El Transhumanismo ...evolución humana tecnológica

El Transhumanismo ...evolución humana tecnológicaEl Transhumanismo: sueños de una evolución humana tecnológica.

El Transhumanismo es un movimiento ideológico nativo de la cibercultura.

En esta entrada introducimos a éste dada la relevancia e impacto de sus ideas en diversos ambientes de la cibercultura y a diversos niveles, básicamente, en nuestra sociedad, a pesar que el concepto no es tan conocido: desde la literatura, pasando por el cine, hasta la filosofía y formas de entender la relación de nuestro cuerpo con la tecnología.

El transhumanismo (puede encontrarse como TH, H+ o Human+) surgió lentamente al ritmo que la cibercultura surgía; al ritmo que la tecnología y la ciencia seguían presentando innovaciones y descubrimientos.

Lo que nos propone éste es que el ser humano, como tal, ya ha finalizado su evolución natural dadas las capacidades cognitivas, intelectuales y físicas que recoge, y su siguiente paso en la evolución es proseguirla mediante el uso de la ciencia y la tecnología para, a medio y largo plazo, conseguir el siguiente paso evolutivo: el posthumano, un ser que busca aproximarse a la perfección, y posiblemente sea inmortal.

El uso de prótesis cibernéticas y tecnológicas, más allá de su uso terapéutico; la modificación genética, y la cirugía plástica y estética son los medios más próximos y actuales para modificar nuestro cuerpo hacia la perfección. Perfección estética y perfección física, de lo que se consideran cuerpos obsoletos o al menos que pronto se quedarán anticuados ante una tecnología que supuestamente pronto nos superará en inteligencia. Mejores piernas, mejores caras, brazos más fuertes,…

Si nuestros cuerpos nos parecen feos, o poco veloces, o que nuestros ojos no alcanzan la agudeza visual que nos gustaría, podrían ser modificados o substituidos por otros tecnológicos o fabricados in vitro, incluso quien sabe, con programas y “apps” de realidad aumentada.

A medio plazo los órganos internos podrían ser modificados o sustituidos por otros más potentes y eficientes. Incluso podríamos incorporar a nuestros cerebros alguna ayuda, como por ejemplo para almacenar y gestionar memoria. O incluso directamente podríamos controlar robots que sustituyeran nuestros cuerpos temporal o completamente.

Así pues, el transhumanismo parte de la idea cartesiana de que cuerpo y mente son dos elementos separados y separables, y el transhumanismo, camino al posthumanismo, más radical sueña con la separación de la mente. Una mente que se supone es el cuerpo de nuestra esencia independiente, somos “nosotros”, mientras que el cuerpo es una carcasa, un vehículo en jerga metafísica cristiana new age en este mundo terrenal.

Imaginaos, pues, “descargar” de algún modo nuestra mente en un programa virtual, perfecto, donde nuestros seres amados también estuvieran descargados, y nuestro cuerpo imperfecto, que envejece y tiene imperfecciones, y al parecer fácilmente se daña y limita nuestras acciones sería desechado, para ser potencialmente inmortales. Una especie de Edén-Matrix. Esta es la visión utópica de la rama del transhumanismo conocida como extropiana, o extropista, procedente de la revista Extropy: The Journal of Transhumanism (1988), hoy en día articulado por un instituto de investigación transhumanista.

Otro pilar importante del transhumanismo a considerar es su creencia en que, de forma paralela a que tenemos que abandonar nuestro cuerpo progresivamente, así debemos hacerlo con el planeta, que también se está volviendo insuficiente a nuestras necesidades, según sus intelectuales, a nivel de recursos, de espacio, y de sostenibilidad ecológica.

El viaje y consiguiente colonización del espacio es otra de las pequeñas utopías transhumanistas. Por ende, pues, considerando que el cuerpo tampoco está adaptado para la gravedad cero y las inclemencias del espacio, podría abordarse la opción de modificar genéticamente el cuerpo -las formas apropiadas que se habían propuesto eran similares a las de un pulpo-, sin huesos, ya que no tenía sentido una estructura que soportara la musculatura en la ausencia de gravedad, o bien mediante, de nuevo, la descarga de mente.

Finalmente, es importante hablar de la singularidad en el transhumanismo. Éste advierte que las tecnologías biológicas, nanotecnológicas cibernéticas, cognitivas, de la información y otras tantas convergerán en menos de 50 años en un punto de excelencia óptima, posibilitando la aceleración de dicha evolución humana.

Para el transhumanismo la tecnología y la ciencia, en lo que respecta el cuerpo, no tiene límites. La ética y la moralidad la redefine a sus necesidades.

