte de las capillas, ella traía comida o refresco a los hombres que trabajaban en el campo, pero ellas no segaban. La cosecha era el momento más duro del año agrícola, cuando se necesitaba la mayor cantidad de gente para recoger todo el material de los campos lo más rápido posible.

No obstante es posible que que el arte haya excluido a las mujeres de la cosecha y otros trabajos por razones religiosas, pero es algo que todavía desconocemos.


Plañideras

Eran mujeres a las que se pagaba para que acompañasen al cortejo fúnebre, al que precedían danzando, llorando y lamentándose, en recuerdo del difunto.

Se purificaban previamente masticando natrón, y se perfumaban con incienso; vestían totalmente de blanco o azul y usaban pelucas rizadas de las que se arrancaban los cabellos. También eran conocidas como las "Cantoras de la diosa Hato".

Funcionarias

Excepto en el Imperio Nuevo donde toda la "función pública" fue atendida por varones, las mujeres ocuparon puestos de escriba en diferentes categorías de la administración del Estado. Entre las mujeres que fueron funcionarias de alto rango, se puede citar a Nebet, una visir de la Dinastía VI.

No obstante, es necesario hacer notar que encontrar una mujer con tal responsabilidad era extremadamente raro, y sería necesario esperar a la XXVI Dinastía para encontrar la misma situación.

Sacerdotisas

Al servicio de distintos dioses y diosas: Amón, Hathor ... Muchas de ellas llegaron a adquirir la categoría de mujeres sagradas.


Comadronas

Eran las encargadas de traer a los niños al mundo. Solían hacerlo en compañía de otras mujeres, y no era habitual que interviniera el médico.


Empresarias

La mujer egipcia podía tener su propio negocio o también colaborar y ayudar a su marido en el suyo.


Moda

Las damas de alto estatus solían prestar mucha atención a su aspecto, mimando especialmente el peinado y maquillaje. En las pinturas que nos han llegado, mientras la piel de los varones se representa morena, la de las mujeres de clase alta es de tono más pálido.



El gusto de la mujer egipcia por la utilización de las pelucas se remonta a las primeras dinastías. Durante el Imperio Antiguo, estas pelucas eran de melena corta, a diferencia de el de las sirvientas, que no utilizaban pelucas, y el pelo de estas era largo.

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Maruxa Abalo Rodríguez
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