Sobre el dormir animal y social

Sobre el dormir animal y social5 minutitos más por favor!!: sobre dormir en la sociedades humanas y sobre el dormir animal.

No me gusta levantarme temprano.

Y no depende de qué tan tarde me haya acostado, o de qué tan temprano estemos hablando; es simplemente la resistencia intrínseca en mí a salir de la cama, a poner el pie en el piso (derecho o izquierdo) y enfrentar el nuevo día.

¿Por qué será que en éste, nuestro mundo de cada día, estamos todos obligados a funcionar desde temprano?

Ante esta pregunta una respuesta recurrente es que esta acción responde a “lo natural”.

Se argumenta que está determinado por la naturaleza, que la noche es para dormir y que el día es para realizar las labores, dejándonos a muchos fuera del rango de lo “normal”.

Sin embargo y por deformación profesional, quiero detenerme en este punto, en la parte de “lo natural” y observar lo que efectivamente sucede en la naturaleza, en donde existen muchas especies que poseen distintos ritmos de actividad, algunos mucho más complejos que la simple dualidad día/noche.

Entre los animales existen los crepusculares, que prefieren iniciar sus actividades al ponerse el sol, como los grillos, caracoles o zorros; también los nocturnos, que viven la noche como si fuera día, como las lechuzas, murciélagos y chinchillas; están además los madrugadores, atentos a los primeros rayos de luz (entre ellos se cuentan muchas especies de aves).

Por supuesto que están también los diurnos, que laboran de sol a sol, en donde se encuentran gran parte de los animales domésticos.

Todo esto obedece a cambios evolutivos que les han permitido a estas especies adaptarse a su entorno natural, sacando el máximo provecho de él.

Sobre el dormir animal y social gEste ritmo interno, denominado ritmo circadiano, está mediado por la luz, la cual al ser captada por el organismo, estimula la producción de hormonas por parte del eje hipotálamo – hipófisis (1) ubicados en el centro del cerebro (conocidos también como pineal-pituitaria o “tercer ojo” en algunas culturas).

Estas hormonas regulan funciones básicas del organismo, tales como la actividad motriz, la adecuada mantención de la temperatura corporal y el comportamiento alimentario.

Entonces, me pregunto: ¿no será posible que entre nosotros, los seres humanos, exista también esa variabilidad?

¿Que algunos estemos predeterminados genética, biológica, energética y/o conductualmente a funcionar a tiempos distintos?

¿Que nuestros patrones hormonales sean diferentes y por ende nuestros ritmos internos también?

Alguien puede argumentar que esas diferencias se presentan “entre especies” y no “intra-especie” y que, por lo tanto, siendo la raza humana una sola especie, ésta debería regirse por un solo ritmo, gatillado por los ciclos hormonales descritos para ella, y que dicen, en palabras simples, que debemos despertar al amanecer y dormir al ponerse el sol…como las gallinas.

Esto, dicho sea de paso, es bastante funcional a un sistema económico interesado en estandarizar conductas para hacerlas manejables y explotables.

Sin embargo, resulta muy poco eficiente si consideramos que la capacidad de concentración y productividad asociada a un individuo con sueño es bastante limitada.

Pero, ¿no somos nosotros la (o una de las) especie(s) más diversa(s) sobre la tierra?

 ¿Acaso no es posible que nuestra “complejidad” haya sobrepasado la dictadura de lo meramente biológico sobreponiéndose energética, cultural y/o conductualmente a ella, generando individuos con ritmos circadianos distintos?, ¿quién sabe si con fines evolutivos (o también involutivos)?

Existe una disciplina científica, la cronobiología, que ha dado respuesta a estas preguntas, definiendo para la especie humana a individuos “Alondras” (madrugadores) y a individuos “Búhos” (nocturnos), reconociendo, de alguna manera, que es posible que existan diferencias intra-especie en los ritmos circadianos, fundamentalmente en la especie humana.

Culturalmente, entiendo que hemos heredado la tradición de madrugar del campo y la vida rural, por cuanto esto era necesario para poder cumplir con las labores propias del trabajo en la tierra y con animales, adaptándose a la disponibilidad de luz natural (los animales despiertan temprano y era necesario adaptarse a sus tiempos; por otro lado en primavera-verano resulta imposible trabajar la tierra a pleno sol desde el medio día).

Esta necesidad desaparece en la sociedad moderna urbana, que ha convertido la noche en día y cuyas diversas labores no necesariamente dependen de la disponibilidad de luz natural.

Sin embargo, desde temprana edad y hasta la vejez nos son impuestos ciertos horarios, los que pueden ser demasiado exigentes en algunos casos; ¿o no le parece terrible pensar que un bebé de 6 meses deba ser sacado de la cama a las 6, 7 u 8 de la mañana (incluso en invierno) para ser llevado a una sala cuna, pues la madre debe presentarse a trabajar a las 8:00 AM?.

No puedo dejar de pensar en esto como un verdadero entrenamiento a nuestro ritmo circadiano para que se adapte a las exigencias madrugadoras de la futura vida laboral.

¿Y qué sucede si ese bebe resulta ser un individuo Búho?. Lo más probable es que, tal como me ha sucedido a mí, deba soportar el estigma de ser considerado/a “flojo/a” o “poco productivo/a” por no poder cumplir adecuadamente con la exigencia impuesta por el capitalismo…”madrugar para producir”.

Por otro lado, es muy importante que para que cada individuo se libere de estas imposiciones, se tome el tiempo de conocer sus propios ritmos, que se detenga a observar cuáles son sus tiempos, sus períodos de concentración máxima, de actividad, de hambre, de sueño, etc. aceptándolos y procurando funcionar con ellos y no “contra” ellos, de tal manera de evitar el desgaste que implica luchar contra la propia naturaleza; esto permitirá reducir el stress que puede llevar a una depresión o enfermedad.

En tanto planteo que, por un asunto de libertad, de respeto a mis ritmos internos y a mi salud física y mental, yo seguiré defendiendo mi derecho a dormir hasta que mi cuerpo me despierte solo…¡y no la alarma del reloj!

Referencias:

(1) El Hipotálamo tiene una función nerviosa relacionada al sueño y con sensaciones como la sed y el hambre, además de  otra función endocrina; elabora hormonas que están relacionadas con la función de la Hipófisis.

Los compuestos liberados por el hipotálamo activan o inhiben la producción de las hormonas de la hipófisis.

La Hipófisis es un pequeña glándula endocrina que cuelga del hipotálamo.

Está divida en varios lóbulos, los cuales secretan hormonas que van a ejercer efectos (positivos y negativos), sobre varios órganos que regulan el metabolismo, crecimiento, función reproductiva, comportamiento alimentario y de consumo de agua, etc. como por ejemplo, la glándula tiroides, adrenales, riñones, gónadas, tejido mamario, útero, etc.

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  Fuente La pala Creative Commons.