 El Transhumanismo ...evolución humana tecnológica 2

En un mismo campo se imaginan diversas utopías futuristas respecto a la política del cuerpo, no tanto de la sociedad; tiende a ser muy individualista. Incluso, para algunos, ya se ha transformado en una forma de religiosidad, o ha sido adaptado a religiones como el cristianismo y el Mormonismo.


Ideas como la inmortalidad, el camino hacia la perfección ambivalente a divinidad, la creencia de un destino antropocéntrico (donde el ser humano es una especie escogida en cierto modo por sus dones o capacidades para lograrlo) fluyen consciente o indirectamente; si bien no creen en nociones como el alma o espíritu.

Aclaramos, pues, que se auto consideran ateos en su mayoría.

El transhumanismo, o TH, cuenta con seguidores en todo el mundo, que se articulan incluso en asociaciones, sociedades e instituciones. Entre ellos se suman el robotista Hans Moravec, el escritor Terence McKenna, la artista extropiana Natasha Vita More, el artista Stelarc, o el científico Robert Ettinger.

Sus creencias son de carácter extropiano, esto es, cree que el cuerpo es un ente separable de la mente, y cree que el futuro está en la descarga de la mente en máquinas artificiales cuando estas alcancen o superen la “velocidad de procesado” del cerebro “de carne”, siguiendo su siguiente salto al hiperespacio, y el espacio.

En la ciencia otros tantos científicos, tecnólogos, ingenieros y analistas se unen a la idea evolucionista mediante la tecnología y la ciencia. El científico A. Sandberg, por ejemplo, es doctor en neurociencia computacional (un campo que investiga en el estudio de la neurología y el cerebro humano además de la ingeniería informática y las matemáticas, con diversas aplicaciones), miembro del Instituto del Futuro de la Humanidad de la Oxford University, es un declarado transhumanista, dado a conocer en parte por una TEDTalk (TEDxTallinn 2012).

En Europa, también se destaca el físico e ingeniero en realidad virtual Giulio Prisco, el cual también imparte conferencias sobre el transhumanismo.

En el arte podemos hablar de Stelarc, un artista que inició su camino en los años 70 y su trabajo ha pivotado alrededor de la intersección del cuerpo y la tecnología. Pionero en las performances de suspensiones, comenzó a diseñar en los 80 espectáculos con instalaciones y articulaciones mecánicas y cibernéticas, como el proyecto de “La Tercera Mano”.

Tiende a las ideas extropianas, habiendo declarado que la existencia a distancia (lanzando su mente a robots espaciales) “la forma del cuerpo se ve mejorada y sus funciones amplificadas… el espacio electrónico reestructura la arquitectura del cuerpo y multiplica sus posibilidades operativas” (ver fuentes).

También es citable la autoreconocida transhumanista artista Natasha Vita-More. Doctorada en tesis sobre el perfeccionamiento del ser humano y en Arte Media y diseño, destaca en su obra “PRIMO PostHuman” (2006), que indaga sobre sobre el futuro del diseño del cuerpo. Es una automorfista (ha comenzado a modificar su cuerpo) incluso, se ha ido modificando su cuerpo, aunque no hasta el punto de Orlan.

“Since the 1990s, I have focused on the relationship between arts/design, science and technology. My work approaches human enhancement and methods for elevating human capabilities toward life expansion. Minds matter and our narratives bring into focus the ingenuity and imagination for developing projects exemplifying new models.

Trad: Desde la década de 1990, me he centrado en la relación entre artes/diseño, ciencia y tecnología. Mi trabajo acerca el perfeccionamiento humano y métodos de elevar las capacidades humanas hacia una expansión de la vida. La mente importa y nuestras narrativas centran el foco en la ingenuidad y la imaginación para desarrollar proyectos ejemplificando nuevos modelos”

En el cine, la literatura, el cómic y la televisión las ideas transhumanistas se han plasmado esencialmente bajo el subgénero de la ciencia-ficción. El Cyberpunk, subgénero que dominó la ciencia-ficción, ha canalizado la crítica de las ideas transhumanistas desde una perspectiva de las clases sociales más inestables o desprotegidas haciendo popular cyborgs, la descarga de la mente al estilo Johnny Mnemonic, los implantes cibernéticos a lo Neuromante de Gibson, modificaciones genéticas desastrosas, el poder de las corporaciones tecnológicas o mediáticas en la sociedad como causa o efecto (según la obra); aunque en algunos casos otras ideas transhumanistas parezcan más bien favorecidas bajo un enfoque utópico (especialmente esos cyberpunkies que también están modificados con implantes para atacar al sistema).

