Cáncer y microondas

Cáncer y microondasExiste una creencia popular que afirma que los móviles serían responsables de un aumento del riesgo de tumores cerebrales.

¿Qué dice la ciencia sobre ello?

Una de las grandes preocupaciones sobre tecnología se basa en responder si las ondas de móviles y microondas afectan la salud.

¿Es un mito o, por contra, existen estudios científicos que alerten sobre un hipotético problema sanitario?

Para responder esta pregunta, hoy en VCN repasamos qué sabe la investigación sobre las ondas electromagnéticas y su impacto en nuestro organismo.

Para saber si las ondas de móviles y microondas afectan la salud, debemos saber primero a qué nos enfrentamos.

Y para ello, nada mejor que consultar una publicación realizada por la Universidad Politécnica de Madrid, de referencia en esta temática.

La radiación electromagnética, en palabras de Gloria Ruiz (del Servicio de Medicina Nuclear del Hospital Clínico San Carlos) y de José Luis Carreras (de la Universidad Complutense de Madrid), “comprende las radiaciones no ionizantes (tostadoras, microondas, teléfonos móviles, cámaras, etc.) y las radiaciones ionizantes (rayos X y rayos gamma)“.

Esta radiación electromagnética, también conocida como REM, se transmite en el espacio a la velocidad de la luz (es decir, a unos 300.000 kilómetros por segundo).

Saber cómo interacciona con la materia implica también conocer cuáles serían sus efectos sobre nuestro organismo. En otras palabras, podríamos entender si estas ondas de móviles y microondas afectan la salud o no.

Por una parte, la radiación ionizante (como los rayos X) sí interacciona con la materia, de forma que desde hace años conocemos los potenciales efectos sobre la salud que se dan (como por ejemplo en el caso del desarrollo de tumores).

Sin embargo, tal y como se ve en la imagen superior, las ondas de móviles y de microondas no forman parte de la radiación ionizante.

A pesar de ello, hay un tipo de radiación no ionizante, correspondiente a la radiofrecuencia, que sí afecta a la materia, debido a que al ser absorbida, las moléculas vibran, de modo que ese “movimiento” a nivel molecular genera calor.

Los estudios realizados a finales de los noventa determinaron que el uso de teléfonos móviles estaba asociado con incrementos de temperatura menores de un grado.

Sin embargo, aun había quien sospechaba que el uso de los dispositivos móviles, de manera continuada y localizada, sí que podría provocar daños en nuestro organismo.

De ahí que siempre se mantenga la duda sobre si las ondas de móviles y microondas afectan la salud.
Teléfono móvil y microondas: ¿Son cancerígenos?

La preocupación social existente sobre el uso de teléfonos móviles llevó a la propia Organización Mundial de la Salud a publicar un pequeño informe sobre las posibles consecuencias que podrían tener los campos electromagnéticos sobre la salud pública.

En 2011, se consideraba que existían en el mundo 4600 millones de contratos de telefonía móvil, y hay quien sugiere que el uso a largo plazo de estos dispositivos, o de otros aparatos utilizados en el hogar (como los microondas), nos pasarán factura dentro de unos años.

Por ello, desde la OMS se lleva recopilando desde 1996 toda la información científica disponible sobre este tema.

Y lo que sabemos a día de hoy es que los teléfonos móviles son transmisores de radiofrecuencia de baja potencia (entre 450 y 2700 MHz), con un pico de potencia que oscila entre los 0,1 y los 2 vatios.

No solo eso, sino que cuanto más lejos estemos de nuestro móvil, menos radiofrecuencia nos estará afectando (por ejemplo, en el caso de usar el “manos libres”).

Hoy en día sabemos que, a corto plazo, los teléfonos móviles no tienen ningún efecto importante sobre nuestra salud.

A esto nos referíamos cuando hablábamos que su uso no producía un incremento mayor de un grado de temperatura sobre nuestros tejidos.

¿Pero qué ocurre a largo plazo? La utilización de manera continuada (y especialmente, de manera localizada sobre nuestra cabeza), ¿provocaría algún daño?

 ¿Son responsables los teléfonos móviles de algún hipotético aumento de tumores cerebrales, por ejemplo?

Para dar respuesta a esta pregunta, tenemos que recurrir a los estudios epidemiológicos existentes sobre si las ondas de móviles y microondas afectan la salud.

Y quizás el trabajo de investigación más famoso es el realizado por el grupo INTERPHONE, que tras 15 años de estudio, determinó que el uso de teléfonos móviles no aumentaba el riesgo de sufrir tumores cerebrales.

A pesar de estos datos tranquilizadores, que complementaban los publicados en 2009 por la Comisión Internacional de Protección contra las Radiaciones No Ionizantes en el informe, la radiación del teléfono móvil fue incluida en el grupo de carcinogenicidad 2B, el mismo nivel de riesgo en el que se encuentra el café.

Sin embargo, esta relación fue duramente criticada por algunos científicos, como los que concluyeron , que tampoco existía ninguna relación entre móviles y cáncer cerebral en niños.

Las inquietudes sociales sobre cómo nos pueden afectar las radiaciones emitidas por estos dispositivos siguen estando presentes.

A pesar de estas dudas, cada vez son más los estudios que niegan una relación entre una posible carcinogenicidad y utilización de teléfonos móviles.

Como ejemplo, nos pueden servir los artículos publicados en la revista BMJ en 2012 o en la publicación Environmental Health Perspectives en 2011.

La propia FDA (la agencia reguladora de los medicamentos y alimentación en Estados Unidos) ha descartado la hipótesis de que los teléfonos móviles puedan provocar problemas en nuestro organismo:

The majority of studies published have failed to show an association between exposure to radiofrequency from a cell phone and health problems.

Hasta ahora la evidencia científica disponible niega que las ondas de móviles u otros dispositivos y sistemas de frecuencia similar (como los microondas) causen problemas.

No podemos descartar que en un futuro aparezcan nuevos estudios que sí confirmen una relación más a largo plazo entre una posible carcinogenicidad y este tipo de radiación, pero por ahora, todos los trabajos científicos niegan esta posibilidad.

Imágenes | Marjan Lazarevski (Flickr), Wikipedia, Simon King (Flickr)
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 Fuente blogthinkbig Creative Commons.