Hay olas gigantes que no son tsunamis

Hay olas gigantes que no son tsunamis El tsunami meteorológico que marcó un hito se registró en Mar del Plata, en marzo de 1970, con una amplitud de onda de 1,62 metros en un período de 33 minutos. Foto: Diana Martinez LLaser.

No todos los tsunamis se deben a terremotos submarinos.

Algunas ondas, a veces, con amplitudes apreciables, se originan en perturbaciones atmosféricas y la costa argentina es testigo de ello.

Mar del Plata registra varios casos .

Si bien no han producido destrozos resultan de interés científico porque podrían influir en la erosión costera.

En silencio, y sin dar aviso previo, aparece esa onda que baña todo a su paso en la playa. La lona, el bolso y las galletitas quedan empapados y obligan a toda la familia a mudarse unos pasos más atrás.

Al rato, el mar vuelve a bajar y los veraneantes pueden regresar al sitio original. Sin saberlo, ellos fueron afectados por un tsunami diferente: un tsunami meteorológico, que suele registrarse en la costa argentina y cada vez más acapara la atención científica porque en algunos lugares del mundo provoca destrozos significativos.

“Los tsunamis meteorológicos no son causados por terremotos submarinos, sino que son fenómenos originados por perturbaciones atmosféricas. Mar del Plata es un sitio donde se dan cada dos por tres, pero son muy chiquitos.

Tienen alturas del orden de los 15 centímetros”, resalta el oceanógrafo Walter Dragani, quien hizo su tesis doctoral sobre este tema. “A nivel internacional tienen interés científico porque en algunos lugares resultan destructivos”, agrega.

Un sismo, un deslizamiento de tierras o un meteorito que cae en el océano pueden provocar una movida de agua a velocidades infernales de 800 kilómetros por hora como un avión, y arrasar poblados costeros en cuestión de segundos.

 “Los tsunamis originados por esas causas son más violentos y destructivos que los meteorológicos”, compara Dragani desde el Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

Este fenómeno se conoció con más detalle a partir de la década del 80 y, desde entonces, atrae cada vez más la atención en el mundo académico.

“A simple vista se puede estar en pleno tsunami meteorológico y el nene seguir jugando con el baldecito de arena en la playa, sin que nadie se dé cuenta.

En tanto, en los aparatos de medición ubicados en el agua (mareógrafos) queda el registro de este fenómeno. En el Muelle de Pescadores de Mar del Plata funciona la Estación de Observaciones Costeras del Servicio de Hidrografía donde, entre otras cosas, se monitorean en forma permanente las perturbaciones del nivel del mar.

El registro del nivel del mar que se obtiene es similar al que ocurre cuando tiene lugar un tsunami por un terremoto, pero más atenuado”, describe Dragani, investigador del Conicet y del Servicio de Hidrografía Naval.

Hurgando en los archivos de las mediciones del pasado oceanográfico argentino, Dragani destaca el tsunami meteorológico que marcó un hito. El récord se registró en Mar del Plata, en marzo de 1970, con una amplitud de onda de 1,62 metros en un período de 33 minutos.

“Es decir, -explica- el agua subió y bajó un 1,60 metros por causas atmosféricas. Este caso aún nos despierta interés y seguimos estudiando”. ¿Otros lugares en la costa bonaerense donde se registra este fenómeno frecuentemente? La zona entre Necochea y Mar de Ajó.

¿Por qué se produce un tsunami meteorológico? “En general, se da cuando pasa un frente frío por la zona, aunque también puede ser uno caliente estacionario.

El frente es una cuña de aire más denso que desplaza al menos denso.

En esa interfase de aire más frío y menos frío se forman ondas de gravedad en la atmósfera que se comportan como pistones que impactan sobre la superficie del mar y la excitan.

Esa excitación producen un patrón de onda de gravedad que llamamos tsunamis meteorológicos. Su causa es atmosférica”.
Otros riesgos

Si bien la Argentina registra casos de tsunamis meteorológicos, tampoco está libre de los causados por un sismo. El océano Atlántico Sur tiene ciertas zonas de peligro alrededor del Arco de Scotia, formado por las islas Georgias del Sur, Sandwich del Sur, Orcadas del Sur y Shetland del Sur, con conocida actividad símica y volcánica.

 “Si se generara un terremoto submarino muy violento se podría llegar a producir una onda que afectaría la costa patagónica de forma muy atenuada porque la plataforma marina es muy ancha, y por el fenómeno de refracción la onda iría perdiendo altura”, diagnostica y enseguida enfatiza:

“Ése es el único lugar de riesgo potencial, lo tenemos estudiado y no ofrece motivos para preocuparse. Por eso, estamos investigando los tsunamis meteorológicos”.

Hoy llaman la atención los tsunamis meteorológicos, entre otras razones, porque suman un ingrediente más al cocktail que inquieta a la comunidad científica: la erosión costera.

“En una playa como Pinamar, con un mar crecido por la marea, una sudestada que aumenta la frecuencia e intensidad de las olas, el avance del mar sobre la costa podría ser mayor con tsunami meteorológico que sin él.

Desde ese punto de vista, este fenómeno podría tener algún peso secundario en la erosión. Ahora, lo estamos estudiando para establecer el porcentaje de influencia en el desgaste costero”.

Mientras los científicos continúan sus investigaciones, volvamos a la playa con un indicio que puede servir para saber detectar un tsunami meteorológico.

“Cuando la crecida es por marea, la gente debe correrse con su lona por un tiempo prolongado de varias horas.

En cambio, en el caso del tsunami meteorológico se debe mover por cuarenta a setenta minutos, luego se puede volver donde se estaba. Es una pequeña crecida, en un tiempo más corto”, concluye.
Ola gigante

Hay olas gigantes que no son tsunamis. “Son olas únicas, gigantes, solitarias pero devastadoras. Son fortuitas, nos son predecibles. Por ejemplo, se dan en situación de buen oleaje de 5 a 8 metros de altura.

Casualmente en un punto particular convergen tres trenes de olas que provienen del norte, sur y este, y dan como resultado una cresta de 22 metros de alto. Luego, no se reproduce nunca más.

Es una singularidad”, precisa el oceanógrafo Walter Dragani.

En la Argentina no hay registros de casos así, pero sí se documentaron en distintos mareógrafos del mundo.

 “Ocurría que capitanes volvían a puerto con los barcos golpeados y decían que había sido una ola.

En principio, no les creían.

Entonces, decidieron estudiar qué pasaba y dieron con estas olas gigantes.

Que existen y no son mitos”, afirma.

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Fuente: http://noticias.exactas.uba.ar