Para citar más ejemplos, la película Gattaca (1997) nos muestra ideas de eugenesia por modificación genética a la carta. Videojuegos como el reciente Remember Me (2013) o la saga Deus ex, cuyo final del segundo juego de ésta (concretamente el “Revolution”, de 2011) es una interesante crítica al transhumanismo (sin ánimos de hacer más spoiler).

Y en el género manga y anime podemos encontrar muchos más casos dada la proclividad de analizar el encuentro de la tecnología con la sociedad, como en Ghost in the Shell, o con una perspectiva más transhumanista aunque mística, podríamos ver la saga de Evangelion.

Como curiosidad, en una de las aberturas de la serie Fringe (2008-2013) aparece la palabra Transhumanism y algunos conceptos relacionables en la nube de palabras que se rotaban, y en la serie, algunos de los casos tratados, podrían ser vistos como pequeñas críticas a algunas visiones del transhumanismo.

El transhumanismo, como comentaba en la primera parte introductoria, no es tan conocido como tal, pero está vertebrando desde los años 70 diversas ideas tecnoutópicas que giran alrededor del futuro y la evolución progresista del cuerpo humano y la especie, y sigue evolucionando como movimiento ideológico desde entonces, hasta incluir perspectivas más ecologistas.

Sandberg recopiló en esta web muchos enlaces sobre arte transhumanista.

Since the 1990s, I have focused on the relationship between arts/design, science and technology. My work approaches human enhancement and methods for elevating human capabilities toward life expansion. Minds matter and our narratives bring into focus the ingenuity and imagination for developing projects exemplifying new models.

Finalmente por el momento, aportamos las críticas más comunes que el transhumanismo ha percibido hasta el momento. Desde el momento en que el transhumanismo surgió, ha suscitado recelos y críticas alrededor de cuestiones éticas, filosóficas, antropológicas, y acerca de la viabilidad.

Son diversos los científicos, tecnólogos e intelectuales que han cuestionado la viabilidad técnica y realista de muchas de las propuestas del transhumanismo, tales como la modificación genética o la integración de tecnología electrónica o biónica en nuestro cuerpo.

Sin embargo, estas propias críticas son hechas tanto desde dentro como desde fuera del transhumanismo, y le sirve al movimiento para seguir desarrollando la tecnología y el conocimiento suficiente. Actualmente ya existen un par de cyborgs en el mundo (personas con biónica integrada en su cuerpo, como el caso de Neil Harbisson), y poco a poco la ciencia se va enfocando a otras tantas áreas.

Las críticas son de carácter técnico en áreas específicas, muchos de los pronósticos idealizados por el transhumanismo son más utópicos (para éste) que realistas.

Las auténticas críticas al transhumanismo proceden de la oposición a éste. Se observan debilidades a nivel ético y problemas de carácter filosófico, hasta conflictos que a medio y largo plazo podrían suscitarse a nivel social y cultural, de irse implantando políticas cyborg y de modificación genética. Para los transhumanistas estas críticas proceden de “bioluditas”, de personas cuya ética y moralidad están estancadas en modelos de pensamiento obsoletos.

Las críticas surgen alrededor de cuál es el valor del ser humano, y del cuerpo. Los transhumanistas, aunque se disfrazan bajo el hábito de visión futurista disruptiva y necesaria para proseguir con una evolución progresiva, pero se basan en ideas al fin y al cabo no tan nuevas.

El transhumanismo argumenta todo su discurso alrededor de una visión cartesiana y en cierto modo judeocristiana del cuerpo: ese elemento de carne que muere; que es imperfecto; que sufre las inclemencias de la enfermedad y los achaques de los desperfectos con una supuesta lenta recuperación, un sistema inmunitario deficiente; que limita algunas decisiones por sus necesidades fisiológicas y hormonales, doblegando la mente indisciplinada. El pecado es carnal.

Por otro lado está la mente, como un ente separado y separable, que simboliza la capacidad de perfección del ser humano; es el motor de la luz de la Ilustración; la que genera grandes ideas y gesta las creaciones humanas.

Es una dicotomía clásica del mundo occidental: cuerpo-mente, incluso para según qué pensadores son opuestos y pueden generar conflictos. Tiene la mente, aunque sea desde un punto de vista “ateísta”, un aura religiosa de la perfección del espíritu.

Por eso, sin un seguro de que la mente perviva después de la muerte “del cuerpo”, la utopía extropiana sobre las descargas de la mente en un sistema informático o cibernético es algo así como una promesa similar al cielo, sólo que vestida de factible por la mano del hombre, pragmática. “El cuerpo es la cárcel del alma” (Platón).

