La percepción visual se distorsiona ante las amenazas

percepción visual se distorsiona ante las amenazas
Imagen: freedigitalphotos.net.

Nuestra percepción visual se distorsiona ante las amenazas.

Cuando nos enfrentamos a cosas que parecen amenazantes, ya sea que se trate de una araña peluda o de una multitud enfurecida, normalmente nuestro objetivo es alejarnos lo más que podamos.

Ahora, una nueva investigación sugiere que nuestra percepción visual se distorsiona para motivarnos a salir del peligro.

Cuando nos sentimos amenazados, percibimos que el objeto que nos amenaza se encuentra más cerca de lo que está en la realidad.

Nuestros cuerpos nos ayudan a responder a las amenazas al activar nuestro instinto de luchar o de escapar, que nos permite actuar con rapidez:

Nuestro ritmo cardíaco y la presión arterial se elevan, y se produce más de la hormona cortisol del estrés.

Pero la investigación sugiere que el cuerpo también puede demostrar su preparación a través de ciertas distorsiones visuales.


De acuerdo con la hipótesis de la señal de amenaza, la psicóloga Emily Balcetis, de la Universidad de Nueva York, y sus colegas razonaron que si tenemos que estar cada vez más preparados para actuar a medida que se acerca una amenaza, nuestros objetivos se alcanzarán mejor si percibimos que los objetos amenazantes están más cerca de nosotros.

Es importante destacar que esta hipótesis sugiere que deberíamos de percibir que los objetos que nos parecen amenazantes, están más cerca que otros objetos que no son amenazantes, pero que evocan fuertes respuestas negativas, tales como el asco.
Los investigadores probaron esta hipótesis en dos estudios publicados en la revista Psychological Science.

En el primer estudio, Balcetis y sus colegas tuvieron como voluntarios a 101 estudiantes universitarios, que participaron en el estudio.

Después de entrar una habitación, los estudiantes se situaron a 396 centímetros de distancia de una tarántula viva, que estaba en una bandeja sobre una mesa.

Los estudiantes reportaron el grado de amenaza y repugnancia que sentían, y estimaron su distancia a la tarántula.

Los resultados mostraron que mientras más amenazados se sentían los voluntarios, más cerca estimaron que estaban de la tarántula.

Sin embargo, los resultados fueron diferentes, cuando lo que sentían era asco. En este caso, cuando sintieron más asco, estimaron estar más lejos de la tarántula.

Para determinar el efecto específico de la amenaza, los investigadores llevaron a cabo un segundo estudio en el que manipularon experimentalmente las experiencias de los participantes ante la amenaza y el asco, y compararon los efectos con una situación ante la cual no sintieron emociones.

En el segundo estudio participaron 48 estudiantes universitarias. Cuando llegaron, las participantes se reunieron con un estudiante varón que nunca habían visto antes (el estudiante formaba parte del experimento).

Cada una de las participantes vio un vídeo, seleccionado al azar de entre tres. Las participantes en la condición de amenaza vieron un vídeo en el que el estudiante habló de su amor por las armas, dijo que cazaba por deporte, y que experimentaba sentimientos de agresividad reprimida.

Las participantes en la condición de asco vieron un vídeo en el que el mismo estudiante hablaba de haberle hecho cosas repugnantes a las comidas de los clientes, cuando trabajaba en un restaurante de comida rápida, incluyendo orinar en los refrescos y escupir en los alimentos.

Por último, las participantes en la condición neutral vieron un vídeo en el que el estudiante hablaba de forma neutral sobre las clases que pensaba tomar en el siguiente semestre.

Después de ver el vídeo, a las participantes les les reunió nuevamente con el estudiante, que estaba sentado a 335 centímetros de distancia de ellas.

Para obtener una medida de su activación fisiológica, los investigadores registraron el pulso de cada participante, justo antes de la interacción.

Las participantes calificaron que tan ‘amenazante’ o ‘repugnante’ percibían al estudiante en ese momento. También estimaron la distancia que les separaba del estudiante.

Los resultados mostraron que las estudiantes que vieron el vídeo amenazante estimaron que el estudiante estaba más cerca (un promedio de 55,0 cm) que las estudiantes que vieron ya sea el vídeo asqueroso (un promedio de 78,4 cm) o el neutral (un promedio de 73,9 cm).

Esta relación se mantuvo incluso después de que se tuvo en cuenta el pulso de las participantes.

En ambos estudios, los sentimientos de amenaza – pero no asco – se relacionaron con las estimaciones de la distancia, lo que proporcionó una prueba más en apoyo de la hipótesis de la señal de amenaza.

“Aunque el miedo y el asco son emociones intensamente negativas, difieren en nuestra reacción inmediata”, explican los investigadores.

“Tanto el miedo, como el asco se pueden asociar con tendencias de evitación, pero el miedo normalmente requiere la movilización activa de retirarse o disipar las amenazas potenciales, lo que lo diferencia del asco”.

De este estudio surge una pregunta:

¿Percibir que un objeto está más cerca, hace que actuemos con más rapidez?


Diferencia entre sensación y percepción.

La sensación se refiere a experiencias inmediatas básicas, generadas por estímulos simples. La sensación también se puede definir como términos de la respuesta de los órganos que tienen los sentidos frente a un estímulo.

La percepción incluye la interpretación de esas sensaciones, dándoles significado y organización. La organización, interpretación, análisis e integración de los estímulos, implica la actividad no sólo de nuestros órganos sensoriales, sino también de nuestro cerebro.

Se acepta generalmente que la sensación precede a la percepción y que esta es una diferencia funcional sencilla; en el proceso sensible se percibe un estímulo -sensación-, como puede ser la alarma de una puerta, luego se analiza y compara la información suministrada por ese estímulo y después de interpretar la percepción que hemos tenido de dicha sensación, se decide si es necesario permanecer en una actitud de alerta frente algún peligro o si simplemente es cuestión de apagar el dispositivo que accidentalmente accionó la alarma.

Como ejemplo podemos tomar la imagen de la izquierda. Muchos de nosotros percibiremos en primer lugar el dibujo de una pareja. Sin embargo, una persona que no tenga la mente asociada a ese escenario percibirá en primer lugar los 9 delfines que la componen. 

Esto demuestra que, aunque el estímulo y la sensación son constantes, las percepciones pueden ser distintas para cada persona.

Fuente: Association for Psychological Science
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