Hoy en día la ciencia arroja alguna que otra novedad que pone esta creencia dualista en una posición débil. Por ejemplo, aunque se sigue avanzando en el campo de la neurociencia, no queda claro que la mente resida exclusivamente en el cerebro.

Por otro lado, se puede ver en el transhumanismo una prolongación de ciertas ideas liberales y neoliberales. Es la aplicación de dichas ideas en una nueva dimensión del evolucionismo darwinista, combinado con cierto darwinismo social, donde es el ser humano quien conscientemente adopta el relevo para decidir la manera, o maneras, en que evolucionará hacia un nuevo estadio de perfección. Bajo la idea de que la tecnología evoluciona más deprisa que el propio cuerpo, se justifica en que éste debe adaptarse o quedarse obsoleto por sus propias creaciones.

Cree en la idea del progreso como algo necesario, casi natural, sometido en cierto modo a esa ansiedad que los futuristas de las vanguardias del siglo XX ya percibieron.

Y ve la tecnociencia, como la vía mágica para transformar y dominar la naturaleza (nuevamente una idea adoptada y abogada por el liberalismo y el capitalismo), es la que debe encargarse de estos procesos sin límites, incluyéndose el no tener que estar obstaculizado por una sobrecarga de críticas morales y éticas que impidan una libre transformación.

Estas visiones utópicas para los transhumanistas pintan como distópicas llevadas en la práctica social. Distopías al estilo de Un mundo feliz, de A. Huxley (1932) hasta muchas de las diversas distopías dibujadas por el Cyberpunk.

La creación o remarcación creciente de diferencias sociales, dominadas por unas clases ricas que pueden permitirse la modificación del cuerpo, frente a unos analfabetos digitales con unas modificaciones maltrechadas en el mejor de los casos, son escenarios típicos de este subgénero y movimiento.

Además, el sometimiento a la modificación tecnológica por motivaciones sociales e ideológicas sin una previa reflexión en estos términos, plantean cuestiones sobre el límite de una elección por voluntad propia, futura, en estos planteamientos. Sin embargo, dentro del propio transhumanismo han lanzado alarmas sobre esta posibilidad, abogando por una tecnología más democrática y accesible (visto en humanityplus.org)

Evidentemente, el “triunfo del transhumanismo” están haciendo más importantes las reflexiones sobre la naturaleza de la humanidad, como concepto y como especie animal, sobre la sostenibilidad social y la relación ética entre tecnología-sociedad-cuerpo.

Por ejemplo, Jeremy Rifkin, personalidad de la que ya hemos hablado en las entradas sobre la Tercera Revolución Industrial, es un detractor del transhumanismo puesto que observa que éste impulsaría un modelo humano y social donde no quedaría claro hasta qué punto el posthumano sería un ente artificial (entendido como un producto automatizado o virtual) versus uno natural, orgánico, en sus sentidos humanamente más conceptuales.

No quedaría claro si es creado más que creador.

Definitivamente, una de las reflexiones más importantes que plantea el transhumanismo es hasta qué punto el progreso en manos de las demandas de mercados (¿transhumanos?), la economía y los poderes económicos, han banalizado, trivializado, y en el mejor de los casos dejado a un lado, a lo largo de muchas décadas, el sentido de ser una persona.

¿Qué significa estar vivo? ¿Realmente necesitamos ir hacia un Superhombre? ¿Tenemos que ser perfectos, en base a qué criterios? No se observan siquiera patrones objetivos reales sobre qué es la perfección humana. Por eso en el propio transhumanismo existen diversas perspectivas para llegar al “superhombre posthumano”.

Y otra de las reflexiones que nos plantea es sobre el progreso de la tecnología. ¿Necesitamos esa tecnología que se acerca a la singularidad? ¿Hasta qué punto? En este campo se plantean cuestiones que trascienden las necesidades de consumo.

Cierto es que el ser humano es lo que es por la tecnología, pero existe una diferencia entre usar tecnología para adaptarse al medio y mejorar la calidad de vida hasta un nivel sostenible en todos los sentidos, y ser dominados por la tecnología.

Las críticas al transhumanismo (ó H-) van acompañadas a críticas actuales sobre nuestros modelos de creencias alrededor del futuro, la sociedad, la tecnología, las políticas, el cuerpo, y la humanidad.

Da para libros enteros, y mucha reflexión.

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Alguna bibliografía usada y fuentes relacionadas:
Grupo de investigación Arte, Arquitectura y Sociedad Digital. Universos y metaversos: aplicaciones artísticas de los nuevos medios. Universitat de Barcelona, 2010.

 Creative Commons.